Bailando con Duke Ellington

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Duke Ellington y su orquesta en 1930.

“Lo mejor de la obra de Ellington es lo que creó para cabarets y salones de baile (…) Quien esto escribe, a los dieciséis años se enamoró para siempre de la orquesta de Ellington en su mejor época, al oírla tocar en lo que se llamaba un ‘baile-desayuno’ en un salón de baile de las afueras de Londres ante un público atónito que no contaba para nada, salvo como una masa oscilante de gente bailando que era lo que orquesta estaba acostumbrada a ver ante ella. Los que nunca han oído a Ellington tocando música para bailar o, mejor aún, en un comedor lleno de noctámbulos elegantes, donde el verdadero aplauso consistía en el cese de las conversaciones alrededor de las mesas, no pueden saber cómo era la mejor orquesta de la historia del jazz cuando tocaba a gusto en su propio ambiente.” Quien escribió esto es nada más y nada menos que Eric Hobsbawm (1917-2012), uno de los mejores historiadores que ha dado el siglo XX. Gran amante del jazz, desde mediados de los cincuenta, y durante diez años consecutivos, Hobsbawm fue columnista y comentarista de conciertos, discos y libros en la revista The New Statesman. El artículo del que hemos extractado el comentario, sin embargo, se publicó en la New York Review of Books el 19 de noviembre de 1987.

Algo parecido al ambiente que vemos en el siguiente vídeo sería lo que presenciaría Hobsbawm. Parecido, pues la espontaneidad del directo difícilmente puede plasmarse en una película, en este caso Check and Double Check, un film de 1930 que dirigió Melville W. Brown en el que intervenía Duke Ellington y su orquesta del Cotton Club. Interpretan los temas Three Little Words y Old Man Blues.

Veamos ahora una actuación en directo de Duke Ellington y su orquesta en este cortometraje de 1933 –justo el año en que Hobsbawm tenía dieciséis años y se enamoró de su música–, de nueve minutos de duración, titulado A Bundle of Blues en el que interpreta los temas A Bundle of Blues (1933), Stormy Weather (1933, con la inestimable voz de Ivy Anderson) y Bugle Call Rag (1922, con las bailarinas Florence Hill y Bessie Dudley).

Nacido en Washington en 1899, Edward Kennedy Ellington –ese era su nombre real– inició su carrera como director el 1924, y a finales de los años veinte empezó a adquirir renombre con sus interpretaciones en un estilo (jungle style) caracterizado por determinados efectos sonoros obtenidos con las trompetas y los trombones. Pronto, su orquesta fue una de las más notables, tanto por el carácter inconfundible que supo imprimirle como por la calidad de sus miembros, casi todos solistas de gran categoría. Por ella pasaron, entre otros, los saxofonistas Johnny Hodges, Harry Carney, Ben Webster y Paul Gonsalves, los trompetistas Cootie Williams y Ray Nance, o el contrabajo Jimmy Blanton.

Entre 1927 y 1930 actuó en el famoso Cotton Club. Su notoriedad creció y muchas de sus actuaciones eran retrasmitidas por radio. Participó en algunas películas, como la que acabamos de mencionar, y sus giras eran todo un acontecimiento. De estos años datan melodías tan populares como Mood Indigo (1930), It Don’t Mean a Thing (If It Ain’t Got That Swing) (1931) o Sophisticated Lady (1933). Veamos a Ellington en dichos temas, si bien –lamentablemente (pues no reflejan esa atmósfera que fascinó a Hobsbawm)– en versiones de años posteriores. El vídeo de Mood Indigo recoge una actuación, creemos, de finales de los años sesenta; el de It Don’t Mean a Thing es de 1943, y el de Sophisticated Lady de 1952.

bcf_duke_ellington_photo_800wide“En mayor medida que cualquier otro –prosigue Hobsbawm–, Ellington representaba esa capacidad que tiene el jazz de hacer que personas sin interés por la ‘cultura’, personas con sus pasiones, ambiciones e intereses, y con su propia manera de satisfacerlos, se conviertan en creadores de un arte serio y, a pequeña escala, grande. Lo demostró por medio de su propia transformación en compositor y también por las obras de arte integradas que creó con su orquesta, una orquesta que contenía menos artistas individuales de absoluta brillantez que otras, pero en la cual la actuación individual extraordinaria era el fundamento de los logros colectivos”.

A partir de mitad de la década de 1940 se produjo un viraje en el sentido de sus composiciones, que pasaron a ser más formales y de mayor aliento temático. Ello no fue obstáculo para que –en unos momentos en que el jazz comenzaba a ser interpretado en gran parte por músicos a menudo con formación clásica, esencialmente para ser escuchado– El Duque continuara fiel a su manera de concebir la música y siguiera al frente de una gran big band. Pero de esta época, y de sus incursiones en la comedia cinematográfica, hablaremos en otra ocasión. Hoy nos hemos centrado en esos primeros años en que su música sonaba sin cesar y se bailaba en salones de baile y cabarets.

Terminamos con un precioso tema de 1934 que compuso el propio Ellington, (In My) Solitude, en esta grabación suya del mismo año.

Que pasen un buen día.

El Cotton Club

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En 1923, Owney Madden –un gánster de Nueva York– adquiría al boxeador Jack Johnson un club que este había abierto en el neoyorkino barrio negro de Harlem en 1920. Lo hacía, a través de sus abogados, desde su celda de Sing Sing. Lo bautizó como Cotton Club. Nacía así uno de los clubs nocturnos más famosos de la historia, todavía una atracción para quienes visitan Nueva York (si bien el actual no es el mismo, ni siquiera está en la misma calle).

La nómina artística del local estaba formada por cantantes, bailarines y músicos negros que ejecutaban vibrantes y exóticos shows en la pista, frente al estrado que ocupaba la orquesta, y en la después bailaba la nutrida clientela. Eso sí, una clientela blanca, pues los negros actuaban pero tenían prohibida la entrada, exceptuando alguna celebridad y, aun así, de manera ocasional.

El club estuvo cerrado brevemente en el año 1925 por la venta ilegal de licor. Cerró definitivamente en 1940. Posteriormente se reabrió otro club en el mismo sitio con el nombre de Latin Quarter, hasta que se derribó el edificio en 1989 para construir un hotel. Se abrió un nuevo Cotton Club en Harlem en 1978, pero en la calle 125.

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El Cotton Club alrededor de 1930.

Veamos antes que nada un breve documental de George Rothacker –en inglés– con escenas y fotografías del local y sus estrellas que reflejan el ambiente del mítico club en sus años de esplendor.

De 1934 es este cortometraje de diez minutos de duración titulado Cab Calloway’s Hi-De-Ho en el que vemos a Calloway y su orquesta en el Cotton Club interpretando los temas Lady with the Fan, de Jeanne Burns, y I Love a Parade, de Harold Arlen.

En 1984 –y ahora reproducimos parte de la entrada que en su día dedicamos al filme– el genial director Francis Ford Coppola estrenó una estupenda película (Cotton Club) ambientada en la década de 1930 con el Cotton Club de protagonista, una película que es a la vez un musical, un drama y una intriga con gánsteres y alcohol de contrabando. En el vídeo que sigue –el tráiler de la misma– podemos ver la fidedigna recreación que del club hace Coppola. Para ello recurrió a Cab Calloway como asesor en la preparación de la película.

Sin embargo, este es solo uno de tantos aspectos a destacar de la magnífica Cotton Club, un verdadero festín para iniciados y un homenaje a una época, un modo de hacer cine y una forma de entender la música. La portentosa banda sonora –obra de John Barry pero, sobre todo, llena de fantásticos standards de aquellos años– y la cuidada fotografía acompañan una planificación calculada al detalle. Con guión, entre otros, de William Kennedy y el propio Coppola, encabezaron el reparto Richard Gere, Diane Lane, Gregory Hines, Lonette McKee, Nicolas Cage, Bob Hoskins, James Remar, Allen Garfield y Gwen Verdon.

Cotton Club nos cuenta la historia de un trompetista, Dixie Dwyer (Richard Gere), que una noche libra de la muerte a un gánster, Dutch Schultz (James Remar), cuando un par de matones disfrazados de policías intentan matarlo echando un cartucho de dinamita debajo de su mesa. Este, agradecido, le dará un trabajo que le cambiara totalmente su vida: cuidar de su novia, la ambiciosa Vera Cicero (Diane Lane), a todas las horas. La atracción entre uno y otro se volverá pasional. Sus vidas corren serio peligro si Dutch se entera. Paralelamente, Coppola introduce otra historia de amor, esta entre un bailarín negro de claqué y una cantante mulata.

Coppola mezcla hábilmente estas historias con los números musicales y recrea la atmósfera de los años de la depresión económica, cuando los gánsteres más poderoso se codeaban con los ricos y los famosos y hacían negocios de todo tipo.

Los números musicales son los que, obviamente, nos interesan. Vamos con ellos, pues. Con unos cuantos, los disponibles, pero suficientes para poder disfrutar un buen rato de este espléndido filme y del Cotton Club. Comenzamos con los créditos, en los que suena “The Mooche”, un tema de Duke Ellington e Irving Mills.

Ill Wind (You’re Blowin’ Me No Good) es una canción que compusieron en 1934 Harold Arlen (música) y Ted Koehler (letra) para el show del Cotton Club de ese año. La interpreta Lonette McKee (actriz que en la película hace el papel de cantante mulata al que antes nos referíamos).

Minnie The Moocher es un conocidísimo tema de Cab Calloway e Irving Mills. Francis Ford Coppola, como decíamos antes, contó con el asesoramiento de Cab Calloway para la película. Nadie mejor que él para recrear un ambiente que conocía a la perfección. Fue Larry Marshall quien hizo de Cab Calloway en una impresionante imitación. Más que imitar, diría servidor de ustedes que mimetiza.

Crazy Rhythm es otra de las excelentes canciones que forman parte de la banda sonora de Cotton Club. Escrita en 1928 por Irving Caesar, Joseph Meyer y Roger Wolfe Kahn para la revista musical de Broadway Here’s Howe, aquí la cantan y, sobre todo, bailan Gregory Hines y Maurice Hines. Un homenaje a los Nicholas Brothers, uno de los principales reclamos del Cotton Club entre 1932 y 1934.

Finalizamos con la entrañable Am I Blue?, composición de Harry Akst y Grant Clarke de 1929 que estrenó Ethel Waters en la película On with the Show (1929). La canta Diane Lane acompañada a la corneta por Richard Gere.

Feliz fin de semana.

Cab Calloway

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Cab Calloway fue uno de los últimos grandes mitos del jazz, tal vez el mayor exponente de una época en la que el jazz era una música absolutamente popular que no solo se escuchaba sino que, ante todo, se bailaba. La llamada era del swing tuvo en él uno de sus máximos representantes.

Cab Calloway y los Missourians.

Cab Calloway y los Missourians.

Nacido el día de Navidad de 1907, realizó sus primeros estudios en Baltimore, pero fue en Chicago donde despegó su vocación musical. Aquí, su hermana mayor –la cantante y directora musical Blanche Calloway– le consiguió el primer contrato de su vida como cantante y batería ocasional en el Sunset Café. El Sunset Café era uno de los locales que solían frecuentar músicos de jazz de la talla de Louis Armstrong o Earl Hines. El talento de Calloway no tardó en ser reconocido. En 1928 se unió a los Missourians y actuó con ellos como batería y cantante en Nueva York, donde al año siguiente alcanzaría un notable éxito en la revista Hot Chocolates.

El paso definitivo que lo llevó al estrellato se dio a mediados de 1930, cuando fue contratado al frente de su propia orquesta por el Cotton Club, el local más emblemático del jazz. Eso sí, al principio la banda de Calloway actuaba como telonera de la famosa orquesta de Duke Ellington. El Duque se marchó del club en 1933, y entonces Cab Calloway y su orquesta pasaron a ocupar su puesto de forma natural.

Cab Calloway a finales de la década de 1930.

Cab Calloway a finales de la década de 1930.

La década de 1930 fue –a pesar de la crisis y de los negros augurios que se vaticinaban, o tal vez por esto mismo, pues la alegría que derrochaba sobre el escenario bien venía en tiempos en que la tristeza estaba cada día más presente en el ánimo colectivo– la de su despegue y definitiva consolidación. Fue su década. Incorporó a su banda a talentos de la talla de Chu Berry, Dizzy Gillespie o Ike Quebec. Calloway también contribuyó a hacer popular el término “scat”, un estilo de cantar que generalizaría después Louis Armstrong.

Con un repertorio entre el vodevil y el jazz, lleno de swing, alcanzó unos niveles de fama como pocos disfrutaban. En 1931 grabó una de sus canciones más celebradas: Minnie The Moocher. Este emblemático tema fue al poco protagonista del cortometraje animado de Betty Boop del mismo título. Luego sucedería lo mismo con las canciones St. James Infirmary Blues y The Old Man Of The Mountain, que protagonizarían los cortos animados de Betty Snow White y The Old Man of the Mountain, respectivamente.

Veamos dos vídeos con Minnie The Moocher. El primero por el propio Calloway y su orquesta –aunque en una grabación algo posterior–; el segundo el cortometraje de 1932.

Calloway llevó su espectáculo al mismísimo Hollywood, donde la orquesta intervino en varias películas de los años cuarenta y se le empezó a conocer como El señor Hi-De-Ho. La exclamación “hi-de-ho” se la inventó sobre la marcha para disimular el olvido de la letra de una canción, según confesó el propio Calloway. Tanta fue la fama del conocido grito que en 1934 se rodó un cortometraje de diez minutos de duración titulado Cab Calloway’s Hi-De-Ho. Vamos con él.

Cab Calloway rodó posteriormente The singing kid (1936) y Stormy Weather (1943). A este último filme, dirigido por Andrew L. Stone, pertenece la siguiente secuencia, en la que interpreta The Jumpin’ Jive acompañado por los Nicholas Brothers.

Como muchos otros grandes líderes, Calloway se vio obligado a disolver su orquesta a causa de la crisis de la década de los cuarenta y a cantar con el único apoyo de un septeto y, más tarde, de un trío. Hacia 1947 dio por concluida su carrera como director de big band y diversificó sus actividades. Participó en el show de los Harlem Globetrotters y colaboró con las cantantes Leontyne Price, en la ópera Porgy & Bess, y con Pearl Bailey en la producción Hello, Dolly! En 1976 publicó el libro Of Minnie the Moocher and me, en colaboración con Bryant Rollins. Su enorme popularidad le llevó, asimismo, a participar en diversos anuncios de la televisión norteamericana. Veamos una de sus últimas actuaciones como director de big band, recogida en la película documental Johnny Mercer: The Dream’s on Me (2009), en la que interpreta Blues In The Night (canción con letra de Johnny Mercer y música de Harold Arlen).

En 1980 regresó al cine con The Blues Brothers (Granujas a todo ritmo se tituló la versión doblada al español), la famosa película de John Landis, y en 1984 Francis Ford Coppola recurrió a él como asesor en la preparación de la película Cotton Club. Nadie mejor que él para recrear un ambiente que conocía a la perfección. Esta vez fue Larry Marshall quien hizo de Cab Calloway en una impresionante imitación. Es con la versión de Minnie The Moocher que aparece en la película de Coppola que despedimos a este singular músico que ha protagonizado nuestra entrada de hoy.

Gracias por su visita. Que tengan un buen día.

Cotton Club. La película

CAP

En 1984 el genial director Francis Ford Coppola estrenó una estupenda película ambientada en la década de 1930 con el Cotton Club de protagonista, una película que es a la vez un musical, un drama y una intriga con gánsteres y alcohol de contrabando. Pero vamos antes de entrar en más detalles de la misma con un par de vídeos que reflejan el ambiente del mítico club. El primero es un breve documental –en inglés– en el que se intercalan escenas del local en la época que recrea el filme. El segundo, un tráiler de este.

 

Comparando uno con otro, ¿no les parece que la ambientación de la película de Coppola es simplemente insuperable? Este es solo uno de tantos aspectos a destacar de la magnífica Cotton Club, un verdadero festín para iniciados y un homenaje a una época, un modo de hacer cine y una forma de entender la música. La portentosa banda sonora –obra de John Barry pero, sobre todo, llena de fantásticos standards de aquellos años– y la cuidada fotografía acompañan una planificación calculada al detalle. Con guión, entre otros, de William Kennedy y el propio Coppola, encabezaron el reparto Richard Gere, Diane Lane, Gregory Hines, Lonette McKee, Nicolas Cage, Bob Hoskins, James Remar, Allen Garfield y Gwen Verdon.

The_Cotton_Club-_1984Cotton Club nos cuenta la historia de un trompetista, Dixie Dwyer (Richard Gere), que una noche libra de la muerte a un gánster, Dutch Schultz (James Remar), cuando un par de matones disfrazados de policías intentan matarlo echando un cartucho de dinamita debajo de su mesa. Este, agradecido, le dará un trabajo que le cambiara totalmente su vida: cuidar de su novia, la ambiciosa Vera Cicero (Diane Lane), a todas horas. La atracción entre uno y otro se volverá pasional. Sus vidas corren serio peligro si Dutch se entera. Paralelamente, Coppola introduce otra historia de amor, esta entre un bailarín negro de claqué y una cantante mulata.

Coppola mezcla hábilmente estas historias con los números musicales y recrea la atmósfera de los años de la depresión económica, cuando los gánsteres más poderosos se codeaban con los ricos y los famosos y hacían negocios de todo tipo.

Los números musicales son los que, obviamente, nos interesan. Vamos con ellos, pues. Con unos cuantos, los disponibles, pero suficientes para poder disfrutar un buen rato de este espléndido filme. Comenzamos con los créditos, en los que suena “The Mooche”, un tema de Duke Ellington e Irving Mills.

Ill Wind (You’re Blowin’ Me No Good) es una canción que compusieron en 1934 Harold Arlen (música) y Ted Koehler (letra) para el show del Cotton Club de ese año. La interpreta Lonette McKee (actriz que en la película hace el papel de cantante mulata al que antes nos referíamos).

Minnie The Moocher es un conocidísimo tema de Cab Calloway e Irving Mills. Francis Ford Coppola recurrió a Cab Calloway como asesor en la preparación de la película. Nadie mejor que él para recrear un ambiente que conocía a la perfección. Esta vez fue Larry Marshall quien hizo de Cab Calloway en una impresionante imitación.

Crazy Rhythm es otra de las excelentes canciones que forman parte de la banda sonora de Cotton Club. Escrita en 1928 por Irving Caesar, Joseph Meyer y Roger Wolfe Kahn para la revista musical de Broadway Here’s Howe, aquí la cantan y, sobre todo, bailan Gregory Hines y Maurice Hines.

Finalizamos con la entrañable Am I Blue?, composición de Harry Akst y Grant Clarke de 1929 que estrenó Ethel Waters en la película On with the Show (1929). La canta Diane Lane acompañada a la corneta por Richard Gere.

Que pasen un buen día.

Duke Ellington: música, baile y cabarets

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Duke Ellington y su banda sobre 1920

Duke Ellington y su banda sobre 1920

“Lo mejor de la obra de Ellington es lo que creó para cabarets y salones de baile (…) Quien esto escribe, a los dieciséis años se enamoró para siempre de la orquesta de Ellington en su mejor época, al oírla tocar en lo que se llamaba un ‘baile-desayuno’ en un salón de baile de las afueras de Londres ante un público atónito que no contaba para nada, salvo como una masa oscilante de gente bailando que era lo que orquesta estaba acostumbrada a ver ante ella. Los que nunca han oído a Ellington tocando música para bailar o, mejor aún, en un comedor lleno de noctámbulos elegantes, donde el verdadero aplauso consistía en el cese de las conversaciones alrededor de las mesas, no pueden saber cómo era la mejor orquesta de la historia del jazz cuando tocaba a gusto en su propio ambiente.” Quien escribió esto es nada más y nada menos que Eric Hobsbawm (1917-2012), uno de los mejores historiadores, si no el que más, que ha dado el siglo XX. Gran amante del jazz, desde mediados de los cincuenta, y durante diez años consecutivos, Hobsbawm fue columnista y comentarista de conciertos, discos y libros en la revista The New Statesman. El artículo del que hemos extractado el comentario, sin embargo, se publicó en la New York Review of Books el 19 de noviembre de 1987.

Algo parecido al ambiente que vemos en el siguiente vídeo sería lo que presenciaría Hobsbawm. Parecido, pues la espontaneidad del directo difícilmente puede plasmarse en una película, en este caso un cortometraje de 1930 en el que Duke Ellington y su orquesta, con las bailarinas Bessie Dudley y Florence Hill, interpretan en el Cotton Club. los temas Rokin in Rythm Bugle Call Rag.

Nacido en Washington en 1899, Edward Kennedy Ellington –ese era su nombre real– inició su carrera como director el 1924, y a finales de los años veinte empezó a adquirir renombre con sus interpretaciones en un estilo (jungle style) caracterizado por determinados efectos sonoros obtenidos con las trompetas y los trombones. Pronto, su orquesta fue una de las más notables, tanto por el carácter inconfundible que supo imprimirle como por la cualidad de sus miembros, casi todos solistas de gran categoría. Por ella pasaron, entre otros, los saxofonistas Johnny Hodges, Harry Carney, Ben Webster y Paul Gonsalves, los trompetistas Cootie Williams y Ray Nance, o el contrabajo Jimmy Blanton.

Entre 1927 y 1930 actuó en el famoso Cotton Club. Su notoriedad creció y muchas de sus actuaciones eran retrasmitidas por radio. Participó en algunas películas, como la que acabamos de mencionar, y sus giras eran todo un acontecimiento. De estos años datan melodías tan populares como Mood Indigo (1930), It Don’t Mean a Thing (If It Ain’t Got That Swing) (1931) o Sophisticated Lady (1933). Veamos a Ellington en dichos temas, si bien –lamentablemente (pues no reflejan esa atmósfera que fascinó a Hobsbawm)– en versiones de años posteriores. El vídeo de Mood Indigo recoge una actuación, creemos, de finales de los años sesenta; el de It Don’t Mean a Thing es de 1943, y el de Sophisticated Lady de 1952.

bcf_duke_ellington_photo_800wide“En mayor medida que cualquier otro –prosigue Hobsbawm–, Ellington representaba esa capacidad que tiene el jazz de hacer que personas sin interés por la ‘cultura’, personas con sus pasiones, ambiciones e intereses, y con su propia manera de satisfacerlos, se conviertan en creadores de un arte serio y, a pequeña escala, grande. Lo demostró por medio de su propia transformación en compositor y también por las obras de arte integradas que creó con su orquesta, una orquesta que contenía menos artistas individuales de absoluta brillantez que otras, pero en la cual la actuación individual extraordinaria era el fundamento de los logros colectivos”.

A partir de mitad de la década de 1940 se produjo un viraje en el sentido de sus composiciones, que pasaron a ser más formales y de mayor aliento temático. Ello no fue obstáculo para que –en unos momentos en que el jazz comenzaba a ser interpretado en gran parte por músicos educados, a menudo con formación clásica, esencialmente para ser escuchado– El Duque continuara fiel a su manera de concebir la música y siguiera al frente de una gran big band. Pero de esta época, y de sus incursiones en la comedia cinematográfica, hablaremos en otra ocasión. Hoy nos hemos centrado en esos primeros años en que su música sonaba sin cesar y se bailaba en salones de baile y cabarets. Nos despedimos, así, con un cortometraje de 1933 de casi nueve minutos de duración, A Bundle of Blues, en el que interpreta –con su orquesta, obviamente, e Ivie Anderson– grandes éxitos suyos de la época: Bugle Call Rag, Lightnin’, Rockin’ In Rhythm, A Bundle of Blues y Stormy Weather.

Hasta mañana, si es que deciden visitarnos de nuevo, lo que deseamos y les agradecemos.