Blandine Ebinger

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Blandine Ebinger a principios de la década de 1920. Fotografía: Alex Binder, Berlin.

Blandine Ebinger –nacida en Berlín como Blandine Loeser el 4 de noviembre de 1899– fue una famosa actriz y cantante del cine mudo y comienzos del sonoro y de los escenarios de los cabarets de la capital alemana de la época de Weimar.

Era hija de la actriz Margarethe Ebinger (1878-1957), cuyo apellido real era Wezel, y del pianista Gustav Loeser. El doctor Ernst Ebinger, con quien se su madre casó luego, fue su padrastro y por eso adoptó como nombre artístico el de Blandine Ebinger. A la edad de ocho años ya actuaba en Leipzig y desde 1913 trabajó en varios teatros de Berlín. En 1917 Blandine Ebinger apareció por primera vez en la película Der zehnte Pavillon der Zitadelle y en 1919 en la película también muda dirigida por F.W. Murnau Der Knabe in Blau (1919). Empezó así una carrera cinematográfica que duraría setenta años.

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Blandine Ebinger y Friedrich Hollaender recién casados.

Ese año, 1919, conoció a Friedrich Hollaender en el cabaret Schall und Rach y poco después se casaron. Este compuso entonces para ella el ciclo Lieder eines armen Mädchens (Canciones de una chica pobre). Las escribió entre 1920 y 1924, siendo las primeras que compuso con letra de su autoría. Hollaender y Ebinger seleccionaron un determinado número de canciones para sus espectáculos, trece en total. La voz casi infantil de Ebinger resultaba ideal para expresar con ironía y sarcasmo la ingenuidad confiada con que tantos contemplaban una sociedad cada día más en decadencia. A Lieder eines armen Mädchens Lieder eines armen Mädchens pertenece O Mond (La luna), que escuchamos en una grabación de 1926.

Blandine Ebinger interpretando las Lieder eines armen...

Blandine Ebinger interpretando las ‘Lieder eines armen Mädchens’ (1925).

También de 1920 es Jonny (Johnny, wenn du Geburtstag hast), gran canción de Hollaender cuya letra refleja la gran sensualidad que se respiraba en el ambiente y la cada vez mayor condescendencia con las costumbres sexuales y los comportamientos contrarios a los preceptos generalmente aceptados, y en la que es evidente la influencia de los ‘perniciosos ritmos extranjeros’ que, según el nacionalsocialismo, corrompían la pureza del espíritu alemán. Era, pues, música degenerada (Entartete Musik). Sobre esta canción leo en el artículo Blandine Ebinger (1899-1993)”, de la más que interesante página Kabarett. Una historia del cabaret alemán –que recomiendo encarecidamente a todos los amantes de la música de cabaret, o para cabaret, alemán durante la República de Weimar– esta pormenorizada crónica que no resisto reproducir textualmente:

“Friedrich Hollaender, estaba una noche esperando a que su mujer, la cantante Blandine Ebinger, acabase de vestirse para ir a una fiesta a la que ambos estaban invitados. Como no parecía que fuese a acabar nunca Hollaender, con el abrigo, el sombrero y los guantes puestos, se puso a tocar distraídamente las teclas del piano. Una melodía empezó a tomar forma, y al cabo de un rato había creado uno de los temas más populares de su repertorio. Como el propio compositor comentaba, no le dió tiempo a terminar la letra. Lo tuvo que hacer ya en el taxi. Su mujer Blandine interpretó con éxito en el Cabaret Megalomanía esta historia de un músico negro que encandila a las mujeres con su música. Esto no era ajeno a la llegada a Alemania de músicos de jazz, cuyos ritmos se consideraban dotados de una fuerza primigenia”.

De la misma página extraigo esta estrofa de su letra: “En el pequeño Pony-Bar / donde el negro Jonny es una estrella. / Una noche apareció una muñequita blanca / que quedó embelesada / al escuchar su música / y, sin decir, palabra le guiñó un ojo. / Él contempló su cuerpecito blanco y suave como porcelana / y el moro cumplió con su deber. / Mientras ella, como un tímido corderito / suspiraba noche tras noche: / ¡Qué fuerza desprende su salvaje estirpe negra!”.

Jonny, no obstante, no llegó a convertirse en el éxito internacional que fue hasta que la grabó en 1931 Marlene Dietrich. Lamentablemente, no he encontrado vídeo alguno de Ebinger con la grabación de la época, pero sí vamos a verla interpretarla casi cincuenta años después en un momento de un concierto que dio en el Baltrum Theater (Baltrum, Alemania) en 1978.

Durante la década de 1920, Blandine Ebinger se consagró como una de las grandes estrellas de la escena del cabaret berlinés. Además de las composiciones de Hollaender, cantó canciones del poeta y dramaturgo expresionista alemán Klabund y baladas de Walter Mehring, uno de los autores satíricos más destacados de la República de Weimar, en el cabaret cómico y dio voz a la miseria social en Berlín al final de la República de Weimar. Vamos con algunas de ellas. Las tres que figuran acto seguido son de Hollaender y fueron compuestas para Blandine, incluidas las posteriores a 1926, año en que se separaron (lo que significó el final de su colaboración). En ellas se puede apreciar en todo su esplendor la característica voz de Ebinger, tan sensual y cálida como encantadoramente lujuriosa. Son Das Wunderkind (1924, El prodigio), canción sobre la trivialidad del mundo del espectáculo, en una grabación de 1929; Die hysterische Ziege (1927, La lagarta histérica), en grabación del mismo año, y Das Mädchen mit den Schwefelhölzchen (1928, La chica de las cerillas de azufre).

Por entonces, nuestra protagonista ya había participado en varias películas de cine mudo. Con la llegada del cine sonoro, su popularidad aumentó todavía más. Entre cortometrajes y películas de larga duración en cuyo reparto figura, la mayoría en papeles principales, suman nada menos que treinta antes de exiliarse de Alemania en 1937. Por desgracia, apenas hay vídeos y debemos conformarnos con ver a Blandine Ebinger en esta secuencia de la película Einer Frau muss man alles verzeih’n (1931) cantando el foxtrot de Leo Leux Warum sagt kein Mensch Liebling zu mir (¿Por qué nadie me dice que soy su favorita?).

En 1930 estrenó en el Komödie am Kurfürstendamm Theater de Berlín la revista musical de Mischa Spoliansky Wie werde ich reich und glücklich, con Oskar Karlweis de partenaire. Escuchamos a ambos en el tema de la misma Du sowohl wie ich en esta grabación del año del estreno con Mischa Spoliansky y Orquesta.

En 1933, se hizo cargo de la gestión del Teatro Tingel-Tangel, del que era propietario Hollaender. Hollaender, que era judío y lo buscaba la Gestapo, acababa de exiliarse (marzo de 1933) en Estados Unidos. Blandine, como hemos visto, siguió actuando hasta 1937. No era judía, pero se había casado con un judío y tenía una hija de él, Philine. Ese año los nazis aprobaron nuevas normas que endurecía aún más las Leyes de Núremberg de Pureza Racial de 1935. Blandine se marchó también a Estados Unidos, a Los Ángeles. No consiguió más que pequeños papeles en el cine –en algunas películas siquiera aparecía su nombre, como en Prison Ship (1945), donde hacía de prisionera– y tuvo que sobrevivir dando clases de alemán. En 1946 decidió regresar a Alemania. Se mudó a Múnich, donde conoció a su segundo marido, el editor musical Helwig Hassenpflug, en 1961. Finalmente se establecieron en Berlín, donde Blandine continuó su carrera en el teatro y como actriz en producciones televisivas.

En 1982, en el marco del Berliner Festwochen (como se denominaba el actual Berliner Festspiele), ofreció su último concierto con las canciones que la habían hecho famosa (o las canciones que ella había hecho famosas). Veamos unos vídeos del mismo con temas que no hemos incluido hasta ahora: Die Schnapstrine (1921, Hollaender), Die Trommlerin (1929, Hollaender) y Die Kartenhexe (1922, Spoliansky, letra de Walter Mehring).

Blandine Ebinger falleció en Berlín el 25 de diciembre de 1993.

J’attendrai

“Esperaré día y noche, / esperaré siempre tu regreso. / Esperaré, porque el pájaro que escapó / regresa a buscar lo que dejó en su nido”, dice la letra de J’attendrai, una canción típicamente francesa compuesta en 1933 que está inspirada en el tema “Coro a bocca chiusa”, de la ópera de Puccini Madame Butterfly.
Muy popular en la década de 1930, fue la melodía que los jerarcas nazis escogieron para que interpretara una orquesta de diez músicos prisioneros del campo de exterminio de Mauthausen cuando ahorcaron a Hans Bonarewitz, otro prisionero que había logrado escapar del campo escondido en una caja de madera. Antes dio dos vueltas completas dio al recinto, acompañado en todo momento por la orquesta que no paraba de tocar J’attendrai.
Y yo me pregunto, ¿cómo una canción con una melodía y una letra tan bellas como esta pudo utilizarse de manera tan alevosa?

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Hans Bonarewitz junto a la caja de madera en que escapó en los momentos previos a ser ejecutado / Mauthausen Memorial (archivo fotográfico). Hans Bonarewitz junto a la caja de madera en que escapó en los momentos previos a ser ejecutado / Mauthausen Memorial (archivo fotográfico).

En julio del año 1942, el preso austriaco Hans Bonarewitz  logró algo casi imposible: escapar del campo de exterminio de Mauthausen. Se escondió en una caja de madera que iba a ser cargada en un camión y un rato más tarde estaba fuera del campo. Dieciocho días después fue capturado de nuevo y conducido otra vez a Mauthausen. Allí lo tuvieron encerrado en la misma caja durante una semana, hasta que fue ahorcado el 30 de julio. Bonarewitz era gitano y, por ello, llevaba un triángulo invertido de color negro cosido en su chaqueta; los judíos lo llevaban amarillo, los comunistas rojo, los homosexuales rosa, etc.

Bonarewitz es paseado por el campo antes de su ejecución mientras la orquesta de prisioneros interpreta “J’attendrai” / Mauthausen Memorial (archivo fotográfico). Bonarewitz es paseado por el campo antes de su ejecución mientras la orquesta de prisioneros interpreta “J’attendrai” / Mauthausen Memorial (archivo fotográfico).

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El tango de la muerte

Plegaria que llega a mi alma
al son de lentas campanadas,
plegaria que es consuelo y calma para almas desamparadas.
El órgano de la capilla embarga a todos de emoción
mientras que un alma de rodillas ¡pide consuelo, pide perdón!
¡Ay de mí!… ¡Ay señor!…
¡Cuánta amargura y dolor!

Estos versos corresponden al tango ‘Plegaria’ y era uno de los temas preferidos –si no el tema– por los mandamases de los campos de exterminio nazis para que lo interpretaran las orquestas de prisioneros cuando llegaban los trenes repletos de judíos. Lo último que esperaban era ser recibidos con música. Nada malo nos puede suceder, pensaban. Y confiados avanzaban hacia la cámara de gas creyendo que iban a las duchas para ser desinfectados.
Su autor, Eduardo Bianco –que no era alemán, sino argentino, pero nazi como el que más– lo compuso en 1931 (dedicándoselo al rey Alfonso XIII) y lo interpretó ante Hitler y Goebbels en 1939. ‘Plegaria’ inició así su funesta trayectoria hasta convertirse en el “tango de la muerte”. A los nazis, su letra les importaba un carajo, a pesar de que parecía pensada para lo que iba a suceder en los campos del horror, de la muerte, del exterminio de millones de personas cuyo único “delito” era ser diferente: judíos, comunistas, homosexuales, gitanos… Lo que les fascinaba era el aire solemne de su música.

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Tango muerte CAP

El tango llegó a Europa, vía París, a principios del siglo XX, triunfó y se expandió por gran parte del continente. Una de las capitales que con mayor entusiasmo acogió esta nueva y sensual música fue Berlín, que en la época de entreguerras rivalizaba con París en ser la capital de la cultura del mundo occidental. El tango hizo furor en Berlín en los tiempos de la República de Weimar y continuó su popularidad tras la llegada de los nazis al poder en 1933, para diversión suya y escarnio de sus víctimas, como veremos. Eso sí, “alemanizando” música y letras.

En 1933 el NSDAP (Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán), que lideraba Hitler, llegaba al poder aupado fervorosamente por millones de alemanes, nada menos que diecisiete millones les votaron (un 43,9 por cien). El tango no se resintió. Es más, a los nazis les encantaba, y como todo lo que les gustaba…

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Música degenerada (Entartete Musik). Los artistas perseguidos II

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Dibujo realizado en secreto por François Reisz en el campo de exterminio de Birkenau. Dibujo realizado en secreto por François Reisz en el campo de exterminio de Birkenau que muestra cómo una orquesta tocaba mientras se trasportaba en carretas a los muertos. Publicado en el libro de Andrea Baaske “Musik in Konzentrationslagern” (1991).

“La música afecta más al corazón y a las emociones que al intelecto. ¿Dónde entonces podría latir más fuerte el corazón de una nación que en las grandes multitudes, donde el corazón de la nación encuentra su verdadero hogar?”. Estas palabras las pronunció Joseph Goebbels, ministro de Propaganda del Gobierno de Hitler, al poco de ser nombrado en el cargo. Los nazis eran conscientes de que la música (el arte en general) no es, ni puede ser, ajeno a la realidad en que surge. De hecho, ellos la utilizarían con macabros fines, como ya hemos comentado en otras entradas de este blog. Una melodía tan bella como J’attendrai* era uno…

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Música degenerada (Entartete Musik). Los artistas perseguidos I

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Desde su llegada al poder los nazis tuvieron muy claro que había que controlar cualquier tipo de manifestación artística y proscribir todas aquellas que no se ajustaran a sus estrictos parámetros ideológicos. Estas últimas fueron tachadas de “arte degenerado”. La “música degenerada” (entartete musik) englobaba tanto aquella que –como el jazz– consideraban que eran perniciosos ritmos extranjeros que corrompían la pureza del espíritu alemán como la que componían o interpretaban compositores y cantantes de origen judío o de ideas izquierdistas.

Una actuación en un restaurante de Berlín alrededor de 1925. / Getty Images Una actuación en un restaurante de Berlín alrededor de 1925. / Getty Images

Compositores (y letristas) de todos los géneros, de cabaret y teatro musical –Ralph Benatzky, Kurt Weill, Friedrich Hollaender, Mischa Spoliansky, Marcellus Schiffer, Rudolf Nelson, Siegwart Ehrlich…– se vieron obligados a exiliarse. Lo mismo, obviamente, sucedió con sus intérpretes. Muchos de ellos optaron por huir de Alemania. La mayoría de los que se quedaron acabaron confinados en los campos…

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Música degenerada (Entartete Musik). Los temas perseguidos

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z2 “Tingel-Tangel” (1924), de Rudolf Schlichter

El poder siempre promociona determinadas manifestaciones culturales en detrimento de otras “no oficiales”, que discrimina. Mas cuando este es absoluto –como era el régimen totalitario de Hitler– a la marginación se une la prohibición de aquellas que considera perniciosas y la persecución de quienes las crean y difunden. Cuando el NSAPD (el partido nacionalsocialista que lideraba Hitler) llegó al poder en enero de 1933, calificaron como “arte degenerado” (Entartete Kunst) toda manifestación artístico-cultural  contraria a sus principios.

Kurt Gerron y Curt Bois. El primero murió en las cámaras de gas del campo de exterminio de Auschwitz en 1944. El segundo se exilió a Estados Unidos en 1934. Kurt Gerron y Curt Bois. El primero murió en las cámaras de gas del campo de exterminio de Auschwitz en 1944. El segundo se exilió a Estados Unidos en 1934.

Se quemaron los libros, se ridiculizaron las obras y se prohibió ejercer la profesión a quienes no tenían ascendencia aria o cultivaban cualquier forma de “arte degenerado”, se les persiguió y se les detuvo, siendo confinados estos últimos a…

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El primer himno gay de la historia

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Le Monocle, cabaret “especial” para mujeres en Montmartre, sobre 1930.

El 28 de junio se celebra el Día Internacional del Orgullo LGBT, o Día del Orgullo Gay. Como habitualmente cae entre semana, en muchos sitios –de entre los países en que puede festejarse– suelen adelantar al fin de semana inmediatamente anterior, o retrasar al posterior, los actos organizados para su conmemoración. Este año Madrid es la sede el World Pride 2017, la fiesta mundial del Orgullo LGTB, destacando entre las actividades programadas la Pride Parade que tendrá lugar el próximo 1 de julio y a la que se prevé una asistencia de tres millones de personas. Todo un negocio, especialmente para los hoteles y pisos turísticos, que alcanzan estos días precios estratosféricos. Y es que, como en todo, esta sociedad espectacular nuestra ha acabado por convertir la reivindicación en mera anécdota.

Mucha música sonará estos días, muchas canciones como las archiconocidas ¿A quién le importa?, Sobreviviré, Todos me miran I Will Survive. ¿Pero y la canción de que vamos a hablar hoy? He buscado en varias páginas sobre el Orgullo 2017 que se hicieran eco de las que más suelen escucharse en este tipo de eventos y no aparece por ningún lado. Hablo de Das Lila Lied (La canción violeta), también conocida en su versión en inglés como The Lavender Song, considerada por muchos el primer himno gay de la historia.

La música es de Arno Billing, seudónimo de Mischa Spoliansky, y la letra de Kurt Schwabach, quienes la compusieron en 1920. Spoliansky se la dedicó a Magnus Hirschfeld, médico y sexólogo judío alemán que fue un firme activista defensor de los derechos de los homosexuales. Esta es la primera grabación que se efectuó de la misma a cargo de Marek Weber und sein Orchester, 1921.

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Publicidad en la prensa berlinesa de finales de la década de 1930 del club Violetta.

Lo del color lila obedece a que este simbolizaba en aquellos momentos todo el movimiento gay y luego se sustituyó por el rosa para el conjunto, manteniéndose el violeta dentro del movimiento feminista y el movimiento lésbico. La letra defiende abiertamente el orgullo de ser homosexual y se pregunta por qué motivo se ha de marginar a los homosexuales o prohibir las relaciones entre personas del mismo sexo. Son tan buenos, honrados o inteligentes como los demás. ¿Por qué, entonces? ¿Corre por sus venas una sangre especial, distinta? Obviamente, no. Y, así, lo manifiesta el estribillo: “Ahora somos distintos a los demás, / que solo han amado al dictado de la moral”, pero “pronto –ya lo veréis– / brillará nuestro sol / también de noche. / Entonces habremos alcanzado los mismos derechos. / No sufrimos, ¡somos sufridos!”.

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Hombres vestidos de mujer en Eldorado. / Herbert Hoffmann / Ullstein Bild / Getty Images.

En el Berlín de la República de Weimar la vida gay se vivía abiertamente y proliferaban los locales regidos y frecuentados por hombres y mujeres homosexuales. El Cabaret of the Spider, el Alexander Palast o el Adonis Lounge eran los preferidos por los primeros. El Café Dorian Gray, el Hohenzoffern-Café, el Toppkeller o el Verona-Lounge captaban la mayoría de la clientela lésbica. A Eldorado solían acudir los turistas a ver hombres vestidos de mujer. Muchos aspectos de la tradicional condescendencia europea con las costumbres sexuales y los comportamientos contrarios a los preceptos generalmente aceptados, se desarrollaron como nunca antes en Berlín durante la década de 1920 y parte de la de 1930.

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Wilhelm Bendow.

Das lila Lied pasó pronto a pertenecer a la cultura homosexual, tanto en pequeños círculos privados como en grandes bailes, como punto programático especial. Un pianista de películas mudas cuenta que lo empleó de pasada en una historia similar a Viktor und Viktoria. Se conoce una representación especialmente espectacular de Wilhelm Bendow, que hizo decorar el escenario completamente en violeta y vistió un esmoquin lila hecho a medida especialmente para a la ocasión” (Wikipedia). Lamentablemente no hemos localizado ninguna grabación, en ningún soporte, sobre la versión de Bendow. Vamos, pues, con otras, más actuales.

Mi versión preferida es la de The Love Markets, magnífica formación musical de Seattle (Washington), activa desde 2008, cuyos espectáculos están inspirados en los artistas de cabaret del Berlín de entreguerras anterior a la llegada al poder de los nazis. Canciones de amor y revolución escritas durante la República de Weimar o basadas en los valores que inspiraron aquellas conforman su repertorio. Con su vestimenta de lencería y su look militar, The Love Markets juegan con la decadencia, la subversión, la transgresión y el absurdo. Lo forman Angie Louise (cantante, que también toca el piano y compone canciones), Robertson Witmer (acordeón), David Marriott Jr. (trombón), Dave Pascal (bajo) y Chris Monroe (percusión).

Yo, la verdad, la encuentro muy actual, muy marchosa, ideal para los desfiles del Orgullo gay. La que sigue –estupenda– es la versión en inglés (The Lavender Song) de Ute Lemper, cantante, bailarina y actriz alemana, que la incluyó en su álbum de 1996 Berlin Cabaret Songs.

Es ahora el grupo sueco Norman Bates Trio, cuyo repertorio suele incluir temas de cabaret, quien nos ofrece esta versión también en inglés de The Lavender Song.

Finalizamos con un fragmento del espectáculo de 1998 Mischa Spoliansky Revue zum 100 en el que se interpreta la canción con una escenografía más ajustada al momento de su estreno.

Que tengan un buen día.