The Puppini Sisters

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The Puppini Sisters es un grupo vocal formado por la italiana Marcella Puppini y las inglesas Kate Mullins y Emma Smith. No son, pues, hermanas como podría deducirse del nombre, obedeciendo este a la intención de rendir así homenaje a The Andrews Sisters, el famoso grupo estadounidense –este sí compuesto por tres hermanas– de gran éxito durante la década de 1940 y principios de la de 1950. Fueron estos años convulsos en los que se puso de moda el close harmony, un estilo musical alegre y coral, de sones vocales sincopados, interpretado generalmente por cantantes del mismo sexo.

Se fundaron en Londres hace trece años, en 2004, a iniciativa de Marcella Puppini, a quien le vino la idea tras ver la película de animación Les Triplettes de Belleville (2003). El crítico de la revista Rolling Stone, Arion Berger, definió su estilo como una mezcla de retro vanguardista futurista y swing-punk. Ellas, por su parte, afirman en su web que se inspiran en The Andrews Sisters, The Boswell Sisters, Marlene Dietrich, Fred Astaire y Ginger Rogers, Kate Bush, Mike Flores, Joan Crawford, The Smiths y Tom Waits.

En todo caso, The Puppini Sisters –que desde 2004 han grabado varios álbumes y llevado a cabo numerosas actuaciones– son un divertido grupo que tiene en sus voces su mejor baza y que nos retrotrae a los tiempos del burlesque, el vaudeville americano, el cabaret francés, la pantomima británica y el Music hall británico.

Comenzamos la selección de vídeos con el que sirvió de promoción para una de las canciones de su primer álbum, Betcha Bottom Dollar (2006): Boogie Woogie Bugle Boy. La canción, que compusieron Don Raye y Hughie Prince en 1941, fue el mayor éxito de The Andrews Sisters y todo un icono de los años de la Segunda Guerra Mundial.

Vamos a verlas ahora en directo. En el vídeo que sigue interpretan el conocido tema del musical –llevado más tarde al cine (1953)– Los caballeros las prefieren rubias, estrenado en 1949, Diamonds Are A Girl’s Best Friends, de Jule Styne y Leo Robin. La actuación tuvo lugar en el marco del Festival de Jazz de Ascona (Suiza) de 2013.

Los siguientes tres vídeos corresponden al concierto que con The Pasadena Roof Orchestra –big band inglesa especializada en jazz y swing desde la década de 1920 en adelante– dieron en la ciudad alemana Ludwigshafen am Rhein el 5 de febrero de 2011. Las tres canciones que en ellos interpretan son Heebie Jeebies, un tema de Boyd Atkins que alcanzó fama en todo Occidente tras grabarla Louis Armstrong en 1926; Old Cape Cod, canción de Claire Rothrock, Milton Yakus y Allan Jeffrey que se publicó en 1957, un tema más sosegado aunque no por ello menos dinámico, y Sway, versión en inglés del mambo instrumental de los mexicanos Pablo Beltrán Ruiz y Luis Demetrio ¿Quién será? (1953).

Finalizamos con el tema Puttin’ On The Ritz –popular canción del compositor estadounidense de origen ruso Irving Berlin de 1929 para película musical homónima, a la que da título– y la conocida–sobre todo desde que se incluyó en Cantando bajo la lluvia– Good Morning, que Nacio Herb Brown y Arthur Freed compusieron para la película de 1939 Babes in Arms (Los hijos de la farándula), dirigida por Busby Berkeley. The Puppini Sisters la incluyeron en su álbum de 2011 Hollywood.

Que pasen un buen fin de semana.

Bailando con Duke Ellington

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Duke Ellington y su orquesta en 1930.

“Lo mejor de la obra de Ellington es lo que creó para cabarets y salones de baile (…) Quien esto escribe, a los dieciséis años se enamoró para siempre de la orquesta de Ellington en su mejor época, al oírla tocar en lo que se llamaba un ‘baile-desayuno’ en un salón de baile de las afueras de Londres ante un público atónito que no contaba para nada, salvo como una masa oscilante de gente bailando que era lo que orquesta estaba acostumbrada a ver ante ella. Los que nunca han oído a Ellington tocando música para bailar o, mejor aún, en un comedor lleno de noctámbulos elegantes, donde el verdadero aplauso consistía en el cese de las conversaciones alrededor de las mesas, no pueden saber cómo era la mejor orquesta de la historia del jazz cuando tocaba a gusto en su propio ambiente.” Quien escribió esto es nada más y nada menos que Eric Hobsbawm (1917-2012), uno de los mejores historiadores que ha dado el siglo XX. Gran amante del jazz, desde mediados de los cincuenta, y durante diez años consecutivos, Hobsbawm fue columnista y comentarista de conciertos, discos y libros en la revista The New Statesman. El artículo del que hemos extractado el comentario, sin embargo, se publicó en la New York Review of Books el 19 de noviembre de 1987.

Algo parecido al ambiente que vemos en el siguiente vídeo sería lo que presenciaría Hobsbawm. Parecido, pues la espontaneidad del directo difícilmente puede plasmarse en una película, en este caso Check and Double Check, un film de 1930 que dirigió Melville W. Brown en el que intervenía Duke Ellington y su orquesta del Cotton Club. Interpretan los temas Three Little Words y Old Man Blues.

Veamos ahora una actuación en directo de Duke Ellington y su orquesta en este cortometraje de 1933 –justo el año en que Hobsbawm tenía dieciséis años y se enamoró de su música–, de nueve minutos de duración, titulado A Bundle of Blues en el que interpreta los temas A Bundle of Blues (1933), Stormy Weather (1933, con la inestimable voz de Ivy Anderson) y Bugle Call Rag (1922, con las bailarinas Florence Hill y Bessie Dudley).

Nacido en Washington en 1899, Edward Kennedy Ellington –ese era su nombre real– inició su carrera como director el 1924, y a finales de los años veinte empezó a adquirir renombre con sus interpretaciones en un estilo (jungle style) caracterizado por determinados efectos sonoros obtenidos con las trompetas y los trombones. Pronto, su orquesta fue una de las más notables, tanto por el carácter inconfundible que supo imprimirle como por la calidad de sus miembros, casi todos solistas de gran categoría. Por ella pasaron, entre otros, los saxofonistas Johnny Hodges, Harry Carney, Ben Webster y Paul Gonsalves, los trompetistas Cootie Williams y Ray Nance, o el contrabajo Jimmy Blanton.

Entre 1927 y 1930 actuó en el famoso Cotton Club. Su notoriedad creció y muchas de sus actuaciones eran retrasmitidas por radio. Participó en algunas películas, como la que acabamos de mencionar, y sus giras eran todo un acontecimiento. De estos años datan melodías tan populares como Mood Indigo (1930), It Don’t Mean a Thing (If It Ain’t Got That Swing) (1931) o Sophisticated Lady (1933). Veamos a Ellington en dichos temas, si bien –lamentablemente (pues no reflejan esa atmósfera que fascinó a Hobsbawm)– en versiones de años posteriores. El vídeo de Mood Indigo recoge una actuación, creemos, de finales de los años sesenta; el de It Don’t Mean a Thing es de 1943, y el de Sophisticated Lady de 1952.

bcf_duke_ellington_photo_800wide“En mayor medida que cualquier otro –prosigue Hobsbawm–, Ellington representaba esa capacidad que tiene el jazz de hacer que personas sin interés por la ‘cultura’, personas con sus pasiones, ambiciones e intereses, y con su propia manera de satisfacerlos, se conviertan en creadores de un arte serio y, a pequeña escala, grande. Lo demostró por medio de su propia transformación en compositor y también por las obras de arte integradas que creó con su orquesta, una orquesta que contenía menos artistas individuales de absoluta brillantez que otras, pero en la cual la actuación individual extraordinaria era el fundamento de los logros colectivos”.

A partir de mitad de la década de 1940 se produjo un viraje en el sentido de sus composiciones, que pasaron a ser más formales y de mayor aliento temático. Ello no fue obstáculo para que –en unos momentos en que el jazz comenzaba a ser interpretado en gran parte por músicos a menudo con formación clásica, esencialmente para ser escuchado– El Duque continuara fiel a su manera de concebir la música y siguiera al frente de una gran big band. Pero de esta época, y de sus incursiones en la comedia cinematográfica, hablaremos en otra ocasión. Hoy nos hemos centrado en esos primeros años en que su música sonaba sin cesar y se bailaba en salones de baile y cabarets.

Terminamos con un precioso tema de 1934 que compuso el propio Ellington, (In My) Solitude, en esta grabación suya del mismo año.

Que pasen un buen día.

Ella Fitzgerald: 1917-2017

Ella Fitzgerald en París en 1960

Ella Fitzgerald en París en 1960 / © Herman Leonard

Si la perfección tuviera nombre, sin duda podría ser el de Ella Fitzgerald. Nacida en Newport News (Virginia, Estados Unidos) tal día como hoy, 25 de abril, de hace cien años, es una de las más grandes cantantes –la más– de la historia del jazz y de la música en general.

Su voz es única: fresca, dulce, clara, cálida, cristalina, con una pureza de registro y entonación y un sentido del ritmo sin igual. Puede que no fuera la descubridora del scat, pero pocos vocalistas han alcanzado su dominio en tan difícil técnica, donde la voz se dispara como un instrumento solista. Usando su voz como un instrumento, es simplemente una improvisadora sin parangón y sus recursos vocales son extraordinarios. Cambiaba sin esfuerzo del swing al bebop y nadie cantaba como ella. Podía cantar cualquier cosa y, debido a su enorme arte, elevaba todo lo que cantaba. Era empezar a cantar Ella Fitzgerald y conseguir la inmediata entrega de quien la escuchase.

Solo quien posee tan prodigiosas cualidades vocales es capaz de versionar de este modo un tema nada fácil como es Air Mail Special, que compusieron en 1941 Benny Goodman, James Mundy y Charlie Christian. La grabación que escuchamos es en directo, corresponde al concierto que dio Ella en el Festival de jazz de Newport de 1957 y se publicó en disco un año después (Ella Fitzgerald and Billie Holiday at Newport). Su habilidad para jugar con la melodía, la precisión de sus imitaciones instrumentales en el momento adecuado, su entonación y entrega son asombrosas. Air Mail Special cristaliza por qué es la reina del jazz. Puro scat, pura improvisación, una maravilla.

Ella Fitzgerald se crió en Yonkers, en la frontera del municipio del Bronx neoyorkino, en un ambiente de permanente penuria, con una tía que hacía de madre tras fallecer esta cuando tenía quince años y sin prácticamente conocer a su padre, que las había abandonado después de nacer Ella. Deseaba por entonces ser bailarina y cantaba en un club escolar y en el coro de la Bethany African Methodist Episcopal Church, faltaba continuamente a la escuela y era muy poco disciplinada. Llegó a ser internada en un reformatorio, de donde trató de escapar varias veces, y luego estuvo en una especie de hospicio. Hasta que, en 1934, con 19 años, ganó el concurso Amateur Night Shows. Trabajó con la banda de Tiny Bradshaw y Benny Carter, que la vio en el Apollo, convenció a Chick Webb para que entrara en su orquesta en 1935. Para suerte de todos. Aunque ya contaba con el reconocimiento de crítica y público, su versión con la orquesta de Chick Webb en 1938 de A-tisket, A-tasket –una nana conocida desde mediados del siglo XIX– la llevó al estrellato. Del sencillo con el tema se vendieron más de un millón de copias.

Al fallecer Chick Webb en 1939, se hizo cargo de la orquesta (Ella Fitzgerald and Her Famous Orchestra). Sobrepasada por el esfuerzo de tener que dirigirla y actuar a diario, la disolvió y en 1941 empezó su carrera en solitario. Continuó contrato con Decca –la discográfica con la que ya había grabado con Webb– y comenzó a participar regularmente en los conciertos de Jazz At The Philharmonic, del empresario y productor discográfico Norman Granz, que acabó convirtiéndose en su mánager. Este creó nada más empezar 1956 el sello Verve y enseguida Ella fichó con él. En marzo aparecía el doble elepé Ella Fitzgerald Sings the Cole Porter Songbook, con canciones de Cole Porter y arreglos y dirección orquestal de Buddy Bregman. Tan solo en el primer mes se vendieron cien mil ejemplares. Con este doble álbum Ella inició la grabación de una serie de songbooks –ocho en total– con algunos de los mejores temas de grandes compositores del gran cancionero estadounidense (Great American Songbook). Sin duda, son de lo mejor Ella Fitzgerald, aunque afirmar esto en una cantante que grabó más de doscientos álbumes y alrededor de dos mil canciones es un tanto subjetivo. Me voy a dejar llevar por mi personal gusto y elijo una canción de cada uno de ellos, comenzando por Ev’ry Time We Say Goodbye, que compuso Porter y publicó en 1944, estrenándose en Broadway dentro de la revista musical Seven Lively Arts, del mismo año.

A finales de agosto grababa otro songbook, el doble elepé Ella Fitzgerald Sings the Rodgers & Hart Songbook, también con arreglos y dirección orquestal de Buddy Bregman. De las 34 canciones de esta fantástica pareja que formaban Richard Rodgers (autor de la música) y Lorenz Hart, autor de las letras, que contiene el álbum nos quedamos con “Bewitched, Bothered and Bewildered”, de su musical Pal Joey, que se estrenó en Broadway en 1940.

Un año después, en otoño de 1957, salía a la venta Ella Fitzgerald Sings the Duke Ellington Songbook, en el que Ella, acompañada por la orquesta de Duke Ellington, interpretaba grandes éxitos del repertorio de El Duque. Fue lanzado en dos volúmenes de dos elepés cada uno: el primero con Ella y Duke y su orquesta, el segundo con un grupo más reducido. Otro gran éxito de ventas con el que Ella desplegó como nunca antes sus extraordinarias habilidades vocales y su incomparable scat, y con el que consiguió el premio Grammy a la Mejor cantante de jazz en su primera edición (1959). Comprobémoslo en esta estupenda versión del estándar del jazz que compuso Juan Tizol, y grabó El Duque en 1941 por primera vez, Perdido.

Con la orquesta de Paul Weston, grabó en 1958 el doble elepé Ella Fitzgerald Sings the Irving Berlin Songbook, con 31 temas de este excepcional compositor. Con él ganó su segundo Grammy, de un total de trece con que fue galardonada a lo largo de sus cincuenta años de carrera. Vamos a escuchar “Let’s Face the Music and Dance”, que compuso Berlin en 1932 y se estrenó en la película de 1936 Sigamos la flota (Follow the Fleet).

El cuarto álbum de la serie apareció en 1959: Ella Fitzgerald Sings the George and Ira Gershwin Songbook. Grabado, como los demás, en estudio, con una orquesta dirigida por Nelson Riddle, contiene nada menos que 54 canciones –distribuidas en cinco elepés– con música de George Gershwin y letras de su hermano Ira. De ellas, Embraceable You es, a juicio de un servidor, una de las más bellas canciones de los hermanos Gershwin, quienes la compusieron en 1928 para la opereta East is West, que no llegó a estrenarse. En 1930, no obstante, triunfaría con el musical Girl Crazy.

Dos años después, en 1961, llegaba Ella Fitzgerald Sings the Harold Arlen Songbook, un doble elepé que grabó con la orquesta de Billy May e incluía 24 canciones de este prolífico compositor, autor de canciones tan conocidas como “Over the rainbow”, “Stormy Weather” o la que escuchamos acto seguido: Let’s Fall in Love (1933, letra de Ted Koehler).

Ella Fitzgerald Sings the Jerome Kern Songbook, acompañada de nuevo por la orquesta de Nelson Riddle, salió a la venta a principios de 1963. Jerome Kern (1885-1945) fue uno de los compositores más famosos de musicales para Broadway, tanto que se le ha calificado como el “padre del musical estadounidense”. Doce canciones suyas conforman este elepé. De ellas hemos seleccionado “All the Things You Are”, una de las canciones más bellas de la música contemporánea que, con letra de Oscar Hammerstein II, compuso Kern para musical Very Warm for May (1939).

También con la orquesta de Nelson Riddle, se publicaba en 1964 el último de su serie de songbooks: Ella Fitzgerald Sings the Johnny Mercer Songbook, un elepé con 13 canciones de este compositor, letrista y cantante estadounidense en el que Ella nos muestra su gran dominio del swing, como podemos comprobar en esta versión de “Too Marvelous for Words”, composición de Richard A. Whiting con letra de Johnny Mercer para la película de 1937 Ready, Willing, and Able.

Con Norman Granz, Ella se convirtió en “la Reina del jazz”, “la Primera dama de la canción”. Grabó infinidad de discos, entre ellos los míticos Ella en Roma: The Birthday Concert (1958), aunque no fue lanzado hasta treinta años después, Get Happy! (1959), Ella in Berlin: Mack the Knife (1960) o Hello, Dolly! (1964). Escuchemos, deleitémonos, con esta sublime versión de “How High The Moon”, la famosa canción que compuso Nancy Hamilton, con arreglos musicales de Morgan Lewis, para la revista de Broadway Two for the Show (1940). Como escribe Alfonso Cardenal en la página del programa de la Cadena SER La banda sonora del mundo del 15 de octubre de 2015, “Esa misma noche [en que Francia detonaba su primera bomba atómica], en Berlín, Ella Fitzgerald dio una exhibición de otro tipo de poder, de uno hermoso e incontenible. En apenas unas horas, el ser humano mostró el brutal contraste de su existencia. Capaz de destrozar el mundo apretando un botón y de rendirse a la belleza de una sucesión de versos y acordes. La explosión atómica no dura mucho más que los siete minutos de ‘How high the moon’, pero en ambos momentos parece que el tiempo se detiene. Como esa nube asesina que asciende al cielo lentamente, la voz de Ella, también sin prisas, se expande, muta, se alza para luego bajar hasta casi desaparecer antes de convertirse en una mágica ola de frases sin sentido. Al escuchar la voz de Fitzgerald, los demonios que cada uno alberga se alejan, también se callan. Escuchan. Aquella noche, en aquel Berlín que se reconstruía de otra tormenta de bombas, Ella Fitzgerald grabó la interpretación más intensa de su carrera. Convirtió un viejo éxito de jazz en un momento emocionante, especial”.

También para Verve grabó tres primorosos álbumes con Louis Armstrong: Ella and Louis (1956), Ella and Louis Again (1957) y Porgy and Bess (1958), la famosa “ópera popular” que escribió Gershwin en 1935. Del primero incluimos “They Can’t Take That Away from Me”, canción que George e Ira Gershwin escribieron para la película Shall We Dance (1937, Ritmo loco) y del segundo un éxito de 1936, “These Foolish Things” (música de Jack Strachey y letra de Eric Maschwitz), que formaba parte de la comedia musical británica Spread it Abroad.

Ella Fitzgerald se convierte en esta época en una figura imprescindible de los más prestigiosos festivales de jazz, sus álbumes alcanzan ventas millonarias, todos los programas musicales y shows de la televisión desean su presencia, realiza giras por todo el mundo y sigue cantando como nadie. Impecable es esta versión que hace de la canción que escribió en 1934 Brooks Bowman East of the Sun (and West of the Moon) con arreglos del propio Bowman y el legendario Harry “Sweets” Edison, que aparece en su álbum Ella Fitzgerald Sings Sweet Songs for Swingers (1959).

Otra gozada. Veámosla con Frank Sinatra cantando, durante el especial que dedicó a este la cadena de televisión estadounidense NBC Frank Sinatra: A Man and His Music con motivo de su 50 aniversario y se emitió el 24 de noviembre de 1965, el tema de Rodgers y Hart “The Lady is a Tramp”, compuesto para el musical Babes in Arms, que se estrenó en Brodway en 1937.

En la década de 1970 Ella continuó trabajando tan intensamente como lo había hecho hasta entonces. Recorrió medio mundo, a veces realizando dos espectáculos al día en ciudades a cientos de kilómetros de distancia. Varios de los conciertos que dio en sus giras se registraron en disco, como Ella in Budapest (1970), Ella A Nice (1971), Montreux ’75 (1975), Montreux ’77 (1977) o A Perfect Match (1979, con la orquesta de Count Basie). A partir de los años ochenta su actividad fue ralentizándose por problemas de salud, agravándose la diabetes que padecía, lo que provocó que en 1993 tuvieran que amputarle sus piernas. Aun así, a principios de los 80 hizo una incursión en la música brasileña con el magnífico Ella abraça Jobim (1981).

Aunque su voz había perdido ya cierta frescura, su registro y su fraseo permanecían intactos cuando grabó en 1986 –cumplidos los 69 años–  con Joe Pass el álbum Easy Living. La delicadeza, la sensibilidad y virtuosismo de este excepcional guitarrista, fallecido en 1994, todavía la enaltece más y nos deja maravillas como esta versión de la canción que da título al álbum y escribieron en 1937 Ralph Rainger y Leo Robin.

Los últimos años de su vida los pasó retirada en su residencia de Beverly Hills y el 15 de junio de 1996 moría a los 79 años, dejándonos un fascinante legado musical imperecedero que deleitará nuestros sentidos cada vez que la escuchamos y seguirá cautivando a futuras generaciones.

Vivir de los pedos

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De eso vivió Joseph Pujol, de sus flatulencias. Y por eso fue conocido con el nombre artístico de Le Pétomane (algo así como El pedómano, o Pedoman). Música, lo que se dice música…, la verdad no sabría decirles si eso es lo que hacía este humorista francés. Melodía, ritmo y armonía combina, desde luego. Y sonoridad no le falta. ¿Música de viento tal vez?

Joseph Pujol (Marsella, Francia, 1857-1945; su padre era catalán, de Mataró) fue un artista –de mal gusto para muchos, un genio para otros– que se hizo famoso por una especial habilidad: la de controlar a voluntad sonoras ventosidades. No se crean que fue un artista cualquiera, no; Sarah Bernardt ganaba en 1900 tres mil francos diarios, Le Pétomane veinte mil.

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Le Pétomane en diversos momentos de una de sus actuaciones en el Moulin Rouge.

Descubrió esta habilidad siendo adolescente, un día mientras nadaba en el mar. Al parecer, se sumergió en el agua y contuvo la respiración. Sintió entonces un frío helado que penetraba por su “retaguardia”. Salió asustado y se sorprendió al ver que brotaba agua de su ano. Vamos a ver este momento en una secuencia de la película estadounidense de 2005 Le Pétomane: Parti avec le vent, que dirigió Steve Ochs, basada en la vida de este peculiar humorista. Aquí, sin embargo, sitúan el hecho en una fuente de la plaza del pueblo.

Debutó en el Moulin Rouge el 11 de febrero de 1890, apenas cuatro meses después de su inauguración. Un buen día fue a ver a su director, Charles Zidler, explicándole que su número consistía en beber y cantar por el culo. “Soy Pedoman, señor Zidler, y quiero convertirme en el pedómano del Moulin Rouge”, se presentó. “¿Puede usted tocar la Marsellesa?, preguntó Zidler. Dicho y hecho. Zidler, que estaba acostumbrado a presenciar números de lo más insólitos, le contrató. Vamos a verle en una de sus actuaciones en el célebre cabaret parisino en un fragmento de un filme de 1900, las únicas imágenes en movimiento que se tienen de él.

El filme, lógicamente, era mudo. Pero no se preocupen que nos perderemos el espectáculo, pues en 1983 Pasquale Festa Campanile estrenó una película basada en su vida, Il Pétomane, en la que Ugo Tognazzi hacía de Pujol. Será, pues, Tognazzi quien nos ofrezca un momento de tan singular show. La actuación tiene lugar en el Jardin d’hiver del Moulin Rouge.

le-petomane-2Su repertorio, como hemos podido ver, incluía imitaciones y melodías populares con su ano como instrumento. Con el mismo tocaba otros instrumentos más convencionales, apagaba velas, fumaba cigarrillos, etc. Muy celebrada fue su recreación del terremoto de San Francisco de 1906. Causó sensación, contándose entre sus admiradores Eduardo, príncipe de Gales, el rey Leopoldo II de Bélgica, el príncipe de Orleans y Sigmund Freud. Sigamos con Tognazzi haciendo de Le Pétomane en la película de Campanile en un extenso fragmento del final de la misma, de quince minutos de duración, que comienza con Pujol en el Moulin Rouge reivindicándose como el verdadero Pétomane ante una de sus imitadoras y en el que recuerda su éxito ante una selecta concurrencia. Interpreta, entre otras composiciones, La Marsellesa, así como los himnos de Gran Bretaña y del Imperio austrohúngaro. ¡El follón que puede montar un pedo! Genial resulta cómo impone el silencio con una “tormentosa” ventosidad vísperas de la Primera Guerra Mundial. Lástima que las guerras no puedan solucionarse tan fácilmente.

Pujol preparaba a conciencia su espectáculo y era sumamente meticuloso en todos los detalles del mismo. En pocos días, se convirtió en la gran estrella de las variedades parisienses. Al estallar la Primera Guerra Mundial se retiró a Marsella, se hizo panadero y nunca más volvió a subir a un escenario. Supongo que sí seguiría tirándose pedos.

Ya en su tiempo proliferaron los imitadores, que han continuado hasta hoy. Le Pétomane llegó a grabar discos, pero no se han conservado. No obstante, vamos a escuchar a uno de sus primeros imitadores, Mr. Lefires, en una grabación de 1904.

Finalizamos con otra imitación, esta más reciente, a cargo del actor y humorista francés Bruno Carette (1956-1989) en un programa de la televisión francesa de 1988.

A su muerte, la Facultad de Medicina de París ofreció una buena cantidad de dinero para hacerse con su cuerpo y poder estudiarlo, pero sus hijos se negaron. ¿Cuál era el origen de las extraordinarias virtudes de su ano? Nunca lo sabremos.

Que tengan un buen día.

Sophisticated Ladies. La música de Duke Ellington

CAP 2

Sophisticated Ladies es un espectáculo musical, una revista, basado en la música de Duke Ellington, un tributo a este legendario músico y compositor que popularizó la música de jazz haciéndola llegar un amplio espectro de público. Como escribió Eric Hobsbawm, “En mayor medida que cualquier otro Ellington representaba esa capacidad que tiene el jazz de hacer que personas sin interés por la ‘cultura’, personas con sus pasiones, ambiciones e intereses, y con su propia manera de satisfacerlos, se conviertan en creadores de un arte serio y, a pequeña escala, grande. Lo demostró por medio de su propia transformación en compositor y también por las obras de arte integradas que creó con su orquesta, una orquesta que contenía menos artistas individuales de absoluta brillantez que otras, pero en la cual la actuación individual extraordinaria era el fundamento de los logros colectivos.” (Eric Hobsbawm, Gente poco corriente, 1999; este artículo sobre Duke Ellington fue publicado originalmente en New York Review Books el 19 de noviembre de 1987).

Sophisticated Ladies se estrenó en Broadway el 1 de marzo de 1981 y se mantuvo en cartel hasta el 2 de enero de 1983. En 2005 se editó remasterizado en DVD (a este corresponden los vídeos que insertamos). Creado por Donald McKayle y dirigido por Michael Smuin, contó con un reparto original en el que, entre otros, figuraban Gregory Hines, Judith Jamison, Phyllis Hyman, Hinton Battle –quien por su papel ganó el premio Tony de 1981 al Mejor actor de reparto en un musical–, Gregg Burge y Mercer Ellington (el director de la orquesta, hijo de Duke, que heredó la orquesta de su padre), si bien a lo largo de las 767 representaciones ininterrumpidas que alcanzó el musical este experimentó algún que otro cambio.

Sophisticated Ladies consta de dos actos. El primero –que incluye veinte temas– se ocupa de sus primeros días en el Cotton Club –desde los tiempos en que era un speakeasy; así se llamaban los establecimientos que vendían ilegalmente alcohol por aquello de que los clientes, por motivos obvios, debían ser discretos y hablar con calma, en voz baja (speak easy)– hasta que alcanza gran popularidad; el segundo –con dieciocho temas– de cómo el hombre acaba siendo atrapado por su música. Con una orquesta completa en el escenario acompañando a muy buenos vocalistas de jazz y bailarines de claqué, un deslumbrante vestuario –la responsable del mismo, Willa Kim, logró también el Tony por él–, una ambientación en el más puro art déco y una excelente puesta en escena, uno tras otro van sucediéndose los grandes temas de Ellington como Mood Indigo, Take the ‘A’ Train, Satin Doll, In a Sentimental Mood

Vamos ya con los números musicales, nada menos que dieciocho. Tras una introducción a cargo de la orquesta con un popurrí de éxitos de Ellington, suena I’ve Got To Be a Rug Cutter, una canción con letra y música de Duke Ellington que este estrenó en 1937. Son sus intérpretes Roger Spivy, Eugene Fleming, Michael Graham y Garry Q. Lewis.

Sigue –a cargo de Paula Kelly y Hinton Battle– Music Is a Woman, tema basado en el éxito de Ellington de 1928 Jubilee Stomp, al que puso letra John Guare.

De 1928 también es la famosa The Mooche, composición de Duke Ellington e Irving Mills al más puro Jungle style que fue uno de sus grandes éxitos durante su etapa en el Cotton Club e interpretan Lorraine Fields, Cheryl Baxter, Sheri Cowart y Karen McDonald.

La cuarta canción que escuchamos sobre el escenario –esta vez por Terri Klausner– es Hit Me With a Hot Note (and Watch Me Bounce), de 1945. La música es de Ellington y la letra de Don George.

Vamos ahora con dos temas –en el musical los números sexto y séptimo– en el vídeo que figura bajo estas líneas: I Love You Madly (1950, música y letra de Ellington) y el famoso Perdido, que compuso en 1941 Juan Tizol y Ellington grabó ese mismo año, y al que añadieron letra en 1944 Ervin Drake y Hans Lengsfelder. En el escenario Paula Kelly, Garry Q. Lewis y Gregg Burge.

Es ahora Phyllis Hyman quien nos deleita con la contagiosa It Don’t Mean a Thing (If It Ain’t Got That Swing), canción de 1929 con música de Ellington y letra de Irving Mills. Phyllis Hyman (1949-1995) fue una muy buena cantante de soul y actriz que no ha contado con el reconocimiento merecido. Actuó en todas las representaciones de Sophisticated Ladies y por su papel ganó un Theatre World Award en la categoría de artista revelación, siendo conocida como The Sophisticated Lady.

Take the ‘A’ Train fue uno de los mayores éxitos de Duke Ellington –llegó a ser la sintonía de su orquesta– desde que la grabó en 1941. Fue compuesto como tema instrumental por Billy Strayhorn en 1939 y en 1944 le puso letra Joya Sherrill. Protagonizan este número Phyllis Hyman y Hinton Battle.

Leata Galloway canta, al tiempo que baila Paula Kelly, Solitude, hermosa canción de Ellington compuesta en 1934 con letra de Eddie DeLange e Irving Mills.

Otro gran estándar del jazz, Caravan (1936, música de Duke Ellington y Juan Tizot, letra de Irving Mills). Ellington lo grabó ese año y desde entones no ha dejado de ser grabado e interpretado por músicos de la talla de Dizzy Gillespie o Miles Davis, entre otros. Protagoniza el número Gregg Burge acompañado del cuerpo de baile, que se marca unos logrados pasos de claqué.

Cierra el primer acto Rockin’ in Rhythm, tema instrumental de Duke Ellington, Irving Mills e Harry Canvey que el primero grabó en 1931 y un año después se incorporó a la revista musical Earl Carroll’s Vanities de 1932. Otra precisa actuación del cuerpo de baile.

De nuevo Phyllis Hyman es quien nos ofrece esta magnífica interpretación de una de las composiciones más celebradas de Ellington: la bella In a Sentimental Mood (1935, música de Duke y letra de Manny Kurtz e Irving Mills. Su orden en el musical es el segundo del segundo acto.

I’m Beginning to See the Light fue compuesta por Duke Ellington, Don George, Johnnie Hodges y Harry James en 1944. Paula Kelly y Hinton Battle nos muestran aquí sus grandes dotes como cantantes y bailarines.

Hermosa canción es Satin Doll, que compusieron Duke Ellington y Billy Strayhorn con letra de Johnny Mercer en 1953. Grabada, entre otros, por Frank Sinatra, Ella Fitzgerald, Oscar Peterson o Joe Pass, son sus intérpretes Calvin McRae y Terri Klausner.

Dos temas incluye el siguiente vídeo, ambos sumamente conocidos y a cuál mejor: Do Nothing ‘Til You Hear from Me (1943, música de Duke Ellington y letra de Bob Russell) y Mood Indigo (1931, música de Ellington y letra de Paul Francis Webster). Ambos a cargo de Phyllis Hyman y Terri Klausner.

Y vamos ya con el final de la obra en este vídeo de más de catorce minutos con la canción Sophisticated Lady y de nuevo –la escuchábamos también el primer acto– It Don’t Mean A Thing. De esta ya hemos hablado. En cuanto a Sophisticated Lady –que interpretan Paula Kelly y Hinton Battle– fue compuesta por Ellington en 1933 y luego se le añadió la letra, que escribió Mitchell Parish. Sophisticated Lady es uno de los grandes estándares del jazz que ha sido versionado por, entre otros, Harry James, Billie Holiday, Ella Fitzgerald, Sarah Vaughan, Julie London y Tony Bennett.

Que el día de hoy y la semana que comienza mañana les sean de lo más propicios.

‘La vie en rose’ cumple 70 años

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Setenta años se cumplen desde que Édith Piaf estrenó la maravillosa La vie en rose, una de las más bellas canciones de amor de todos los tiempos. Setenta años desde que la cantó por primera vez y la popularizó, pues La vie en rose –letra de la propia Édith y música de Louiguy (Louis Gugliemi)– fue escrita en 1945 y tras su inmediato éxito grabada en 1947. Pero es, como decíamos, en 1946 que Édith Piaf –en la cima de su popularidad– comenzó a interpretarla en sus actuaciones. Curiosamente, nadie de su entorno creía que la canción acabaría de gustar –de ahí que no la grabara hasta un año después de haberla estrenado– y mucho menos que llegaría a alcanzar el éxito conseguido hasta convertirse en una de esas canciones eternas que mantienen su popularidad generación tras generación.

Ojos que debilitan los míos, / una sonrisa que se pierde en su boca, / he aquí el auténtico retrato / del hombre a quien pertenezco.

Cuando él me toma en sus brazos / y me habla suavemente / veo la vida de color rosa.

Me dice palabras de amor, / cada día / y eso me hace sentir algo.

Hace que en mi corazón / penetre un tipo de felicidad / desconocida.

Es todo para mí, / para toda la vida, / me lo dijo, lo juró por la vida.

Y tan pronto como lo veo / siento palpitar mi corazón.

Noches de amor interminables, / una gran felicidad llena todo. / Las penas, los problemas, desaparecen. / Somos felices, felices a más no poder.

Cuando él me toma en sus brazos / y me habla suavemente / veo la vida de color rosa.

Es la traducción –más o menos libre– de La vie en rose, canción que ha sido interpretada y grabada por artistas como Louis Armstrong, Marlene Dietrich, Mireille Mathieu, Yves Montand, Paloma Berganza, Toots Thielemans, Paloma Berganza, Madeleine Peyroux, Michael Bublé, Harry Connick Jr., Grace Jones, Aretha Franklin e incluso Iggy Pop.

Las versiones de parte de ellos son las que presentamos hoy. Iniciamos nuestra selección de vídeos –condicionados, como decimos siempre, por la disponibilidad de aquellos que pueden ser insertados– con –no podía ser de otro modo– una de tantas interpretaciones que de su canción hizo Édith Piaf. En este caso se trata de una actuación en el programa de la televisión francesa La joie de vivre, emitido el 4 de marzo de 1954.

Seguimos con la interpretación que de La vie en rose hizo Marlene Dietrich en 1963 y que recoge el vídeo que figura a continuación de un concierto que dio en Estocolmo el 19 de octubre de dicho año.

De Marlene Dietrich pasamos a Aretha Franklin. Suya es esta versión que, con su singular estilo, interpretó en una actuación en París de 1977.

Como les decíamos, y pueden comprobar, La vie en rose ha sido interpretada por artistas de los géneros musicales más  diversos. Veamos, si no, los dos vídeos que siguen. El primero, por la Belgrade Dixieland Orchestra, es de 2011. El segundo, la particular versión Iggy Pop, que la grabó en su álbum de 2012 Après.

Vamos ahora con la versión de Harry Connick Jr. en un programa de la cadena de televisión francesa France 2 de octubre de 2013.

Finalizamos con la espectacular y singular interpretación que la modelo, cantante y actriz Grace Jones hizo de La vie en rose durante la Night of the Proms 2010 de Bruselas.

En 2007 se estrenó la excelente película sobre la vida de Édith Piaf, dirigida por Olivier Dahan, La vida en rosa (título original La môme), con una espléndida Marion Cotillard en el papel de la intérprete que “cada vez que canta, parece que se arranca su alma por última vez”, como dijo de Piaf su amigo Jean Cocteau. Parece un clon; lástima no poder contar con la secuencia de la película en que interpreta el tema.

Que tengan un buen día.

El Cotton Club

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En 1923, Owney Madden –un gánster de Nueva York– adquiría al boxeador Jack Johnson un club que este había abierto en el neoyorkino barrio negro de Harlem en 1920. Lo hacía, a través de sus abogados, desde su celda de Sing Sing. Lo bautizó como Cotton Club. Nacía así uno de los clubs nocturnos más famosos de la historia, todavía una atracción para quienes visitan Nueva York (si bien el actual no es el mismo, ni siquiera está en la misma calle).

La nómina artística del local estaba formada por cantantes, bailarines y músicos negros que ejecutaban vibrantes y exóticos shows en la pista, frente al estrado que ocupaba la orquesta, y en la después bailaba la nutrida clientela. Eso sí, una clientela blanca, pues los negros actuaban pero tenían prohibida la entrada, exceptuando alguna celebridad y, aun así, de manera ocasional.

El club estuvo cerrado brevemente en el año 1925 por la venta ilegal de licor. Cerró definitivamente en 1940. Posteriormente se reabrió otro club en el mismo sitio con el nombre de Latin Quarter, hasta que se derribó el edificio en 1989 para construir un hotel. Se abrió un nuevo Cotton Club en Harlem en 1978, pero en la calle 125.

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El Cotton Club alrededor de 1930.

Veamos antes que nada un breve documental de George Rothacker –en inglés– con escenas y fotografías del local y sus estrellas que reflejan el ambiente del mítico club en sus años de esplendor.

De 1934 es este cortometraje de diez minutos de duración titulado Cab Calloway’s Hi-De-Ho en el que vemos a Calloway y su orquesta en el Cotton Club interpretando los temas Lady with the Fan, de Jeanne Burns, y I Love a Parade, de Harold Arlen.

En 1984 –y ahora reproducimos parte de la entrada que en su día dedicamos al filme– el genial director Francis Ford Coppola estrenó una estupenda película (Cotton Club) ambientada en la década de 1930 con el Cotton Club de protagonista, una película que es a la vez un musical, un drama y una intriga con gánsteres y alcohol de contrabando. En el vídeo que sigue –el tráiler de la misma– podemos ver la fidedigna recreación que del club hace Coppola. Para ello recurrió a Cab Calloway como asesor en la preparación de la película.

Sin embargo, este es solo uno de tantos aspectos a destacar de la magnífica Cotton Club, un verdadero festín para iniciados y un homenaje a una época, un modo de hacer cine y una forma de entender la música. La portentosa banda sonora –obra de John Barry pero, sobre todo, llena de fantásticos standards de aquellos años– y la cuidada fotografía acompañan una planificación calculada al detalle. Con guión, entre otros, de William Kennedy y el propio Coppola, encabezaron el reparto Richard Gere, Diane Lane, Gregory Hines, Lonette McKee, Nicolas Cage, Bob Hoskins, James Remar, Allen Garfield y Gwen Verdon.

Cotton Club nos cuenta la historia de un trompetista, Dixie Dwyer (Richard Gere), que una noche libra de la muerte a un gánster, Dutch Schultz (James Remar), cuando un par de matones disfrazados de policías intentan matarlo echando un cartucho de dinamita debajo de su mesa. Este, agradecido, le dará un trabajo que le cambiara totalmente su vida: cuidar de su novia, la ambiciosa Vera Cicero (Diane Lane), a todas las horas. La atracción entre uno y otro se volverá pasional. Sus vidas corren serio peligro si Dutch se entera. Paralelamente, Coppola introduce otra historia de amor, esta entre un bailarín negro de claqué y una cantante mulata.

Coppola mezcla hábilmente estas historias con los números musicales y recrea la atmósfera de los años de la depresión económica, cuando los gánsteres más poderoso se codeaban con los ricos y los famosos y hacían negocios de todo tipo.

Los números musicales son los que, obviamente, nos interesan. Vamos con ellos, pues. Con unos cuantos, los disponibles, pero suficientes para poder disfrutar un buen rato de este espléndido filme y del Cotton Club. Comenzamos con los créditos, en los que suena “The Mooche”, un tema de Duke Ellington e Irving Mills.

Ill Wind (You’re Blowin’ Me No Good) es una canción que compusieron en 1934 Harold Arlen (música) y Ted Koehler (letra) para el show del Cotton Club de ese año. La interpreta Lonette McKee (actriz que en la película hace el papel de cantante mulata al que antes nos referíamos).

Minnie The Moocher es un conocidísimo tema de Cab Calloway e Irving Mills. Francis Ford Coppola, como decíamos antes, contó con el asesoramiento de Cab Calloway para la película. Nadie mejor que él para recrear un ambiente que conocía a la perfección. Fue Larry Marshall quien hizo de Cab Calloway en una impresionante imitación. Más que imitar, diría servidor de ustedes que mimetiza.

Crazy Rhythm es otra de las excelentes canciones que forman parte de la banda sonora de Cotton Club. Escrita en 1928 por Irving Caesar, Joseph Meyer y Roger Wolfe Kahn para la revista musical de Broadway Here’s Howe, aquí la cantan y, sobre todo, bailan Gregory Hines y Maurice Hines. Un homenaje a los Nicholas Brothers, uno de los principales reclamos del Cotton Club entre 1932 y 1934.

Finalizamos con la entrañable Am I Blue?, composición de Harry Akst y Grant Clarke de 1929 que estrenó Ethel Waters en la película On with the Show (1929). La canta Diane Lane acompañada a la corneta por Richard Gere.

Feliz fin de semana.