My Baby Just Cares for Me

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En 1987 una conocida marca de moda usó “My Baby Just Cares for Me”, en la versión de Nina Simone, para un anuncio de uno de sus perfumes y la canción se convirtió en un éxito, llegando a ser número de ventas en varios países. Nina Simone la había grabado en 1958 para su álbum, Little Girl Blue, el primero que publicó. En él figuraba también el tema de Gershwin “I Loves You, Porgy”, de su ópera Porgy and Bess, que sí fue un éxito del Top 40 de Estados Unidos. No, en cambio, “My Baby Just Cares for Me”, que no es que pasara desapercibida, pero nada que ver con la notoriedad que alcanzaría a partir del anuncio. Muchos descubrieron entonces a esta cantante que ya contaba con una dilatada y excelente trayectoria musical y de compromiso en la lucha por los derechos civiles. Vamos con la versión de Nina Simone en una actuación para televisión de 1989.

“A mi chico no le importa nada. / A mi chico no le importa la ropa. / A mi chico solamente le importo yo. / A mi chico no le interesan los coches ni las carreras. / A mi chico no le interesan los sitios de moda. / (…) / Mi chico no se preocupa siquiera de quien conoce, / mi chico solamente se preocupa por mí”, cantaba Nina Simone. Sin embargo, en la versión original ‘mi chico’ era ‘mi chica’, pues “My Baby Just Cares for Me” es una composición que escribieron Walter Donaldson (música) y Gus Kahn (letra) en 1930 para la película Whoopee!, basada en el musical del mismo nombre de 1928 y protagonizada por Eddie Cantor. Veamos a Cantor en Whoopee! interpretando “My Baby Just Cares For Me”.

Antes que se relanzara la versión de Nina Simone y se disparara el éxito, la canción había sido grabada también por otros como Frank Sinatra, Mel Tormé, Nat King Cole o Julie London. Escuchamos las versiones de Nat King Cole, que la grabó en 1949, y Tony Bennett, esta de 1955.

El vídeo que sigue que recoge una actuación de Julie London, con el quinteto de Bobby Troup, en Japón durante una gira que dio en 1964. La calidad del vídeo no es muy buena que digamos, pero se trata de Julie London. Merece la pena de todos modos.

Será, no obstante, a partir de 1987 que se multiplicarán las versiones y grabaciones, sobre todo por parte de cantantes y grupos de jazz. Incluimos a continuación tres vídeos con las versiones de Natalie Cole –en una actuación en directo en Londres–, quien la grabó en su álbum Ask a woman who knows (2002); la canadiense Sophie Milman, en un vídeo promocional de su álbum Sophie Milman (2006), y la magnífica big band formada por chicos y chicas de entre seis y dieciocho años que dirige Joan Chamorro, Sant Andreu Jazz Band, en un concierto celebrado en el Teatre Coliseum de Barcelona en el marco del Voll-Damm Festival Internacional de la ciudad condal (edición de 2011). La voz es la de Andrea Motis.

“My Baby Just Cares for Me” ha formado parte de la banda sonora de algunas películas, como la que dirigió en 1996 Bernardo Bertolucci Stealing Beauty (Belleza robada), con la versión de Nina Simone. Mas vamos a finalizar con una secuencia de otro filme, también de 1996, Everyone Says I Love You (Todos dicen I Love You), dirigido por Woody Allen, en la que Edward Norton –acompañado de Natasha Lyonne, Edward Hibbert y The Helen Miles Singers– protagoniza esta deliciosa versión.

Que pasen un buen día.

Bailando con Duke Ellington

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Duke Ellington y su orquesta en 1930.

“Lo mejor de la obra de Ellington es lo que creó para cabarets y salones de baile (…) Quien esto escribe, a los dieciséis años se enamoró para siempre de la orquesta de Ellington en su mejor época, al oírla tocar en lo que se llamaba un ‘baile-desayuno’ en un salón de baile de las afueras de Londres ante un público atónito que no contaba para nada, salvo como una masa oscilante de gente bailando que era lo que orquesta estaba acostumbrada a ver ante ella. Los que nunca han oído a Ellington tocando música para bailar o, mejor aún, en un comedor lleno de noctámbulos elegantes, donde el verdadero aplauso consistía en el cese de las conversaciones alrededor de las mesas, no pueden saber cómo era la mejor orquesta de la historia del jazz cuando tocaba a gusto en su propio ambiente.” Quien escribió esto es nada más y nada menos que Eric Hobsbawm (1917-2012), uno de los mejores historiadores que ha dado el siglo XX. Gran amante del jazz, desde mediados de los cincuenta, y durante diez años consecutivos, Hobsbawm fue columnista y comentarista de conciertos, discos y libros en la revista The New Statesman. El artículo del que hemos extractado el comentario, sin embargo, se publicó en la New York Review of Books el 19 de noviembre de 1987.

Algo parecido al ambiente que vemos en el siguiente vídeo sería lo que presenciaría Hobsbawm. Parecido, pues la espontaneidad del directo difícilmente puede plasmarse en una película, en este caso Check and Double Check, un film de 1930 que dirigió Melville W. Brown en el que intervenía Duke Ellington y su orquesta del Cotton Club. Interpretan los temas Three Little Words y Old Man Blues.

Veamos ahora una actuación en directo de Duke Ellington y su orquesta en este cortometraje de 1933 –justo el año en que Hobsbawm tenía dieciséis años y se enamoró de su música–, de nueve minutos de duración, titulado A Bundle of Blues en el que interpreta los temas A Bundle of Blues (1933), Stormy Weather (1933, con la inestimable voz de Ivy Anderson) y Bugle Call Rag (1922, con las bailarinas Florence Hill y Bessie Dudley).

Nacido en Washington en 1899, Edward Kennedy Ellington –ese era su nombre real– inició su carrera como director el 1924, y a finales de los años veinte empezó a adquirir renombre con sus interpretaciones en un estilo (jungle style) caracterizado por determinados efectos sonoros obtenidos con las trompetas y los trombones. Pronto, su orquesta fue una de las más notables, tanto por el carácter inconfundible que supo imprimirle como por la calidad de sus miembros, casi todos solistas de gran categoría. Por ella pasaron, entre otros, los saxofonistas Johnny Hodges, Harry Carney, Ben Webster y Paul Gonsalves, los trompetistas Cootie Williams y Ray Nance, o el contrabajo Jimmy Blanton.

Entre 1927 y 1930 actuó en el famoso Cotton Club. Su notoriedad creció y muchas de sus actuaciones eran retrasmitidas por radio. Participó en algunas películas, como la que acabamos de mencionar, y sus giras eran todo un acontecimiento. De estos años datan melodías tan populares como Mood Indigo (1930), It Don’t Mean a Thing (If It Ain’t Got That Swing) (1931) o Sophisticated Lady (1933). Veamos a Ellington en dichos temas, si bien –lamentablemente (pues no reflejan esa atmósfera que fascinó a Hobsbawm)– en versiones de años posteriores. El vídeo de Mood Indigo recoge una actuación, creemos, de finales de los años sesenta; el de It Don’t Mean a Thing es de 1943, y el de Sophisticated Lady de 1952.

bcf_duke_ellington_photo_800wide“En mayor medida que cualquier otro –prosigue Hobsbawm–, Ellington representaba esa capacidad que tiene el jazz de hacer que personas sin interés por la ‘cultura’, personas con sus pasiones, ambiciones e intereses, y con su propia manera de satisfacerlos, se conviertan en creadores de un arte serio y, a pequeña escala, grande. Lo demostró por medio de su propia transformación en compositor y también por las obras de arte integradas que creó con su orquesta, una orquesta que contenía menos artistas individuales de absoluta brillantez que otras, pero en la cual la actuación individual extraordinaria era el fundamento de los logros colectivos”.

A partir de mitad de la década de 1940 se produjo un viraje en el sentido de sus composiciones, que pasaron a ser más formales y de mayor aliento temático. Ello no fue obstáculo para que –en unos momentos en que el jazz comenzaba a ser interpretado en gran parte por músicos a menudo con formación clásica, esencialmente para ser escuchado– El Duque continuara fiel a su manera de concebir la música y siguiera al frente de una gran big band. Pero de esta época, y de sus incursiones en la comedia cinematográfica, hablaremos en otra ocasión. Hoy nos hemos centrado en esos primeros años en que su música sonaba sin cesar y se bailaba en salones de baile y cabarets.

Terminamos con un precioso tema de 1934 que compuso el propio Ellington, (In My) Solitude, en esta grabación suya del mismo año.

Que pasen un buen día.

Ella Fitzgerald: 1917-2017

Ella Fitzgerald en París en 1960

Ella Fitzgerald en París en 1960 / © Herman Leonard

Si la perfección tuviera nombre, sin duda podría ser el de Ella Fitzgerald. Nacida en Newport News (Virginia, Estados Unidos) tal día como hoy, 25 de abril, de hace cien años, es una de las más grandes cantantes –la más– de la historia del jazz y de la música en general.

Su voz es única: fresca, dulce, clara, cálida, cristalina, con una pureza de registro y entonación y un sentido del ritmo sin igual. Puede que no fuera la descubridora del scat, pero pocos vocalistas han alcanzado su dominio en tan difícil técnica, donde la voz se dispara como un instrumento solista. Usando su voz como un instrumento, es simplemente una improvisadora sin parangón y sus recursos vocales son extraordinarios. Cambiaba sin esfuerzo del swing al bebop y nadie cantaba como ella. Podía cantar cualquier cosa y, debido a su enorme arte, elevaba todo lo que cantaba. Era empezar a cantar Ella Fitzgerald y conseguir la inmediata entrega de quien la escuchase.

Solo quien posee tan prodigiosas cualidades vocales es capaz de versionar de este modo un tema nada fácil como es Air Mail Special, que compusieron en 1941 Benny Goodman, James Mundy y Charlie Christian. La grabación que escuchamos es en directo, corresponde al concierto que dio Ella en el Festival de jazz de Newport de 1957 y se publicó en disco un año después (Ella Fitzgerald and Billie Holiday at Newport). Su habilidad para jugar con la melodía, la precisión de sus imitaciones instrumentales en el momento adecuado, su entonación y entrega son asombrosas. Air Mail Special cristaliza por qué es la reina del jazz. Puro scat, pura improvisación, una maravilla.

Ella Fitzgerald se crió en Yonkers, en la frontera del municipio del Bronx neoyorkino, en un ambiente de permanente penuria, con una tía que hacía de madre tras fallecer esta cuando tenía quince años y sin prácticamente conocer a su padre, que las había abandonado después de nacer Ella. Deseaba por entonces ser bailarina y cantaba en un club escolar y en el coro de la Bethany African Methodist Episcopal Church, faltaba continuamente a la escuela y era muy poco disciplinada. Llegó a ser internada en un reformatorio, de donde trató de escapar varias veces, y luego estuvo en una especie de hospicio. Hasta que, en 1934, con 19 años, ganó el concurso Amateur Night Shows. Trabajó con la banda de Tiny Bradshaw y Benny Carter, que la vio en el Apollo, convenció a Chick Webb para que entrara en su orquesta en 1935. Para suerte de todos. Aunque ya contaba con el reconocimiento de crítica y público, su versión con la orquesta de Chick Webb en 1938 de A-tisket, A-tasket –una nana conocida desde mediados del siglo XIX– la llevó al estrellato. Del sencillo con el tema se vendieron más de un millón de copias.

Al fallecer Chick Webb en 1939, se hizo cargo de la orquesta (Ella Fitzgerald and Her Famous Orchestra). Sobrepasada por el esfuerzo de tener que dirigirla y actuar a diario, la disolvió y en 1941 empezó su carrera en solitario. Continuó contrato con Decca –la discográfica con la que ya había grabado con Webb– y comenzó a participar regularmente en los conciertos de Jazz At The Philharmonic, del empresario y productor discográfico Norman Granz, que acabó convirtiéndose en su mánager. Este creó nada más empezar 1956 el sello Verve y enseguida Ella fichó con él. En marzo aparecía el doble elepé Ella Fitzgerald Sings the Cole Porter Songbook, con canciones de Cole Porter y arreglos y dirección orquestal de Buddy Bregman. Tan solo en el primer mes se vendieron cien mil ejemplares. Con este doble álbum Ella inició la grabación de una serie de songbooks –ocho en total– con algunos de los mejores temas de grandes compositores del gran cancionero estadounidense (Great American Songbook). Sin duda, son de lo mejor Ella Fitzgerald, aunque afirmar esto en una cantante que grabó más de doscientos álbumes y alrededor de dos mil canciones es un tanto subjetivo. Me voy a dejar llevar por mi personal gusto y elijo una canción de cada uno de ellos, comenzando por Ev’ry Time We Say Goodbye, que compuso Porter y publicó en 1944, estrenándose en Broadway dentro de la revista musical Seven Lively Arts, del mismo año.

A finales de agosto grababa otro songbook, el doble elepé Ella Fitzgerald Sings the Rodgers & Hart Songbook, también con arreglos y dirección orquestal de Buddy Bregman. De las 34 canciones de esta fantástica pareja que formaban Richard Rodgers (autor de la música) y Lorenz Hart, autor de las letras, que contiene el álbum nos quedamos con “Bewitched, Bothered and Bewildered”, de su musical Pal Joey, que se estrenó en Broadway en 1940.

Un año después, en otoño de 1957, salía a la venta Ella Fitzgerald Sings the Duke Ellington Songbook, en el que Ella, acompañada por la orquesta de Duke Ellington, interpretaba grandes éxitos del repertorio de El Duque. Fue lanzado en dos volúmenes de dos elepés cada uno: el primero con Ella y Duke y su orquesta, el segundo con un grupo más reducido. Otro gran éxito de ventas con el que Ella desplegó como nunca antes sus extraordinarias habilidades vocales y su incomparable scat, y con el que consiguió el premio Grammy a la Mejor cantante de jazz en su primera edición (1959). Comprobémoslo en esta estupenda versión del estándar del jazz que compuso Juan Tizol, y grabó El Duque en 1941 por primera vez, Perdido.

Con la orquesta de Paul Weston, grabó en 1958 el doble elepé Ella Fitzgerald Sings the Irving Berlin Songbook, con 31 temas de este excepcional compositor. Con él ganó su segundo Grammy, de un total de trece con que fue galardonada a lo largo de sus cincuenta años de carrera. Vamos a escuchar “Let’s Face the Music and Dance”, que compuso Berlin en 1932 y se estrenó en la película de 1936 Sigamos la flota (Follow the Fleet).

El cuarto álbum de la serie apareció en 1959: Ella Fitzgerald Sings the George and Ira Gershwin Songbook. Grabado, como los demás, en estudio, con una orquesta dirigida por Nelson Riddle, contiene nada menos que 54 canciones –distribuidas en cinco elepés– con música de George Gershwin y letras de su hermano Ira. De ellas, Embraceable You es, a juicio de un servidor, una de las más bellas canciones de los hermanos Gershwin, quienes la compusieron en 1928 para la opereta East is West, que no llegó a estrenarse. En 1930, no obstante, triunfaría con el musical Girl Crazy.

Dos años después, en 1961, llegaba Ella Fitzgerald Sings the Harold Arlen Songbook, un doble elepé que grabó con la orquesta de Billy May e incluía 24 canciones de este prolífico compositor, autor de canciones tan conocidas como “Over the rainbow”, “Stormy Weather” o la que escuchamos acto seguido: Let’s Fall in Love (1933, letra de Ted Koehler).

Ella Fitzgerald Sings the Jerome Kern Songbook, acompañada de nuevo por la orquesta de Nelson Riddle, salió a la venta a principios de 1963. Jerome Kern (1885-1945) fue uno de los compositores más famosos de musicales para Broadway, tanto que se le ha calificado como el “padre del musical estadounidense”. Doce canciones suyas conforman este elepé. De ellas hemos seleccionado “All the Things You Are”, una de las canciones más bellas de la música contemporánea que, con letra de Oscar Hammerstein II, compuso Kern para musical Very Warm for May (1939).

También con la orquesta de Nelson Riddle, se publicaba en 1964 el último de su serie de songbooks: Ella Fitzgerald Sings the Johnny Mercer Songbook, un elepé con 13 canciones de este compositor, letrista y cantante estadounidense en el que Ella nos muestra su gran dominio del swing, como podemos comprobar en esta versión de “Too Marvelous for Words”, composición de Richard A. Whiting con letra de Johnny Mercer para la película de 1937 Ready, Willing, and Able.

Con Norman Granz, Ella se convirtió en “la Reina del jazz”, “la Primera dama de la canción”. Grabó infinidad de discos, entre ellos los míticos Ella en Roma: The Birthday Concert (1958), aunque no fue lanzado hasta treinta años después, Get Happy! (1959), Ella in Berlin: Mack the Knife (1960) o Hello, Dolly! (1964). Escuchemos, deleitémonos, con esta sublime versión de “How High The Moon”, la famosa canción que compuso Nancy Hamilton, con arreglos musicales de Morgan Lewis, para la revista de Broadway Two for the Show (1940). Como escribe Alfonso Cardenal en la página del programa de la Cadena SER La banda sonora del mundo del 15 de octubre de 2015, “Esa misma noche [en que Francia detonaba su primera bomba atómica], en Berlín, Ella Fitzgerald dio una exhibición de otro tipo de poder, de uno hermoso e incontenible. En apenas unas horas, el ser humano mostró el brutal contraste de su existencia. Capaz de destrozar el mundo apretando un botón y de rendirse a la belleza de una sucesión de versos y acordes. La explosión atómica no dura mucho más que los siete minutos de ‘How high the moon’, pero en ambos momentos parece que el tiempo se detiene. Como esa nube asesina que asciende al cielo lentamente, la voz de Ella, también sin prisas, se expande, muta, se alza para luego bajar hasta casi desaparecer antes de convertirse en una mágica ola de frases sin sentido. Al escuchar la voz de Fitzgerald, los demonios que cada uno alberga se alejan, también se callan. Escuchan. Aquella noche, en aquel Berlín que se reconstruía de otra tormenta de bombas, Ella Fitzgerald grabó la interpretación más intensa de su carrera. Convirtió un viejo éxito de jazz en un momento emocionante, especial”.

También para Verve grabó tres primorosos álbumes con Louis Armstrong: Ella and Louis (1956), Ella and Louis Again (1957) y Porgy and Bess (1958), la famosa “ópera popular” que escribió Gershwin en 1935. Del primero incluimos “They Can’t Take That Away from Me”, canción que George e Ira Gershwin escribieron para la película Shall We Dance (1937, Ritmo loco) y del segundo un éxito de 1936, “These Foolish Things” (música de Jack Strachey y letra de Eric Maschwitz), que formaba parte de la comedia musical británica Spread it Abroad.

Ella Fitzgerald se convierte en esta época en una figura imprescindible de los más prestigiosos festivales de jazz, sus álbumes alcanzan ventas millonarias, todos los programas musicales y shows de la televisión desean su presencia, realiza giras por todo el mundo y sigue cantando como nadie. Impecable es esta versión que hace de la canción que escribió en 1934 Brooks Bowman East of the Sun (and West of the Moon) con arreglos del propio Bowman y el legendario Harry “Sweets” Edison, que aparece en su álbum Ella Fitzgerald Sings Sweet Songs for Swingers (1959).

Otra gozada. Veámosla con Frank Sinatra cantando, durante el especial que dedicó a este la cadena de televisión estadounidense NBC Frank Sinatra: A Man and His Music con motivo de su 50 aniversario y se emitió el 24 de noviembre de 1965, el tema de Rodgers y Hart “The Lady is a Tramp”, compuesto para el musical Babes in Arms, que se estrenó en Brodway en 1937.

En la década de 1970 Ella continuó trabajando tan intensamente como lo había hecho hasta entonces. Recorrió medio mundo, a veces realizando dos espectáculos al día en ciudades a cientos de kilómetros de distancia. Varios de los conciertos que dio en sus giras se registraron en disco, como Ella in Budapest (1970), Ella A Nice (1971), Montreux ’75 (1975), Montreux ’77 (1977) o A Perfect Match (1979, con la orquesta de Count Basie). A partir de los años ochenta su actividad fue ralentizándose por problemas de salud, agravándose la diabetes que padecía, lo que provocó que en 1993 tuvieran que amputarle sus piernas. Aun así, a principios de los 80 hizo una incursión en la música brasileña con el magnífico Ella abraça Jobim (1981).

Aunque su voz había perdido ya cierta frescura, su registro y su fraseo permanecían intactos cuando grabó en 1986 –cumplidos los 69 años–  con Joe Pass el álbum Easy Living. La delicadeza, la sensibilidad y virtuosismo de este excepcional guitarrista, fallecido en 1994, todavía la enaltece más y nos deja maravillas como esta versión de la canción que da título al álbum y escribieron en 1937 Ralph Rainger y Leo Robin.

Los últimos años de su vida los pasó retirada en su residencia de Beverly Hills y el 15 de junio de 1996 moría a los 79 años, dejándonos un fascinante legado musical imperecedero que deleitará nuestros sentidos cada vez que la escuchamos y seguirá cautivando a futuras generaciones.

El dulce sonido del saxo: Musicales y jazz

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Populares melodías de afamados compositores del teatro y cine musicales interpretadas por algunos de los mejores saxofonistas de la historia del jazz protagonizan la entrada de hoy. Todas ellas forman parte de musicales de Broadway o de alguna de las innumerables películas del género musical. Unas tuvieron más éxito en el momento de su estreno, otras menos, pero con el tiempo se han convertido en auténticos estándares de la música popular y del jazz.

Empezamos con una de las más famosas, Over the Rainbow (Sobre el arco iris), de la película de 1939 que dirigió Victor Fleming El mago de Oz, donde la interpretaba Judy Garland. Parece ser que estuvo a punto ser excluida en el montaje definitivo del filme. No fue así y resultó ser la ganadora del Oscar a la Mejor canción original de las películas estrenadas en 1939 durante la ceremonia que tuvo lugar al año siguiente. La escuchamos por el gran saxofonista tenor Ben Webster.  Pocos como él han sabido extraer del instrumento un sonido tan aterciopelado como el que salía de su saxo. Su fraseo, su genialidad armónica y melódica, no pasan desapercibidas. Todo ello lo podemos apreciar en esta versión de Over the Rainbow, que corresponde a una de las giras que dio por Europa en la década de 1960, en este caso en Londres.

What Is This Thing Called Love? (¿Qué es esa cosa llamada amor?) es un tema de Cole Porter perteneciente a su musical Wake Up and Dream (1929), su segundo gran éxito en Broadway tras Paris (1928). La versión que escuchamos corre a cargo de Scott Hamilton, saxofonista estadounidense de jazz vinculado con la corriente denominada neo tradicionalismo –heredera del bebop–, durante una actuación que dio en 2011 en el marco del Eddie Lang Jazz Festival, que se celebra todos los años en Monteroduni (Molise, Italia).

Johnny Green (música) y Edward Heyman, Robert Sour y Frank Eyton (letra) compusieron en 1930, en Londres, la canción Body and Soul (Cuerpo y alma). Lo hicieron para Gertrude Lawrence, cantante y actriz teatral y cinematográfica cuya trayectoria se extiende desde la década de 1920 hasta la de 1950. Fue un gran éxito que se acrecentó aún más cuando ese mismo año triunfó también en Nueva York al incorporarse a la revista musical de Broadway Three’s a Crowd. Magnífica la versión que de ella hace Dexter Gordon en la admirable película de Bertrand Tavernier Round Midnight (1986), donde Gordon se interpreta magistralmente a sí mismo bajo la identidad de un tal Dale Turner. Sus acompañantes son nada menos que Herbie Hancock (piano), Pierre Michelot (contrabajo), John Mclaughlin (guitarra) y Billy Higgins (batería).

Todavía en activo –y por mucho tiempo que sea– Sonny Rollins, uno de los máximos exponentes del hard bop, nos ofrece esta versión de la archiconocida Smoke Gets in Your Eyes (El humo ciega tus ojos) durante un concierto que dio en Praga en 1982 (la imagen del vídeo no es de muy buena calidad, pero Rollins está enorme). Smoke Gets in Your Eyes fue compuesta por Jerome [David] Kern para el musical Roberta –basado en la novela Gowns by Roberta, de Alice Duer Miller, publicada ese mismo año–, con letras y libreto de Otto Harbach, que se estrenó en Broadway en 1933, en el New Amsterdam Theatre.

Es ahora otro legendario saxofonista tenor, Coleman Hawkins, quien nos deleita con el tema de George Gershwin For You, For Me, For Evermore, que compuso alrededor de 1936-1937 y permaneció prácticamente olvidado hasta que en 1946 su hermano Ira escribió la letra para la banda sonora de la película de 1947 The Shocking Miss Pilgrim. La grabación que escuchamos corresponde al álbum At Ease with Coleman Hawkins (1960) y acompañan a Hawkins Tommy Flanagan (piano), Wendell Marshall (contrabajo) y Osie Johnson (batería).

Terminamos con Gershwin y el famoso dúo I Loves You, Porgy, de Porgy and Bess, la única ópera –“ópera popular” la denominó su creador– que compuso George Gershwin (música) con libreto de su hermano Ira y DuBose Heyward. Se estrenó en Boston en 1935 como “ópera popular” y la crítica, en su día, no supo cómo calificarla. En su estreno, Porgy and Bess fue un fracaso de taquilla, pero con el tiempo ha llegado a considerarse una obra maestra. El vídeo que figura bajo estas líneas recoge un momento de uno de los últimos conciertos que dio Joe Henderson, en 1998 (falleció en 2001), en el marco del festival de jazz de Berna (Suiza) en compañía del guitarrista John Scofield, concierto que dedicaron a la obra de Gershwin.

Que pasen un buen día.

Count Basie

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Count Basie en Hamburgo (1974). / Heinrich Klaff

Nacido como William Basie en 1904, este pianista, director de big band y compositor estadounidense –al que conocemos como Count Basie– es una de las grandes figuras de la historia del jazz. Pronto se le empezó a llamar El Conde por su porte aristocrático. Era a finales de la década de 1920 y se dedicaba a actuar como pianista –su madre, que también lo era, le enseñó a tocar el piano desde bien pequeño– en los arrabales de Kansas City, formando parte de bandas populares y acompañando a artistas de vodevil.

Basie era también majestuoso tocando el piano y destacaba por encima de los demás. Acompañó también a Bessie Smith y en 1926 ingresó en la banda de Walter Page, en Kansas City. En 1934 pasó a las filas de la banda de Benny Moten y comenzó a pensar en su propia formación, que –con el nombre inicial de Barons of Rhythm– creó a finales de 1936 y a la que se incorporaron muchos antiguos miembros de la banda de Moten como Walter Page (contrabajo), Freddie Green (guitarra), Jo Jones (batería) y Lester Young (saxo tenor). Jimmy Rushing era el cantante. Cuando les escuchó el cazatalentos y productor John Hammond les recomendó a varios agentes y compañías discográficas. El éxito acompañó a El Conde el resto de su vida.

Como pianista, Count Basie poseía un estilo potente, lleno de swing. Sobresalió tanto como solista como director de su big band, especialmente por sus arreglos musicales. Su estilo interpretativo se caracteriza por la repetición de una serie de riffs, breves frases rítmico-melódicas a manera de ostinato, que variaba inesperadamente con la introducción de un acorde original e impensado.

Realizó innumerables giras por el mundo, rodó varios filmes, grabó miles de discos y actuó con las grandes estrellas de la canción estadounidense como Ella Fitzgerald, Louis Armstrong, Sarah Vaughan o Frank Sinatra, entre otros. A mediados de la década de 1970 su salud empezó a deteriorarse, tras sufrir un ataque al corazón en 1976. Murió de cáncer de páncreas en Hollywood, en 1984.

Vamos a deleitarnos hoy con esta leyenda del jazz interpretando algunas de las melodías que compuso él mismo y otros conocidos estándares del jazz. Comenzamos con un tema de Basie de 1937, One O’Clock Jump, cuyo origen dimana de los diversos riffs que interpretaban los miembros de su orquesta y que un buen día dos de ellos, Eddie Durham y Buster Smith, sugirieron y ayudaron a Basie a darles forma. One O’Clock Jump fue el tema con que la Orquesta de Count Basie cerró sus conciertos durante más de cincuenta años, aun habiéndola interpretado ya en la función. La actuación que recoge el vídeo corresponde a una secuencia de la película de 1943 Reveille with Beverly, que dirigió Charles Barton y protagonizaron Ann Miller, Franklin Pangborn y Larry Parks.

Con similar criterio compuso Basie un año después, en 1938, Jumpin’ at the Woodside, magnífico tema en el que los riffs de los miembros de la orquesta van sucediéndose hasta llegar al clímax final con la suma de todos ellos. Jumpin’ at the Woodside y O’Clock Jump contribuyeron en gran medida al definitivo lanzamiento nacional e internacional de la big band. Escuchamos Jumpin’ at the Woodside durante un concierto que Basie y su orquesta dieron en Londres en 1965 y que registró la BBC.

A la misma actuación corresponde el vídeo que sigue en el la Orquesta de Count Basie nos ofrece esta cuidada versión de All of Me, canción que escribieron Gerald Marks y Seymour Simons en 1931 y que, merecidamente, se ha convertido en unos de los grandes estándares del jazz.

También de 1965, y para la BBC, Basie interpreta –con su orquesta– una muy, pero que muy, hermosa canción, April in Paris, que escribieron Vernon Duke (música) y E.Y. Harburg (letra) y se estrenó como número de Walk a Little Faster (1932), una revista musical con sketchs de S.J. Perelman y Robert MacGunigle.

Sonny Cohn, Pete Minger, Darle Carley y Bob Summers (trompetas), Bill Hughes, Dennis Wilson, Grover Mitchell y Booty Wood (trombones), Danny Turner (saxo alto), Bobby Plater (saxo alto, fiscorno), Kenny Hing (saxo tenor), Eric Dixon (saxo tenor, fiscorno), John Williams y Cleveland Eaton II (contrabajos), Freddie Green (guitarra) y Gregg Field (batería) son los integrantes de la big band de Count Basie (al piano) que interpretan el gran estándar de jazz Sweet Georgia Brown –composición de 1925 de Ben Bernie y Maceo Pinkard (música) y Kenneth Casey (letra)– durante un concierto celebrado en el Carnegie Hall de Nueva York el 20 de marzo de 1981.

Escuchamos ahora a Basie y su orquesta acompañando a Ella Fitzgerald en esta estupenda canción que es Satin Doll (música de Duke Ellington y Billy Strayhorn, letra de Johnny Mercer) en 1953. La grabación es de 1963.

Y ahora acompañando a Frank Sinatra en un tema de Cole Porter de 1936, I’ve Got You Under My Skin, que formó parte de la banda sonora de la comedia musical que dirigió Roy Del Ruth Born to Dance (Nacida para la danza), en la que la interpretaba Virginia Bruce. I’ve Got You Under My Skin es una de las grandes canciones que asociamos a Frank Sinatra. La actuación tuvo lugar en St. Louis (Estados Unidos) en 1965.

Finalizamos la entrada con El Conde en su faceta de pianista con una reducida formación, un cuarteto, en un éxito de 1936, These Foolish Things (música de Jack Strachey y letra de Eric Maschwitz), que formaba parte de la comedia musical británica Spread it Abroad. La actuación tuvo lugar durante el festival de jazz de Montreux de 1977. Los integrantes del cuarteto son, además de Basie, Benny Carter (saxo alto), Ray Brown (contrabajo) y Jimmie Smith (batería).

Feliz domingo o feliz puente, según sea su caso.

Billie Holiday por Billie Holiday

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Billie Holiday fue también compositora. Sus canciones –de las cuales es autora bien de la música y letra, bien de ambas– reflejan, al igual que su conmovedora voz de personalísimo estilo, su azarosa existencia, una existencia tan breve (murió a los 44 años) como intensa, tan desgraciada como exitosa. De Billie Holiday ya hemos hablado en otras entradas –sobre todo en la que le dedicamos el 7 de abril de 2015 con motivo del centenario de su nacimiento–, por lo que no nos extenderemos en su biografía. Hoy nos ocuparemos de escuchar sus canciones por ella misma, excepto una. Y es que Billie Holiday era música en estado puro, se dejaba llevar y arrastraba a todos a ese gran mundo de emociones que es la música.

La primera canción que grabó en solitario, en 1936, Billie’s Blues, es de su autoría, letra y melodía. Lo hizo con su propia formación, que integraban músicos de la talla de Bunny Berigan (trompeta), Artie Shaw (clarinete), Joe Bushkin (piano), Dick McDonough (guitarra), Arthur ‘Pete’ Peterson (contrabajo) y Cozy Cole (batería). “He sido tu esclava, chico, / desde que he sido tu chiquilla, / pero antes que ser tu perro / te veré en tu tumba”, dice una de sus estrofas.

Vamos ahora con varios temas de 1939, año especialmente fructífero en su faceta creadora. Everything Happens for the Best (música suya y letra de Scott Billington y Lindsay Ellison) lo grabó el 21 de marzo de dicho año también con su grupo, formado en esta ocasión por ‘Hot Lips’ Page (trompeta), Tab Smith, Kenneth Hollon y Stanley Payne (saxofón), Kenny Kersey (piano), Jimmy McLin (guitarra), John Williams (contrabajo) y Eddie Dougherty (batería).

Un mes después, el 20 de abril, grababa esa maravilla que es Fine and Mellow (algo así como buena y apacible, o melosa). Letra y música de este blues son suyas y nos habla del maltrato de una mujer por parte de su hombre, algo que, por desgracia, conoció sobradamente a lo largo de su convulsa vida. La versión que incluimos no es la de 1939, sino otra de 1957 que interpretó en el programa especial de la cadena de televisión estadounidense CBS The Sound of Jazz y que pasa por ser la mejor. Contó con un acompañamiento de auténtico lujo. Nada menos que Ben Webster (saxo tenor), Lester Young (saxo tenor), Coleman Hawkins (saxo tenor), Gerry Mulligan (saxo barítono), Vic Dickenson (trombón), Roy Eldridge (trompeta), Doc Cheatham (trompeta), Danny Barker (guitarra), Milt Hinton (contrabajo), Mal Waldron (piano) y Osie Johnson (batería).

El 5 de julio grababa Our Love Is Different: “Nuestro amor es diferente, / es como una poderosa sinfonía. / Puedo sentir que es armonía plateada. / ¡Oh!, tan tiernamente, día a día”. Letra y música fueron escritas conjuntamente por Billie Holiday, R. Conway, Basil G. Alba y Sonny White. Para la grabación de 1939, que es la que escuchamos, contó con otra espléndida formación: Charlie Shavers (trompeta), Tab Smith (saxo alto), Kenneth Hollon (saxo tenor), Stanley Payne (saxo tenor), Sonny White (piano), Bernard Addison (guitarra), John Williams (contrabajo) y Eddie Dougherty (batería).

Dios bendiga al niño que no se deja influenciar (o que es uno mismo), le dijo un día su madre durante una discusión. La frase se le quedó grabada a Billie y, con Arthur Herzog Jr., al alimón, compusieron en 1938 God Bless the Child. La canción, sin embargo, no la grabó hasta mayo de 1941. En el vídeo que sigue la interpreta en directo acompañada de Count Basie y su sexteto: Clark Terry (trompeta), Buddy DeFranco (clarinete), Wardell Gray (saxo tenor), Count Basie (piano), Freddie Green (guitarra), Jimmy Lewis (contrabajo) y Gus Johnson (batería). Se trata de una grabación que se conserva en el Chicago Blues Museum y forma parte de un cortometraje musical de Universal Studios de 1952 en el que intervenían Count Basie, Billie Holiday y Sugar Chile Robinson.

Don’t Explain (No se explica) –letra de Billie Holiday y música de Arthur Herzog Jr.– es otro fantástico tema del que se dice que Billie escribió la letra una noche en que su marido, Jimmy Monroe, llegó a casa con manchas de carmín en el cuello. “Silencio ahora, no es explicable. / Eres mi alegría y mi dolor. / Mi vida es nuestro amor. / No es explicable”. La grabó el 8 de noviembre de 1944 con Toots Camarata and His Orchestra: Russ Case (trompeta), Hymie Schertzer (saxo alto), Jack Cressey (saxo alto), Larry Binyon (saxo tenor), Dave Harris (saxo alto), Dave Bowman (piano), Carl Kress (guitarra), Haig Stephens (contrabajo), George Wettling (batería) y seis violines. Escuchémosla.

En 1949, el 30 de septiembre, registraba en vinilo Now or Never (Ahora o nunca), letra suya y música de Curtis Reginald Lewis. Esta vez estuvo acompañada por Sy Oliver and His Orchestra, con Bernie Privin (trompeta), Sid Cooper (saxo alto), Johnny Mince (saxo alto), Artie Drellinger (saxo tenor), Pat Nizza (saxo tenor), Billy Kyle (piano), Everett Barksdale (guitarra), Joe Benjamin (contrabajo) y Jimmy Crawford (batería). La versión que incluimos corresponde al cortometraje musical de Universal Studios antes mencionado.

Suyas son la letra y la música de Stormy Blues (Blues tormentoso): “Pierdo a mi hombre, / pierdo mi cabeza, / pierdo mi dinero. / Me siento casi muerta. / Te necesito, cariño. / Necesito que seas tan malo como puedes ser”. La grabó el 3 de septiembre de 1954 con su formación, integrada por Harry ‘Sweets’ Edison (trompeta), Willie Smith (saxo alto), Bobby Tucker (piano), Barney Kessel (guitarra), Red Callender (contrabajo) y Chico Hamilton (batería).

Lady Sings the Blues es, además de una sus mejores canciones, el título de su autobiografía, que dictó en 1956. Ahora bien, Billie tenía mucha imaginación y, al parecer, se dejó llevar por esta. Y, por si fuera poco, al periodista que recogió sus vivencias le interesaban antes que nada los tópicos  y la editorial, para evitarse querellas, eliminó algunos pasajes. Mas vayamos con la canción, que también dio título a su álbum de Clef/Verve Records de 1956 que recogía grabaciones efectuadas entre 1954 y 1956. Para su registro contó con Paul Quinichette (saxo tenor), Charlie Shavers (trompeta), Wynton Kelly (piano) y Kenny Burrell (guitarra). La versión que escuchamos es un fragmento del citado programa de televisión The Sound of Jazz.

Finalizamos con la única de sus canciones que nunca llegó a grabar: Left Alone (Déjame en paz). “¿Dónde está ese amor que hace que mi corazón se llene? / ¿Dónde está quien hará que nunca me separe de él? / Primero me lastimas, luego me abandonas. / Me quedo sola, muy sola”. La letra es suya y la música de Mal Waldron, quien empezó a trabajar como pianista con Billie a mediados de 1953. Él mismo la grabó en su álbum del mismo título de 1959. La escuchamos por la cantante y compositora estadounidense de jazz Abbey Lincoln (1930-2010), que la grabó en 1961.

Que tengan un buen día.

Amor en venta (Love for Sale)

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El amor. ¡Ay, el amor! ¿Algo maravilloso, como dice la conocida canción Love Is a Many-Splendored Thing? Sin duda, pero no para todos. ¿Sobeo gratis, que decía que era un personaje del genial dramaturgo Lauro Olmo en su obra teatral English Spoken? También. Mas a veces no es ni una cosa ni la otra. Ni siquiera gratis, pues el amor también se compra y se vende. Lo dice –lo canta, mejor dicho– la protagonista del musical de Cole Porter The New Yorkers, que abrió la temporada en Broadway en diciembre de 1930 y la cerró en mayo del siguiente año, cuando interpreta “Love for Sale”, tema escrito para el musical.

A esta hermosa canción de Porter que nos habla de una prostituta que vende su cuerpo, cuya letra escandalizó en su día, dedicamos la entrada de hoy. La primera versión que vemos corresponde a la película De-lovely (2004), dirigida por Irwin Winkler, un biopic sobre el magnífico compositor que se ajusta correctamente a lo que fue su vida. Así, por ejemplo, a diferencia de Night and Day (1946), otra película basada en la biografía de Porter que dirigió Michael Curtiz, no esconde su homosexualidad, como puede comprobarse en la secuencia que insertamos en la que Vivian Green interpreta el conocido tema.

Si Cole Porter sabía de comprar “amor”, Billie Holiday era su polo opuesto, pues con diez años se vio obligada a venderlo. Escuchamos su sentida versión en esta grabación de 1952 acompañada de Charlie Shavers (trompeta), Flip Phillips (saxo tenor), Oscar Peterson (piano), Barney Kessel (guitarra), Ray Brown (contrabajo) y J.C. Heard (batería).

Totalmente distinta, pero no menos conseguida, es la interpretación de “Love for Sale” que nos ofrece Anita O’Day durante un concierto que dio en Tokio en 1963. La acompaña la Japanese All-Star Orchestra, dirigida por Toshiyuki Miyama.

Excepcional es esta larga versión que sigue, de once minutos, a cargo de Dee Dee Bridgewater en un concierto que dio durante la Semana de Jazz de Burghausen (Alemania) en 1998.

Cyrille Aimée –cantante francesa que reside en Nueva York– es quien interpreta la versión que sigue, en directo desde el Smalls Jazz Club en junio de 2013, con Roy Hargrove (trompeta), Joel Frahm (saxo tenor), Spike Wilner (piano), Philip Kuehn (contrabajo) y Joey Saylor (batería).

Finalizamos con dos grandes del jazz, Miles Davis y Cannonball Adderley. Suya es esta versión instrumental que aparece en el álbum Miles and Somethin’ Else (1958). Quienes les acompañan son nada menos que Hank Jones (piano), Sam Jones (contrabajo) y Art Blakey (batería).

Que pasen un buen fin de semana.