Los comienzos del cine musical

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El cantor de jazz (The Jazz Singer) se considera la primera película sonora –aunque parcialmente– de la historia. No es de extrañar que fuera un musical, pues con el cine sonoro se lograba mezclar acción, música y coreografía en una misma unidad temática. Dirigida por Alan Crosland en 1927, se estrenó el 6 de octubre de dicho año en el cine de la Warner Bros en Nueva York con Al Jolson de protagonista, un Jonson que se pintaba de negro, pues en aquella época los personajes negros en el teatro estadounidense eran encarnados por actores blancos pintados; blancos y negros no podían mezclarse. De El cantor de jazz incluimos la secuencia con el número Dirty Hands, Dirty Face (música de James V. Monaco y letra de Edgar Leslie y Grant Clarke), una clara muestra de los inicios del cine sonoro, combinando los característicos rótulos del cine mudo con escenas musicales.

El éxito del cine musical fue inmediato y sin duda resultó fundamental a la hora de popularizar el cine sonoro. Tras el éxito de El cantor de jazz, poco a poco cesaron las reticencias de algunas grandes productoras. La Warner Bros, la productora que más apostó por el cine sonoro en sus inicios, estrenó poco después varias películas con sonido que, aunque no alcanzaron el éxito de la primera, resultaron ciertamente rentables. En julio de 1928 la Warner presentaba al público estadounidense Lights of New York, en la que por primera vez el cien por cien de sus diálogos eran sonoros. Música e intriga dominaban una trama en la que un joven neoyorquino que desea trabajar en Broadway se ve envuelto en líos con asesinos, policías y gánsteres. De Lights of New York vemos a continuación una corta escena en la que Harry Downing interpreta la canción “At Dawning”, un tema de Charles Wakefield Cadman.

El cine sonoro llegó a Europa, las producciones y la técnica. El 17 de enero de 1929 se estrenó en Berlín, en el Tauentzienpalast, la primera película europea con sonido, Ich küsse Ihre Hand, Madame (Beso su mano, Madame), si bien la parte sonora se limitaba a unos pocos minutos en que cantaba el famoso tenor Richard Tauber, una de las estrellas del momento. Durante 1929 los productores europeos comenzaron a unirse a Hollywood en la conversión hacia el sonido de sus filmes. Cada vez se estrenaban más títulos y había más partes de diálogo sincronizado, el cine mudo empezaba a caer en el olvido. Ninguna película, sin embargo, alcanzaría la notoriedad de las producciones norteamericanas hasta el estreno en 1930 de El ángel azul (Der blaue Engel), que no era una comedia pero sí, en ella, la música –magnífica, obra de Friedrich Holländer– tenía un peso determinante. Dirigida por Josef von Sternberg, lanzó al estrellato a una joven prácticamente desconocida hasta entonces: Marlene Dietrich. Vamos a escucharla interpretar el conocido tema “Ich bin von Kopf bis Fuß auf Liebe eingestellt” (Hecha para el amor de la cabeza a los pies).

Punto y aparte fue el estreno de Applause (1929), de Rouben Mamoulian, el primero que logró insonorizar el sonido de la cámara para que no se entrometiera en el diálogo de los personajes. Rodada en los estudios de Paramount Pictures en Astoria (Nueva York), es una gran película, como todas las de Mamoulian, que narra el ambiente entre bastidores del teatro musical de Broadway. Se presentó al público el 7 de octubre de 1929 en Nueva York y de la misma vemos la larga secuencia inicial, cuando la protagonista, April Darling (Joan Peers), recibe las bendiciones de la superiora y abandona el convento para dedicarse al mundo del espectáculo. Suena el Ave María de Schubert de fondo y se suceden escenas de Nueva York el año que estalló la crisis, finalizando con un número musical en uno de los teatros de Broadway.

The Battle of Paris es otra película musical de 1929 que dirigió Robert Florey con Gertrude Lawrence de protagonista, a quien vemos en una escena interpretando la canción de Cole Porter They All Fall In Love.

Más Broadway. Cada vez más musicales del popular distrito neoyorquino eran llevados a la pantalla grande. Es el caso de la película de 1929, dirigida por Pál Fejös, Broadway, basada en la obra homónima de George Abbott y Philip Dunning previamente estrenada en Nueva York, en 1926. Estos son los primeros minutos del filme, en los que suena el tema que da título a la película, obra –como todos sus números musicales– de Con Conrad, Sidney D. Mitchell y Archie Gottler.

Broadway Melody (1929), dirigida por Harry Beaumont, está considerada como el primer gran musical de la historia. Protagonizada por Charles King, Anita Page, Bessie Love, Jed Prouty, Kenneth Thomson, Edward Dillon, Mary Doran, Eddie Kane y J. Emmett Beck, el argumento de esta historia de enredos amorosos no tenía precedente teatral, pero se desarrollaba, como indica el título, en Broadway, sus teatros, sus espectáculos. Broadway Melody consiguió el Oscar a la mejor película en 1929, el primero que obtenía un filme sonoro. En el vídeo que sigue vemos a Charles King interpretar la canción que da título a la película con su compositor, Nacio Herb Brown, al piano.

Y si en el vídeo anterior veíamos cómo componían la canción contemplemos ahora su estreno, en la película obviamente.

Finalizamos –el cine sonoro ya era una realidad y la música tenía en él un gran protagonismo– con Broadway Babies, película dirigida por Mervyn LeRoy en 1929 cuya trama gira una vez más sobre una historia de amor en el mundo teatral de los musicales: una muchacha quiere ser artista al tiempo que ha decidir entre dos jóvenes. La joven era la actriz Alice White, a quien vemos en dos escenas interpretar sendos números musicales de la película: “Wishing and Waiting for Love” y “Broadway Baby Dolls”.

Que pasen un buen día.

Versiones curiosas

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“A Love of Music” / The Art Cellar of Houston ©

Curiosas son las versiones de los temas que hemos elegido para la entrada de hoy, que dedicamos a unas pocas conocidas canciones de los géneros de que se ocupa Música de Comedia y Cabaret sin otro criterio que haber sido estrenadas en el teatro musical o en cabarets y ser interpretadas por músicos en cuyo repertorio estas no suelen ser habituales.

Curiosas pero no malas. Prueba de ello es esta magnífica versión a ritmo de bossa nova que hace João Gilberto de ‘S Wonderful, enorme canción de los hermanos Gershwin compuesta en 1927 para el musical Funny Face (Una cara con ángel) durante un recital de mediados de la década de 1970.

Blue Skies es una popular canción que Irving Berlin compuso en 1926 para el musical de Richard Rodgers y Lorenz Hart Betsy, estrenado ese mismo año. En 1927 se publicó el tema, que fue incluido en la primera película sonora de la historia del cine: The Jazz Singer (1927, El cantor de jazz). La escuchamos en esta maravillosa actuación de Theresa Andersson, excelente cantante, compositora y multi-instrumentista sueca residente en Nueva Orleans, durante un concierto que dio en dicha ciudad, en Le Petit Theatre du Vieux Carre en 2010.

Tampoco es habitual este tipo de música en el repertorio de de la cantante, compositora, bailarina, acróbata y actriz estadounidense Pink. Sin embargo, nos sorprendió agradablemente con esta versión que de Over the Rainbow –música de Harold Arlen y letra de Yip Harburg– hizo durante la ceremonia de entrega de los Oscar en conmemoración del 75 aniversario del estreno de El mago de Oz.

No es el caso de Shirley Bassey, quien sí ha interpretado y grabado más de un estándar de Broadway. Lo que no es habitual es verla en una puesta en escena como esta –en un programa de la BBC de 1971– de la canción Smoke Gets In Your Eyes (El humo ciega tus ojos) que compuso Jerome [David] Kern para el musical de Broadway de 1933 Roberta. El número, no obstante, aclaremos que ya se pudo ver por Judy Garland en The Judy Garland Show (1963-1964).

Vamos ahora con  Aranea Peel, vocalista de la internacionalmente conocida y aclamada banda alemana Grausame Töchter (Hijas crueles), fundada en 2009, que hace música industrial, punk, tecno… en una actuación que tuvo lugar el 16 abril de 2012 en el Bremer Kriminal Theater (Bremen, Alemania). En ella presentó esta singular y excelente versión de Ich weiß nicht, zu wem ich gehöre (No sé de quién soy), una canción de Friedrich Holländer de 1932 para la película alemana Stürme der Leidenschaft (Tormentas de pasión), dirigida por Robert Siodmak.

De otro gran compositor alemán, Kurt Weill, es Speak low (Háblame despacio, Susúrrame). La compuso ya exiliado de Alemania y residiendo en Estados Unidos para One Touch of Venus (Venus era mujer), adaptación para la gran pantalla del musical homónimo estrenado en Broadway en 1943, una comedia musical de 1948 que dirigió William A. Seite y protagonizaron Robert Walker y Ava Gardner. Sus intérpretes, L’Orchestre d’Hommes-Orchestres, es un grupo fundado en Quebec en 2001 que en sus espectáculos combina música, actuación, teatro de calle, intervenciones urbanas… y busca nuevas estructuras sonoras utilizando instrumentos de música insólitos, inventados o que forman parte de la vida cotidiana. Esta sorprendente versión corresponde a su espectáculo Cabaret Brise-Jour (around the music of Kurt Weill). El vídeo se grabó durante el festival Jazzaldia (Donostia-San Sebastián) de 2010.

Finalizamos a ritmo de rumba catalana con Los Manolos en esta versión de la famosa Cheek to Cheek (Mejilla contra mejilla), canción de Irving Berlin para la no menos famosa película de 1935 Top Hat (Sombrero de copa), que dirigió Mark Sandrich y protagonizaron Fred Astaire y Ginger Rogers. Corresponde el vídeo al programa especial de Nochevieja que emitió TVE en 1992 para despedir el año.

Feliz domingo (o lo quede de él) y que les sea propicia la semana que comienza mañana.

Antonio Machín

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Antonio Machín nació en Sagua la Grande (Cuba) el 11 de febrero de 1903 en el seno de una humilde familia. Hijo de un emigrante gallego y una cubana, tuvo nada menos que quince hermanos, lo que le obligó a trabajar desde pequeño. Tras probar suerte en diversos oficios, terminó dedicándose a la albañilería. Su gran afición, sin embargo, desde bien pequeño, era la música, alternando su trabajo de albañil con el canto en la iglesia, en los teatros y tras la pantalla del cine mudo de su ciudad.

En 1926 se trasladó a La Habana y comenzó a actuar en cafetines. No pasó desapercibido y en 1930 lo contrató la orquesta de Justo Ángel Azpiazú, luego conocido como Don Azpiazú, con la que actuó como vocalista en el Casino de La Habana ante la selecta clientela de yanquis en vacaciones. Con la orquesta de Azpiazú llevó a cabo relevantes actuaciones en Estados Unidos, como la que vemos en el siguiente vídeo en el que un joven Machín canta Siboney.

En Nueva York permaneció cuatro años, formando parte de otras muchas agrupaciones (José Escarpenter y su Orquesta, Orquesta Antillana de Rafael Hernández, Julio Roque y su Orquesta, Armando Valdespí y su Orquesta, además de las dirigidas por él mismo: la Orquesta Machín y el Cuarteto Machín). Llegó a ser muy conocido, sobre todo en los escenarios latinos, donde popularizó la célebre canción El manisero –del también cubano Moisés Simons–, que grabó en 1930 y que fue la primera de una larga serie de éxitos.

El manisero –y otras canciones de estos primeros años de la década de 1930, como Lamento africano, de Lecuona– definen la línea musical a la que permanecerá fiel hasta el fin de sus días: el son, la guaracha y el bolero. Con estas cartas de presentación marchó a Europa en 1936. Actuó en Londres y luego en París, donde formó parte como vocalista de diferentes orquestas y en varios espectáculos de revista en los que no podía faltar el correspondiente “toque de color”.

En París, sin embargo, la competencia era enorme y –al estallar al Segunda Guerra Mundial– decidió probar suerte en España, un país aislado tras una guerra civil que acaba de finalizar. En 1939 se presentó en Barcelona con un álbum de recortes bajo el brazo de sus actuaciones. Con espectáculos como Ebano y Marfil, o Melodías de Color, Machín recorrió de punta a punta la geografía española actuando con compañías folklóricas y alternando sus presentaciones en cabarets y salas de fiestas.

Su inconfundible estilo, su imagen y, sobre todo, su profesionalidad le granjearon una extraordinaria popularidad desde mediados de la década de 1940. En 1943 se casó en Sevilla con María de los Ángeles Rodríguez y en 1947 llegó su gran éxito en España: Angelitos negros.

Machín cantaba todo: melodías para los bailes más apasionados y canciones familiares se mezclaban en su repertorio con absoluta naturalidad. Sus canciones –Madrecita, Toda una vida, No me vayas a engañar, Mira que eres linda, Quizás, quizás, quizás, Bésame mucho, Dos gardenias– son tema recurrente en los programas de discos dedicados. Su popularidad era cada día mayor. Todo el mundo conocía a Machín y se hizo célebre el dicho “Te mueves más que las maracas de Machín”. Vamos con tres de las canciones que mencionábamos: Dos gardenias, Mira que eres linda y No me vayas a engañar.

Trabajó también en el cine. En 1948 intervino en la película española dirigida por Alejandro Ulloa La casa de las sonrisas. Le vemos en una secuencia de la misma en la que canta Ayer.

El éxito no le abandonó durante la década de 1950, pero en los años sesenta la estrella de Machín empezó a declinar. La música ligera había emprendido otro camino. Machín, sin embargo, siguió con sus galas por todo el país rememorando sus viejos éxitos y creando nuevas canciones en su línea tradicional. Su presencia en los teatros, especialmente en los de las ciudades medias y pequeñas, continuó siendo todo un acontecimiento. Tendría yo seis o siete años, no más, cuando vino a actuar a mi pueblo. No se hablaba de otra cosa. De ahí que quedara grabado en mi memoria el nombre de Machín, aún no sabiendo quién era. Veámoslo una vez más con la canción Eres tan linda (1970).

Durante las décadas de 1960 y buena parte de la de 1970 alternó la grabación de discos con actuaciones con orquestas de baile y en pistas de cabaret y escenarios de teatros. Pero en 1977 terminó tan agotado del concierto que dio en Alcalá de Guadaira (Sevilla) que ya no actuó más. Era el 7 de junio. Poco después, el 4 de agosto de 1977, fallecía en su domicilio en Madrid, siendo enterrado en Sevilla por expresa decisión suya.

Que pasen un buen día.

Nuevo cine musical francés

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En los años que llevamos de este siglo XXI el interés por los musicales –sean en versión teatral o cinematográfica– no ha disminuido, más bien al contrario. No es que se haya regresado a aquella época dorada que se inició en la década de 1930 y se prolongó hasta principios de la de 1970, pero sí se ha superado ese estancamiento de las últimas décadas del pasado siglo.

Muestra de ello es la entrada de hoy, en la que nos centraremos en algunas de las películas musicales francesas estrenadas en la década comprendida entre 2002 y 2012. Solo en estos diez años se estrenaron una veintena de producciones francesas que podemos catalogar como musicales, cuando el cine francés no se ha caracterizado precisamente por prestar gran atención al género, exceptuando los años de 1930. De ahí que hablemos de nuevo cine musical francés, no por otra cosa.

De la selección que hemos hecho –condicionada, como siempre, por la disponibilidad de vídeos que puedan ser insertados– comenzamos con la película de 2002 8 mujeres (2002, 8 femmes), dirigida por François Ozon y basada en la obra de teatro homónima de Robert Thomas, con un reparto que incluye a Danielle Darrieux, Catherine Deneuve, Fanny Ardant, Isabelle Huppert, Emmanuelle Béart, Virginie Ledoyen, Ludivine Sagnier y Firmine Richard. Ambientada en los años cincuenta del siglo XX, cuenta la historia de un asesinato, el del dueño de la mansión donde ocho mujeres se encargan de los preparativos para celebrar la Navidad. Concebida como una obra teatral de Agatha Christie –con unos personajes encerrados en un único decorado y con un crimen que resolver– cada una de ellas puede ser la asesina, pues todas guardan un secreto: su alcoholismo, su homosexualidad, un desfalco, un hijo ilegítimo… La acción transcurre en el plazo de 24 horas.

De 8 mujeres –un filme con gran fuerza y excelentes números musicales– incluimos tres momentos en los que vemos a Catherine Deneuve interpretar Toi jamais; a Ludivine Sagnier –acompañada por Catherine Deneuve y Virginie Ledoyen– Papa t’es plus dans le coup, y a Fanny Ardant A quoi sert de vivre libre.

El gran éxito del periodo que tratamos fue sin duda La môme (La vie en rose), que dirigió en 2007 Olivier Dahan, un biopic sobre Édith Piaf, papel que encarna Marion Cotillard en un impresionante ejercicio de mimetización. La película, obviamente, recoge las canciones más célebres y celebradas de la irrepetible cantante. Lástima que apenas se encuentren vídeos que se puedan insertar. Pero, bueno, nos apañaremos con lo que hay e incluiremos un par de secuencias. La primera, cuando Piaf se entera de la muerte de Marcel Cerdan, de quien estaba locamente enamorada, en la que suena –no podía ser de otro modo– la hermosa canción L’Hymne à l’amour (letra de la propia Édith). La segunda Non, je ne regrette rien: “No lamento nada, / comienzo de cero”. Toda una declaración de intenciones de esta mujer de vida tan agitada. La voz, en ambos casos, es la de Piaf.

Del mismo año es el filme de Christophe Honoré Les chansons d’amour (2007), la historia de un triángulo amoroso entre canciones compuestas para la película por Alex Beaupain, con un reparto a la cabeza del cual figuran Ludivine Sagnier, Louis Garrel, Chiara Mastroianni, Clotilde Hesme y Grégoire Leprince-Ringuet.

De Les chansons d’amour –que más o menos plantea que todas las canciones de amor cuentan la misma historia vemos los números Si tard, canción  que interpreta Ludivine Sagnier, y J’ai cru entendre, por Louis Garrel y Grégoire Leprince-Ringuet.

Le Concert, distribuida en español como El concierto o El gran concierto, es otra película musical francesa, de 2009, dirigida por Radu Mihăileanu y protagonizada por Aleksei Guskov, Mélanie Laurent y Miou-Miou, que ganó dos César, a la Mejor música y al Mejor sonido, en la edición de los premios de 2010. El argumento se inspira en la figura del director de orquesta Andrei Filipov (papel que encarna Aleksey Guskov), quien en la época de Brézhnev fue despedido del Bolshoi, cuya orquesta dirigía, al negarse a expulsar a los músicos judíos. En la película, pasa a ser limpiador del Bolshoi y un buen día encuentra una carta del Teatro de Châtelet de París invitando a la orquesta para dar un concierto en la capital de Francia. A Andrei se le ocurre la idea de reunir a sus antiguos compañeros músicos, que viven de hacer trabajillos y chapuzas, y llevarlos a París, haciéndoles pasar por la orquesta del Bolshoi. Llena de maravillosos momentos musicales, nos quedamos con la larga secuencia en que la Orquesta Sinfónica de Budapest con Mélanie Laurent (en el papel de Anne-Marie Jacquet) como solista interpretan el Concierto para violín en re mayor, Op. 35, compuesto por Tchaikovski en 1878. Para prepararse para su papel, Laurent pasó tres meses estudiando violín con Sarah Nemtanu, de la Orquesta Nacional de Francia.

Finalizamos con un filme de animación: Le magasin des suicides (2012), del director Patrice Leconte. El argumento gira en torno a una tienda de suicidios que permite al cliente escoger el modo que prefiera para dejar el mundo.

La familia Tuvache, dueña de tan peculiar establecimiento, llega incluso a acompañar a hurtadillas al cliente a su casa para asegurarse de que el producto vendido no se malemplea o desperdicia. Lo que de verdad no tiene desperdicio son los dos números musicales de la película que pueden ver a continuación: “Chanson des Tuvaches” y “Duo de Lucrèce et Mishima”.

Que pasen un buen día.

Así empezaron

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Dedicamos la entrada de hoy a los inicios de algunas famosas cantantes y actrices de musicales, o cuya carrera comenzó en la comedia musical (teatro o cine), el momento preciso en que se les presentó esa oportunidad que cambió sus vidas y las convirtió en estrellas del mundo del espectáculo. La selección está, como siempre, condicionada por la existencia de vídeos y la singularidad de estos (su importancia, rareza o significación en la trayectoria de cada una).

Doris Day en “Romance en alta mar”.

Doris Day en “Romance en alta mar”.

Comenzamos con Doris Day –seguimos como es habitual un orden cronológico: según el año en que la suerte se cruzó en el camino de cada una de ellas–, quien inició su carrera artística cantando en un night club de su ciudad local (Cincinnati, Estados Unidos). En 1945 se integró como vocalista en la orquesta de Les Brown, una de las big bands más importantes de Norteamérica. Tenía 23 años cuando, en 1947, la vio actuar en el Little Club de Nueva York el director de cine Michael Curtiz, quien le ofreció uno de los papeles protagonistas en la película musical Romance en alta mar (1947), que codirigió con Busby Berkeley, compartiendo cartel con Jack Carson, Janis Paige y Don DeFore. Desde entonces ya no dejó de rodar y pasó pronto a ser un icono de la comedia cinematográfica (musical y no musical). Veamos su debut cinematográfico en una secuencia del mencionado filme, junto a Jack Carson, en la que interpreta la bella canción de Jule Styne y Sammy Cahn It’s Magic.

Shirley MacLaine en “The Pajama Game”.

Shirley MacLaine en “The Pajama Game”.

Shirley MacLaine acababa de cumplir los 21 años cuando la actriz, bailarina y cantante Carol Haney –que interpretaba en Broadwy el papel principal femenino del musical The Pajama Game– se rompió un tobillo. MacLaine la reemplazó. Sucedía esto en 1955, un año después del estreno de The Pajama Game, de Richard Adler y Jerry Ross, más tarde llevado a la gran pantalla precisamente con Doris Day de protagonista, por entonces mucho más famosa y conocida. Unos pocos meses después –aún era suplente de Haney– el director y productor Hal B. Wallis, que estaba entre el público, la vio y la contrató para que fuera a Hollywood a trabajar para Paramount Pictures. Vamos a ver a Shirley MacLaine en uno de los temas de The Pajama Game, “Steam Heat”, en un vídeo (algo posterior) de la televisión japonesa.

Julie Andrews con Rodgers y Hammerstein en las pruebas de “Cinderella”.

Julie Andrews con Rodgers y Hammerstein en las pruebas de “Cinderella”.

Las primeras actuaciones en público de la británica Julie Andrews tuvieron lugar durante la Segunda Guerra Mundial, entreteniendo a las tropas británicas en el Reino Unido junto a la también joven artista Petula Clark. Ya finalizada la guerra, con 22 años, le ofrecieron trabajar en teatro, en la obra Starlight roof (1947). Su interpretación no pasó desapercibida y en 1954 debutó en Broadway con The Boy friend. Triunfó, protagonizó luego My Fair Lady (1956), y en 1957 dio el paso definitivo al mundo audiovisual al ser seleccionada para interpretar, para la cadena de televisión estadounidense CBS, una obra que no podía tener un nombre más adecuado: Cinderella (Cenicienta). Fue este el único musical que escribió para televisión esa gran pareja que formaban Richard Rodgers y Oscar Hammerstein II. Lo vieron más de cien millones de personas y la popularidad de Julie Andrews se multiplicó. Aún así, cuando se rodó la versión cinematográfica de My Fair Lady en 1964, los productores prefirieron que la protagonizara Audrey Hepburn, que ya había rodado varias películas (entre ellas Charada y Desayuno con diamantes). En el siguiente vídeo vemos a Julie Andrews en un fragmento de Cinderella en el que interpreta “In my own little corner”.

Leslie Caron y Gene Kelly en “Un americano en París”.

Leslie Caron y Gene Kelly en “Un americano en París”.

Leslie Caron comenzó su carrera a los 10 años y desde bien joven actuó con el Ballet de los Campos Elíseos en París. En 1949 entró en la compañía de Roland Petit como bailarina clásica. Dos años después, en 1951 –Caron estaba a punto de cumplir los 30 años, pero seguía manteniendo su apariencia de joven inocente– Gene Kelly, que buscaba a la mujer que lo acompañara en Un americano en París, la vio actuar se quedó prendado de ella. Le comentó al director de la película, Vincente Minnelli, que había encontrado la persona ideal para el papel y este se lo dio. Veámosla en su debut cinematográfico.

Barbra Streisand en 1960.

Barbra Streisand en 1960.

Barbra Streisand tenía apenas 14 años de edad cuando en 1956 fue con sus padres a ver en Broadway la obra teatral El diario de Ana Frank. Antes de salir del teatro había tomado ya la decisión de convertirse en actriz y cantante. Y lo logró. Estudió arte dramático y entre 1958 y 1960 trabajó en varias producciones teatrales independientes de off-Broadway. Ese último año ganó un concurso de nuevos talentos organizado en el club nocturno The Lion. A partir de entonces comenzó a cantar en otros clubes neoyorquinos y en 1961 –con 19 años– realizó su primera aparición en la televisión. Interpretó la canción A Sleepin’ Bee (música de Harold Arlen y letra de Arlen y Truman Capote) en el programa de variedades The Tonight Show. Y a partir de aquí empezaron a lloverle ofertas por parte de las discográficas y de productores de Broadway y Hollywood. Vamos con dicha actuación.

Liza Minnelli con su madre (Judy Garland) en el show de esta última (1963).

Liza Minnelli con su madre (Judy Garland) en el show de esta última (1963).

Liza Minnelli debutó teatralmente en Nueva York con 17 años, en 1963, pero no en Broadway sino, al igual que la Streisand, en el más modesto circuito del off-Broadway. Su primer trabajo fue un papel en una reposición de la obra Best Foot Forward, que había sido llevada al cine en 1943, con Lucille Ball. Por su debut Liza ganó en premio Theatre World Award y al año siguiente (1964) acompañó a su madre, Judy Garland, en su espectáculo en el London Palladium de Londres. Hija de la célebre actriz y del gran director Vincente Minnelli, demostrada su valía, saltó al circuito oficial de Broadway en 1965 con la obra musical Flora the Red Menace, por la que recibió, con 19 años (la más joven que lo ganaba) el  premio Tony a la Mejor actriz en un musical. Y desde entonces el éxito la ha acompañado. Vamos a verla, con apenas 17 años, en el show televisivo de su madre en 1963 interpretando You Are For Loving, de Cita en San Luis (Meet me in Saint Louis), película que dirigió su padre en 1944 y protagonizó Judy Garland.

Emma Thompson y Robert Lindsay en “Me and My Girl” en 1985.

Emma Thompson y Robert Lindsay en “Me and My Girl” en 1985.

Terminamos con Emma Thompson, una desconocida actriz y cantante que buscaba algún papel que descubriera su valía cuando en 1985 se repuso en el West End londinense el musical Me and My Girl, original de Douglas Furber y L. Arthur Rose y estrenado en Londres en 1937. Los productores se fijaron en una joven de 26 años que apuntaba maneras y le ofrecieron hacer de Sally Smith, la coprotagonista de este magnífico musical que es recordado especialmente por su canción “Lambeth Walk”. Este fue su debut. Su actuación llamó la atención de los ejecutivos de la BBC y le ofrecieron un importante papel en una de sus series. Luego vino otro destacado papel, después otro más, y así hasta ahora. Pasemos a contemplar su debut, con Robert Lindsay, en el número “Lambeth Walk”.

Que pasen un buen día.

Los miserables

CAP 4

Hace tiempo dedicamos una entrada a Los miserables en la que intercalábamos números del musical y de la versión cinematográfica del mismo. Hace meses nos dimos cuenta de que la mayoría de los vídeos –los del musical muy especialmente– ya no existían por problemas de copyright. Tratamos de recomponerla pero el intento fue vano. La eliminamos. Hoy, 1º de Mayo, nos ha parecido oportuno rescatarla debidamente actualizada, respetando el texto que en su momento redactamos pero con otros vídeos que hemos localizado. Por cierto, aprovechamos para que si alguien, al visitar el blog, observa que hay alguna entrada en que figuran vídeos que no se pueden ver nos lo haga saber con el fin de, si nos es posible, corregirla.

miserablesLos miserables es un musical que nunca ha dejado de estar de moda desde su estreno en París en 1980. El éxito cosechado hizo que cinco años después llegara al West End londinense. Con música de Claude-Michel Schönberg, letras de Alain Boublil y Jean-Marc Natel y libreto, en la versión inglesa, de Herbert Kretzmer, su fama aumentó –a pesar de las críticas negativas de que fue objeto al inicio– y dio el salto a Broadway. Allí se estrenó el 12 de marzo de 1987 y estuvo en cartel hasta el 18 de mayo de 2003, día en que alcanzó las 6.680 funciones. Se repuso en la temporada 2006-2007 y desde 2014 vuelve a estar en cartelera. La obra teatral se ha representado, además, en numerosos países (Argentina, México y España entre ellos).

En 2012 llegó la versión cinematográfica, una versión bastante fiel al musical que dirigió Tom Hooper y cuyo reparto encabezaron Hugh Jackman, Russell Crowe, Anne Hathaway, Amanda Seyfried y Eddie Redmayne. Otro gran éxito.

La obra está basada en la novela homónima de Victor Hugo (Les misérables, 1862). “Siempre hay abajo más miseria que fraternidad arriba” escribe Victor Hugo en misma, la cual describe vívidamente, al tiempo que condena, la injusticia social de la Francia del siglo XIX. Eso sí, el musical (y la película) son una versión resumida y bastante más amable de la dura novela de Victor Hugo. Tanto el musical como la película cuentan la historia de Jean Valjean, un ex convicto que ha pasado diecinueve años en prisión (cinco por robar una hogaza de pan para alimentar a su sobrino y el resto por varios intentos de fuga) que se convierte, con una nueva identidad, en alcalde de un pequeño pueblo francés. La historia cubre 17 años y se establece en un contexto de inestabilidad política que culmina en la Rebelión de junio de 1832.

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No es de extrañar la calurosa acogida que en todo momento ha tenido Los miserables  en los tiempos que vivimos. Como decía Diego Galán en El País en diciembre de 2012 con motivo del estreno de la película, “hay tal cantidad de adaptaciones al cine y a la televisión de la novela Los miserables (más de 50) que choca la sorpresa o el entusiasmo ante la película que reproduce ahora, casi paso a paso, la versión musical que desde hace 30 años recorre con éxito los teatros de medio mundo”, lo que por otra parte resulta lógico, pues “la justicia o, mejor dicho, la injusticia constante; el hecho de que un hombre sea condenado a la cárcel por solo robar un pan para dar de comer a su familia; el que los revolucionarios ya no luchen por la libertad como antaño, sino por la inmediata supervivencia; el que las mujeres pobres se vean obligadas a prostituirse para subsistir; el que la honestidad no sea nunca recompensada… son algunos elementos de esta versión musical que, transmutados, pertenecen al hoy en día, en el que de nuevo abundan los “miserables”.

Su partitura –ganadora del premio Tony de 1987, entre otros galardones– ha ido cobrando fuerza con el paso del tiempo, ha vendido millones de discos y ha sido objeto de varias versiones para concierto, como las realizadas con motivo del décimo y vigesimoquinto aniversario de su estreno en la capital británica. A la primera –celebrada en el Royal Albert Hall de Londres– corresponde el primer vídeo que insertamos, en el que escuchamos el Prólogo.

Vamos ahora –respetando el orden de los números de la obra teatral– con “Valjean’s Soliloquy” (Soliloquio de Valjean), en una secuencia del filme y la interpretación de Hugh Jackman.

Regresamos al mencionado concierto del Royal Albert Hall para contemplar el tema que sigue al anterior: “At the End of the Day” (Al final del día, traducida en la versión española como “Otro día se va”).

Y ya los que siguen pertenecen a la película. Son estos, por orden: “I Dreamed a Dream” (Un día soñé), con Anne Hathaway; “Castle on a cloud” (Castillo en una nube), con Isabelle Allen; “Do you hear the people sing?” (¿Oyes el pueblo cantar?); “One day more” (Un día más, traducida en la versión española del 25 aniversario como “Sale el sol”) –esta secuencia doblada al español–; “Empty chairs at empty tables” (Sillas vacías en las mesas vacías), por Eddie Redmayne; “On my own” (Yo sola), por Samantha Barks, y “A little fall of rain (Eponine’s Death)” (Es lluvia nada más / La muerte de Eponine), que interpretan Eddie Redmayne y Samantha Barks.

Buen fin de semana.

Lilian Harvey

Lilian Harvey

Muriel Helen Harvey, nacida en Crouchn End (Inglaterra) en 1906, desarrolló la mayor parte de su carrera de cantante y actriz en Alemania con el nombre artístico de Lilian Harvey. Su madre era inglesa y su padre un hombre de negocios alemán. El estallido de la Primera Guerra Mundial les pilló en Magdeburgo (Alemania) y la pequeña Muriel fue enviada a Soleura, en Suiza, a vivir con una tía.

Lilian Harvey sobre 1926. Fotografía de Alexander Binder.

Lilian Harvey sobre 1926. Fotografía de Alexander Binder.

Finalizada la contienda comenzó a estudiar baile y declamación en Berlín, en la escuela de la Staatsoper Unter den Linden, la ópera estatal de la capital germana. No obstante, inició su carrera en Budapest, como bailarina.

Lilian Harvey en 1930.

Lilian Harvey en 1930.

Después actuó en Berlín y Viena y en 1925 debutó en el cine con la película Der Fluch, a la que siguieron varios filmes en los últimos años del cine mudo. Ese mismo año pasó a ser protagonista de la película Leidenschaft y en 1926 rodó, con Willy FritschDie keusche Susanne (La Casta Susana). Se convirtieron en la pareja de moda, especialmente a raíz de su colaboración, tras el auge del cine sonoro, en la comedia musical que dirigió Wilhelm Thiele y se estrenó en 1930 Liebeswalzer, una romántica historia de amor que cautivó al público. Siguió, también en 1930, y entre otras varias más, otra exitosa comedia musical –Einbrecher, de Hanns Schwarz– con la pareja. Vamos con unas secuencias de esta última, cuya música era del genial Friedrich Hollaender. Suyas son las tres canciones que escuchamos. En el primer vídeo interpreta con Heinz Rühmann “Ich möcht einmal deine Carmen sein”; en el segundo, Fritsch y Rühmann cantan al piano “Ich lass mir meinen Körper schwarz bepinseln” y bailan con Lilian (el grandote que aparece es Kurt Gerron, actor y cantante que murió en la cámara de gas de Auschwitz en 1944); en el tercero, Fritsch y Harvey interpretan “Eine Liebelei, so nebennei!”.

Lilian –la “chica más dulce del mundo” la bautizó la prensa alemana– y Fristch trabajaron juntos en once películas, entre ellas Der Kongress Tanzt (1931, El congreso se divierte), de Erik Charell, que la lanzó a la fama internacional. En ella interpretaba la canción “Das gibt’s nur einmal, das kommt nie Wieder” (música de  Werner R. Heymann y letra de Robert Gilbert), que fue un auténtico hit.

Lilian Harvey en 1933. Fotografía de Ray Jones.

Lilian Harvey en 1933. Fotografía de Ray Jones.

La popularidad de Harvey iba in crescendo tanto en Alemania como en otros países, por lo que sus películas posteriores se rodaron también en versiones en inglés y en francés. Este fue el caso de la última película que rodó en Alemania en esta primera época: Ich und die Kaiserin (La emperatriz y yo), película dirigida en 1933 por el propio Hollaender cuya estética se aproxima mucho al expresionismo alemán. Vamos con la secuencia en que Conrad Veidt (el marqués de de Pontignac) escucha de nuevo la canción que le salvó la vida (“Wie hab’ ich nur leben können ohne Dich?”, más o menos “¿Cómo podría vivir sin ti?”) y cree que es la emperatriz (Mady Christians) quien la interpreta, descubriendo al final que quien lo hace es Juliette, la peluquera (Lilian Harvey).

Portada de una de las cajetillas de cigarrillos Sultan con Lilian Harvey (sobre 1935).

Portada de una de las cajetillas de cigarrillos Sultan con Lilian Harvey (sobre 1935).

Después de rodar La emperatriz y yo le surgió ese mismo año la oportunidad de trabajar en Hollywood. Entre 1933 y 1935 rodó cuatro películas para 20th Century Fox, que no tuvieron tanto éxito como sus filmes alemanes. Finalmente abandonó el rodaje del musical de la Fox George White’s 1935 Scandals y regresó a Alemania. A causa de su amistad con sus colegas judíos estuvo vigilada por la Gestapo. No obstante, hasta 1939 hizo algunas películas de éxito para el estudio Universum Film AG (UFA), entre ellas Glückskinder (1936), Fanny Elssler (1937, La bailarina vienesa) –un drama histórico dirigido por Paul Martinsu en el que interpretó su personaje más complejo– Capriccio (1938), Frau am Steuer (1939) y Miquette (1940). En algunas trabajó de nuevo con Willy Fritsch. Vamos a ver ambos otra vez interpretando “Ich wollt’ ich wär ein Huhn” (Me gustaría ser un pollo) en un fragmento de esta última.

Como quiera que ayudara a su amigo, el coreógrafo Jens Keith, a escapar a Suiza fue interrogada por la Gestapo. Decidió entonces abandonar Alemania y sus bienes fueron confiscados por los nazis. Marchó a Juan-les-Pins, en Francia. Rodó dos películas más en Francia en 1940: Serenade y Miquette. Ambas fueron dirigidas por Jean Boyer y le acarrearon –junto al hecho de cantar para las tropas francesas– que el régimen nacionalsocialista le retirara su ciudadanía alemana. El vídeo que sigue es una secuencia de Miquette en la que, con Lucien Baroux, interpreta “Je suis une jeune écolière”.

Lilian Harvey en 1963.

Lilian Harvey en 1963.

Tras la ocupación del sur de Francia se retiró de la vida artística y regresó a Estados Unidos, donde residió hasta 1947. En 1949 volvió a Alemania, trabajó por poco tiempo en el teatro y tornó a Juan-les-Pins, donde falleció a causa de ictericia el 27 de julio de 1968. Fue enterrada en el Cementerio Robiac de Antibes.

Buen inicio de semana.