Melodías de opereta con André Rieu

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Dedicamos hoy una nueva entrada a André Rieu y la Johann Strauss Orchestra (JSO) con una amplia selección de famosas melodías de conocidas operetas. Como ya publicamos en otra entrada sobre André Rieu en la que trazábamos su semblanza biográfica y reseñábamos la gestación y desarrollo de su orquesta (la Johann Strauss), este violinista y director de orquesta, nacido en Maastricht en 1949, es un ídolo de multitudes que llena teatros, plazas públicas, estadios…, si bien su manera de entender la música ha sido denostada por los puristas musicales de medio mundo. Ante ello, responde: “Tal vez mi delito consiste en no ser pesado, en acortar las piezas como se hacía ya en las fiestas de la época, en mezclar muy bien las lentas con las rápidas, en poner flores en el escenario. Seguramente les molesta que me lo pase bien y que el público también disfrute”. Lo cierto es que, pese a quien pese, Rieu ha acercado considerablemente al gran público una música tan “clásica” como la que más con una particular fórmula que obvia la absurda contraposición entre una música culta y elitista y otra popular, y que funciona a las mil maravillas.

Vamos ya, si les parece, con la recopilación que hemos preparado. Empezamos con “Lippen scheigen” y “Ja, das Stadium der Wieber ist schwerz”, los dos números finales de Die lustige Witwe (1905, La viuda alegre), la deliciosa opereta de Franz Lehár en versión instrumental con un virtuoso Rieu. El vídeo corresponde a una actuación de 2002 en el Point Theatre de Dublín.

La soprano de la Wiener Volksoper (Ópera Popular de Viena) Martina Dorak acompaña ahora a Rieu y la JSO, durante una gala que tuvo lugar en Viena en 2003, en la interpretación de la melodía “Draussen in Sievering blüht schon der Flieder”, de Die Tänzerin Fanny Elssler (La bailarina Fanny Elssler), opereta en tres actos con música de Johann Strauss, una creación de Bernard Grun y Oskar Stalla y libreto de Hans Adler que se estrenó en Berlín en 1934.

De un concierto que tuvo lugar en Kerkrade en julio de 2004 vemos acto seguido la fantástica aria “Mein herr marquis”, de la opereta de Johann Strauss Die Fledermaus (1874, El murciélago), en el que la soprano brasileña Carla Maffioletti, que habitualmente acompaña a Rieu en sus conciertos, demuestra sus excelentes dotes para la coloratura.

Seguimos con Strauss. A su opereta Der Zigeunerbaron (1885, El barón gitano) pertenece “Wer uns getraut”, que podemos ver en un momento del concierto que André Rieu y la Johann Strauss Orchestra celebró en Viena en 2007.

Conocidísima y muy interpreta por las bandas de música, en cuyo repertorio figura frecuentemente, es la Obertura de Leichte Kavallerie (Caballería ligera), posiblemente la opereta más popular de Franz von Suppé, estrenada en Carltheater de Viena en 1866. La actuación de André Rieu y la JSO que incluimos corresponde a un concierto que tuvo lugar en Maastricht en 2009.

“Die Juliska aus Budapest”, una picante csárdás de la opereta Maske in Blau, estrenada en 1955 en Berlín con música de Fred Raymond y libreto de Heinz Hentschke y Schwenn Günther, es el tema que sigue. De nuevo es Carla Maffioletti quien interpreta, con André Rieu y la JSO, tan popular melodía en un concierto que tuvo lugar en Heidelberg en 2009.

“Drinking Song” (de El príncipe estudiante, opereta de Sigmund Romberg y Dorothy Donnelly estrenada en Broadway en diciembre de 1924) es una popular canción, sumamente contagiosa, que Rieu, la JSO y los Platin Tenors (Gary Bennett, Thomas Greuel y Béla Mavrák) ejecutan en el mismo concierto de Heidelberg.

¡Qué hermoso es el vals “Rosen aus dem Süden” (Rosas del Sur)!, de la opereta de Strauss Das Spitzentuch der Königin (El pañuelo de encaje de la reina), estrenada en 1880. Y que bella la versión que del mismo lleva a cabo Rieu y su orquesta en el vídeo que sigue, que recoge un momento del concierto al aire libre que Rieu y la JSO ofrecieron frente al Palacio Schönbrunn de Viena en 2006.

“Dark Roses” es uno de los números musicales de la opereta Gasparone, de Karl Millöcker, estrenada en el Theater an der Wien de Viena en 1884. El vídeo corresponde a un concierto celebrado en la isla alemana de Mainau, la isla de las flores, en 2010.

Con “Adieu mein kleiner Gardeoffizier”, una alegre y espléndida composición del austriaco Robert Stolz, pertenece a su opereta Die lustigen Weiber von Wien (1908), que Rieu i la JSO interpretan durante un concierto que tuvo lugar en Kerkrade en 2009 les decimos adiós por hoy.

Una noche en Venecia

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“Carnaval en Venecia” / Marc Shaskin©

Nos vamos hoy a Venecia de la mano de Johann Strauss, o más propiamente de su música. Allí nos trasladaremos a finales del siglo XVIII durante sus famosos carnavales para conocer una historia que protagonizan el duque de Urbino –un empedernido mujeriego recién llegado a la ciudad– que quiere conquistar a Bárbara, la esposa del senador Bartolomeo Delacqua, lo que da pie a toda clase de enredos amorosos, equívocos y malentendidos.

Este es el argumento de Una noche en Venecia (Eine Nacht in Venedig), la única opereta de Johann Strauss que no se estrenó en Viena. Se presentó en el berlinés Neuen Friedrich-Wilhelmstädtischen Theater el 3 de octubre de 1883. Los comentarios de su première berlinesa no fueron del todo favorables: la crítica alabó la música de Strauss, pero el libreto –que escribieron Friedrich Zell (Camilo Walzel) y Richard Genée y que Strauss no conocía cuando compuso la partitura– fue tildado de banal, cuando no de tonto. Mas el compositor, con sus libretistas, llevó a cabo diversas modificaciones y cuando ese mismo año se representó en el Theater an der Wien de Viena se anotó otro triunfo. Luego introdujo otros cambios y hoy se considera que es una de las mejores obras que salió de su inmenso talento.

No podemos ofrecer todos sus números musicales –hemos de ceñirnos a aquellos que están disponibles y pueden ser insertados–, pero sí una buena muestra de los más populares y representativos de la obra. Una noche en Venecia sigue siendo una de las operetas más representadas de Strauss y de todos los tiempos. Así, el prestigioso Festival de Mörbisch –pequeña localidad situada a 60 kilómetros de Viena, en la frontera con Hungría, que no llega a los 2.500 habitantes y se considera la meca de la opereta– la ha escenificado en las ediciones de 1958, 1972, 1988, 1999 y 2015. Y es que Mörbisch, ubicado en un bello paisaje natural junto al lago Neusiedl, es un magnífico escenario en el que recrear la bucólica Venencia de canales y callejuelas. Siempre, por supuesto, en un espectacular y espléndido montaje. Veamos de la representación de 1999 la Obertura e “Ihr fremden Leute hort”, con el vendedor de pasta Papaccoda.

Annina, pescadora, y Caramello, su enamorado, mano derecha del duque, a quien ayuda en sus aventuras amorosas, son dos de los personajes principales de la obra que aprovecharán la coyuntura para velar por sus propios intereses. “Du fliegst nicht in meine Arme” es el poderoso dueto que interpretan acto seguido. El vídeo corresponde también al Festival de Mörbisch, pero del montaje que se llevó a cabo en 2015.

El vals, siempre presente en las operetas de Strauss, ocupa un lugar privilegiado en la partitura y protagoniza algunos de los números musicales más sugerentes de Una noche Venecia. Buena muestra de ello es este “Alle maskiert”, que interpretan en la propia Venecia Heike Wittlieb, Romana Noack, Klaus Kuttler y Christian Baumgärtel, quienes un año antes –el vídeo es de 2000– protagonizaron la representación de Mörbisch de 1999.

Uno de los números más conocidos es “Komm in die Gondel, mein Liebchen, o steige nur ein”, que suena en el primer acto cuando el senador pretende que su esposa marche de Venecia para alejarla, así, de cualquier tentación con respecto al duque. Lo interpreta José Carreras en un concierto celebrado en mayo de 1999 en la Heldenplatz (Plaza de los Héroes) de Viena con la Orquesta Filarmónica de la capital austriaca dirigida por Zubin Mehta.

Las arias de Strauss son una muestra más de la riqueza e intensidad de su música, como podemos observar en “Was mir der Zufall gab” (aria de Annina), que interpreta Elena Puszta en otro momento de la representación de Mörbisch de 2015.

Strauss solía adaptar temas suyos ya compuestos a sus nuevas obras. Así, nos encontramos con este “Schwipslied” (“Mir ist auf einmal so eigen zemute”), la famosa Annen-Polka que compuso en 1852 a cuya melodía ahora se le añade letra propia. Lo escuchamos por la soprano surcoreana, nacida en Seúl en 1962, Sumi Jo, durante el Concierto de Año Nuevo de Roma de 2014.

A falta de algún vídeo que recogiera el final de la opereta, nos despedimos con este tráiler de Una noche en Venecia del Festival de Mörbisch de 2015 con las melodías y los momentos más espectaculares de la representación.

Que pasen un buen día.

La condesa Maritza

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“La condesa Maritza” (“Gräfin Mariza” es su título original en alemán) se considera  una de las más populares operetas, si no la más, del compositor húngaro Emmerich Kálmán. Se estrenó el 28 de febrero de 1924 en el Theater an der Wien de Viena y pasa por ser la obra capital de Kálmán, además de valorarse como una de las más bellas operetas jamás compuestas. Ello se debe, más que al libreto –convencional como casi todos los de la época–, a su excelente partitura de gran riqueza melódica en la que la melancólica música gitana alterna con la viveza de las czardas, no siendo ajenas las influencias de los nuevos ritmos del momento.

Kálmán nació en Siófok (Hungría) en 1882. Estudió piano en la Real Academia de Música de Budapest con Béla Bartók y en 1907 obtuvo el premio Franz Joseph con un ciclo de lieder. Pronto se dedicó a componer operetas –entre ellas, además de la que hoy nos ocupa, Die Csárdásfürstin (1915, La princesa gitana) y Die Zirkusprinzessin (1926, La princesa del circo)– y conoció el éxito, rivalizando en popularidad con Franz Lehár. Uno y otro son, sin duda, los dos grandes nombres de lo que se ha convenido en denominar edad de plata de la opereta vienesa.

De origen judío, después de 1935 viajó por Austria, Francia y Estados Unidos. Hitler, admirador de sus operetas, le invitó a convertirse en “ario honorario”. Kálmán rechazó la oferta y sus obras fueron prohibidas en la Alemania nazi. Marchó a California en 1940, regresó a Viena en 1949 y acabó estableciéndose en París, donde residió hasta su muerte en 1953.

La condesa Maritza es una opereta en tres actos con libreto en alemán de Julius Brammer y Alfred Grünwald, basado este en la novela de Octave Feuillet Le roman d’un jeune homme pauvre. Nos cuenta la historia de una rica y hermosa condesa que inventa un compromiso de matrimonio ficticio para desanimar a los cazadores de dotes y que termina enamorándose de su administrador, de quien desconoce su verdadera identidad. Una mujer, pues, bella, rica y caprichosa –otra especie de “viuda alegre”–, que acabará sucumbiendo ante al amor.

La producción que hoy presentamos, espectacular, es la que se ofreció en el festival de Mörbisch de 2004. Bajo la dirección musical de Rudolf Bibl y con coreografía de Giorgio Madia, encabezaron el reparto la soprano alemana Dagmar Schellenberger (como la condesa Maritza), el tenor austriaco Nikolai Schukoff (el conde Tassilo), la soprano de coloratura alemana Julia Bauer (Lisa), el tenor austriaco Marko Kathol (el barón Zsupán), la mezzosoprano croata Mirjana Irosch (la princesa Božena Guddenstein zu Clumetz) y el barítono lituano Harald Serafin (el príncipe Populescu), quien fue director del festival de Mörbisch entre 1992 y 2012.

La acción trascurre en Hungría en la época en que fue estrenada la opereta. Gräfin Mariza consta de tres actos precedidos de una Obertura. Con ella comenzamos. Aclaremos antes que si prefiere verla completa puede saltarse los vídeos e ir directamente al último, una grabación de buena calidad que recoge íntegra –algo más de dos horas y media de duración– la versión del festival de Mörbisch de 2004, donde ya antes se había representado en las ediciones de 1959, 1968, 1979 y 1987. Comenzamos con la Obertura.

Empieza el primer acto. Béla Törek es el administrador de las propiedades de la condesa Maritza, que pasa la mayor parte de su tiempo en la ciudad. Mas, en realidad, Törek es el conde Tassilo, que se ha visto obligado por las deudas de su padre a trabajar –de incógnito– en el castillo de la condesa para proporcionarle una dote digna a su hermana Lisa. “Wenn es Abend wird”  (Cuando cae la noche) es el tema en que Tassilo muestra su sentir.

En eso, Maritza regresa y anuncia su compromiso con el barón Koloman Zsupán. Veamos la llegada de la condesa (“Mery Gypsy Tune”).

Con el anuncio, Maritza pretende librarse de los numerosos “cazafortunas” que constantemente la pretenden. No existe tal barón. Al menos es lo que ella cree. La vida, sin embargo, está llena de sorpresas y sí existe. Se trata de rico agricultor de Varasdin que de repente aparece en la fiesta que ha organizado la condesa tras enterarse de su “compromiso”. “Ich bitte, nicht lachen” (Por favor, no se rían) se titula este dúo del barón Zsupán y la condesa.

Él barón también la pretende, pero Maritza se ha enamorado de su guapísimo administrador. En el parque situado junto al castillo, este lamenta su suerte. La condesa, al escucharle, le pide que repita la canción ante sus invitados. Törek se niega, ella lo despide, se arrepiente, le ruega que se quede de nuevo y…, ¡cómo no!, surge el amor. Vamos con la aria de Tassilo “Auch ich war einst” (Yo también fui una vez), las czardas que siguen y el momento en que, al empezar a marchar los invitados, la condesa le pide perdón repitiendo el estribillo de su aria “Komm, Zigány” (¡Eh, gitano!), finalizando así el primer acto.

Comienza el acto segundo en el jardín del castillo de la condesa. Los sentimientos entre Mariza y Törek se intensifican. “Herrgott, was ist dem heut’los” (Por Dios, ¿qué está pasando?) cantan a dúo.

El barón Zsupán le cuenta a Lisa que si no fuera por Mariza él pasaría sus días con ella. “Wenn ich abends schlafen geh” (Cuando voy a dormir por la noche).

Tassilo escribe una carta a su amigo en la que le hala de su hermana Lisa, su única familia, por la que está dispuesto a hacer lo que sea. De pronto entra la condesa y de nuevo a dúo se confiesan su amor: “Mein lieber Schatz” (Mi querido amor).

Se inicia la fiesta en la mansión de la condesa. Es aquí donde más se nota esa conjunción entre la música húngara tradicional y los nuevos ritmos del momento de que hablábamos al principio, pues Kálmán introduce al final de la escena un shimmy, baile de salón de origen estadounidense muy popular en los años veinte del pasado siglo.

Popescu cuenta a Maritza que vio a su administrador en el parque con una bella muchacha y descubre la carta inacabada en la que Tassilo habla sobre una dote. La condesa no sabe que Tassilo tiene una hermana y piensa que es otro interesado en su fortuna. Durante la fiesta, Maritza lo trata con desdén, lo humilla y lo despide otra vez. Tassilo le canta entonces “Komm, Zigány” a Manja, una muchacha gitana que intenta sin éxito ganar su amor. Luego se despide de Lisa como su hermana. La condesa se da cuenta del error y de que el amor de Tassilo por ella es verdadero (“Hei, Mariza”).

El acto tercero es el más breve de los tres y también el más alegre. Aclarada la confusión, la condesa, el príncipe Populescu y el barón Zsupán cantan al amor entre las morenas chicas y los chicos de la llanura esteparia húngara (“Braunes Mädel von der Puszta Ungarmadel”).

A la mañana siguiente llega una vieja tía de Tassilo (la princesa Božena Guddenstein), vieja conocida de Populescu que hacía años no se veían, y anuncia que ha pagado a los deudores de Tassilo y que este vuelve a disponer de sus posesiones. De igual a igual, Tassilo y Maritza se reconcilian. También la princesa de Guddenstein y el príncipe Populescu terminan juntos, y Zsupán y Lisa. Todo termina bien. No podía ser de otro modo.

Que disfruten de un buen fin de semana.

Opereta. Sopranos y coloratura

Patricia Petibon

Patricia Petibon

La coloratura es una técnica que se aprende, no existe en realidad la soprano de coloratura. Las que han profundizado en ella y conseguido dominarla poseen una sorprendente agilidad vocal que no está al alcance de cualquiera y su voz puede alcanzar los registros más agudos, ejecutar pasajes rápidos y trinos con envidiable habilidad y precisa vocalización.

A servidor de ustedes le encanta la coloratura –aquello que despectivamente suele confundirse con los gorgoritos– y no es esta la primera vez que en este blog hablamos de ella. En esta ocasión, sin embargo, vamos a limitarnos a algunos números de destacadas operetas en interpretación de famosas sopranos que mejor dominan la coloratura.

Comenzamos con una de las más celebradas sopranos francesas de la actualidad, Natalie Dessay (Lyon 1945), que no solo posee un amplísimo registro de voz y un gran dominio de la coloratura sino que hace honor a sus palabras en cada actuación: “El trabajo de un cantante de ópera no es solo el de cantar; también debe actuar. Lo contrario es inadmisible y me molesta mucho que haya cantantes que solo hagan la mitad de su trabajo, cuando la ópera es música y teatro”. Así, con su depurada técnica y su tremenda expresividad, triunfa en todo cuanto hace y sigue manteniendo su buen hacer a pesar de los problemas de salud que la mantuvieron alejada del mundo de la ópera no ha mucho durante un tiempo. Offenbach es uno de los habituales del repertorio de Dessay. Vemos a esta excelente cantante en uno de los números más acertados de la popularísima opereta de Offenbach Orfeo en los infiernos (1858) –la primera opereta larga de la historia–, el dueto de la mosca, en la versión que en 1997 dirigió Marc Minkowski en una producción de la Opera de Lyon.

De Offenbach, el compositor más renombrado de la opereta francesa, pasamos a Johann Strauss, su equivalente en la opereta vienesa. Lo hacemos en la voz de Edita Gruberová, soprano eslovaca de la que se suele destacar su gran dominio de la coloratura. De hecho, debutó en 1968 en la ópera de Bratislava en el papel de Rosina, de la ópera bufa de Gioachino Rossini El barbero de Sevilla, uno de los que requieren la mayor precisión.  Gruberová posee una técnica vocal deslumbrante, como podemos comprobar en la interpretación que hace de “Mein Herr Marquis”, de la opereta de Strauss Die Fledermaus (1874, El murciélago), en esta producción de la Ópera Estatal de Viena de 1990.

Seguimos con Strauss. Ahora con su hermoso vals Frühlingsstimmen (Voces de Primavera), que compuso en 1882 y que a veces se utiliza como una aria de la introducción del baile del acto segundo de Die Fledermaus. Aunque suele escucharse más en la versión orquestal, fue concebido para ser cantado. Únicamente aquellas sopranos con un gran dominio de la coloratura pueden con él. Kathleen Battle, soprano estadounidense nacida en 1948 –cuyo repertorio abarca melodías francesas, lieder alemanes, música sacra, jazz y espirituales–, es una de ellas. Su interpretación del mismo durante el Concierto de Año Nuevo de Viena, que dirigió Herbert von Karajan en 1987, es realmente espléndida.

Si Strauss es el máximo representante de la época de oro de la opereta vienesa, Franz Lehár es el su época de plata. A su opereta estrenada en 1934 Giuditta –la última que compuso–  pertenece esta bella melodía titulada “Meine Lippen, sie küssen so heiss” (algo así como “Mis labios, qué cálidamente besan”). La interpreta la soprano surcoreana Sumi Jo (Seúl, 1962), quien se dio a conocer en 1985 al ganar el primer premio del Concurso Internacional de Canto Francesc Viñas, que se celebra en Barcelona. Por aquel entonces se llamaba Soo-Kyong Jo, pero –como declaró al diario El País (6 de agosto de 1994)– “comprendí que nadie podría acordarse de mí con un nombre tan difícil” y se puso como nombre artístico Sumi Jo. ¿Por qué mostró ese interés por la coloratura? “Tengo una buena técnica y una gran facilidad para los agudos, y esto no es fácil de encontrar en el mundo de la ópera”, afirmó. Sumi Jo ha cantado de todo con su voz de brillante timbre y su gran precisión a la hora de interpretar. El vídeo en que nos deleita con “Meine Lippen” recoge un momento de un concierto que dio en su ciudad natal en septiembre de 2013.

Regresamos a la música de Offenbach de la mano de Diana Damrau, una de las voces más destacadas del mundo de la ópera actual, que nació en 1971 en Gunzburgo (Alemania) y pronto se convirtió en una de las sopranos más conocidas, sobre todo por sus interpretaciones de Mozart, Mahler y Strauss. El tema que hemos seleccionado es la aria “Les oiseaux dans la charmille”, de Les contes d’Hoffmann (Los cuentos de Hoffmann), la obra más ambiciosa de Offenbach, una ópera basada ─de ahí el título─ en cuentos del alemán E.T.A. Hoffmann, que desgraciadamente hubo de concluir Giraud al sorprender la muerte a su autor cuando ya casi la tenía terminada. Se estrenó en París en 1881. En el vídeo seleccionado vemos a Damrau interpretando la aria durante la representación que de Les contes d’Hoffmann tuvo lugar en el Teatro Nacional de Múnich, sede de la Ópera Estatal de Baviera, con la Orquesta Estatal de Baviera, en 2011.

Finalizamos con Patricia Petibon (Montargis, Francia, 1970), conocida sobre todo por su repertorio de música barroca francesa y de obras de Mozart. Sin embargo, no ha querido especializarse solamente en un repertorio “porque –confiesa– la música clásica es muy amplia, abarca desde lo puramente clásico, lo muy antiguo, hasta lo más contemporáneo y por eso es como un viaje”. La gran versatilidad de su voz, su excelente dominio de la coloratura, su expresividad y una gama inacabable de recursos interpretativos, hacen de esta mujer –de estética más cercana a una estrella del pop que una diva de la ópera– una de las mejores sopranos del panorama operístico internacional.

Nos interpreta –con su habitual frescura y dominio de la escena– “Glitter and be gay”, de la opereta de Leonard Bernstein Candide –probablemente la última gran opereta del siglo XX que se estrenó en Broadway en 1956– en 2008, durante el Festival Haydn que se celebra anualmente en la ciudad austriaca de Eisenstadt.

Que disfruten de un buen fin de semana.

Offenbach: Oberturas de opereta

The Theatre des Varietes

A la puerta del Theatre Varietés (bulevar Montmartre, París), donde Offenbach estrenó algunas de sus más exitosas operetas. Óleo de Jean Beraud (ca. 1886).

Para muchos, su música es una mordaz crítica de la sociedad burguesa; para otros –como Zola– un mero homenaje al sistema social en el Segundo Imperio. Lo cierto es que, sea como sea, la música de Jacques Offenbach no deja a nadie indiferente y sigue siendo uno de los autores de opereta más representados con puestas en escena que se ajustan muy bien a nuestro momento histórico.

Cuál hubiera sido la evolución de la opereta de no haber existido Jacques Offenbach (1819-1880) es imposible de saber, pero su trascendencia es tal que en su historia existe un antes y un después a partir de que este irrumpiera en la escena musical. Más concretamente desde que en 1855 abriera las puertas de su Théâtre des Bouffes-Parisiens, donde estrenaría buena parte de sus obras, tras obtener una importante concesión por parte del Estado: la explotación en exclusiva de una sala pública de espectáculos con capacidad para trescientas personas.

De la vida y obra de Offenbach hemos publicado varias entradas en Música de Comedia y Cabaret, pero ninguna en exclusiva a sus oberturas, esas piezas instrumentales que dan inicio a las obras y nos introducen en ellas. Y eso es lo que vamos a hacer hoy.

Comenzamos así, con la obertura de Orphée aux enfers (Orfeo en los infiernos), una burlesca adaptación del mito de Orfeo y Eurídice que se estrenó en París en 1858 en el Théâtre des Bouffes-Parisiens, de la que cabe señalar que es la primera opereta larga de la historia, pues las anteriores constaban de un solo acto ya que la legislación francesa no permitía otra cosa. Esta, sin embargo, y gracias a los contactos del compositor, tenía nada menos que cuatro. Escuchamos si obertura por la Orquesta Sinfónica de Corea, dirigida por Lee Dong-Shin, en un concierto celebrado en 2008 en el Korean Art Centre Music Hall (Seúl, Corea del Sur).

A comienzos de 1862, Offenbach dejó la dirección de las Bouffes-Parisiens para dedicarse solamente a componer. Cuando dos años más tarde Napoleón III decretó la libertad de espectáculos, no pudo más que congratularse. Su portentosa imaginación, su gran talento, su enorme capacidad de composición, se desbordaron y se inició la etapa más brillante y de mayor éxito económico de su carrera. Fue en ese mismo año, 1864, que estrenó –en el Théâtre des Variétés de París– una de sus mejores operetas: La belle Hélène (La bella Elena). El licencioso mensaje de la obra escandalizó en el momento de su estreno. La obra cuenta la historia de Elena de Esparta, esposa de Menelao, mujer caprichosa y un tanto atolondrada, bella como pocas, o como ninguna, que vivía atada a las rígidas normas de comportamiento que imposibilitan su amorío con Paris y, en soledad, lloraba sus penas mientras en su interior luchaba por llevar adelante sus deseos frente al papel que, como reina y mujer casada, estaba obligada a representar. Nada nuevo. Pero Offenbach invirtió los roles y montó una extravagante historia en la que Elena no era más que una frívola mujer, Menelao un cornudo y el sumo sacerdote un corrupto.

Una orquesta de jóvenes músicos, la Portland Youth Philharmonic Alumni Orchestra, bajo la batuta de David Hattner, hace que suene así de bien en el vídeo que sigue, grabado en el Arlene Schnitzer Concert Hall de Portland (Oregon) el 26 de diciembre de 2012.

“Esta es la vida parisina, la del placer sin fin”, cantan los actores de La vie parisienne (La vida parisina), una de las operetas de Offenbach más populares y divertidas en la que abandona las referencias mitológicas en su acerada crítica a la sociedad de la Belle Époque. Con libreto de Henri Meilhac y Ludovic Halévy, se presentó al público el 31 de octubre de 1866 en el Palais-Royal de París, con cinco actos. El 25 de septiembre de 1873 se estrenó otra versión en la que el número actos quedaban reducidos a cuatro (se eliminó el cuarto del libreto original) en el Théâtre des Variétés de la capital francesa. Esta es la que actualmente se representa.

Es otra orquesta de jóvenes músicos, la Joven Orquesta Sinfónica de San Petersburgo, dirigida por de Jean-François Gonzales-Hamilton, la que interpreta su obertura en la ciudad rusa en un concierto que tuvo lugar en octubre de 2015.

También en Théâtre des Variétés estrenaba Offenbanch al año siguiente (1867), La Grande Duchesse de Gerolstein (1867; La Gran Duquesa de Gérolstein), una mordaz crítica del militarismo que tres años más tarde, al estallar la guerra franco-prusiana, sería prohibida. La versión que de su obertura escuchamos corre a cargo de la Orquesta Sinfónica de Brescia, dirigida por Giovanna Sorbi, durante el Concierto de Año Nuevo celebrado en el Teatro Grande de la ciudad italiana el 1 de enero de 2006.

La Périchole, estrenada en 1868, inició una nueva etapa en la que Offenbach buscó un mayor refinamiento. Se representó por primera vez en el el Théâtre des Variétés con una fenomenal acogida. Es la adaptación, según Offenbach, de la figura de Micaela Villegas (1748–1819), más conocida como La Perricholi, popular actriz y amante de Manuel de Amat y Juniet, virrey de Perú entre 1761 y 1776. Lamentablemente, el vídeo no recoge una interpretación en directo pero la versión que interpreta la Orquesta Lamoureux, orquesta sinfónica fundada en París en 1881, es excelente. Con dirección de Igor Markevitch escuchamos una grabación de 1958. Con este al frente entre 1957 y 1962, la Orquesta Lamoureux conoció una de sus mejores épocas.

Lo mismo sucede en el vídeo que sigue, el último que incluimos, con la obertura de La fille du tambour-major (1879, Théâtre des Folies-Dramatiques de París), obertura que puede recordarnos a la La fille du régiment (1840), de Gaetano Donizetti. La acción tiene como telón de fondo la invasión de Lombardía por las tropas de Napoleón, entonces bajo la ocupación de Austria, en mayo-junio de 1800, y se centra en un regimiento días antes de la batalla de Marengo. La que escuchamos acto seguido es una versión en disco. de 1947.

Que pasen un buen día.

Valses vieneses de opereta

Light of Moon

“Waltz by The Light of The Moon” (2014), oleo de K. Madison Moore.

El vals es uno de los bailes más populares en el mundo occidental. Se popularizó en los salones de Viena en las primeras décadas del siglo XIX y se extendió con gran rapidez por Europa y parte de América como baile de sociedad. El vals revolucionó no solo el mundo de la danza, también las costumbres sociales. Baile de pareja, los cuerpos de los danzantes estaban más cerca que nunca, se encontraban, se mecían en suave vaivén, la mano derecha del hombre se apoyaba delicadamente en la cadera de la mujer al tiempo que con la izquierda estrechaba la mano de la pareja. No es de extrañar, pues, que en determinados círculos fuese considerado un baile peligroso que despertaba el deseo y afeminaba el valor, según algún que otro cronista de la época. En México incluso llegó a prohibirse en la primera mitad del siglo XIX por pecaminoso. Cosas de la Inquisición.

Hoy dedicamos nuestra entrada al vals compuesto para opereta, composición generalmente cantada a medio camino entre el baile de salón y la modalidad de obra instrumental para concierto. Muchas de las composiciones de este popular baile a ritmo lento que hoy escuchamos como piezas aisladas son composiciones para opereta, especialmente de la opereta vienesa, en la que nos centramos en este artículo, y que la familia Strauss cultivó ampliamente.

Empezamos, pues, con Strauss (Johann Strauss II) y Du und du (Íntimo y personal), de la opereta El murciélago (Die Fledermaus), que el maestro vienés compuso sobre libreto en alemán de Carl Haffner y Richard Genée. Se estrenó el 5 de abril de 1874 en el Theater an der Wien en Viena. La interpretación que del mismo recoge el vídeo que insertamos bajo estas líneas corre a cargo de Wolfgang Brendel y Silvana Dussmann durante la representación que de esta magnífica opereta tuvo lugar en la obertura del Festival de Viena de 1999 con la Orquesta Sinfónica de la capital austriaca conducida por Nikolaus Harnoncourt y dirección escénica de Jürgen Flimm.

Uno de los valses más famosos de Johann Strauss es Wiener Blut, vals que da nombre a la opereta homónima, en realidad un obra de Adolf Müller con música de Johan Strauss II que se estrenó en el Carltheater de Viena en 1899. Strauss, que ya contaba con 74 años de edad, no se encontraba físicamente bien y la tarea de estructurar la obra correspondió a Müller, quien eligió Wiener Blut como tema principal. Wiener Blut había sido compuesto por Strauss en 1873 con motivo de la boda de la hija del emperador Francisco José, la archiduquesa Gisela María Luisa, y el príncipe Leopoldo de Baviera. Escuchemos este precioso vals por José Carreras y Andrea Rost con la Orquesta Filármonica de Viena dirigida por Zubin Mehta en la Johann Strauss Gala Concert, celebrada en el Vienna Court Opera Theatre el 5 de abril de 2000.

Lippen schweigen, vals de La viuda alegre (Die lustige witwe), famosísima opereta de Franz Lehár estrenada en Viena el 30 de diciembre de 1905 –una delicia–, es el tema que incluimos acto seguido. Lo interpreta Sumi Jo acompañada del tenor italiano Alessandro Safina en un concierto celebrado en el KBS Hall de Seúl en diciembre de 2003.

El vals y Lehár son prácticamente inseparables, como suele suceder, por otra parte, con la gran mayoría de la opereta vienesa. Veamos a continuación otro fantástico vals –”Bist du’s lachendes Glück?”– correspondiente a de Der Graf von Luxemburg (El conde de Luxemburgo), con Wilma Driessen y Ted de Braak en un programa de la televisión holandesa de 1983.

También de Lehár es el vals que sigue, perteneciente a la última opereta que este compuso: Giuditta. Se estrenó el 20 de enero de 1934 en el Vienna State Opera y está escrita para cantantes de ópera, de voces más poderosas y de tesitura más amplia. Escuchamos este famoso vals por la soprano surcoreana Sumi Jo.

Komm mit mir ins Chambre séparée (Ven conmigo a una habitación separada) es otro conocido vals de la opereta Der Opernball (El Baile de la Ópera), con música de Richard Heuberger y libreto de Victor Léon y Heinrich von Waldberg, estrenada en el Theater an der Wien de Viena el 5 de enero de 1898. Son sus intérpretes Urve Tauts y Voldemar Kuslap, a quienes vemos en un momento del Concierto de Nochevieja de 1980 en la Opera Nacional de Estonia.

Drei Walzer (Tres valses) es una opereta de Oscar Straus. No Strauss, pues este vienés, nacido en 1870 y fallecido en 1954, se cambió el apellido para no ser confundido, pues nada tenía que ver con esta familia. Al ser anexionada Austria a la Alemania nazi se exilió a París, donde llevó a cabo la adaptación francesa de su opereta Drei Walzer, que pasaría ser conocida como Trois valses, previamente estrenada en Zúrich en 1935. Trois valses se representó por primera vez 21 de abril 1937 en el Théâtre des Bouffes-Parisiens con Yvonne Printemps y Pierre Fresnay en los papeles principales y fue llevada a la pantalla en 1938 con los mismos intérpretes. “C’est la saison d’amour” es uno de los números más conocidos de la obra. Lo vemos en una representación en Nantes a cargo de de la Compagnie Française de l’Opéra à L’Opérette de 2005.

Finalizamos esta aproximación al vals vienés con “Tanzen möcht ich” (Me gustaría bailar), de Die Csárdásfürstin (La princesa gitana), del compositor húngaro Emmerich Kalmán, opereta estrenada en el Johann Strauss Theater de Viena el 17 de noviembre de 1915. Festiva versión a cago de André Rieu y la JSO con los Platin Tenors y las sopranos Carla Maffioletti, Carmen Monarch y Suzan Erens, durante el concierto que se celebró frente al Palacio Schönbrunn de Viena en  2006.

Buen fin de semana.

Opereta en concierto. Grandes sopranos

Renée Fleming

Renée Fleming

Les ofrecemos hoy una selección de melodías de las operetas más conocidas a cargo de grandes voces, voces de reconocidas sopranos que normalmente se dedican a la ópera y que, con sus más o menos esporádicas incursiones en el mundo de la opereta, desmienten la generalizada opinión de que esta es un género menor, inferior en todo caso a la ‘verdadera música culta’. Lógicamente lo hacemos, como siempre, condicionados por la existencia de vídeos susceptibles de ser insertados. Todos tienen en común el hecho de haber sido grabados en galas o conciertos, no en representaciones de operetas.

Comenzamos con Elina Garanča, mezzosoprano letona, nacida en Riga en 1976, una de las principales estrellas del mundo de la música que ha actuado en los principales teatros de ópera y con reputadas orquestas sinfónicas. La escuchamos en el número “Ah, que j’aime les militaires”, de La Grande Duchesse de Gerolstein (La Gran Duquesa de Gérolstein), opereta de Jacques Offenbach estrenada en París en 1867. El vídeo es de 2014 y pertenece a Le Concert de Paris, concierto que se celebra en la capital gala cada 14 de julio, Día de la Fiesta Nacional de Francia, con la Orquesta Nacional de Francia y el Coro de Radio Francia y cuenta con la participación de destacadas figuras de la lírica, en este caso Elina Garanča.

Felicity Lott, la famosa soprano británica nacida en 1947 que ha cantado ópera y opereta en reconocidos escenarios de casi todo el mundo, es una de las que más y mejor ha interpretado a Offenbach. Ya la hemos visto en esta sección del blog, pero en fragmentos de representaciones de operetas, no en concierto como hoy. “Dites-lui qu’on l’a remarqué”, el tema que interpreta durante el recital que dio en el en el Oji Hall de Tokio en 2011, forma parte también de La Grande Duchesse de Gerolstein.

De Offenbach pasamos a Lehár. Ya dijimos que dependemos de la existencia o no de vídeos y, lógicamente, los que están disponibles se corresponden con las obras de autores más conocidos y representados, por lo que solamente las composiciones de los tres grandes de los mejores tiempos de la opereta –Offenbach, Strauss y Lehár–, además de los estadounidenses Herbert y Bernstein, figuran en la presente entrada. Vamos ahora con Johann Strauss y Die Fledermaus (El murciélago). Estrenada en 1874, no solo es una de sus mejores operetas, también lo es de todos los tiempos. Entre sus magníficas melodías se encuentra la preciosa “Spiel ich die Unschuld vom Lande”, que interpreta la soprano surcoreana nacida en 1962, Sumi Jo, quien tras debutar en 1986 en el Teatro Comunal Giuseppe Verdi de Trieste en el papel de Gilda, de Rigoletto, es hoy una de las más prestigiosas voces de la lírica gracias a su versatilidad y su excelente dominio de la coloratura, como nos muestra en esta actuación de 2014 en Roma durante el Concierto de Año Nuevo.

Lucia Popp (1939-1993) fue una popular soprano eslovaca que destacó por el clarísimo timbre de su voz, que dominaba como quería y alcanzaba el culmen con la coloratura, técnica en la que se la considera una de las más importantes sopranos posteriores a la Segunda Guerra Mundial. Pueden comprobarlo en esta versión de “Schwipslied”, tema basado en Annen-Polka (1852), de Eine Nacht in Venedig (Una noche en Venecia), que Johann Strauss estrenó en 1883, su única opereta que no se representó por primera vez en Viena, sino en Berlín. La actuación corresponde al Concierto de Año Nuevo de Viena de 1979.

La húngara Andrea Rost, soprano que posee un amplísimo registro de voz, es –acompañada del tenor José Carreras– quien interpreta uno de los valses más famosos de Johann Strauss, Wiener Blut (Sangre vienesa), composición que da nombre a la opereta homónima, en realidad una obra de Adolf Müller con música de Strauss que se estrenó en Viena en 1899. Strauss, que ya contaba con 74 años de edad, no se encontraba físicamente bien y la tarea de estructurar la opereta correspondió a Müller, quien eligió Wiener Blut como tema principal. Wiener Blut había sido compuesto por Strauss en 1873 con motivo de la boda de la hija del emperador Francisco José, la archiduquesa Gisela María Luisa, y el príncipe Leopoldo de Baviera. Zubin Mehta dirige la Filarmónica de Viena en la Johann Strauss Gala Concert en el Vienna Court Opera Theatre el 5 de abril de 2000.

Nacida en 1959, la soprano de ópera estadounidense Renée Fleming, es una de las grandes divas del panorama actual gracias a su depurada técnica, su sugerente y sensual voz y su dominio del escenario. La escuchamos en el delicioso vals “Lippen schweigen”, de la opereta de Franz Lehár Die lustige witwe (1905, La viuda alegre), una de las operetas más conocidas y representadas. También una de las mejores que se han compuesto, con melodías de fácil audición, llena de hallazgos musicales y momentos inspirados. Se estrenó en el Theater an der Wien, en Viena, el 30 de diciembre de 1905 y desde entonces no ha dejado de representarse. Acompaña a Renée Fleming el barítono inglés Christopher Maltman, con la Ópera Estatal de Dresde, durante el Concierto de Fin de año de 2010.

La soprano Ana Maria Labin, nacida en Bucarest en 1981 aunque nacionalizada suiza, debutó en el Teatro de la Scala de Milán en 2008 precisamente con la opereta de Lehár que acabamos de mencionar, La viuda alegre, en el papel de Valencienne. También de Lehár es Der Graf von Luxemburg (El conde Luxemburgo), opereta que se estrenó en el Theater an der Wien de Viena el 12 de noviembre de 1909, y a ella pertenece el tema que interpreta Martina Dorak desde el Hegelsaal de Stuttgart en un concierto de 1998 (Gala Franz Lehár).

Continuamos con Lehár. Anna Netrebko, soprano de origen ruso que en 2006 obtuvo la ciudadanía austríaca es, sin duda, otra de las grandes divas del siglo XXI, gracias a una voz de gran pureza y amplísima tesitura. Brilla particularmente en el repertorio belcantista y romántico y en las grandes óperas rusas, y es famosa por la fogosidad con que encarna algunas heroínas líricas. En el vídeo que figura a continuación la vemos, con la BBC Symphony, durante los conciertos de los Proms de 2007, en el conocido número de Giuditta “Meine Lippen, Sie Kussen so Heiss”. Estrenada el 20 de enero de 1934 en el Vienna State Opera fue la última opereta del compositor austriaco y corresponde al último periodo creativo de Lehár, en el que su escritura vocal se volvió más ambiciosa, por lo que está escrita para cantantes de ópera, de voces más poderosas y de tesitura más amplia.

Como habrán podido observar, hemos seguido hasta el momento un orden cronológico en función del año en que fue compuesta cada una de las obras a las que pertenecen los temas. Damos ahora un paso hacia atrás en el tiempo y nos vamos a principios del siglo XX, concretamente al año 1910, año en que Victor Herbert estrenó la popular Naughty Marietta. Se representó por primera vez 24 de octubre de 1910 en Syracuse, Nueva York, y el 7 de noviembre de 1910 abrió la temporada en Broadway. La opereta se convirtió en el mayor éxito de Victor Herbert y ha sido representada muchas veces y llevada al cine en 1935, con Jeanette MacDonald y Nelson Eddy. El tema que de la misma escuchamos es “Italian Street Song” y su intérprete Lee Jong-Mi, soprano surcoreana nacida en 1996, una joven promesa de la lírica. La actuación tuvo lugar en KBS Hall de Seúl.

Finalizamos con una de las más famosas sopranos francesas de la actualidad, Natalie Dessay, que no solo posee un amplísimo registro de voz y un gran dominio de la coloratura sino que hace honor a sus palabras en cada actuación: “El trabajo de un cantante de ópera no es solo el de cantar; también debe actuar. Lo contrario es inadmisible y me molesta mucho que haya cantantes que sólo hagan la mitad de su trabajo, cuando la ópera es música y teatro”. Así, con su depurada técnica y su tremenda expresividad, triunfa en todo cuanto hace y sigue manteniendo su buen hacer a pesar de los problemas de salud que la mantuvieron alejada del mundo de la ópera no ha mucho durante un tiempo. Aunque Offenbach es uno de los habituales del repertorio de Dessay, no es suyo el tema que interpreta sino de Leonard Bernstein. Se trata de “Glitter and Be Gay” y forma parte de Candide, probablemente la última gran opereta del siglo XX que se estrenó en Broadway en 1956. La actuación tuvo lugar en 2005 durante la edición de ese año de Victoires de la musique classique, ceremonia anual que se celebra en Francia para premiar a los solistas e instrumentistas de la música clásica. Dessay fue galardonada en dicha edición como Artista lírica del año, reconocimiento que ya había obtenido en 1995, 1996, 2000 y 2002.

Que tengan un buen día.