Johann Strauss. Los inicios.

“Baile en la Corte” (1888), dibujo de Theo Zasche en el que vemos a Johann Strauss como director de música de baile de la corte de Viena.

“Baile en la Corte” (1888), dibujo de Theo Zasche en el que vemos a Johann Strauss como director de música de baile de la corte de Viena.

Son varias las entradas que hemos dedicado a Johann Strauss, pero no habíamos hablado de sus inicios más allá de alguna que otra generalización. Así que vamos hoy a ocuparnos de ellos y completar de este modo la biografía de este genial compositor de prolífica carrera.

“El rey de los valses” nació en Viena en 1825 en el seno de una familia de músicos. Su padre –igualmente Johann Strauss– fue también un conocido compositor austriaco, así como sus hermanos Josef y Eduard. Sin embargo, ninguno de ellos sobresalió tanto como Johann, por lo que los apelativos con el que frecuentemente se le calificaba –“Hijo” o “Segundo”– para diferenciarlo de su padre han ido perdiendo peso con el tiempo. Más bien es a su progenitor a quien suele añadirse lo de “Primero” o “Padre” para evitar confusiones.

Johann Strauss en 1853. Litografía de Joseph Kriehuber.

Johann Strauss en 1853. Litografía de Joseph Kriehuber.

Este no quería que su hijo fuera músico, sino comerciante, pero con la complicidad de su madre el pequeño Johann estudió violín y composición y a los 19 años fundó su propia orquesta en el café Dommayer, que compitió con la de su padre hasta que a la muerte de este (1849) ambas se fusionaron. Con ella llevó a cabo conciertos en las principales capitales europeas y en Estados Unidos en los que frecuentemente confiaba la dirección de la orquesta a su hermano Josef. Cuando en 1863 fue nombrado director de música de baile de la corte de Viena, la dirección de la orquesta pasó a sus dos hermanos.

Creció Johann en una Viena que se consagraba como una de las ciudades del selecto club de metrópolis occidentales que pasaban del millón de habitantes, llegando a convertirse en la segunda mitad del siglo XIX en una de las capitales europeas más importantes. Viena quería destacar, representar un papel protagonista acorde con los nuevos tiempos, incluso en la desmesura. Así, el teatro de la Ópera ─un edificio en estilo renacentista inaugurado en 1869 que, a pesar de su lujoso foyer, su imponente escalinata imperial, su espléndido y enorme escenario, las bellas estatuas de mármol dignas de la antigüedad clásica, la profusión de frescos en sus bóvedas y techos y la majestuosidad de sus dorados─ no acabó de gustar a los vieneses por ser menos alto que el teatro de la Ópera de París proyectado por Garnier.

Viena a finales del siglo XIX, acuarela de Raimund von Stillfried-Rathenitz realizada entre 1893 y 1899.

Viena a finales del siglo XIX, acuarela de Raimund von Stillfried-Rathenitz realizada entre 1893 y 1899.

En este contexto la música de Strauss, enlace de unos tiempos abocados al ocaso y de otros que florecían con inusitado entusiasmo, se volvió pronto tremendamente popular, en todos los ambientes. Y continúa siéndolo. Los valses de Strauss –modalidad en el que era un verdadero maestro (compuso el primero a los 6 años)– se bailaban, se bailan, en numerosos lugares y ocasiones. Él fue quien modificó y enriqueció su estructura,  transformándolo en baile de sociedad y convirtiéndolo en un símbolo de Viena. Hasta ahora.

Strauss compuso entre ciento cincuenta y cuatrocientos valses –según fuentes–, algunos tan bellos como Wiener Bonbons (1866, Bombones de Viena), An der schönen blauen Donau (1867, En el bello Danubio azul), Wiener Blut (1873, Sangre vienesa), Rosen aus dem Süden (1880, Rosas del sur) o Kaiser-Walzer (1881, Vals del emperador). También polcas y marchas, una ópera: Ritter Pásmán (1892, Caballero Pásmán) y un ballet: Aschenbrödel (1899, Cenicienta). Es, no obstante, de sus operetas de las que, lógicamente, vamos a ocuparnos dadas las características de Música de Comedia y Cabaret.

Johann Strauss es autor de dieciséis operetas, muchas de las cuales no han tenido el mismo éxito que sus valses, a pesar que –como veremos– más de uno forman parte de ellas, bien porque fueron expresamente compuestos para estas bien porque se incorporaron para su estreno. Es el caso de Wiener Blut, uno de los más famosos de Johann Strauss que da nombre a la opereta homónima, en realidad una obra de Adolf Müller con música de Strauss que se estrenó en el Carltheater de Viena en 1899. Strauss, que ya contaba con 74 años de edad, no se encontraba físicamente bien y la tarea de estructurar la opereta correspondió a Müller, quien eligió Wiener Blut como tema principal. Wiener Blut había sido compuesto por Strauss en 1873 con motivo de la boda de la hija del emperador Francisco José, la archiduquesa Gisela María Luisa, y el príncipe Leopoldo de Baviera. Escuchemos este precioso vals en versión instrumental por la Orquesta Filarmónica de Viena, dirigida por Franz Welser-Möst, durante el concierto que esta celebra todos los veranos al aire libre frente al Palacio de Schönbrunn de la capital austriaca, en este caso el 8 de junio de 2010.

Por otra parte, la gran calidad de algunas de sus operetas –concretamente El MurciélagoUna Noche en Venecia y El Barón Gitano– ha eclipsado otras que, no por ello, deben ser calificadas de “menores”. Vamos con ellas, con todas de las que hemos encontrado en la red vídeos que se pueden insertar.

Johann Strauss y su esposa Henriette.

Johann Strauss y su esposa Henriette.

Durante años, Strauss dudó de sus posibilidades como compositor de operetas –creía no estar a la altura– pero su esposa, la ex cantante de ópera Henriette Challupetzky, conocida como Jetty –que fallecería en 1878– le animó a hacerlo. Así, en 1871 estrenó en el Theater an der Wien Indigo und die Vierzig Räuber (Índigo y los cuarenta ladrones), su primera opereta, basada en el cuento “Ali Baba y los cuarenta ladrones”, de Las mil y una noches.

El público del abarrotado teatro quedó fascinado y el maestro debió agradecer a su mujer tan sabio consejo. De Indigo und die Vierzig Räuber escuchamos acto seguido el vals “Tausend und eine Nacht” (Las mil y una noches) durante el Concierto de Año Nuevo de la Filarmónica de Viena en 2005, bajo la dirección de Lorin Maazel, en la retransmisión televisiva del mismo (versión instrumental).

 

De Der Karneval in Rom (El Carnaval en Roma), su siguiente opereta, estrenada en 1873, incluimos la Obertura a cargo de la Orquesta Filarmónica de Copenhague en un concierto celebrado en la capital danesa en 2011.

Y en 1874 llegó Die Fledermaus (El murciélago), la opereta más celebrada de Strauss. Con libreto en alemán de Henri Meilhac y Ludovic Halévy, Strauss la compuso a lo largo de cuarenta y dos noches. Está basada en la obra francesa Le Réveillon, de Karl Haffner y Richard Genée, y se representó por primera vez en el Theater an der Wien de Viena el 6 de abril de dicho año. Tras un relativo fracaso inicial, la obra fue ganando aceptación en las sucesivas reposiciones. Se presentó en París en el año 1877 con el nuevo epígrafe de La Tzigane, algunos cambios en el libreto y añadidos musicales pertenecientes a la obra del compositor Cagliostro in Wien (1875).

“Die Fledermaus”. Grabado contemporáneo.

“Die Fledermaus”. Grabado contemporáneo.

La acción de esta magnífica opereta  típicamente vienesa –la fama que ha conseguido no es injustificada, ni mucho menos– transcurre en un balneario próximo a Viena, donde una joven casada acepta recibir en su casa a un tenor que la pretende en ausencia de su marido. En eso llega la policía y detiene al joven cantante al confundirlo con su marido, que es a quien realmente busca. El equívoco da pie a divertidas situaciones hasta que se aclara. Naturalmente, no podía ser de otro modo, todo termina como corresponde a la moral de la época. No obstante, Strauss introduce una novedad en el género tal como entonces se concebía en la capital del imperio austrohúngaro: los personajes no son históricos, sino contemporáneos, y van vestidos a la moda del momento. Por otra parte, en lo que a la música estrictamente se refiere, El murciélago inicia lo que se ha convenido denominar opereta-vals, característica de Johann Strauss hijo y de sus sucesores. Aquí, el vals está actúa como generador lírico de la opereta entera, sobre todo en el segundo acto (la fiesta en el jardín).

De Die Fledermaus presentamos una amplia selección de sus números musicales. Es una de las grandes operetas y requiere tal atención. Hoy vamos a recrearnos con tres de los momentos más celebrados de la obra. Comenzamos con la Obertura a cargo de la Orquesta Filarmónica de Viena, conducida esta vez por el director francés George Petre, durante el Concierto de Año Nuevo celebrado en la capital austriaca en 2010.

Dos de los números más famosos de Die Fledermaus son “So muss allein ich bleiben acht Tage ohne dich!” (¡Entonces debo quedarme sola ocho días sin ti!), del primer acto, y la espléndida aria, una de las más bellas de Strauss, “Mein Herr Marquis” (Mi señor marqués), del acto segundo. En los vídeos que siguen los interpretan, respectivamente, las sopranos Silvana Dussmann (Rosalinda en la obra), austriaca nacida en Viena, e Isabel Rey (Adela), española nacida en Valencia. Ambas lo hacen durante la representación que de la opereta tuvo lugar en el mismo teatro en que se estrenó, el Theater an der Wien, dentro del Festival de Viena de 2010, con la Orquesta Sinfónica de Viena dirigida por Nikolaus Harnoncourt y un reparto en el que, además de las dos sopranos mencionadas, encabezaba también el barítono alemán Wolfgang Brendel (como Gabriel von Eisenstein, marido de Rosalinda). La versión que comentamos es distinta a en su día incluimos en la entrada sobre El murciélago.

Que pasen un buen día.

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Acerca de Manuel Cerdà

Historiador y escritor.
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Una respuesta a Johann Strauss. Los inicios.

  1. etarrago dijo:

    Siempre tan intereasante, Manuel. Gracias.

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