Revista musical española: 150 años

CAP U

El 30 de enero de 1865 –es decir, hoy hace 150 años– los madrileños, o quienes estuvieran de paso en la ciudad, pudieron asistir a un nuevo tipo de espectáculo que combinaba números musicales y sketchs frívolos, críticos e irónicos. El espectáculo, estrenado en el Teatro Circo, se titulaba 1864-1865 y era una “obra sin apenas intriga, ni enredo, ni amores enajenados por una devoradora pasión… antes bien, se trataba de una mera excusa para poner en escena aquellos sucesos que habían sido relevantes para la sociedad madrileña de esos años; de tal forma que, sobre el proscenio aparecían, convertidos en personajes La Moda, La Danza, La Lotería, El Lujo… todos ellos encarnados en la espléndida figura de mujeres esculturales, al mismo tiempo que algún que otro cómico animaba a los presentes con unos cuantos chistes”. Así nos lo cuenta nuestro amigo Juan José Montijano Ruiz en su Historia del teatro olvidado: la revista (Universidad de Granada, 2009), a quien seguimos en esta entrada como ya lo hiciéramos en otras dedicadas al género.

Por supuesto, los espectadores no eran conscientes de ello, pero estaban asistiendo al nacimiento de lo que, con el tiempo, se conocería como revista musical española. A 1864-1865 siguió 1866-1867, de los mismos autores: José María Gutiérrez de Alba (libreto) y Cristóbal Oudrid (música). Ningún registro sonoro ni fílmico hay de todo aquello. Pero sí de la obra que cambió todo (no de su estreno, obviamente): La Gran Vía ─música de los maestros Federico Chueca y Joaquín Valverde y libreto de Felipe Pérez y González─, que si bien se considera una de las mejores y más populares zarzuelas, es en realidad una revista. Al menos como tal se estrenó, como “revista lírico-cómica, fantástico-callejera en un acto” y cinco cuadros, en el Teatro Felipe de Madrid el 2 de julio de 1886 con enorme éxito.  Nuestro primer vídeo recoge dos de los números más celebrados de La Gran Vía, el “Vals del Caballero de Gracia” y la “Mazurca de los marineritos”, en una grabación de la representación de la misma que se celebró en el Teatro Gran Vía de Madrid, en 2006, en conmemoración del centenario de la construcción de la Gran Vía.

Cuadros disolventes (1896), La gatita blanca (1905), La alegre trompetería (1907) y Enseñanza libre (1910) son algunos de los títulos más importantes de la revista de finales del siglo XIX y primera década del XX. En ellos se va concretando el género: música (fácil) y sketchs picantes y/o críticos con la actualidad social y política. En 1919 se estrenó en el Teatro Martin de Madrid, Las corsarias, “humorada cómico lírica en un acto y tres cuadros”, de Enrique Paradas y Joaquín Jiménez y música del maestro Francisco Alonso, en la que se aprecian ya las características de la revista musical tal como la conocemos. Uno de los temas más populares de Las corsarias es el famoso “Pasodoble de la bandera”. Lo interpreta la actriz y vedette argentina Ethel Rojo en la película, también argentina, Frutilla, dirigida en 1980 por Enrique Carreras.

El género evolucionó e incorporó recursos musicales propios de la opereta, tan de moda en los escenarios de París, Viena, Londres o Nueva York. Los teatros Martín y Pavón, en Madrid, y el Principal Palace de Barcelona se encargarán de presentar las últimas novedades musicales: El príncipe Carnaval (1920), La hoja de parra (1921), Arco iris (1922), ¡Ave César! (1923), Rosa de fuego (1924), Los ojos con que me miras (1925), ¡París!… ¡París! (1926) o Las mujeres de Lacuesta (1926). Un año después, en 1927, se estrenaba El sobre verde (libreto de Enrique Paradas y Joaquín Jiménez, y música del maestro Jacinto Guerrero) y Las Castigadoras (libreto de Francisco Lozano y José Mariño y música del maestro Francisco Alonso), que consagró a Celia Gámez como una de las más famosas estrellas de la revista. Y año después, Las Cariñosas, original de Francisco Alonso y Joaquín Belda (la música) y Francisco Lozano y Enrique Arroyo (el libreto). Nuevos ritmos importados de Europa y Estados Unidos, el charlestón especialmente, triunfaban durante los años veinte y la revista los incorporó a sus espectáculos. Prueba de ello es el famoso charlestón “Madre, cómprame un negro”, que compuso  Ángel Ortiz de Villajos con letra de Alfonso Jofre y Mariano Bolaños, para Reyes Castizo, La Yankee, en 1926 que fue introducido en “la revista de las elegancias” Daddy-Doll, estrenada en el Teatro Maravillas de Madrid en 1928.

Es así que pasamos en un pis-pas del chotis al charlestón y el  foxtrot. El primero, el popularísimo “La Lola” (de Las cariñosas) interpretado por la actriz mexicana Ana Luisa Peluffo en la película, también mexicana, El Fantasma de la Opereta, dirigida por Fernando Cortés en 1959. El segundo, el ya referido “Madre, cómprame un negro”, por Carmen Sevilla en la película dirigida por Rafael Gil en 1970 El relicario. El foxtrot, “Noche de cabaret” (de Las castigadoras), con Concha Velasco y Esperanza Roy en un fragmento del programa que emitió Antena 3 Televisión en 1993 y repitió en 1994 Gran Gala de la Revista. Homenaje a Celia Gámez.

Los años de la década de 1930 constituyen un periodo crucial de la historia de España. Durante la Segunda República española (1931-1936) la llamada “revista verde” alcanzó el apogeo con títulos como Las  gatas republicanas (1931), Las faldas (1932), ¡Cómo están las mujeres! (1932), La camisa de la Pompadur (1934), Las de los ojos en blanco (1934),  Las comunistas (1934) o  Las de armas tomar (1935). El gran éxito del periodo fue, no obstante, Las Leandras (1931), revista denominada también “pasatiempo cómico-lírico”, con música del maestro Francisco Alonso y libreto de Emilio González del Castillo y José Muñoz Román, con la que Celia Gámez alcanzó el cénit de su popularidad. También gozaron de gran popularidad las revistas Piezas de recambio (1933, libreto de Pedro Sánchez Neyra y Felipe Ximénez de Sandoval y música del maestro Pablo Luna), Las de Villadiego (1933), Las de los ojos en blanco (193), Mujeres de fuego (1935, estas tres últimas de los mismos autores que Las Leandras), Las de armas tomar (1935, libreto de Antonio Paso y Francisco G. Loygorri y música del maestro Alonso) y Las tocas (1936, también de González del Castillo, Muñoz Román y Francisco Alonso).

De Las Leandras vemos dos de sus temas más recordados “El Pichi” y “Los nardos” (Por la calle, o la puerta, de Alcalá). El primero, lo interpreta Rocío Dúrcal en la película homónima de 1969 que dirigió Eugenio Martín. “Los nardos”, por Celia Gámez en en un vídeo que incluye momentos de su actuación en el programa de TVE de 1975 Directísimo.

De Mujeres de fuego es “Carmen La Cigarrera”, que interpreta Paquita Rico en una actuación cuya fecha y lugar no hemos logrado averiguar.

Durante la guerra civil de 1936-1939 la revista continuó, especialmente en la zona republicana. Se repusieron algunos éxitos, como Las leandras o Las de Villadiego, se estrenaron otras revistas, no muchas, como Soy una mujer fatal o ¡Que diga por la radio! y surgieron las “cooperativas de revistas”, en las que todos, del primero al último, cobraban el mismo sueldo. Lamentablemente, no hemos localizado vídeo alguno del período.

Tras el triunfo de las huestes facciosas encabezadas por Franco, la rígida moral impuesta por el nuevo régimen sumió la revista en una seria crisis. A principios de la década de 1940 incluso llegó a prohibirse la representación de revistas en municipios de menos de 40.000 habitantes. El primer gran éxito de la posguerra tuvo como protagonista ─¡cómo no!─ a Celia Gámez. Este fue la “comedia musical” La Cenicienta del Palace, con libreto de Carlos Somontes y música del maestro Fernando Moraleda, que se representó por primera vez en Madrid el 20 de enero de 1940. Un año más tarde, el 14 de marzo de 1941, se estrenaba Yola, con Celia Gámez en el papel estelar, libreto de José Luis Sáenz de Heredia y Federico Vázquez Ochando y música de los maestros Joaquín Quintero y José María Irueste Germán. Celia Gámez siguió siendo la protagonista absoluta de las “nuevas revistas”. Otro gran éxito suyo fue la “opereta” Si Fausto fuera Faustina (1942), con libreto de Sáenz de Heredia y Vázquez Ochando y música de Juan Quintero y Fernando Moraleda. De Yola vemos dos de sus temas más populares interpretados por Francisco Valladares y Esperanza Roy en el espectáculo Por la calle de Alcalá, de 1983: “¡Lo mismo me da!” y “Mírame” (la canción de Yola).

Durante la década de 1940 cabe destacar, además, Luna de miel en El Cairo (1943, libreto de José Muñoz Román y música del maestro Alonso), Cinco minutos nada menos (1944,  libreto de Muñoz Román y música de Jacinto Guerrero), Hoy como ayer (1945, libreto de Antonio de Lara Gavilán Tono y Enrique Llovet y música de los maestros Fernando Moraleda, Moisés Simons y J. Strauss), Tres días para quererte (1946, libreto de Francisco Lozano y música del maestro Francisco Alonso), Vacaciones forzosas (1946, libreto de Carlos Llopis y música de José María Irueste Germán y Fernando García Morcillo), La blanca doble (1947, libreto de Enrique Paradas y Joaquín Jiménez y música de Jacinto Guerrero), A La Habana me voy (1948, libreto de Antonio y Manuel Paso y música de Francisco Alonso y Daniel Montorio), La estrella de Egipto (1948, libreto de Adrián Ortega y música de Fernando Moraleda) y ¡Yo soy casado, señorita! (1948, libreto de Muñoz Román y música del maestro Guerrero). Es de nuevo Celia Gámez quien interpreta el popular pasodoble “El beso” (de La estrella de Egipto) durante su actuación en el programa de TVE antes mencionado.

Los años cincuenta del pasado siglo constituyen la época dorada de la revista musical española. El público acude cada vez más a un género tildado de “frívolo”, puede que precisamente por eso. De entre los numerosos títulos que se estrenan destacan La Hechicera en Palacio (1950, libreto de Arturo Rigel y Francisco Ramos de Castro y música de José Padilla), Tentación (1951, libreto de Antonio y Manuel Paso y música de Daniel Montoiro) –el gran éxito de estos primeros años de la década–, La cuarta de A. Polo (1951, libreto de Carlos Llopis y música del maestro Parada), ¡A vivir del cuento! (1952, de José Muñóz Román y los maestros Faixá y Moraleda), ¡Conquístame! (1952, de Antonio Paso Cano y Manuel Paso Andrés con música de Daniel Montorio), Ana María (1954, libreto de José Muñoz Román y música de José Padilla) –un enorme éxito que encumbró a una joven vedette que comenzaba a despuntar: Queta Claver–, Lo verás y lo cantarás (1954, de Antonio Paso y Enrique Paso con música del maestro Lehmberg y Tony Leblanc), y la gran triunfadora: El águila de fuego (1956, de Francis López, compositor de algunas de las operetas francesas que popularizó Luis Mariano), uno de los últimos grandes boom de Celia Gámez.

Vamos con unos pocos vídeos de este momento de auge de la revista: “Estudiantina portuguesa” (de La Hechicera en Palacio), por Concha Velasco en la emisión de la revista en TVE en 1985; “Tentación” (de la revista homónima), por Norma Duval en del programa que emitió el canal autonómico de televisión CMT desde el Teatro-Auditorio Buero Vallejo de Guadalajara La pasarela: Antología de la revista musical española; “Quiero ser mamá” (de Ana María), con María José Nieto acompañada por Marta Valverde, Victoria Oliver, Raúl Sender y Alberto Closas Jr. en programa de TVE La revista (1996), y “El águila de fuego” (bolero de la revista a la que da título) que interpreta Concha Velasco en versión para TVE dentro del espacio La comedia musical española (1985).

Los últimos años de esta próspera década están marcados por la presencia de las “Alegres chicas de Colsada” y sus revistas de corte internacional con menos argumento en las que episódicos sketchs sirven fundamentalmente para enlazar fastuosos números musicales. Matías Yáñez Jiménez, conocido como Matías Colsada produjo revistas de gran éxito como la ya comentada Mujeres o diosas, Sirenas de Apolo (1956), Tropicana (1957), ¡Más mujeres! (1957), ¡Castígame! (1958),  Las caprichosas (1959) o Luna sin miel (1959).

Del resto de los estrenos de estos años finales de la década de 1950 sobresale S.E. la embajadora, original de Arturo Rigel y Jesús María de Arozamena, que estrenó Celia Gámez en 1958 cuando que ya contaba con 53 años de edad, y Cantando en primavera, revista de 1959 original de los maestros Moraleda y Parada. De la primera incluimos el número “¿Me voy o no me voy?”, por la Gámez, en una secuencia de película dirigida en 1973 por Angelino Fons Mi hijo no es lo que parece.

Con la década de 1960 empieza la decadencia del género. Otros son los gustos, otras las modas, otras las costumbres. Sigue, no obstante, habiendo muchas compañías de revista: las de Colsada, Joaquín Gasa, Celia Gámez, Zorí-Santos (luego Zorí, Santos y Codeso), Tony Leblanc, Ethel Rojo…, y continúan los espectáculos de variedades que recorren pueblos y ciudades de feria en feria, como el Teatro Chino de Manolita Chen o el Teatro Argentino. Hay hasta más títulos, pero no mayor calidad. Llegará incluso un momento, ya en la década siguiente, que desaparecerá la orquesta en el foso y será sustituida por música grabada.

La revista, aun así, sigue llenando teatros a principios de la década, pero será por poco tiempo. La llegada de extranjeros por el auge del turismo conllevó algo más de aperturismo, lo que posibilitó la reposición de algunas obras hasta entonces víctimas de la censura. Es el caso Las Leandras, que se estrenó, eso sí, con otro título (Mami llévame al colegio) en 1964, uno de los últimos éxitos de Celia Gámez.

A medida que avanza la década esta tendencia se acentúa. Los estrenos cada vez duran menos tiempo en cartelera. Durante la década de 1970 la relajación de la censura, y su desaparición definitiva en 1977, harán del destape nuevo leitmotiv de la revista. A pesar de Tania Doris, gran vedette que a mediados de la década de 1970 era la estrella principal del Teatro Apolo de Barcelona, la revista dejaba de estar de moda y cada vez era menor el número de espectadores. Herida de muerte, ya no se recuperará.

Durante la década de 1980 se siguieron estrenando revistas musicales, con el destape, el desnudo integral muchas veces, como principal reclamo. Algunas llevaban títulos tan explícitos como ¡Pechos fuera! (1981). Evidentemente, el erotismo ya no era suficiente para atraer a los espectadores y las revistas de esta época pasaron por cartelera sin pena ni gloria. Junto a estas revistas, otras que seguían los cánones más tradicionales del género –Los caballeros las prefieren viudas (1980), Acaríciame (1982) o ¡Viva El Molino! (1983)– corrieron parecida suerte.

Ante tal panorama, las reposiciones y antologías trataron de devolver a la revista parte del prestigio que había perdido. El 24 de septiembre de 1983 se estrenaba en el Teatro Alcázar de Madrid Por la calle de Alcalá, revista de Juan José de Arteche y Ángel Fernández Montesinos que permaneció largo tiempo en cartel. Protagonizada por Esperanza Roy, Francisco Valladares, María Rus, Rafael Castejón, Rosa Valenty, José Cerro y Marta Valverde, era un homenaje a la revista que rememoraba algunos de los números más celebrados del género de todas sus épocas.

Otra gran antología, estrenada en 1986, fue ¡Mamá, quiero ser artista!, una creación de Ángel Fernández Montesinos que protagonizó Concha Velasco, acompañada entre otros de Francisco Valladares, José Cerro, Juan Carlos Martín, Alberto Denis y Margot Cottens. El argumento contaba la historia de una chica “de provincias” que, acompañada de su madre, llega a Madrid con el propósito de convertirse en artista.

Veamos un par de número de dichas antologías. De Por la calle de Alcalá “¡Ay, Ramón!” (de la revista de 1949 ¡Eres un sol!), con Esperanza Roy. De la segunda, el tema “Farolillo verbenero”, de la La Chacha, Rodríguez y su Padre (1956), con Concha Velasco.

La televisión constituyó en las décadas de 1980 y 1990 un escaparate de promoción del género. Dos programas, uno en cada década, se dedicaron a reponer, adaptadas al medio y con otra estética, algunas de las revistas más importantes de la historia. Uno de ellos fue La comedia musical española, emitido en 1985 (entre el 2 de octubre y el 24 de diciembre) con dirección de Fernando García de la Vega. El otro programa de TVE dedicado a la revista fue el que para la primera cadena produjo José Luis Moreno en 1995 con el título La revista. Ana Obregón, Barbara Rey, Loreto Valverde, Eva Pedraza… protagonizaron, como ya hiciera García de la Vega, algunos de los grandes éxitos del género. En esta ocasión, la caja de ritmos que se añadió a las melodías distorsionaban en exceso el original, pero como dice el refrán que al respecto me recordaba un amigo no ha mucho “cuando no hay lomo, de todo como”.

Finalizamos la entrada –una entrada que puede que nos haya quedado demasiado extensa y en la que, seguro, los amantes del género notarán a faltar algunos números– con dos números de los programas mencionados. Del primero, la marchiña “Tomar la vida en serio”, de Luna de miel en El Cairo (1943), por María Mendiola (del famoso dúo Baccara). Del segundo, “Abanicos pa los toros”, de Las de armas tomar (1935), con María José Nieto, ¿la última gran vedette de la revista?

Ya en este siglo podríamos decir que la revista musical ha desaparecido prácticamente por completo del panorama escénico español. Pero nunca se sabe. De momento festejemos su 150 aniversario y confiemos en que, por lo menos, se repongan algunos de los éxitos que aquí hemos mencionado. En todo caso, “Gracias por venir” (Lina Morgan, ¡Sí… al amor!, 1983).

Que disfruten de un buen fin de semana.

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Acerca de Manuel Cerdà

Historiador y escritor.
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2 respuestas a Revista musical española: 150 años

  1. etarrago dijo:

    Haces una labor encomiable, Manuel. Vaya articulazo … he disfrutado de lo lindo. No sé lo que te costará montarlo, pero entiendo que será un largo proceso. Enhorabuena, incansable autor.

    • Cuesta, cuesta. Y a veces pesa.
      Y en ocasiones, como esta (amplio el comentario hoy sábado) también desespera. Horas, bastantes, me costó redactar la entrada y seleccionar los vídeos. Resultado: una de las menos visitadas. Pero bueno, es lo que hay.

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