Makin’ Whoopee! (o echando un quiqui, trepándose al guayabo, enterrando la batata…)

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Dijo Gabriel García Márquez que “el problema del matrimonio es que se acaba todas las noches después de hacer el amor y hay que volver a reconstruirlo todas las mañanas antes del desayuno”. Imposible –mera cuestión de cronología– que el personaje que protagoniza la canción de que se ocupa la entrada de hoy, Makin’ Whoopee!, pudiera conocer las palabras del escritor colombiano, pero lo cierto es que le vienen como anillo al dedo.

Makin’ Whoopee es un eufemismo que se usa para referirse a la intimidad sexual, a hacer el amor, como “echar un quiqui”, que empleamos los españoles, “treparse al guayabo” en México o “enterrar la batata”, que dicen los argentinos. La canción nos cuenta cómo lo que comienza con nervios y una buena dosis de lujuria pronto se convierte en monótona vida matrimonial y una eventual infidelidad. Tras la luna de miel, el matrimonio puede llegar a ser una trampa de la que no hay escapatoria.

No era mi intención publicar hoy esta entrada. En principio, traba de actualizar una primera que ya dediqué a este tema, pero me he encontrado con más datos y, sobre todo, otros vídeos. Así que la he rehecho y publicado. Aclaro esta cuestión con el único fin de evitar confusiones. Sigamos, pues, si les parece.

“Otra novia, otro junio, / otra alegre luna de miel, / otra estación, otra razón / para hacer el amor”. Pero “piensa en lo que un año puede dar de sí”. Al año, él lava los platos, la ropa de bebé e incluso cose. “Es lo que hay, amigos”, dice. Otro año más. Ella se siente abandonada, sospecha que él hace el amor con otra, él también duda de la fidelidad de su esposa. Llega divorcio, y la pensión que el magistrado fija que el hombre debe pasar a su ex. Este pregunta entonces al juez qué pasará si no cumple con el pago. Pues que irá a la cárcel, responde el magistrado, al tiempo que le aconseja que se quede con su esposa: es la forma más barata de ‘Makin’ Whoopee’, es decir, de echar un quiqui, treparse al guayabo o enterrar la batata. Es lo que viene a decir la letra de esta canción que compusieron Walter Donaldson (música) y Gus Khan (letra) para el musical de 1928 Whoopee! Eddie Cantor interpretó el tema en la obra. Producido por Florenz Ziegfeld, Whoopee! se mantuvo en cartel durante 379 representaciones, y estaba en pleno éxito cuando fue retirado al quebrar Ziegfeld.

Este vendió entonces los derechos a Samuel Goldwyn, quien –con Ziegfeld– produjo la película que, dirigida por Thornton Freeland, se estrenó en 1930. Fue este el primer filme sonoro de Eddie Cantor y el que lo consagró como una gran estrella. Veamos a Cantor en la secuencia del mismo en que interpreta Makin’ Whoopee!

La canción se convirtió en un tremendo éxito desde el mismo momento del estreno del musical. Ya en 1929 la había grabado la Orquesta de Paul Whiteman, con Bing Crosby, pero con la película su popularidad aumentaría aún más. No es esta la única en que la canción aparece. Lo hace también, entre otras, en la película de 1944 Show Business, de nuevo con Eddie Cantor; en I’ll See You in My Dreams (1951), donde la interpretan Danny Thomas y Doris Day; en Los fabulosos Baker Boys (1989), con una sensual versión a cargo de Michelle Pfeiffer; o Todos dicen I Love You (1996), de Woody Allen. Vamos con las dos últimas versiones mencionadas: la de Michelle Pfeiffer y la del filme de Allen, con Timothy Jerome, Daisy Prince, Linda Kuriloff, Arlene Martel, Helen Miles, The Helen Miles Singers y Dick Hyman y el New York Studio Players.

Asimismo, ha sido grabada por un gran número de cantantes, músicos instrumentistas y orquestas de jazz. Además de la ya mencionada versión de la Orquesta de Paul Whiteman con Bing Crosby, la han grabado, entre otros, Nat King Cole, Frank Sinatra, Dinah Washington, Ella Fitzgerald, Peggy Lee, Julie London, Ben Webster, Oscar Peterson, Sthéphane Grapelli, Dr. John y Rickie Lee Jones, Stacey Kent, Diana Krall y Norah Jones.

Julie London –con su sensual voz “teñida de humo, que exhalaba muy cerca del micrófono convirtiéndola en intimidad acariciadora” (José María Guelbenzu, Los poderosos lo quieren todo, 2016)– la grabó en 1959 en su álbum Your Number Please. Esta es su deleitosa versión.

De un late show de mediados de la década de 1960 es esta versión de Peggy Lee y Toots Thielemans. Genial. Lástima la escasa calidad del vídeo.

Lo mismo cabe decir del vídeo que sigue, de 1979, pero no puedo resistirme a incluirlo dada la pareja que lo protagoniza. Nada menos que Shirley Bassey y Henri Salvador, aunque para ello tendrán que esperar hasta el minuto 4:44, lo cual, tratándose de una cantante como ella, y acompañada por Henri Salvador, no será un sacrificio, ni mucho menos.

En 1981 la Donaldson Publishing Company, junto con la Gus Kahn Publishing Company, demandaron a Yoko Ono por considerar que la canción Yes, I’m Your Angel –que escribió para John Lennon poco antes de que este cumpliera los 40 años; poco después de cumplirlos sería asesinado– era un plagio de Makin’ Whoopee!. Recordemos que Donaldson fue el autor de la música y Kahn de la letra. Se llegó a un acuerdo extrajudicial y Ono pagó una cantidad de dinero que no se hizo pública pero que sin duda fue elevada, pues se le reconoció la autoría. Escuchemos el tema de Yoko Ono y juzguen ustedes mismos.

De 1992 es esta versión –también en un show televisivo nocturno– a cargo del pianista, cantante y compositor estadounidense Dr. John y la siempre inconformista Rickie Lee Jones.

Diana Krall la interpreta ahora en la segunda temporada (2009) del programa de televisión grabado en el Apollo Theater de Nueva York, Spectacle. Elvis Costello With… En este caso, obviamente, con Diana Krall (y la participación de Elton John).

Finalizamos con una versión instrumental a cargo de Ben Webster. A juicio de un servidor, uno de los mejores saxofonistas de la historia del jazz. Webster sabía extraer de su instrumento un sonido aterciopelado y envolvente único. Esta es la grabación que de Makin’ Whoopee! registró en su álbum de 1957 Soulville acompañado por el trío de Oscar Peterson.

Que pasen un feliz domingo, ya sea “makinwhopeando” o como más a gusto se encuentren.

Anything Goes (Todo vale)

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“Los tiempos han cambiado

y el reloj vuelve atrás con demasiada frecuencia,

desde que los puritanos se asustaron (…)

Buenos autores que en otros tiempos conocieron mejores palabras

ahora solo usan palabras de cuatro letras.

Escribiendo en prosa, todo vale. (…)

El mundo se ha vuelto loco

lo bueno es malo

lo blanco, negro

el día, noche.

Lo que no ocurre

es que anden mendigando un céntimo

los que poseían varias mansiones”.

Estos versos –que bien podrían reflejar la realidad actual (un mundo alienado rumbo a la deriva)– fueron escritos en 1934 y pertenecen a la letra de Anything Goes (Todo vale), canción que da título al musical homónimo de Cole Porter que se estrenó en Broadway dicho año con gran éxito, siendo representado con cierta regularidad desde entonces –con ciertas modificaciones que hizo el autor en las sucesivas reposiciones– y llevado al cine en un par de ocasiones.

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Manifestación de desempleados (Minneapolis, Estados Unidos, 1934).

No es, sin embargo, de este transgresor y provocativo musical del que vamos a ocuparnos en la entrada de hoy, aun cuando cuenta con temas tan fantásticos –de Porter, con esto está dicho todo– como “It’s De-Lovely”, “(You’d Be So) Easy to Love” o “You’re the Top”, además del excelente “Anything Goes”. Solo de esta última canción, cuya letra no puede ser más apropiada para los tiempos actuales. Y es que, en 1934, en plena Gran Depresión, se vivían tiempos tan dramáticos como ahora tras la crisis provocada por el hundimiento de Wall Street en 1929.

Despidos masivos, aumento considerable del paro y de la pobreza, desahucios, hambre… Los tiempos habían cambiado. También para el teatro: el público, pobre como las ratas, buscaba en él más que nunca la evasión. Pero Porter supo combinar esta con la mordacidad que le caracterizaba y escribir un musical que, aunque hoy pueda parecernos un tanto ingenuo, ahondaba en los problemas que realmente preocupaban a las gentes de entonces.

Vamos, pues, con la canción. Muchos la descubrieron por primera vez en la interpretación que de la misma hizo Kate Capshaw en la secuencia –espléndida la coreografía– con que se inicia la película Indiana Jones y el templo maldito (1984).

Continuamos con nuestra versión preferida: la de la actriz y cantante Sutton Foster, quien interpretó el papel de Reno Sweeney (la protagonista) en la reposición en Broadway del delicioso musical en 2011. La vemos en un momento de la ceremonia de entrega de los premios Tony de 2011, en la que compañía y actriz se llevaron sendos galardones.

Es ahora la excelente actriz, cantante y bailarina estadounidense Mitzi Gaynor quien nos deleita con el tema en una secuencia de la película del mismo título que, dirigida por Robert Lewis, se estrenó en 1956 y en la que compartió cartel con Bing Crosby, Donald O’Connor y Zizi Jeanmaire.

Regresemos al momento de su estreno para escuchar dos versiones de Anything Goes de ese año (1934). La primera a cargo del propio Cole Porter. El vídeo no es gran cosa –una imagen fija de Cole Porter–, pero como testimonio histórico no tiene precio. La segunda, por la Dorsey Brothers Orchestra, se registró prácticamente al mismo tiempo y es una de las primeras grabaciones de la canción que salió a la venta.

Seguimos con una versión a cargo de Frank Sinatra, de 1956, en un vídeo con extractos de películas anteriores a la aplicación del Código Hayes (reglamento de producción cinematográfico que determinaba una serie de normas restrictivas a cerca de qué se podía ver en pantalla y qué no de las películas estadounidenses y que estuvo en vigor desde 1934 a 1967).

Y finalizamos con el gran Tony Bennett y Lady Gaga en esta grabación de estudio de Anything Goes incluida en su álbum de 2014 Cheek to Cheek.

Que pasen un buen fin de semana.

Paul Robeson: coherencia, integridad y compromiso

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El 23 de enero de 1976 fallecía en Filadelfia Paul Robeson. Según su hijo, su muerte la causó una enfermedad provocada por un potente alucinógeno sintético llamado BZ que le suministraron, sin que se diera cuenta, disidentes anticomunistas a sueldo de la CIA en 1961 durante una fiesta en Moscú, donde había acudido a dar conciertos y conferencias. A partir de entonces, comenzó a sufrir una fuerte depresión, alucinaciones e incluso trató de suicidarse. Hasta que murió.

En estos días en que “el extremismo de derecha, incluyendo a los nacionalistas y los supremacistas blancos, está en auge y muchos nacionalistas blancos se sienten envalentonados gracias a la elección de Trump” (The New York Times, 14 de agosto de 2017) y provocan graves enfrentamientos, como de Charlottesville, no viene de más recordar a Paul Robeson, quien sabía muy bien que la última causa del racismo –como de todas las demás discriminaciones– no es otra que la desigualdad.

Hijo de un esclavo que había conseguido fugarse de su amo, consiguió graduarse en derecho. Encontró trabajo en un bufete de Nueva York, que abandonó al poco al negarse una de las secretarias (blanca) a escribir al dictado de un negro.

Con una espléndida voz de bajo-barítono y grandes dotes actorales, en la década de 1930 era ya una de las grandes estrellas norteamericanas. Su popularidad se extendió a Europa, convirtiéndolo en la gran personalidad negra del momento. Rodó once películas, estrenó varias obras en Broadway y el londinense West End y grabó numerosos discos.

En estos años de éxito, a través de sus viajes, tomó conciencia de las terribles desigualdades e injusticias que la sociedad infligía a los más débiles, en su país especialmente a los afroamericanos, y del peligro del ascenso del fascismo. El Robeson actor y cantante y el Robeson activista eran uno solo. Fue un firme defensor de los derechos civiles y un activo luchador contra el racismo y la segregación, apoyó activamente la República española durante la guerra civil y nunca ocultó sus simpatías por el comunismo.

Cuando en su país comenzó la caza de brujas encabezada por el senador McCarthy, comenzó a ser investigado por la CIA y el FBI. Sus conciertos fueron cancelados y los atentados del Ku Klux Klan contra salas donde los realizaba fueron práctica habitual (y consentida). En 1956 fue llamado para declarar ante el Comité de Actividades Antiestadounidenses. Le retiraron el pasaporte y su carnet profesional y nunca más volvió a un escenario.

Amigo del director soviético de cine Sergéi Eisenstein, del dirigente keniano Jomo Kenyatta, de Albert Einstein, y de otros reconocidos luchadores por los derechos humanos, como Nehru o Emma Goldman, fue aclamado por escritores como Pablo Neruda, James Joyce o Ernest Hemingway.

Extracto de mi artículo del mismo título que esta entrada. Para leer el artículo completo (biografía, vídeos e imágenes) clique AQUÍ.

En el lejano Oeste. Cine musical

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Fotograma (en blanco y negro) de la película “Siete novias para siete hermanos”.

No son los westerns –o las películas de vaqueros, como decíamos de niños– un género en el que abunden las películas musicales, pero haberlas haylas, y no pocas. Especialmente en los años en que el cine musical gozó de su máximo esplendor –las décadas de 1950 y 1960– se rodaron un buen número. A ellas –a unas cuantas que hemos seleccionado en función de su importancia y, cómo no, de la disponibilidad de vídeos que puedan ser insertados– dedicamos esta entrada, que abarca un periodo que abarca de mediados de la década de 1930 a finales de la de 1960.

De mediados de la década de 1930, de 1936, es la adaptación cinematográfica de una famosa opereta, Rose-Marie (música de Rudolf Friml y Herbert Stothart, libreto y letras de Otto Harbach y Oscar Hammerstein II), estrenada en Nueva York en 1924, que se convirtió en el musical más duradero de Broadway de los años 1920 hasta que fue sobrepasada por El príncipe estudiante. El proyecto se encargó al director W.S. Van Dyke y contó con un reparto en el que figuraban Jeanette MacDonald, Nelson Eddy, Reginald Owen, Allan Jones y James Stewart (en la que era su segunda aparición en la gran pantalla). Cuenta la historia de una famosa cantante de ópera, cuyo hermano está acusado de participar en un atraco, que hará todo lo posible por que el primer ministro –está ambientada en los bosques canadienses– le retire los cargos. Aunque el argumento fue cambiado y se suprimieron la mayoría de las canciones de la versión teatral, fue un gran éxito, sobre todo para la pareja protagonista. El dúo de Jeanette MacDonald y Nelson Eddy en Indian Love Call –una de las canciones que se respetaron del musical de Broadway, original de Rudolf Friml (música) y Oscar Hammerstein II (letra)– es recordado como una de las mejores interpretaciones de ambos a lo largo de sus respectivas carreras.

Can’t Help Singing (1944) –Feliz y enamorada se tituló la versión doblada al español– es otro filme ambientado en el lejano Oeste que se centra en las peripecias de la hija de un senador estadounidense que sigue a su novio en la época de la fiebre del oro de California. Dirigida por Frank Ryan, encabezaron el reparto Deanna Durbin, Robert Paige y Akim Tamiroff. De la misma incluimos la secuencia en que Deanna Durbin interpreta la canción que da título al filme (música de Jerome Kern y letra de E.Y. Harburg).

Dos años después, en 1946, la canción On the Atchison, Topeka and the Santa Fe, de The Harvey Girls (en la versión doblada al español Las chicas de Harvey) –una composición de Harry Warren (música) y Johnny Mercer (letra)– ganó el Oscar a la Mejor canción. Una joven, Susan Bradley (Judy Garland) llega a Nuevo México para casarse con un hombre al que solo conoce por correspondencia. Pero este resulta ser un borracho, por lo que Susan decidirá emprender una nueva vida como camarera en el local de Harvey. Este western musical, flojo aunque divertido, fue dirigido por George Sidney, siendo sus protagonistas, además de Judy Garland, Ray Bolger, John Hodiak y Angela Lansbury. Es Judy Garland quien interpreta la oscarizada canción.

Otros dos años más tarde, en 1948, Buttons and Bows, una canción del filme de dicho año dirigido por Norman Z. McLeod The Paleface (Rostro pálido), se alzaba otra vez con el mismo galardón en la ceremonia. Sus autores fueron Jay Livingston (música) y Ray Evans (letra). Vemos una secuencia la película en la que la interpretan Roy Rogers, Bob Hope and Jane Russell.

De 1953 es Calamity Jane (Doris Day en el Oeste en la versión doblada al español), uno de los más atractivos trabajos de Doris Day, en el que da vida a una mujer de armas tomar: Juana Calamidad. Aparte de esto, la película tiene poco atractivo más allá de los números musicales. Dirigida por David Butler, acompañaban a Doris Day en el reparto Howard Keel, Allyn Ann McLerie y Philip Carey. Just Blew in from the Windy City, que interpreta obviamente Doris Day, es una de las secuencias musicales más conocidas.

Seguimos con la que, sin duda, es una de las grandes películas musicales de la historia: Siete novias para siete hermanos (1954, Seven Brides for Seven Brothers). Nos cuenta las peripecias de los hermanos Pontipee, siete rudos leñadores, solteros, que viven juntos y solos en la montaña. Un buen día, Adam, el hermano mayor, encuentra novia en el pueblo y se la lleva a vivir a la cabaña. Los demás hermanos deciden, entonces, hacer lo mismo y van a la ciudad en busca de novia, no dudando en secuestrar a siete chicas a las que se llevan a vivir con ellos. El argumento rezuma machismo, pero se atenúa al poco tiempo con la determinación de Milly, la esposa del mayor de los hermanos Pontipee: “Trabajaré a tu lado, Adam, pero no pienso dormir a tu lado”. Dirigida por Stanley Donen, con música de Saul Chaplin y Gene de Paul y letras de Johnny Mercer, figuraron en los papeles principales Howard Keel y Jane Powell, además de Jeff Richards, Tommy Rall, Russ Tamblyn, Marc Platt, Matt Mattox, Jacques d’Amboise, Julie Newmar y Virginia Gibson. De Siete novias para siete hermanos vemos el famoso número House-Raising Dance (música de Gene de Paul).

Molly Brown, siempre a flote (The Unsinkable Molly Brown) fue dirigida en 1964 por Charles Walters y fueron sus principales protagonistas Debbie Reynolds, Harve Presnell y Ed Begley. El argumento es bastante simple: Molly Brown es recogida en un cesto del río y quiere convertirse en una gran dama del Oeste al tiempo que busca un novio rico. Claro que el argumento no es más que el pretexto para que Debbie Reynolds se luzca con unas cuantas canciones, como la que sigue: Belly up to Bar, Boys. Lástima que la calidad del vídeo no sea lo suficientemente buena.

Finalizamos con una de esas películas que nunca se olvidan: La leyenda de la ciudad sin nombre (Paint Your Wagon), la historia de un pueblo construido por mineros, sedientos de chicas, alcohol y oro. Este filme estadounidense de 1969 fue dirigido por Joshua Logan con un reparto encabezado por Lee Marvin, Clint Eastwood y Jean Seberg. El guion está adaptado por Paddy Chayefsky a partir del musical de 1951 Paint your wagon, de los autores Alan Jay Lerner y Frederick Loewe. La leyenda de la ciudad sin nombre es, además de un maravilloso musical, un canto a la amistad, a la vida y a la libertad. “Hay dos tipos de personas. Los que son de algún sitio y los que son de ninguna parte. Yo soy un ex-ciudadano de ninguna parte y siento añoranza de mi hogar”, afirma Ben Rumson (Lee Marvin), un minero un tanto ácrata y desmadrado, bebedor y buena persona, y, sobre todo, libre, que forma una peculiar sociedad con Clint Eastwood (que se marca algunas canciones románticas) y con el que comparte a su chica, la guapísima Jean Seberg.

De La leyenda de la ciudad sin nombre, naturalmente, incluimos la bella y conocidísima canción (música de Frederick Loewe y letra de Alan Jay Lerner) Wand’rin’ Star, que interpreta Lee Marvin.

Que pasen un buen día. Gracias por su visita.

Susúrrame cuando hables de amor (Speak Low)

Speak low

Ava Gardner y Dick Haymes en “One Touch of Venus”.

La obra de Kurt Weill (1900-1950), uno de los grandes compositores contemporáneos, es un claro ejemplo de síntesis entre lo que suele denominarse ‘música culta’ y ‘música popular’. O mejor dicho: una muestra evidente de que la música es música, y punto, de que toda distinción en este sentido es artificial. Otra cosa son los dictados y convencionalismos académicos.

El nombre de Kurt Weill es casi indisociable del de Bertolt Brecht mientras ambos vivieron en Berlín. De su colaboración salieron obras tan sobresalientes como La ópera de cuatro cuartos (1928), Happy end (1929), Ascenso y caída de la ciudad de Mahagonny (1930) o –ya en exiliados en París– Los siete pecados capitales (1933).

Weill era judío y por ello –y por ser autor junto al marxista Brecht de obras tan críticas y corrosivas como las mencionadas– se vio obligado a huir de Alemania para escapar de los nazis en marzo de 1933. Recaló primero en París y en 1935 se estableció en Estados Unidos –más tarde se nacionalizaría estadounidense–, donde se reencontró con su ex esposa, Lotte Lenya, y se volvieron a casar. En el país norteamericano prosiguió su carrera y trabajó en Broadway y en Hollywood en la música de algunas películas, entre ellas One Touch of Venus (Venus era mujer) –adaptación para la gran pantalla del musical homónimo estrenado en Broadway en 1943, al que pertenece esta magnífica canción de que nos ocupamos hoy: Speak low–, una comedia musical estrenada en 1948 que dirigió William A. Seite y protagonizaron Robert Walker y Ava Gardner.

“Habla despacio (Speak low), susúrrame, cuando me hables de amor hazlo en voz muy baja. Nuestros días de verano se marchitan demasiado pronto. El tiempo es tan longevo y el amor tan breve… Háblame despacio, háblame de amor”, dice la letra de este tema que escribió Ogden Nash y que se ha convertido en uno de los grandes estándares del jazz que han grabado numerosos músicos y cantantes, desde John Coltrane, Bill Evans o Joe Pass a Billie Holiday, Ella Fitzgerald o Dee Dee Bridgewater.

Nuestros dos primeros vídeos recogen la versión que hicieron en 1943 Mary Martin y Kenny Baker –los protagonistas del estreno en Broadway de One Touch of Venus y, por tanto, los primeros en interpretar la canción– y la secuencia de la versión cinematográfica en que Ava Gardner (doblada por Eileen Wilson) y Dick Haymes interpretan Speak low.

Lotte Lenya, esposa de Kurt Weill, la grabó en 1957. Esta es su versión:

La brasileña Marisa Monte posee una voz inmensa, inabarcable, con la que cuando canta canciones de amor –una temática recurrente en su repertorio– parece que le susurra a uno al oído. Vemos a continuación la interpretación que hace de Speak low, tema incluido en su disco de 2006 Marisa Monte.

Dee Dee Bridgewater es una de las más grandes vocalistas del panorama jazzístico actual, versátil e innovadora como pocas. Su repertorio está formado, básicamente, por conocidos estándares del jazz, aunque arriesga constantemente en la improvisación interpretativa, sobre todo en directo. Así, nos regaló esta excelente versión grabada en directo que se incluye en el documental North Sea Jazz Cruise (2007), de Patrick Savey.

Decíamos al principio que el trabajo de Weill rompe con la convencional y engañosa contraposición entre ‘música culta’ y ‘música popular’. Lo mismo podríamos afirmar de L’Orchestre d’Hommes-Orchestres, grupo fundado en Quebec en 2001 que en sus espectáculos combina música, actuación, teatro de calle, intervenciones urbanas, y busca nuevas estructuras sonoras utilizando instrumentos de música insólitos, inventados o que forman parte de la vida cotidiana. Escuchemos y veamos la sorprendente versión que de Speak low nos ofrecen en su espectáculo Cabaret Brise-Jour (around the music of Kurt Weill). El vídeo se grabó durante el festival Jazzaldia (Donostia-San Sebastián) de 2010.

Finalizamos con un par de versiones más. La primera más convencional, al tiempo que exquisita, a cargo de Tony Bennett y Norah Jones, incluida en su álbum Duets II (2011). La segunda es la que figura en la película Phoenix (2014), que dirigió Christian Petzold con Nina Hoss en el papel de Nelly Lenz, una alemana judía superviviente de Auschwitz. Ella es quien interpreta la canción en esta emotiva secuencia.

Buen fin de semana.

Peggy Ryan

Donald O'Connor and Peggy Ryan - copia

Morena, llena de vida, de personalidad rebosante de optimismo, pero sobre todo excelente bailarina y actriz, Peggy Ryan falleció en octubre de 2004, a los 80 años, sin haber recibido el reconocimiento que merecía. Fue pareja de baile de Donald O’Connor en una serie de películas de las denominadas “B” de la Universal en la década de 1940, es decir, a películas de bajo presupuesto que se rodaban generalmente para llenar las funciones dobles con que la industria cinematográfica pretendía recuperar espectadores tras su drástica disminución como consecuencia del crac de 1929. Ambos fueron calificados como el Mickey y la Judy de las películas de serie B al ser la apuesta de la mencionada productora a la exitosa pareja que formaban Mickey Rooney y Judy Garland, que tenían contrato con la MGM. Sin embargo, el estilo de baile de Peggy Ryan era más excéntrico que el de Garland, de movimientos más desgarbados y veloces zapateados. Eso sí, transmitía una gran energía y un contagioso entusiasmo.

Hija de artistas de vodevil –sus padres eran la pareja The Merry Dancing Ryans–, nació en 1924 en Long Beach (California, Estados Unidos). “Mi madre y mi padre eran una pareja de baile de de salón y cuando nací yo interrumpí su carrera. Entonces mi madre puso todas sus esperanzas y sueños que su hija sería lo ella que quería ser”, declaró cuando ya era conocida. Y, así, a la edad de tres años comenzó a actuar con ellos y a los cinco debutó en el cine en la película The Wedding of Jack and Jill (1930). Ella era Jill, la protagonista, figurando en el reparto otra jovencita prodigio: Judy Garland.

George Murphy –bailarín, actor y, más tarde, político estadounidense– se fijó en Peggy y le consiguió un papel en Top of the Town (1937), un musical en blanco y negro de estética muy art déco que protagonizaban Murphy y Doris Nolan en el que una rica heredera abre un club nocturno en lo alto de un rascacielos de Manhattan. Veamos a Peggy, con doce años, bailando claqué en esta secuencia del filme al ritmo de My Dacing Lady, de Jimmy McHugh.

Sus dotes como actriz no pasaron desapercibidas y trabajó en varias películas no musicales, entre ellas la fantástica Las uvas de la ira (1940, The Grapes of Wrath), de John Ford. Peggy, que se consideraba ante todo bailarina, entendió que estos pequeños papeles no le permitían demostrar su habilidad en este campo y no dudó a la hora de aceptar un papel en la revista de Broadway Meet the People (1940).

Tanto el espectáculo como Ryan triunfaron y, a raíz de ello, le surgió un contrato con la Universal para formar parte de un grupo de doce jóvenes que se llamó The Jivin’ Jacks and Jills. Entre ellos figuraba también Donald O’Connor, un año menor que ella, con quien formaría la pareja antes mencionada y con quien trabajaría por primera vez, junto con el resto de The Jivin’ Jacks and Jills, en What’s Cookin’? (1942), una película de Edward F. Cline que protagonizaban The Andrews Sisters. Vamos con The Jivin’ Jacks and Jills en un fragmento del filme bailando al son de la orquesta de Woody Herman el tema de Joe Bishop Woodchopper’s Ball.

Peggy y Donald –con The Jivin’ Jacks and Jills– intervinieron en varios filmes, entre ellos Private Buckaroo, de Edward F. Cline; Give Out Sisters, también de Cline; Get Hep to Love y When Johnny Comes Marching Home, estas dos últimas de Charles Lamont. Los cuatro fueron rodados y estrenados en 1942. A Private Buckaroo –un musical de la Universal para publicitar el alistamiento en el ejército estadounidense en plena Segunda Guerra Mundial cuyo reparto encabezaron The Andrews Sisters y Joe E. Lewis– pertenece esta secuencia de baile en la que Harry James and His Music Makers interpretan el tema James Session.

En Get Hep to Love Ryan interpretó uno de sus mejores números en solitario cantando y bailando “Let’s Hitch a Horsie to an Automobile” –de Al Hoffman, Mann Curtis and Jerry Livingston– pero fue bailando y haciendo payasadas con O’Connor que consiguió el aplauso popular. Vamos con “Let’s Hitch a Horsie to an Automobile”.

Cuando al año siguiente, 1943, se estrenó Mister Big, de Charles Lamont, Ryan y O’Connor eran ya pareja estelar del reparto, en el que figuraba también Gloria Jean. El mismo 1943 estrenaban otro filme del mismo director como pareja: Top Man. Lamentablemente pocos vídeos hemos encontrado de ambas películas. Nos tendremos que conformar con este fragmento de Top Man, cuya calidad deja mucho que desear, en el que aparece Peggy brevemente bailando con la orquesta de Count Basie el tema del propio Basie y Milton Ebbins Basie Boogie.

Ambos continuaron unidos en el reparto de las películas de 1944 Chip Off the Old Block (De tal palo tal astilla), de Lamont una vez más; Follow the Boys (Sueños de gloria), de A. Edward Sutherland y John Rawlins; This Is the Life, de Felix E. Feist, y The Merry Monahans (Noche triunfal), de Lamont. Tampoco en este caso abundan los vídeos en los que aparece Peggy Ryan, por lo que únicamente podemos incluir un par de secuencias. La primera de Follow the Boys –película en que las estrellas de la Universal se sucedían en una serie de números musicales y sketchs cómicos destinada especialmente a elevar la moral de las tropas estadounidenses en guerra y el ánimo de la población civil– con ella y O’Connor, y la orquesta de Charlie Spivak, interpretando “Kittens With Their Mittens Laced”, un tema de Inez James y Sidney Miller. La segunda, en otro vídeo de baja calidad, es de This Is the Life y el tema que interpretan –de Buddy Pepper, Inez James y Sidney Miller– se titula “Yippee-I-Voot”.

Ya sin O’Connor participó en varias películas más, entre ellas Here Come the Co-eds (1945, Dos cabezudos), con Abbott y Costello, de Jean Yarbrough; That’s the Spirit (1945,   ¡Ahí va el espíritu!), de Lamont, y Men in Her Diary (1945), de Charles Barton. A la primera corresponden los dos vídeos que siguen, interpretando en el primero “Jumping On A Saturday Night” y en el segundo, con Lou Costello, “Let’s Play House”, ambos temas de Jack Brooks y Edgar Fairchild.

Dejó Universal Studios y fue emparejada con el bailarín Ray McDonald en las películas There’s a Girl in My Heart y Shamrock Hill, ambas dirigidas por Arthur Dreifuss y estrenadas en 1949, y en All Ashore (Marino al agua), de 1953, que dirigió Richard Quine. De esta última es el fragmento de la secuencia en la que con su nueva pareja baila el tema Fred Karger y Robert Wells “Boy Meets Girl”.

Tras All Ashore se retiró del cine y se dedicó a la coreografía, si bien –entre 1969 y 1976– interpretó el papel de la secretaria Jenny Sherman en la serie de televisión Hawái Cinco-0. En sus últimos años enseñó claqué a coristas de Las Vegas. Su última actuación pública, el día de su 80 cumpleaños, fue un hilarante número de baile y canción, dedicado a sus antiguas colegas de la Universal. Continuó enseñando claqué hasta dos días antes de su fallecimiento a causa de un accidente cerebrovascular el 30 de octubre de 2004.

Y, aunque solamente dura 16 segundos, nos despedimos con este vídeo de la que, comentábamos, fue su última actuación pública.

Que pasen un buen fin de semana.

Richard Rodgers (y Oscar Hammerstein II)

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Richard Rodgers y Oscar Hammerstein en Londres durante la promoción del musical “Flower Drum Song” (9 de marzo de 1960). / Keystone-Getty Images.

El fallecimiento del letrista Lorenz Hart en 1943 ponía fin a una de las parejas más exitosas y creativas del mundo de los musicales, la que formaba con el compositor Richard Rodgers, conocida y etiquetada como Rodgers y Hart, a la que dedicamos una entrada el pasado 4 de diciembre. Parecía difícil que se formara otra con tanto talento, pero ese mismo año Rodgers inició su colaboración con otro gran letrista, Oscar Hammerstein II (1895-1960). Nacía así la pareja Rodgers y Hammerstein, otro tándem que funcionó a las mil maravillas. No en balde fueron recompensados con treinta y cinco premios Tony, quince Oscars, dos Grammys, dos Pulitzers y dos Emmys.

Hammerstein no era ningún desconocido cuando comenzó a trabajar con Hart. Había colaborado, entre otros, con Rudolf Friml en el libreto de la famosa opereta Rose-Marie (1924) –que se mantuvo en cartel hasta 1927–, con George Gershwin en la opereta Song of the Flame (1925), con Sigmund Romberg en la opereta The Desert Song (1926), y con Jerome Kern: suyo es el libreto de Show Boat (1927), la primera obra en integrar texto con canciones logrando conformar una suerte de opereta estadounidense que sentó las bases del musical moderno de Broadway.

Durante los diecisiete años que colaboraron juntos crearon nueve musicales para Broadway –la mayoría de los cuales fueron adaptados a la gran pantalla–, la música de una película y un musical para televisión. El primero de ellos, Oklahoma!, se estrenó en 1943, cuando Hart se encontraba sumido en una profunda depresión por la muerte de su madre y sus problemas con el alcohol, que le impedían seguir escribiendo. Oklahoma!, una historia de amor entre un vaquero y una granjera que se ve alterada por la llegada de un forastero, introducía una serie de nuevos elementos narrativos y técnicas que integraban todas las canciones en la línea argumental. Su puesta en escena fue espectacular y se mantuvo en cartel durante 2.248 representaciones, siendo galardonado al año siguiente con un Premio Especial Pulitzer. En 1955 fue llevado al cine. La homónima película, que dirigió Fred Zinnemann, ganó dos Oscar: Mejor sonido y Mejor música. De esta es la secuencia que sigue, en la que Gordon MacRae, Charlotte Greenwood, James Whitmore, Shirley Jones, Jay C. Flippen y coros interpretan la canción que da título al musical y a su adaptación cinematográfica.

Su segundo musical para Broadway, Carousel, se estrenó en abril de 1945 y fue un éxito inmediato tanto para los críticos como para el público, manteniéndose en cartel durante dos años (890 representaciones). Aunque nunca ha alcanzado la repercusión de Oklahoma!, la obra se ha repuesto repetidamente y ha sido grabada varias veces. En 1956 llegó la adaptación cinematográfica (Carrusel se tituló la película en la versión doblada al español), que dirigió Henry King, con Gordon MacRae y Shirley Jones encabezando el reparto. Entre las canciones del musical se encuentra “You’ll Never Walk Alone” (Nunca caminarás solo), que en el filme interpretan Shirley Jones (Julie Jordan) y Claramae Turner (Nettie Fowler, su prima en la película) en una emotiva escena tras la muerte del marido de la primera, Billy Bigelow, papel que encarna MacRae. “You’ll Never Walk Alone” consiguió gran popularidad y empezó a ser cantada por los aficionados del Liverpool FC para animar a su equipo antes de empezar el partido, llegando a convertirse el himno oficial del club, en cuyo escudo figura la frase “You’ll Never Walk Alone”. Curiosamente, otra canción de Rodgers –esta con letra de Hart–, “Blue Moon”, lo es de otro equipo británico, el Manchester City.

También en 1945 se estrenaba State Fair, película musical de 1945 dirigida por Walter Lang, de la que se hizo un remake en 1962 que dirigió José Ferrer. Fue esta la única composición que Rodgers y Hammerstein escribieron directamente para el cine, si bien en 1996 se presentó en Broadway una versión teatral de la misma. De la película de 1962 incluimos esta maravillosa canción que es “It Might as Well Be Spring” –ganadora del Oscar a la Mejor canción original– con Pamela Tiffin doblada por Anita Gordon.

Su tercera colaboración para Broadway tuvo lugar en 1947. Se trata de Allegro, musical que no fue un gran éxito, pero que, así y todo, se mantuvo durante nueve meses. Rara vez se ha repuesto. Una de ellas fue en 2014 a cargo de Classic Stage Company, del circuito off-Broadway. A esta producción de Allegro corresponde este vídeo, que mezcla las versiones de 2014 y 1947, en el que suena “You Are Never Away”.

Triunfal acogida tuvo South Pacific, musical estrenado en Broadway en 1949 que fue nominado a diez premios Tony y ganó en todas las categorías, incluyendo las de Mejor musical, Mejor actor principal en un musical, Mejor actriz principal en un musical, Mejor actor de reparto en un musical, Mejor actriz de reparto en un musical, Mejor director de un musical, Mejor música original y Mejor guion de un musical. Todo un récord no igualado hasta la fecha. Se representó durante 1.925 funciones, el álbum con los números musicales vendió más de un millón de copias y en 1950 le fue otorgado el Premio Pulitzer de teatro. En 1958 Joshua Logan dirigió la adaptación cinematográfica con la película del mismo título (Al sur del Pacífico en la versión doblada al español), que protagonizaron Rossano Brazzi y John Kerr y dio prestigio internacional a Mitzi Gaynor por su papel como Ensign Nellie Forbush. Veamos a Mitzi en la secuencia en la que interpreta “I’m Gonna Wash That Man Right Out Of My Hair” (con la pista de audio completa).

Basado en la novela de 1944 Anna y el rey, de Siam de Margaret Landon, que a su vez se inspira en las memorias de Anna Leonowens, la institutriz de los hijos del rey Mongkut de Siam a principios de 1860, Oscar Hammerstein escribió el libreto y las letras de las canciones de uno de los musicales más famosos y representados, The King and I (El rey y yo). La música, obviamente, es obra de Rodgers. Se estrenó el 29 de marzo de 1951 en el teatro St. James de Broadway y se mantuvo durante tres años. Gertrude Lawrence, en el que fue su último papel, representó a Anna y Yul Brynner interpretó el papel del rey. Ambos se llevaron el premio Tony a Mejor actriz y Mejor actor respectivamente, y The King and I el codiciado premio a Mejor musical. Brynner repitió papel, no así Gertrude Lawrence, en la versión cinematográfica del mismo título que, dirigida por Walter Lang, se estrenó en 1956. El papel de Anna recayó en Deborah Kerr, quien fue doblada por Marni Nixon. Consiguió también los Oscar a Mejor actor principal (Yul Brynner), Mejor dirección de arte y escenografía, Mejor vestuario, Mejor adaptación musical (Alfred Newman, Ken Darby) y Mejor sonido. Todas las reposiciones que de él se han hecho han sido un éxito. La última tuvo lugar en Broadway en 2015 y se llevó los Tony a la Mejor reposición musical, a la Mejor actriz principal de musicales (Kelli O’Hara), a la Mejor actuación de una actriz de reparto en musicales (Ruthie Ann Miles) y al Mejor diseño de vestuario. De esta reposición vemos la compañía (con Kelli O’Hara) durante la ceremonia de entrega de los Premios Tony de ese año interpretando “Getting To Know You” y “Shall We Dance”.

El fulgurante éxito de los anteriores musicales de Rodgers y Hammerstein despertó una enorme expectación al anunciarse el estreno de su siguiente obra: Me and Juliet. Se estrenó en Broadway el 28 de mayo de 1953 en el Majestic Theatre y el gran número de entradas vendidas por adelantado hacían prever otro éxito. Sin embargo, y posiblemente a causa de la expectativa creada, cerró tras 358 representaciones. La gente esperaba más, u otra cosa. Sería exagerado decir que fue un fracaso, pero este lo conocerían en 1955 con Pipe Dream. Recibió muy malas críticas y, a pesar de representarse 245 veces, fue un desastre financiero.

Dos años después se aventuraban en un medio para el que nunca habían trabajado: la televisión. El 31 de marzo de 1957 se emitió en directo a través de la CBS Cinderella, musical basado en el cuento de hadas Cenicienta, particularmente en la versión francesa Cendrillon, ou la Petite Pantoufle de Vair, de Charles Perrault, que fue visto por más de cien millones de personas. Una adaptación para el teatro se estrenó en el londinense West End en 1958. Luego llegaron varios remakes y en 2013 una nueva versión para Broadway con el libro reescrito y canciones nuevas. La Cinderella de 1957 dio el paso definitivo al mundo audiovisual a una joven actriz –ya conocida en el teatro musical por haber protagonizado My Fair Lady– llamada Julie Andrews, a la que vemos en el siguiente vídeo interpretando uno de los temas más celebrados del musical: “In my own little corner”.

Flower Drum Song fue el octavo musical del tándem Rodgers-Hammerstein, que se basó en la novela de 1957, The Flower Drum Song, del autor chino-estadounidense CY Lee. Se estrenó en Broadway en 1958 (600 representaciones), luego se representó en el West End y fue adaptado al cine en 1961, con el mismo título (Prometidas sin novio en España, Flor de loto en Argentina y México) y dirección de Henry Koster. Fue nominada a cinco premios Oscar, pero no se llevó ninguno. Del filme incluimos esta secuencia en la que Nancy Kwan (doblada por B.J. Baker) interpreta su canción más popular: “I Enjoy Being a Girl”.

La última colaboración de Rodgers y Hammerstein es, sin duda, la más famosa de todas: nada menos que The Sound of Music. Se basa en una historia verídica, la de la familia Von Trapp, si bien con alguna que otra licencia que Rodgers y Hammerstein –o más bien Howard Lindsay y Russel Crouse, autores del libreto– consideraron pertinente para su puesta en escena. Los Von Trapp fueron una familia que existió en realidad. De hecho, el musical está basado en el libro La historia de los cantantes de la familia Trapp (1949), de María von Trapp. Su estreno en Broadway tuvo lugar el 16 de noviembre de 1959 y se mantuvo en cartel hasta junio de 1963, cerrando tras 1.443 funciones. Con un reparto en el que figuraban Mary Martin (María), Theodore Bikel (capitán Von Trapp) y Patricia Neway (madre abadesa), se llevó cinco premios Tony: Mejor musical, Mejor actuación a una actriz principal en un musical (Mary Martin), Mejor actuación a una actriz de reparto en un musical (Patricia Neway), Mejor director y Mejor diseño escénico en un musical.

El argumento puede que sea algo cursi y almibarado, pero la popularidad de sus números musicales lo acreditan como lo que ha pasado a ser: uno de los grandes clásicos de la historia del teatro musical. Y del cine, pues en 1965, ya fallecido Hammerstein, se rodó la película homónima (Sonrisas y lágrimas en España; La novicia rebelde en Latinoamérica), que sería nominada para diez Oscar y se llevaría cinco: Mejor película, Mejor director, Mejor sonido, Mejor banda sonora original adaptada y Mejor montaje. La dirigió en 1965 Robert Wise y la protagonizaron Julie Andrews (María) y Christopher Plummer (el capitán Von Trapp), con Peggy Wood en el papel de madre abadesa. Vemos acto seguido a Julie Andrews interpretando el tema que da título al filme (“The Sound of Music”), el primero que suena y que se repite más adelante, y, con los siete hijos del capitán Von Trapp la conocidísima canción “Do-Re-Mi”, aparentemente simple y repetitiva, pero muy bien construida y enormemente contagiosa.

Tras fallecer Oscar Hammerstein (23 de agosto de 1960), Rodgers siguió trabajando. Compuso las melodías para los musicales No Strings (1962, letras del propio Rodgers y libreto de Samuel A. Taylor), que ganó dos Tony, Do I Hear a Waltz? (1965, letras de Stephen Sondheim y libreto de Arthur Laurents), Two by Two (1970, letras de Martin Charnin y libreto de Peter Stone), Rex (1976, letras de Sheldon Harnick y libreto de Sherman Yellen) y I Remember Mama (1979, letras de Martin Charnin y Raymond Jessel y libreto de Thomas Meehan). Poco después del estreno de este último, el 30 de diciembre de 1979, Rodgers moría en Nueva York a la edad de 77 años.

Si han llegado hasta el final de esta larga entrada cuenten con mi reconocimiento, pues es una de esas que cuesta mucho de elaborar –no tanto por la redacción como por la búsqueda de documentación y de vídeos– y luego, cuando miras las estadísticas, adviertes que pasa al grupo de las que menor número de visitas ha recibido. De todos modos, como dice la paremia, sarna con gusto no pica.