La cumparsita: el tango más universal cumple cien años

La Cumparsita

El tango más universal, el más famoso, el más célebre y popular, el más grabado e interpretado, cuenta ya con cien años de existencia. Evidentemente, hablamos de La cumparsita, un tango que tiene detrás una historia fascinante.

Su autor, el uruguayo Gerardo Matos Rodríguez, nacido en Montevideo en 1897, era un estudiante de arquitectura cuando lo compuso entre finales de 1915 y comienzos de 1916. El semanario uruguayo La prensa (18 de abril de 2017) recoge unas declaraciones del pianista, director de orquesta y compositor argentino Roberto Firpo –que fue quien lo estrenó– sobre su gestación: “En 1916 yo actuaba en el café La Giralda de Montevideo, cuando un día llegó un señor acompañado de unos quince muchachos –todos estudiantes– para decirme que traían una marchita y querían que yo la arreglara porque pensaban que allí había un tango. La querían para la noche, porque la necesitaba un muchacho llamado Matos Rodríguez. En la partitura en dos por cuatro aparecía un poco la primera parte y en la segunda parte no había nada. Conseguí un piano y recordé dos tangos míos… Y le puse un poco de cada uno. A la noche lo toqué… Fue una apoteosis, a Matos Rodríguez lo pasearon en andas”. Y prosigue el artículo: “Un año después, en febrero de 1917, Firpo viene nuevamente al Uruguay y en el Café y Confitería La Giralda ejecuta por primera vez La Cumparsita, en abril de 1917. La numerosa clientela aplaudió con gran entusiasmo, tomándose este momento como la presentación oficial del nuevo tango uruguayo”.

Café La Giralda

Café La Giralda, donde se presentó “La cumparsita”.

Su sobrina nieta Rosario Infantozzi, autora del libro Yo, Matos Rodríguez, el de La Cumparsita (1992), asegura que Matos, que no sabía escribir música ni tocar el pìano, se encontraba gravemente enfermo cuando se acercaba el Carnaval de 1917 y un buen día le vinieron a la mente unos acordes de lo que sería luego la melodía, que fue dictando a su hermana menor, que sí sabía escribir música. “Cuando termina de escribir, le dice [su hermana] ¿por qué no silbas todo entero a ver que fue lo que escribí? Entonces es cuando él silba y se da cuenta de que es un tango. […] Y si hay alguna certeza que yo tengo de que La cumparsita nació tango y no marcha de carnaval es que mi abuela, con ochenta y pico de años, jamás toco La cumparsita en el piano” (declaraciones recogidas en el vídeo “Especial La cumparsita: La historia de un tango”, de El Observador TV, 18 de  abril de 2017).

Fuese como fuese, La Cumparsita se estrenó oficialmente en el café La Giralda la noche del 18 de abril de 1917 en interpretación de la orquesta de Firpo con un éxito arrollador. Esta es la versión de Roberto Firpo de 1917, aunque en algunos sitios figura que es de 1916.

Poco después, Matos vendió los derechos de la melodía a la firma Breyer Hnos., representante de la Casa Ricordi en Argentina por 50 pesos, cuando lo habitual era que se pagaran unos cinco por tango. Y se olvidó de él. Hasta que en 1924 marchó a París, donde el tango gozaba de gran popularidad en los cabarets de Montmartre y en las salas de baile, siendo bailarines y cantantes argentinos los que lo habían difundido atraídos por el gran ambiente musical que reinaba en la capital francesa, capital también en aquellos tiempos de la cultura occidental. Paseando por Montmartre escucha su melodía una y otra vez en sus numeroso cafés y cabarets. Cuando los parroquianos se enteran de quién es lo tratan a cuerpo de rey. Matos se pone a estudiar música y se dedica profesionalemnte –por fin– a componer tangos.

Se encuentra de nuevo con Firpo, quien parece que le contó que en Buenos Aires habían escrito una letra (de Pascual Contursi y Enrique Maroni) y cambiado el título por Si supieras, incluyéndola en un sainete que se llamaba Un programa de cabaret, justo el año que había partido a París. También ese mismo año, 1924, grabó el tango Carlos Gardel con el el título Si supieras. Gardel era un ídolo de multitudes y la ya famosa La cumparsita lo fue todavía más. A Matos todo esto le desagradó sobremanera. Escribió otra letra que creía que se ajustaba más al sentimiento que había volcado al componer la melodía en 1926, grabando la nueva versión de La cumparsita Roberto Díaz con la orquesta Los Provincianos.

Vamos con las dos versiones: la de Gardel, acompañado de las guitarras de Ricardo y Barbieri, y la de Roberto Díaz con la orquesta Los Provincianos, con letra de Matos.

En 1931 Matos consiguió que le reconocieran oficuialmente el 50% de los derechos económicos porque cuando los había vendido era, legalmente, menor de edad. Al morir Contursi en 1932 su viuda y Maroni emprendieron acciones legales por daños y perjuicios contra Matos reclamando la coautoría. Matos argumentaba que era un tango instrumental, que así lo había compuesto, y que, en todo caso, la letra fuera la suya por la razón antes apuntada. Decía que si La cumparsita era famosa por la letra, ya que la de Contursi y Maroni era mucho más concida gracias a la grabación de Gardel, “pues que toquen la letra sola”. Fue un largo litigio que no se resolvió hasta septiembre de 1948, ya fallecido Matos (abril de 1948), mediante laudo arbitral del compositor Francisco Canaro, estabeciédose que los beneficios obtenidos por La cumparsita se repartirían en un 80% para los herederos de Matos y el 20% restante para los de los Contursi y Maroni.

La cumparsita nuca ha dejado de ser grabada e interpretada –se conocen más de 2.500 versiones grabadas– y se ha visto inmersa en la eterna disputa entre Argentina y Uruguay acerca del tango. Ambos países defendían que la pieza era su obra nacional cumbre. Así, en la Exposición Universal de Sevilla de 1992 fue leitmotiv musical de la delegación uruguaya y en 1998 fue declarado “himno popular y cultural de Uruguay”, a partir de una ley aprobada por el poder legislativo uruguayo. Sin embargo, en las Olimpíadas de Sydney de 2000 la delegación argentina desfiló en la ceremonia inaugural al son de La Cumparsita, lo que levantó protestas en Uruguay. Su Parlamento declaró por ley 2017 como el “Año del Centenario de La Cumparsita”. La versión sinfónica que sigue es de este mismo año y corre a cargo de la Orquesta Juvenil del Sodre (Orquesta Nacional Juvenil de Uruguay).

Dada su enorme trascendencia, La cumparsita ha formado parte de numerosas películas. Con las secuencias de unas pocas de ellas, les dejo por hoy. En el primero es Gene Kelly quien baila esta versión un tanto exótica –así veía Hollywood el tango– en Anchors Aweigh (1945, Levando anclas). Billy Wilder la incluyó en una divertida secuencia de Some Like It Hot (1959, Con faldas y a lo loco) que protagonizan, en medio de la declaración de amor entre Marilyn Monroe y Tony Curtis, Jack Lemmon y Joe E. Brown. El tercero corresponde a la película de Carlos Saura Tango (1998), y quienes bailan son Cecilia Narova y Juan Carlos Copes.

En 2117, si antes este mundo no se ha ido al carajo, será su segundo centenario. Esperemos que llegue a celebrase. Puede que La cumparsita no sea el mejor de todos los tangos, pero su relevancia es incuestionable y bien que se lo merece.

Que pasen un buen domingo.

Miguel de Molina: “¡Marica, no. Maricón!”

Tal día como hoy, 10 de noviembre, de 1939, el cantante español de copla Miguel de Molina (1908-1993) se hallaba en su camerino del Teatro Pavón de Madrid cuando tres hombres, que no se identificaron, lo metieron sin contemplaciones en un automóvil y se dirigieron a los altos de la Castellana. Una vez allí, lo sacaron del coche y le dieron una brutal paliza, le golpearon con la culata de una pistola –uno de los golpes le rompió dos dientes–, le raparon la cabeza a tirones y le metieron en la boca un frasco con aceite de ricino mezclado con vaselina, que hubo de apurar. Eso le pasaba, le gritaron, “por maricón y por rojo”. Luego se marcharon, dejándolo allí tirado y posiblemente creyendo que estaba muerto.

Poco después tuvo que actuar en el Teatro Cómico de Madrid ante el Frente de Juventudes (falangistas), que le abucheaba. “¡Marica, marica!”, le gritaban. De pronto, hizo callar a la orquesta, se acercó a las candilejas y respondió: “Marica no, ¡maricón!”.

Miguel de Molina terminó marchándose de España en 1942. Ya era una estrella de la canción española. Sus creaciones de “La bien pagá” y “Ojos verdes”, entre otras, le había encumbrado a lo más alto de la copla. No sin dificultades, consiguió ser primera figura en toda Latinoamérica. Murió a los 86 años en Buenos Aires, donde está enterrado en el porteño cementerio de la Chacarita.

Artículo completo (biografía, comentarios y vídeos): Miguel de Molina

¡Viva el charlestón!

Pareja de jóvenes bailando el charlestón en los años 20.

Pareja de jóvenes bailando el charlestón en los años 20.

No me pregunten por qué, pero la entrada Charlestón: el baile de los felices años 20 es por el momento, y con bastante diferencia, la más visitada de cuantas hay publicadas en Música de Comedia y Cabaret. Un buen día, una amiga me sugirió escribir una entrada sobre este baile que causó furor en la década de 1920-1930. No había publicado ninguna dedicada al charlestón hasta entonces. Era a principios de este año (2014) y me pareció una buena idea. Y lo que me pareció, fue. Gracias, Ana.

Para mi sorpresa, cada vez que consultaba las estadísticas el número de visitas era mayor. Y sigue aumentando. En consecuencia, ¡Viva el charlestón!

Campeonato de charlestón. Nueva York, 1926.

Ya hablamos de su origen y difusión tras la Primera Guerra Mundial, cuando se creía que lo peor había pasado y comenzaba una época de ilusión que ríase de los mejores años de la Belle Époque. Aunque igual no se estaba tan seguro de ello y, por si acaso, hicieron bueno –los que podían, claro– el dicho aquel de “el último que apague la luz”. De ahí ese hedonismo escapista que se adueño de buena parte de la sociedad occidental, ese vivir sin pensar, al día, a ser posible bebiendo y bailando hasta el infinito. A ritmo de charlestón, por supuesto.

Llegó el crash de 1929 y se demostró lo infundado de tal estado de ánimo, pero el charlestón –el baile de aquellos supuestos felices años veinte– continuó por un tiempo siendo una excelente válvula de escape, si bien pronto comenzó a decaer. No obstante, su impronta fue tal que se quedó para siempre y se siguió y se sigue bailando.

Empezamos esta nueva entrada dedicada al que posiblemente haya sido unos de los bailes más excéntricos del siglo XX con Runnin’ Wild, un tema que compusieron en 1922 A.H. Gibbs, Joe Grey y Leo Wood y popularizó Duke Ellington cuando empezó a actuar, cinco años después, con su orquesta en el famoso Cotton Club. Esta es su versión de aquellos años:

¿Les suena? Es probable que sí, sobre todo si recuerdan la genial película de Billy Wilder Some Like It Hot (1959, Con faldas y a lo loco) en la que lo interpreta Marilyn Monroe, vocalista de una orquesta de “señoritas” que incluye a Jack Lemmon y Tony Curtis.

De 1926 es Don’t Forget To Mess Around, que compuso y grabó Louis Armstrong en 1926, otra melodía que bailaron infinidad de parejas de uno y otro lado del Atlántico.

En Europa, no obstante, hacía tiempo que el charlestón se bailaba en las grandes salas de baile y en los cabarets. En el siguiente vídeo –aunque las imágenes son de Estados Unidos– podemos escuchar uno de los grandes éxitos del Berlín de los años veinte: Kannst du Charleston, tanzt du Charleston, compuesto en 1923 por de R. Myers y R. Gilbert, en una grabación de 1928 por Julian Fush y su Orquesta.

La popularidad que en poco tiempo alcanzó el charlestón no pasó desapercibida para los grandes compositores del momento que triunfaban en Broadway. Así, Jerome Kern, conocido como “el padre del musical estadounidense”, incluyó en el que se considera “el primer musical moderno de Broadway”, Show Boat (1927), este “Kim’s Charleston” que vemos en un momento de la ceremonia de entrega de los premios Tony de 1995. Lástima la mala calidad de la imagen.

Enseñando a bailar el charlestón a un elefante. Nueva York, 1926.

Enseñando a bailar el charlestón a un elefante. Nueva York, 1926.

Como decíamos, pasada su época dorada, el charlestón se siguió bailando –aunque cada vez menos– y continuó presente en el teatro y cine musicales. Así, Ginger Rogers lo bailó en la película de William A. Wellman Roxie Hart (1942), si bien la escena no se incluiría en el montaje final. Roxie Hart es la adaptación cinematográfica de la obra de teatro Chicago, de Maurine Dallas Watkins, periodista del Chicago Tribune que en los años veinte cubría el caso de Beulah Annan (Roxie Hart en la ficción) y Belva Gaetner, dos mujeres acusadas de asesinato (la primera del de su marido, la segunda del de su amante). Ante el éxito de sus columnas decidió escribir una obra de teatro con los reportajes que iba publicando que se estrenó en Broadway en 1926 y que, además de dar lugar al filme que comentamos, inspiró a Bob Fosse para crear su famoso musical Chicago, llevado luego también al cine.

A la película de 1956 dirigida por Fred F. Sears Don’t Knock the Rock corresponde la siguiente secuencia en la que un grupo de jóvenes bailan el charlestón al ritmo de los temas Don’t the Racoon (1928), de J. Fred Coots y Raymond Klages, y Black bottom stomp (1925), de Jelly Roll Morton. La película gira en torno a la preocupación de los padres por la supuesta nefasta influencia que un nuevo baile, el rock and roll, podría llegar a ejercer sobre sus hijos. Su protagonista trata de demostrar que es más inofensivo que aquel otro loco baile llamado charlestón al que se entregaban los ahora adultos cuando tenían su edad.

No solo el cine musical estadounidense continuó haciéndese eco del charlestón. Veamos esta secuencia de la película española La Corista (1960), dirigida por José María Elorrieta, en la que Marujita Díaz interpreta el conocido tema Mama cómprame unas botas, versión española de un charlestón norteamericano muy popular en la década de 1920, Yes Sir, That’s My Baby (música de Walter Donaldson y letra de Gus Kahn), un gran éxito de Ace Brigode de 1925 que podemos escuchar en el vídeo que figura bajo el de Marujita Díaz. Las letras, podrán comprobar, nada tienen que ver una con otra.

En el teatro musical, en los cabarets y en los espectáculos de salas de fiestas, también siguió presente el charlestón. Terminamos la entrada con un vídeo de 1971 que recoge un momento del episodio 11 de la cuarta temporada del programa de televisión Here’s Lucy, show de Lucille Ball, con Ginger Rogers bailando el charlestón con ella y Lucie Arnaz.

Que disfruten de un buen día a ritmo de charlestón.

 

 

Bollywood

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Bollywood –vocablo que proviene de un juego de palabras entre Bombay y Hollywood– es el término que se emplea para referirse a la industria cinematográfica en idioma hindi. No existe sin embargo en Bombay –desde 1995 Mumbai, capital del estado federal de Maharashtra, en la India– un lugar específico con dicho nombre. Al noreste de la capital se encuentra Film City, un complejo con 20 estudios que ocupa casi 500 hectáreas de terreno, propiedad del Estado y vigilado como si de una instalación militar se tratara, donde se rueda constantemente para televisión y donde se han filmado muchas escenas de las grandes producciones.

Katrina Kaif, una de las actrices mejor pagadas de Bollywood

Katrina Kaif, una de las actrices mejor pagadas de Bollywood

En las películas de Bollywood son esenciales los números musicales: las canciones y los bailes. De hecho, la comercialización previa de la música es clave en la promoción de las películas, hasta el punto que algunas canciones se incluirán finalmente, o no, en el filme según el éxito obtenido. La música incluye cantos y danzas típicas del país mezcladas con curiosas coreografías del pop occidental. Estrellas glamurosas, música rítmica y melódica, decorados exquisitos y exteriores exóticos, son los otros ingredientes que caracterizan genéricamente las producciones de Bollywood.

“Narrar una historia con canciones –nos explica Carlos Galilea en su artículo “La voz de Bollywood”, publicado en El País el 12 de julio de 2008– forma parte de la cultura del país ya desde formas teatrales clásicas. Y aunque la música de sus filmes está enraizada en tradiciones indias, los compositores pillan de cualquier lado: pop y qawwali, ragas y rock, jazz y ghazals… Las playback singers, o sea, las cantantes que graban las canciones de las películas, gozan de la misma popularidad que muchas estrellas de cine. (…) cantantes como Mohammed Rafi, Mukesh o Kishore Kumar son recordados con mayor cariño que los actores que movían los labios en la pantalla. Lata Mangeshkar y Asha Bhosle han dado voz a actrices de varias generaciones”.

Fotograma de “Partner” (2007)

Fotograma de “Partner” (2007)

“En el libro Bollyworld (2005) –prosigue Galilea–, Kajri Jain explica que el cine comercial indio ha sido un fenómeno transnacional tanto por su apropiación y adaptación de elementos, técnicas y narraciones foráneas como por proyectarse en África, Oriente Medio, China o el sureste asiático desde la década de los cuarenta. Las superproducciones de Bollywood marcan tendencias en el vestir, la música y los códigos morales. Nikhat Kazmi, que ejerce la crítica de cine en The Times of India, apunta que la fantasía de Bollywood es la válvula de escape para millones de indios –de una población de 1.200 millones–. Y aporta datos: se producen más de mil películas al año y 20 millones de personas acuden cada día a alguna de las 13.000 salas de cine. Las recaudaciones no dejan de crecer: en 2006 fueron 1.750 millones de dólares y las ventas al extranjero –20% del total– juegan un papel importante”.

Hoy vamos a aproximarnos al cine de Bollywood –no al indio en general, que es algo más, como el cine estadounidense tampoco es solo Hollywood– a través de algunas de las películas musicales de los últimos veinte años. Comenzamos con un gran éxito: Dilwale Dulhaniya Le Jayenge (El valiente de corazón se llevará a la novia), del conocido director y productor Aditya Chopra. Estrenada en 1995 y protagonizada por las estrellas Shahrukh Khan, Kajol y Amrish Puri, en abril del 2007 estableció un récord mundial al completar 600 semanas de exhibición ininterrumpida en Maratha Mandir, un cine teatro de Mumbai. La canción que suena se titula “Mehndi Laga Ke Rakhna”.

De 1999 es Hum Dil De Chuke Sanam (He entregado mi corazón, querido), película dirigida por Sanjay Leela Bhansali y protagonizada por Aishwarya Rai, Salman Khan y Ajay Devgan. A ella pertenece este número: “Dholi Taro Dhol Baaje”.

Otro estreno de 1999 fue Hum Saath-Saath Hain: We Stand United (Estamos unidos), que dirigió Sooraj R. Barjatya y protagonizaron With Salman Khan, Karisma Kapoor, Saif Ali Khan y Tabu. Es Karisma Kapoor –la hija mayor de la familia Kapoor; casi todos ellos actores, directores y productores en la industria del cine de Bollywood–, quien interpreta este número titulado “Maiya Yashoda”, eso sí, doblada por Anuradha Paudwal.

De 2003 es Kal Ho Naa Ho, película india del director Nikhil Advani que está ambientada en Nueva York y cuyos principales protagonistas son Shahrukh Khan, Preity Zinta y Saif Ali Khan. La banda sonora, del grupo musical Shankar-Ehsaan-Loy, tuvo un gran éxito y ganaron varios premios por ella. Los productores de la película cumplieron con los tratados internacionales sobre derechos de autor y compraron los derechos de la canción Oh, Pretty Woman (práctica poco común en Bollywood). Los dos vídeos que siguen recogen sendas secuencias de este celebrado drama musical: el número coral“Maahi Ve” y la versión de Oh, Pretty Woman, por Shankar Mahadevan, uno de los miembros del grupo Shankar-Ehsaan-Loy.

Seguimos con una película estrenada en 2007: Aaja Nachle, comedia dramática dirigida por Anil Mehta y protagonizada por Madhuri Dixit, uno de los iconos del cine de Bollywood de las décadas de 1980 y 1990, que retornaba al cine tras varios años de ausencia. Ella protagoniza el número que viene a continuación con la canción que da título al filme, pero, como suele ser habitual en Bollywood, doblada, en esta ocasión por Sunidhi Chauhan.

Dabangg (Sin miedo) es una exitosa película de 2010, la que más dinero recaudó ese año en taquilla de entre todos los estrenos del cine hindi. Dirigida por Abhinav Kashyap, la protagonizan Arbaaz Khan, Sonakshi Sinha, Sonu Sood, Vinod Khanna y Dimple Kapadia. En 2012 se rodó una secuela (Dabangg 2) de esta película de acción producida y dirigida por Arbaaz Khan, cuyo reparto encabezaban prácticamente los mismos intérpretes. Es de esta última que vemos el número “Fevicol Se”.

Ese mismo año, 2012, se estrenaba otro gran éxito: Agneepath (El camino del fuego), que dirigió Karan Malhotra y protagonizaron, entre otros, Hrithik Roshan, Priyanka Chopra y Sanjay Dutt. Es Shreya Ghoshal, famosa joven cantante, quien interpreta “Chikni Chameli”, una de las canciones más famosas de este drama musical. No obstante, protagoniza la secuencia Katrina Kaif, una de las actrices (y modelo) mejor pagadas de Bollywood, en esta colaboración especial en la que hacía de Chikni Chameli.

Finalizamos esta aproximación al cine de Bollywood con un fragmento musical de la película estrenada este mismo año (el 14 de febrero) Gunday, del director Ali Abbas Zafar, un thriller cuyos papeles principales recayeron en Ranveer Singh y Arjun Kapoor. “Tune Maari Entriyaan” –que interpretan Vishal Dadlani, Neeti Mohan y Bappi Lahiri– es el tema que pueden ver en este último vídeo de nuestra entrada de hoy.

Que pasen un buen fin de semana.

Charlestón: el baile de los felices años 20

Competición de charlestón en Saint Louis (1925)

Competición de charlestón en Saint Louis (1925)

Tras la Primera Guerra Mundial, un conflicto que nadie esperaba que llegara a estallar ni mucho menos que se prolongase tanto tiempo, una especie de huida hacia adelante se adueñó de gran parte de la sociedad, especialmente entre aquellos que, por edad, no habían participado en la guerra ni se consideraban responsables del desastre. Una nueva época nacía, un mundo nuevo que nada tenía que ver con el anterior. Al menos eso pensaban, sobre todo los estadounidenses, cuyo país conocía –a causa precisamente de la guerra– una época de prosperidad económica que llegó a ser conocida como los “felices años veinte”.

Una mujer estadounidense enseña a bailar el charlestón a unos jóvenes británicos (1925)

Una mujer estadounidense enseña a bailar el charlestón a unos jóvenes británicos (1925)

Estados Unidos había mostrado su supremacía política y tecnológica al entrar finalmente en el conflicto. Ahora comenzaba a manifestar su supremacía cultural, fundamentalmente en el ámbito de la cultura popular. El jazz pasaba a ser un símbolo de modernidad y los ritmos sincopados del hot y del swing causaban furor. El cine –la otra gran innovación que se desarrollaba con fuerza en USA– los difundió rápidamente entre los europeos, que los abrazaron con tanto o más entusiasmo que los norteamericanos.

En este contexto, el charlestón es uno de los bailes más representativos de esta época. De hecho, fuera de los años veinte su presencia en los cabarets, salas de baile, o en el cine mismo, es escasa. Extravagante como pocos, esta variedad del foxtrot representa mejor que ninguna otra el sentir de aquellos tiempos, un sentir que tan bien plasmó F. Scott Fitzgerald en su novela El gran Gatsby (1925), llevada al cine varias veces, entre ellas por Jack Clayton en 1974. A esta versión corresponde el primer vídeo que insertamos en la entrada de hoy.

El charlestón –baile de compás cuaternario y ritmo sincopado en el que se alternan brazos y piernas principalmente, con una gran movilidad en los pies– toma el nombre de la ciudad homónima (Charleston, Carolina del Sur, Estados Unidos) y era, en su origen, un baile de los negros. La cada vez mayor afición por el jazz conllevó un interés por otras manifestaciones artísticas de la cultura afroamericana directamente relacionadas con él. Al parecer, entre la comunidad afroamericana se bailaba desde principios del siglo XX, pero no fue, como decíamos, hasta el inicio de la década de 1920 que se popularizó fuera de ella. Y con inusitada rapidez llegó a Europa, siendo presentado “oficialmente” en París en 1925 en la Révue nègre de Joséphine Baker, a quien vemos bailando un charlestón en un momento de dicho espectáculo musical en un cortometraje del mismo 1925. Lógicamente, la música es añadida, aunque también pertenece al mismo año (se trata del tema Sweet Man, que interpretan Isham Jones & His Orchestra).

Ilustración de la revista francesa “Fantasio” de 1926.

Ilustración de la revista francesa “Fantasio” de 1926.

El primero es un corto (producción de British Pathé) de mediados de la década que muestra los diversos pasos a seguir para bailar el charlestón.

El segundo es también un cortometraje (este, estadounidense) del mismo momento. En ambos, la música es también añadida: “The Charleston”, popular tema que compuso James P. Johnson en 1923, y “Charleston”, un tema que grabó Spike Jones en 1950.

Incluso en países como España –tan alejado de las nuevas corrientes– se impuso el nuevo y “loco” baile. Madre, cómprame un negro es un charlestón compuesto en el año 1928 por Ángel Ortiz de Villajos con letra de Alfonso Jofre y Mariano Bolaños, para Reyes Castizo La Yankee. Lo vemos por Carmen Sevilla en una secuencia de la película dirigida por Rafael Gil en el año 1970 titulada El relicario.

Finalizamos la entrada con un par de vídeos de sendas películas estrenadas bastante después de la época de éxito del charlestón, circunscrita prácticamente a la década de 1920-1930. Y es que, efectivamente, su moda fue efímera pero consiguió tal impacto que, incluso hoy día, todo el mundo, o casi, sabe qué es el charlestón. El primero pertenece a la película ¡Qué bello es vivir! (It’s a Wonderful Life), que dirigió Frank Capra en 1946 y protagonizaron James Stewart and Donna Reed, quienes bailan este charlestón (el tema de 1923 antes referido). El segundo, más reciente, corresponde al filme de 2002 Chicago, al final del cual Renée Zellweger y Catherine Zeta-Jones se marcan este singular charlestón.

Con mucha diferencia Charlestón: el baile de los felices años 20 es la entrada más visitada hasta hoy en Música de Comedia y Cabaret. Por ello, un buen día nos dijimos “¡Viva el charlestón!” y publicamos otra dedicada a este baile tan singular y tan representativo de los llamados ‘felices años 20’. Entendemos que  ello obedece a que la primera debe haber sido alojada en alguna página que los amantes del charlestón suelen visitar. Por ello, si ha llegado hasta aquí a través de ella, puede visitar también la entrada ¡Viva el charlestón!

Miguel de Molina

Miguel de Molina. Buenos Aires,1943. Fotógrafa Anne Marie Henrich

Miguel de Molina. Buenos Aires,1943. Fotografía de Anne Marie Henrich

Corría el año 1939. Hacía unos meses que aquellos militares que en 1936 se habían levantado contra la República habían conseguido el poder tras una cruenta guerra civil. Habían vencido –que no ganado– pero conservaban íntegras sus ansias de venganza, su odio y su fanatismo. La represión, plagada de arbitrarias y largas condenas y de asesinatos, no había hecho más que empezar.

Miguel de Molina en 1938

Miguel de Molina en 1938

El 10 de noviembre de dicho año, el cantante Miguel de Molina, tras finalizar su función de tarde, se disponía a abandonar el Teatro Pavón de Madrid cuando tres hombres le esperaban. No se identificaron. Sin contemplaciones, lo metieron en un automóvil y se dirigieron a los altos de la Castellana. Una vez allí, lo sacaron del coche y le dieron una brutal paliza, le golpearon con la culata de una pistola –uno de los golpes le rompió dos dientes–, le raparon la cabeza a tirones y le metieron en la boca un frasco con aceite de ricino mezclado con vaselina, que hubo de apurar. Eso le pasaba, le gritaron, “por maricón y por rojo”. Luego se marcharon, dejándolo allí tirado y posiblemente creyendo que estaba muerto. Como pudo, consiguió llegar hasta la carretera y parar un taxi, que le devolvió al teatro. El empresario, un tal Prieto, falangista camisa vieja, pretendía que hiciese la función de noche: con un pañuelo en la cabeza, decía, no se notaría el estropicio…. En la Guerra Civil, finalizada siete meses atrás, Molina y Amalia Isaura, su pareja artística, habían actuado para las tropas de la República en el frente de Teruel, en la retaguardia y en los hospitales. Ahora empezaban a pagarlo.

Varios días después tuvo que actuar en el Teatro Cómico, donde el Frente de Juventudes (falangistas) le abucheaba. “Marica, marica”, le gritaban. Miguel de Molina hizo callar a la orquesta, se acercó a las candilejas y respondió: “Marica no, maricón”.

Miguel de Molina terminó marchándose de España en 1942 con la compañía de Lola Membrives. En Buenos Aires montó un negocio de antigüedades y se dedicó de nuevo al espectáculo, aunque al principio no lo tuvo nada fácil. Hizo varias películas con Carmen Amaya y en 1952 protagonizó la película de carácter autobiográfico Esta es mi vida, gracias a la cual podemos verlo interpretando algunos de sus más famosas canciones.

Cuando Miguel se fue de España ya era una estrella de la canción española. Sus creaciones de La bien pagá y Ojos verdes, entre otras, le había encumbrado a lo más alto de la copla. Vamos con ellas. La bien pagá en una secuencia de la película recién nombrada; Ojos verdes en un vídeo con fotografías, la mayoría del cantante.

 

Miguel de Molina había nacido en Málaga en 1908 en el seno de una familia humilde. Empezó abajo del todo. Su madre, que se ganaba la vida fregando, hubo de educarle en una casa de misericordia y ni siquiera terminó los estudios primarios, pues se escapó del colegio para lanzarse a la aventura del espectáculo. A los 14 años, cambió Málaga por Algeciras, donde se hospedó y trabajó en el burdel de Pepa La Limpia. Al tiempo, cantaba y bailaba en tablaos y compañías de poca  monta. Al principio alternaba, como otras grandes estrellas de la época, su arte de cantante con el de bailaor. En abril de 1934 encarnó al Espectro en una memorable versión de El amor brujo, de Falla, en el teatro Español de Madrid, con la Argentina, la Imperio y Vicente Escudero. El éxito ya no el abandonó.

Molina fue el primer hombre en cantar el repertorio de las cupletistas sin imitarlas, es decir, sin vestirse como ellas ni afeminar la voz ni el gesto. Se bastaba y se sobraba, no necesitaba imitar a nadie ni nada. Y se fue ganando el respeto hasta de los hombres más machos (no de todos, claro). Era único, una de las grandes figuras del espectáculo que no admitía comparaciones.

021Tras la victoria facciosa, era consciente de que su carrera entraba en declive. Regresó a Barcelona, donde le montaron un espectáculo con música del maestro Padilla. Parecía que volvía a encontrar su sitio, pero tuvo que volver a Madrid. Los empresarios ya le habían advertido de que corría un grave riesgo si trataba de proseguir su carrera por su cuenta. Y así fue. Al poco, llegó el incidente que relatábamos al principio de la entrada.

Así pues, en 1942 dejó España. Se dirigió a Lisboa y embarcó hacia Buenos Aires. Allí triunfó, pero al poco llegó de nuevo la persecución a través de la embajada española y tuvo que salir de Argentina, no sin antes empeñar todo cuanto poseía. En 1943 se trasladó a México y se repitió la historia, creándose un frente encabezado por Cantinflas y Jorge Negrete para desprestigiarle. Volvió a Argentina tras una llamada de Eva Perón. Desde entonces, le llovieron los contratos y pasó a ser primera figura en toda Latinoamérica.

Y en 1952 llegó Esta es mi vida, en la que él mismo dice al final de la misma: “Y es verdad, esta es mi vida, porque llevo en mi alma el teatro como en los labios una canción”. Escuchemos de sus labios algunas más de las canciones que dejó para el recuerdo en versiones difícilmente superables. Incluimos cuatro bajo estas líneas, todas ellas en diversos momentos de la película Esta es mi vida: La hija de don Juan Alba, Don Triquitraque, Zorongo gitano y Catalina.

Pudo regresar en un par de ocasiones a España, aún bajo la dictadura franquista, seguramente protegido por Juan Domingo y Eva Perón. Una de ellas para ver a su madre, y otra en 1958, para trabajar en El Duende, el tablao de Pastora Imperio. En 1960, a los 52 años, decidió retirarse.

miguel_demolina_5En 1989 se rodó una película titulada Las cosas del querer –que dirigió Jaime Chávarri y protagonizaron Ángela Molina y Manuel Bandera– que recuerda mucho su vida. En sus memorias, Botín de guerra, Miguel de Molina comentó al respecto: “Una de las últimas barrabasadas que debí sufrir fue que se hiciera en España una película titulada Las cosas del querer y que para publicitarla se lanzara indirectamente la idea de que era mi vida, sin pagarme un céntimo. Cuando intenté algún reclamo y el productor Luis Sanz aseguró que ‘se trataba de una obra de ficción y que cualquier parecido era pura casualidad’; no supe si reír o llorar de rabia”. De Las cosas del querer vemos la secuencia en que Manuel Bandera interpreta un gran éxito de Molina Te lo juro yo. Juzguen ustedes.

Miguel de Molina murió a los 86 años en Buenos Aires, donde está enterrado en el porteño cementerio de la Chacarita.

Que pasen un buen día. Gracias por su visita.