La chica y el gánster celoso: una historia tan real que parece ficción

Ziegfeld Model - Risque - 1920s - by Alfred Cheney Johnston

Ella había nacido en 1896 en el estado estadounidense de Nebraska. Hija de un banquero, su madre falleció cuando tenía cinco años y se crió con sus abuelos. A ella le gustaba cantar en la escuela y en la iglesia, y a los 16 años marchó a Chicago para estudiar en la escuela de arte. Fue allí que consiguió trabajo en el night-club Marigold Gardens y a los 18 años era vocalista del cabaret. Se llamaba Ruth Etting, era muy bella –rubia y de ojos azules– y poseía una hermosa voz.

Él, Martin Snyder, era más conocido por el alias de Moe the Gimp, tenía tres años más que ella y se dedicaba al lucrativo y peligroso oficio de gánster en aquel turbulento Chicago de los años 20. Un buen día la vio actuar, se enamoró de ella –no sé si ella de él– y se casaron en 1922. Con su “ayuda”, Ruth comenzó a sonar en la radio y firmó un contrato en exclusiva con la discográfica Columbia Records en 1926. Un año después pasó a ser una de las más famosas chicas de las Ziegfeld Follies, llegando a ser conocida como la novia de la canción americana, o la novia de América, y siguió grabando y trabajando en el cine. Cada día era más popular.

Sin embargo, en 1937 Ruth se enamoró del pianista y compositor Harry Myrl Alderman. Cuando Gimp se enteró montó en cólera, tuvo un altercado con Alderman y terminó disparándole un tiro. Alderman sobrevivió, Gimp fue a la cárcel y Ruth se divorció y se casó con su verdadero amor. Eso sí, el escándalo fue demasiado para su carrera. Hizo algunos intentos de volver a escena, pero sus días como la novia de América habían terminado. Se retiró a Colorado Springs, donde vivió en un rancho a las afueras con Harry Myrl Alderman. Alderman murió en 1966 y Ruth doce años más tarde, el 24 septiembre 1978.

Una historia como la de Etting, con gánster de por medio, triángulo amoroso y escándalo incluido, parece más –como sugería en el título–el argumento de una película que una historia verídica. De hecho, en 1955, se estrenó la película de Charles Vidor Love me or Leave Me (Quiéreme o déjame), en la que Doris Day encarnaba a Ruth Etting, James Cagney al mafioso Gimp y Cameron Mitchell a Alderman. Pero no. Es tan real como la vida misma.

Leer artículo completo (incluye vídeos): Ruth Etting: la chica y el gánster celoso

Henri Salvador: un centenario injustamente olvidado

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Comenzando por servidor de ustedes –un simple aficionado a la música– y continuando por los medios de comunicación de casi todo el mundo –con la excepción de algunos franceses, y no los más relevantes– el centenario del nacimiento de Henri Salvador ha pasado prácticamente desapercibido. Tremenda injusticia si consideramos que estamos hablando de uno de los grandes crooners de la llamada “música popular clásica”.

A Henri Salvador, la mayoría de los reconocimientos le llegaron tarde. Escribió con Boris Vian los primeros rock and roll en francés con el nombre de Henri Cording, tocó la guitarra con Django Reinhardt en un cabaré de Montparnasse, cantó en Río de Janeiro con orquesta de Ray Ventura y luego con la orquesta de Count Basie dirigida por su amigo Quincy Jones, y también con Ray Charles, pero si era conocido no era por esto, sino por ser el tipo que les hacía reír a través de la pequeña pantalla con sus ocurrencias y su risa contagiosa y con parodias como la de Juanita banana. Él era consciente, pero lo minimizaba con su gran sentido del humor. Así, cuando en febrero de 2001 recibió los premios Victoires de la Musique al mejor disco del año y como mejor cantante masculino, dijo: “Ya era hora, un poco más y es póstumo”.

Todo cambió cuando en 2000 salió su disco Chambre avec vue, según Caetano Veloso, la grabación de bossa nova más bonita de los últimos años. “Ninguna compañía importante –cuenta Carlos Galilea (“Henri Salvador, legendario ‘crooner’ francés”, El País, 14 de febrero de 2008– quiso publicarlo. Solo se pudo editar en 2001 gracias al empeño de un joven admirador y al dinero del creador de un lucrativo videojuego. Y las discográficas que lo había despreciado tuvieron que ver cómo se vendían dos millones de ejemplares”.

En recuerdo de este gran cantante de voz suave y cálida, ferviente admirador de Nat King Cole y Frank Sinatra, que ante todo fue un gran músico de jazz, redactamos estas líneas y les animamos a que visiten el artículo que en su día le dedicamos. Si no conocen a Henri Salvador, estoy convencido de que les va a encantar.

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La cumparsita: el tango más universal cumple cien años

La Cumparsita

El tango más universal, el más famoso, el más célebre y popular, el más grabado e interpretado, cuenta ya con cien años de existencia. Evidentemente, hablamos de La cumparsita, un tango que tiene detrás una historia fascinante.

Su autor, el uruguayo Gerardo Matos Rodríguez, nacido en Montevideo en 1897, era un estudiante de arquitectura cuando lo compuso entre finales de 1915 y comienzos de 1916. El semanario uruguayo La prensa (18 de abril de 2017) recoge unas declaraciones del pianista, director de orquesta y compositor argentino Roberto Firpo –que fue quien lo estrenó– sobre su gestación: “En 1916 yo actuaba en el café La Giralda de Montevideo, cuando un día llegó un señor acompañado de unos quince muchachos –todos estudiantes– para decirme que traían una marchita y querían que yo la arreglara porque pensaban que allí había un tango. La querían para la noche, porque la necesitaba un muchacho llamado Matos Rodríguez. En la partitura en dos por cuatro aparecía un poco la primera parte y en la segunda parte no había nada. Conseguí un piano y recordé dos tangos míos… Y le puse un poco de cada uno. A la noche lo toqué… Fue una apoteosis, a Matos Rodríguez lo pasearon en andas”. Y prosigue el artículo: “Un año después, en febrero de 1917, Firpo viene nuevamente al Uruguay y en el Café y Confitería La Giralda ejecuta por primera vez La Cumparsita, en abril de 1917. La numerosa clientela aplaudió con gran entusiasmo, tomándose este momento como la presentación oficial del nuevo tango uruguayo”.

Café La Giralda

Café La Giralda, donde se presentó “La cumparsita”.

Su sobrina nieta Rosario Infantozzi, autora del libro Yo, Matos Rodríguez, el de La Cumparsita (1992), asegura que Matos, que no sabía escribir música ni tocar el pìano, se encontraba gravemente enfermo cuando se acercaba el Carnaval de 1917 y un buen día le vinieron a la mente unos acordes de lo que sería luego la melodía, que fue dictando a su hermana menor, que sí sabía escribir música. “Cuando termina de escribir, le dice [su hermana] ¿por qué no silbas todo entero a ver que fue lo que escribí? Entonces es cuando él silba y se da cuenta de que es un tango. […] Y si hay alguna certeza que yo tengo de que La cumparsita nació tango y no marcha de carnaval es que mi abuela, con ochenta y pico de años, jamás toco La cumparsita en el piano” (declaraciones recogidas en el vídeo “Especial La cumparsita: La historia de un tango”, de El Observador TV, 18 de  abril de 2017).

Fuese como fuese, La Cumparsita se estrenó oficialmente en el café La Giralda la noche del 18 de abril de 1917 en interpretación de la orquesta de Firpo con un éxito arrollador. Esta es la versión de Roberto Firpo de 1917, aunque en algunos sitios figura que es de 1916.

Poco después, Matos vendió los derechos de la melodía a la firma Breyer Hnos., representante de la Casa Ricordi en Argentina por 50 pesos, cuando lo habitual era que se pagaran unos cinco por tango. Y se olvidó de él. Hasta que en 1924 marchó a París, donde el tango gozaba de gran popularidad en los cabarets de Montmartre y en las salas de baile, siendo bailarines y cantantes argentinos los que lo habían difundido atraídos por el gran ambiente musical que reinaba en la capital francesa, capital también en aquellos tiempos de la cultura occidental. Paseando por Montmartre escucha su melodía una y otra vez en sus numeroso cafés y cabarets. Cuando los parroquianos se enteran de quién es lo tratan a cuerpo de rey. Matos se pone a estudiar música y se dedica profesionalemnte –por fin– a componer tangos.

Se encuentra de nuevo con Firpo, quien parece que le contó que en Buenos Aires habían escrito una letra (de Pascual Contursi y Enrique Maroni) y cambiado el título por Si supieras, incluyéndola en un sainete que se llamaba Un programa de cabaret, justo el año que había partido a París. También ese mismo año, 1924, grabó el tango Carlos Gardel con el el título Si supieras. Gardel era un ídolo de multitudes y la ya famosa La cumparsita lo fue todavía más. A Matos todo esto le desagradó sobremanera. Escribió otra letra que creía que se ajustaba más al sentimiento que había volcado al componer la melodía en 1926, grabando la nueva versión de La cumparsita Roberto Díaz con la orquesta Los Provincianos.

Vamos con las dos versiones: la de Gardel, acompañado de las guitarras de Ricardo y Barbieri, y la de Roberto Díaz con la orquesta Los Provincianos, con letra de Matos.

En 1931 Matos consiguió que le reconocieran oficuialmente el 50% de los derechos económicos porque cuando los había vendido era, legalmente, menor de edad. Al morir Contursi en 1932 su viuda y Maroni emprendieron acciones legales por daños y perjuicios contra Matos reclamando la coautoría. Matos argumentaba que era un tango instrumental, que así lo había compuesto, y que, en todo caso, la letra fuera la suya por la razón antes apuntada. Decía que si La cumparsita era famosa por la letra, ya que la de Contursi y Maroni era mucho más concida gracias a la grabación de Gardel, “pues que toquen la letra sola”. Fue un largo litigio que no se resolvió hasta septiembre de 1948, ya fallecido Matos (abril de 1948), mediante laudo arbitral del compositor Francisco Canaro, estabeciédose que los beneficios obtenidos por La cumparsita se repartirían en un 80% para los herederos de Matos y el 20% restante para los de los Contursi y Maroni.

La cumparsita nuca ha dejado de ser grabada e interpretada –se conocen más de 2.500 versiones grabadas– y se ha visto inmersa en la eterna disputa entre Argentina y Uruguay acerca del tango. Ambos países defendían que la pieza era su obra nacional cumbre. Así, en la Exposición Universal de Sevilla de 1992 fue leitmotiv musical de la delegación uruguaya y en 1998 fue declarado “himno popular y cultural de Uruguay”, a partir de una ley aprobada por el poder legislativo uruguayo. Sin embargo, en las Olimpíadas de Sydney de 2000 la delegación argentina desfiló en la ceremonia inaugural al son de La Cumparsita, lo que levantó protestas en Uruguay. Su Parlamento declaró por ley 2017 como el “Año del Centenario de La Cumparsita”. La versión sinfónica que sigue es de este mismo año y corre a cargo de la Orquesta Juvenil del Sodre (Orquesta Nacional Juvenil de Uruguay).

Dada su enorme trascendencia, La cumparsita ha formado parte de numerosas películas. Con las secuencias de unas pocas de ellas, les dejo por hoy. En el primero es Gene Kelly quien baila esta versión un tanto exótica –así veía Hollywood el tango– en Anchors Aweigh (1945, Levando anclas). Billy Wilder la incluyó en una divertida secuencia de Some Like It Hot (1959, Con faldas y a lo loco) que protagonizan, en medio de la declaración de amor entre Marilyn Monroe y Tony Curtis, Jack Lemmon y Joe E. Brown. El tercero corresponde a la película de Carlos Saura Tango (1998), y quienes bailan son Cecilia Narova y Juan Carlos Copes.

En 2117, si antes este mundo no se ha ido al carajo, será su segundo centenario. Esperemos que llegue a celebrase. Puede que La cumparsita no sea el mejor de todos los tangos, pero su relevancia es incuestionable y bien que se lo merece.

Que pasen un buen domingo.

Billie Holiday por Billie Holiday

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Billie Holiday fue también compositora. Sus canciones –de las cuales es autora bien de la música y letra, bien de ambas– reflejan, al igual que su conmovedora voz de personalísimo estilo, su azarosa existencia, una existencia tan breve (murió a los 44 años) como intensa, tan desgraciada como exitosa. De Billie Holiday ya hemos hablado en otras entradas –sobre todo en la que le dedicamos el 7 de abril de 2015 con motivo del centenario de su nacimiento–, por lo que no nos extenderemos en su biografía. Hoy nos ocuparemos de escuchar sus canciones por ella misma, excepto una. Y es que Billie Holiday era música en estado puro, se dejaba llevar y arrastraba a todos a ese gran mundo de emociones que es la música.

La primera canción que grabó en solitario, en 1936, Billie’s Blues, es de su autoría, letra y melodía. Lo hizo con su propia formación, que integraban músicos de la talla de Bunny Berigan (trompeta), Artie Shaw (clarinete), Joe Bushkin (piano), Dick McDonough (guitarra), Arthur ‘Pete’ Peterson (contrabajo) y Cozy Cole (batería). “He sido tu esclava, chico, / desde que he sido tu chiquilla, / pero antes que ser tu perro / te veré en tu tumba”, dice una de sus estrofas.

Vamos ahora con varios temas de 1939, año especialmente fructífero en su faceta creadora. Everything Happens for the Best (música suya y letra de Scott Billington y Lindsay Ellison) lo grabó el 21 de marzo de dicho año también con su grupo, formado en esta ocasión por ‘Hot Lips’ Page (trompeta), Tab Smith, Kenneth Hollon y Stanley Payne (saxofón), Kenny Kersey (piano), Jimmy McLin (guitarra), John Williams (contrabajo) y Eddie Dougherty (batería).

Un mes después, el 20 de abril, grababa esa maravilla que es Fine and Mellow (algo así como buena y apacible, o melosa). Letra y música de este blues son suyas y nos habla del maltrato de una mujer por parte de su hombre, algo que, por desgracia, conoció sobradamente a lo largo de su convulsa vida. La versión que incluimos no es la de 1939, sino otra de 1957 que interpretó en el programa especial de la cadena de televisión estadounidense CBS The Sound of Jazz y que pasa por ser la mejor. Contó con un acompañamiento de auténtico lujo. Nada menos que Ben Webster (saxo tenor), Lester Young (saxo tenor), Coleman Hawkins (saxo tenor), Gerry Mulligan (saxo barítono), Vic Dickenson (trombón), Roy Eldridge (trompeta), Doc Cheatham (trompeta), Danny Barker (guitarra), Milt Hinton (contrabajo), Mal Waldron (piano) y Osie Johnson (batería).

El 5 de julio grababa Our Love Is Different: “Nuestro amor es diferente, / es como una poderosa sinfonía. / Puedo sentir que es armonía plateada. / ¡Oh!, tan tiernamente, día a día”. Letra y música fueron escritas conjuntamente por Billie Holiday, R. Conway, Basil G. Alba y Sonny White. Para la grabación de 1939, que es la que escuchamos, contó con otra espléndida formación: Charlie Shavers (trompeta), Tab Smith (saxo alto), Kenneth Hollon (saxo tenor), Stanley Payne (saxo tenor), Sonny White (piano), Bernard Addison (guitarra), John Williams (contrabajo) y Eddie Dougherty (batería).

Dios bendiga al niño que no se deja influenciar (o que es uno mismo), le dijo un día su madre durante una discusión. La frase se le quedó grabada a Billie y, con Arthur Herzog Jr., al alimón, compusieron en 1938 God Bless the Child. La canción, sin embargo, no la grabó hasta mayo de 1941. En el vídeo que sigue la interpreta en directo acompañada de Count Basie y su sexteto: Clark Terry (trompeta), Buddy DeFranco (clarinete), Wardell Gray (saxo tenor), Count Basie (piano), Freddie Green (guitarra), Jimmy Lewis (contrabajo) y Gus Johnson (batería). Se trata de una grabación que se conserva en el Chicago Blues Museum y forma parte de un cortometraje musical de Universal Studios de 1952 en el que intervenían Count Basie, Billie Holiday y Sugar Chile Robinson.

Don’t Explain (No se explica) –letra de Billie Holiday y música de Arthur Herzog Jr.– es otro fantástico tema del que se dice que Billie escribió la letra una noche en que su marido, Jimmy Monroe, llegó a casa con manchas de carmín en el cuello. “Silencio ahora, no es explicable. / Eres mi alegría y mi dolor. / Mi vida es nuestro amor. / No es explicable”. La grabó el 8 de noviembre de 1944 con Toots Camarata and His Orchestra: Russ Case (trompeta), Hymie Schertzer (saxo alto), Jack Cressey (saxo alto), Larry Binyon (saxo tenor), Dave Harris (saxo alto), Dave Bowman (piano), Carl Kress (guitarra), Haig Stephens (contrabajo), George Wettling (batería) y seis violines. Escuchémosla.

En 1949, el 30 de septiembre, registraba en vinilo Now or Never (Ahora o nunca), letra suya y música de Curtis Reginald Lewis. Esta vez estuvo acompañada por Sy Oliver and His Orchestra, con Bernie Privin (trompeta), Sid Cooper (saxo alto), Johnny Mince (saxo alto), Artie Drellinger (saxo tenor), Pat Nizza (saxo tenor), Billy Kyle (piano), Everett Barksdale (guitarra), Joe Benjamin (contrabajo) y Jimmy Crawford (batería). La versión que incluimos corresponde al cortometraje musical de Universal Studios antes mencionado.

Suyas son la letra y la música de Stormy Blues (Blues tormentoso): “Pierdo a mi hombre, / pierdo mi cabeza, / pierdo mi dinero. / Me siento casi muerta. / Te necesito, cariño. / Necesito que seas tan malo como puedes ser”. La grabó el 3 de septiembre de 1954 con su formación, integrada por Harry ‘Sweets’ Edison (trompeta), Willie Smith (saxo alto), Bobby Tucker (piano), Barney Kessel (guitarra), Red Callender (contrabajo) y Chico Hamilton (batería).

Lady Sings the Blues es, además de una sus mejores canciones, el título de su autobiografía, que dictó en 1956. Ahora bien, Billie tenía mucha imaginación y, al parecer, se dejó llevar por esta. Y, por si fuera poco, al periodista que recogió sus vivencias le interesaban antes que nada los tópicos  y la editorial, para evitarse querellas, eliminó algunos pasajes. Mas vayamos con la canción, que también dio título a su álbum de Clef/Verve Records de 1956 que recogía grabaciones efectuadas entre 1954 y 1956. Para su registro contó con Paul Quinichette (saxo tenor), Charlie Shavers (trompeta), Wynton Kelly (piano) y Kenny Burrell (guitarra). La versión que escuchamos es un fragmento del citado programa de televisión The Sound of Jazz.

Finalizamos con la única de sus canciones que nunca llegó a grabar: Left Alone (Déjame en paz). “¿Dónde está ese amor que hace que mi corazón se llene? / ¿Dónde está quien hará que nunca me separe de él? / Primero me lastimas, luego me abandonas. / Me quedo sola, muy sola”. La letra es suya y la música de Mal Waldron, quien empezó a trabajar como pianista con Billie a mediados de 1953. Él mismo la grabó en su álbum del mismo título de 1959. La escuchamos por la cantante y compositora estadounidense de jazz Abbey Lincoln (1930-2010), que la grabó en 1961.

Que tengan un buen día.

Joséphine Baker

CAP

El 3 de junio de 1906 –hoy se cumplen, por tanto, 110 años– nacía Freda Joséphine McDonald, nombre de pila de Joséphine Baker. Exótica y sensual bailarina, cantante de espectáculos de variedades y cabaret y actriz cinematográfica, con su particular forma de mover las caderas, sus rodillas dobladas y esos ojos bizcos que ponía revolucionó los escenarios de París en los años veinte y treinta del pasado siglo.

De raza negra, nació en Saint Louis (Missouri, EE UU) y estudió danza en Filadelfia pero pronto, con apenas doce años, empezó en el mundo del vodevil. En 1920 ganó un concurso de baile y en 1922 se unió a una compañía de revista. Un año más formó parte del coro de la primera obra interpretada por negros que se representó en Broadway, Shuffle Along, y poco después trabajó en el mítico Cotton Club. El gran éxito, la fama, la notoriedad, le llegó, no obstante, en París, donde debutó en 1925 con el espectáculo Revue nègre. Su novedosa manera de bailar, su sexualidad desinhibida y su vestimenta mínima –una falda hecha con plátanos– resultaron más atractivas para los europeos que para los americanos, convirtiéndose inmediatamente en vedette del Folies-Bergère y del Casino de París en revistas de lo más fastuosas. En el siguiente vídeo la vemos bailando un charlestón de la Revue nègre en un cortometraje del mismo 1925. Lógicamente, la música es añadida, aunque también pertenece a dicho año (se trata de The Charleston, popular tema que compuso James P. Johnson en 1923 e interpreta Isham Jones & His Orchestra).

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La calurosa acogida que le dispensó el público parisino ya no decaería. En 1927 el cine se fijó en ella y protagonizó dos películas: La Sirène des Tropiques y La revue des revues (un gran éxito del Folies Bergère). Vamos con unas secuencias de ambos filmes que, obviamente, eran mudos, siendo la música también añadida. En la segunda la propia Baker canta “O que é que a baiana tem”, canción de Dorival Caymmi de 1939 que popularizó Carmen Miranda y que ella grabó diez años después.

A comienzos de los años de 1930 grabó sus primeros discos y consiguió un gran éxito con canciones como J’ai deux amours (Scotto-Koger-Varna) o La petite tonkinoise (Scotto-Christiné-Villard), canciones que formarían parte de su repertorio hasta el final de sus días. Vemos a la Baker interpretar La petite tonkinoise en un vídeo con imágenes suyas en el que escuchamos la primera grabación que hizo.

Con la llegada del cine sonoro, su fama aumentó todavía más y se extendió a otros lugares. En 1934 interpretó una sus películas más populares: Zou-Zou, de Marc Alegret. Los ingresos que obtuvo por su trabajo los destinó a pagar los gastos de adopción de diversas criaturas, de todos los países y de todas las razas, causa que no abandonaría. Y es que Joséphine Baker siempre fue una persona concienciada y comprometida. Durante la Segunda Guerra Mundial se unió a la resistencia francesa y fue luego una firme defensora del movimiento estadounidense por los derechos y las libertades civiles. Pero no nos adelantemos. En 1935 protagonizó Princesse Tam Tam, película escrita y dirigida por su compañero y mentor, Pepito Abattino, en la que canta dos canciones. De la primera vemos el número “Haiti”. De la segunda “Ahé! la Conga”.

En 1936 regresó a Estados Unidos, donde actuó en Broadway en las revistas Ziegfeld Follies, con gran escándalo. No fueron pocos quienes acusaron de obsceno y promiscuo el show e incluso varios hoteles y restaurantes le prohibieron la entrada. Dejó la revista, regresó a París y se hizo ciudadana francesa al casarse con un magnate del azúcar. Y empezó una nueva época.

Cuando los alemanes invadieron Francia, Baker abandonó París y se fue al Château des Milandes, su casa en el sur de Francia, donde había refugiados belgas que vivían con ella y otros que estaban dispuestos a ayudar a la Francia Libre, uniéndose a la resistencia. Como artista, Baker tenía una excelente excusa para moverse por Europa. Así, podía llevar mensajes secretos escritos con tinta invisible en las partituras musicales. Ayudó, además, a escapar a numerosos perseguidos por los nazis y el régimen de Vichy. Por ello sería condecorada al finalizar la guerra.

En 1947 se casó de nuevo, esta vez con el director de orquesta Jo Bouillon. Retomó  la actividad artística y trabajó en el circuito de cabarets de París durante varios años. Luego viajó a Cuba antes de regresar a Estados Unidos (a ambos países viajaría en varias ocasiones durante las décadas de 1950 y 1960). En Estados Unidos mostró ser una firme defensora del movimiento estadounidense por los derechos y las libertades civiles, trabajando para la NAACP (National Association for the Advancement of Colored People). En 1951 el Stork Club de Nueva York le impidió entrar por ser de raza negra. Grace Kelly, que estaba en el club en ese momento, salió inmediatamente a la entrada, cogió a Baker por el brazo y marchó con ella prometiendo no volver (y nunca lo hizo). Ambas se hicieron grandes amigas tras el incidente. En 1963, habló en la Marcha sobre Washington junto a Martin Luther King y en 1966 fue invitada para actuar en el Teatro Musical de La Habana, en La Habana, cosechando un rotundo éxito.

Vayamos ya una primera actuación de esta gran mujer de principios de los años cincuenta del siglo XX. Se trata de una grabación de un programa de la televisión estadounidense en la que interpreta J’ai deux amours, uno de sus grandes éxitos desde que lo grabó por primera vez a inicios de la década de 1930.

Otro vídeo más de aquellos años. Ahora de la televisión germana. Incluye dos canciones: Don’t touch my tomatoes y ChaChaCha.

En esa época, Baker comenzó a adoptar a niños desamparados, llegando a formar una familia con once de ellos, de diferentes razas, religiones y nacionalidades y a quienes llamaba la Tribu del Arco Iris. Aunque con menor frecuencia, siguió dando giras por todo el mundo. La vemos a continuación en dos actuaciones durante el Festival Schlager de Baden-Baden de 1966 interpretando “I could have danced all night”, de My Fair Lady, y Avec, un tema de  Hornez, Coquatrix y Betti que había grabado en 1959.

En 1973 llevó a cabo una temporada en el Carnegie Hall de Nueva York. Por fin llegó el triunfo. Los intentos anteriores habían constituido un fracaso, el segregacionismo estaba en uno de sus momentos álgidos. Lamentablemente, no disponemos de vídeo alguno sobre el evento. Veamos, no obstante, una actuación suya en Londres de 1974 durante la gala anual The Royal Variety Performance, que se celebra anualmente con el fin de recaudar fondos para la Asociación Benéfica de los Artistas del Espectáculo. Interpreta dos grandes éxitos: Sourire! y La vie en rose.

El 8 de abril de 1975, inició una temporada en el Bobino de Paris. Joséphine Baker tenía 68 años de edad. El vídeo que sigue es un extracto del mismo.

Esta fue su última actuación. Cuatro días más tarde, el 12 de abril, fallecía. Más de 20.000 personas llenaron las calles de París para ver el cortejo fúnebre en su camino hacia la iglesia de la Madeleine. El gobierno francés la honró con una salva de 21 cañonazos, por lo que Joséphine Baker fue la primera mujer estadounidense en Francia en ser enterrada con honores militares. Su tumba está en el cementerio de Mónaco.

Que pasen un buen fin de semana.

Solo soy un gigoló

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Lotti Huber y David Bowie en un fotograma de la película “Just a gigolo” (1978).

Solo soy un gigoló y a donde quiera que voy / la gente sabe a qué juego. / Pagan por cada baile, vendo cada romance. / Ooohh lo que dice! / Llegará un día que la juventud pasará. / ¿Qué dirán entonces de mí? / Cuando llegue el final seré consciente de que no he sido más que un gigoló. / La vida sigue sin mí.

Así empieza esta maravillosa canción (“Just a Gigolo”) que originalmente no fue compuesta para el teatro musical y que retrata la parte más mórbida del ambiente de la noche berlinesa, cuando mutilados, mendigos y menesterosos en general se situaban frente a las puertas de los cabarets y salas de ocio nocturno en boga, junto a una legión de prostitutas, y prostitutos, movidos por la necesidad.

En realidad se trata de una canción austriaca titulada Schöner Gigolo, armer Gigolo, que compusieron en 1928 Leonello Casucci y Julius Brammer y que un año después el letrista y compositor de teatro musical Irving Caesar adaptó para el Tin Pan Alley con el título que la hizo famosa: Just a Gigolo.

Vamos con la versión original en un vídeo con imágenes de Berlín de las décadas de 1920 y 1930 en interpretación de la orquesta de Marek Weber (violinista y director de orquesta ucranio, establecido en Berlín desde 1906, que en 1933 migró a Estados Unidos dada su ascendencia judía) y el tenor Marcel Wittrisch. La grabación es de 1929.

Pronto la canción se hizo muy popular en los cabarets y salones de baile de Viena y Berlín y enseguida llegó a Europa. En Francia, por ejemplo, se tituló C’est mon gigolo y fue grabada por Damia y Berthe Sylva. Tras la versión de Caesar, también triunfó en Estados Unidos. A partir de entonces fue un tema recurrente de espectáculos musicales y en 1931 dio título a una película, en la que naturalmente se interpretaba la melodía. Lamentablemente, no hemos encontrado ningún vídeo del filme. Sí, en cambio, está disponible el fantástico cortometraje homónimo de dibujos animados que rodó en 1932 Max Fleischer, uno de los pioneros de las películas de animación dibujos animados, creador de Betty Boop, entre otros personajes. En el corto, de ocho minutos de duración, mezcla dibujos animados (con Betty Boop, por supuesto) con imágenes reales en las que Irène Bordoni, actriz de moda de Broadway en aquellos momentos, interpreta la canción.

Si por entonces la canción ya era famosa, su éxito se disparó a raíz de la grabación que de ella hizo Louis Prima en 1956, quien añadió al tema el popular estándar I Ain’t Got Nobody (compuesto en 1915). Vamos con ella en un programa de la televisión estadounidense de 1959.

Además de Prima, otros músicos grabaron tan estupenda melodía, entre ellos grandes del jazz como Louis Armstrong, Django Reinhardt, Sarah Vaughan o Thelonious Monk. Es a este mítico pianista a quien vemos en el siguiente vídeo interpretar “Just a Gigolo” durante uno de los conciertos que dio en Japón en su gira de 1963.

Finalizamos la entrada con Marlene Dietrich en la película homónima dirigida en 1978 por David Hemmings, en la que intervenían también David Bowie, Sydne Rome, Kim Novak, Marlene Dietrich –en la que fue su última aparición en el cine– y Maria Schell. Después de la Primera Guerra Mundial, un héroe de guerra regresa a Berlín. Como les ocurrió a tantos otros en su misma situación, no encuentra manera de ganarse la vida más que en trabajos serviles y mal remunerados, por lo que decide convertirse en un gigoló para solitarias mujeres ricas.

Que pasen un buen domingo.

‘La vie en rose’ cumple 70 años

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Setenta años se cumplen desde que Édith Piaf estrenó la maravillosa La vie en rose, una de las más bellas canciones de amor de todos los tiempos. Setenta años desde que la cantó por primera vez y la popularizó, pues La vie en rose –letra de la propia Édith y música de Louiguy (Louis Gugliemi)– fue escrita en 1945 y tras su inmediato éxito grabada en 1947. Pero es, como decíamos, en 1946 que Édith Piaf –en la cima de su popularidad– comenzó a interpretarla en sus actuaciones. Curiosamente, nadie de su entorno creía que la canción acabaría de gustar –de ahí que no la grabara hasta un año después de haberla estrenado– y mucho menos que llegaría a alcanzar el éxito conseguido hasta convertirse en una de esas canciones eternas que mantienen su popularidad generación tras generación.

Ojos que debilitan los míos, / una sonrisa que se pierde en su boca, / he aquí el auténtico retrato / del hombre a quien pertenezco.

Cuando él me toma en sus brazos / y me habla suavemente / veo la vida de color rosa.

Me dice palabras de amor, / cada día / y eso me hace sentir algo.

Hace que en mi corazón / penetre un tipo de felicidad / desconocida.

Es todo para mí, / para toda la vida, / me lo dijo, lo juró por la vida.

Y tan pronto como lo veo / siento palpitar mi corazón.

Noches de amor interminables, / una gran felicidad llena todo. / Las penas, los problemas, desaparecen. / Somos felices, felices a más no poder.

Cuando él me toma en sus brazos / y me habla suavemente / veo la vida de color rosa.

Es la traducción –más o menos libre– de La vie en rose, canción que ha sido interpretada y grabada por artistas como Louis Armstrong, Marlene Dietrich, Mireille Mathieu, Yves Montand, Paloma Berganza, Toots Thielemans, Paloma Berganza, Madeleine Peyroux, Michael Bublé, Harry Connick Jr., Grace Jones, Aretha Franklin e incluso Iggy Pop.

Las versiones de parte de ellos son las que presentamos hoy. Iniciamos nuestra selección de vídeos –condicionados, como decimos siempre, por la disponibilidad de aquellos que pueden ser insertados– con –no podía ser de otro modo– una de tantas interpretaciones que de su canción hizo Édith Piaf. En este caso se trata de una actuación en el programa de la televisión francesa La joie de vivre, emitido el 4 de marzo de 1954.

Seguimos con la interpretación que de La vie en rose hizo Marlene Dietrich en 1963 y que recoge el vídeo que figura a continuación de un concierto que dio en Estocolmo el 19 de octubre de dicho año.

De Marlene Dietrich pasamos a Aretha Franklin. Suya es esta versión que, con su singular estilo, interpretó en una actuación en París de 1977.

Como les decíamos, y pueden comprobar, La vie en rose ha sido interpretada por artistas de los géneros musicales más  diversos. Veamos, si no, los dos vídeos que siguen. El primero, por la Belgrade Dixieland Orchestra, es de 2011. El segundo, la particular versión Iggy Pop, que la grabó en su álbum de 2012 Après.

Vamos ahora con la versión de Harry Connick Jr. en un programa de la cadena de televisión francesa France 2 de octubre de 2013.

Finalizamos con la espectacular y singular interpretación que la modelo, cantante y actriz Grace Jones hizo de La vie en rose durante la Night of the Proms 2010 de Bruselas.

En 2007 se estrenó la excelente película sobre la vida de Édith Piaf, dirigida por Olivier Dahan, La vida en rosa (título original La môme), con una espléndida Marion Cotillard en el papel de la intérprete que “cada vez que canta, parece que se arranca su alma por última vez”, como dijo de Piaf su amigo Jean Cocteau. Parece un clon; lástima no poder contar con la secuencia de la película en que interpreta el tema.

Que tengan un buen día.