Teresa María

Teresa María 2014. Foto Henar Sastre

Teresa María en 2014. / Fotografía: Henar Sastre/El Norte de Castilla.

Vamos a empezar con un vídeo, una secuencia de la película de My Fair Lady en la versión doblada al castellano con el número musical “Podría bailar toda la noche” (“I Could Have Danced All Night”).

Habrán reconocido enseguida a Audrey Hepburn, pero Audrey desconocía el idioma español. No puede ser ella quien canta. Además, no cantaba. ¿Se ha preguntado alguna vez quién le ‘prestó’ su voz?, es decir, ¿quién la doblaba? Pues era Teresa María (nombre artístico de María Teresa de las Heras). Es posible que les suene más el nombre de su hijo: Macaco. Pero –y estoy convencido de que Macaco opinará del mismo modo– la voz de su madre es mejor que la suya. Y es que esta soprano, de voz “timbrada y cristalina”, que también se dedicó a la canción ligera, tal vez por ello, “pudo defender los pasajes más líricos de aquellas interpretaciones, adecuando de igual manera su voz a las tendencias más ligeras propias de la música melódica de la época, según correspondiera.” (Wikipedia).

¿Cómo fue que se dedicó al doblaje? Ella misma nos lo cuenta en una entrevista que concedió al diario El Norte de Castilla el 15 de diciembre de 2014: “En aquellos años, entre mi círculo de amistades se encontraba el hijo del dueño de los estudios de doblaje La Voz de España, que me comentó que se iba a doblar la película My Fair Lady, en la que intervenía Audrey Hepburn, aunque no era ella quien cantaba en la versión original. Hice la prueba y salió bien”.

Antes de que esto ocurriera, Teresa María era ya una cantante conocida que había grabado varios EPs y a punto estuvo de representar a España en el Festival de Eurovisión en 1964, hecho que dio lugar a una gran polémica al decidir los directivos de TVE que sería el trío italouruguayo Los TNT quienes fueran en su lugar, interpretando el mismo tema si bien con significativas variaciones.

Fue así que se introdujo en el mundo del doblaje, donde realizó una magnífica labor –la propia Julie Andrews la eligió para que la doblara en Sonrisas y lágrimas, ya que ambas voces eran muy parecidas–, labor que ha pasado prácticamente desapercibida. Me atrevería a decir que es la Marni Nixon española –quien doblaba a Audrey Hepburn My Fair Lady–, pero con menor reconocimiento del que finalmente alcanzó esta última. En todo caso, otra ‘voz fantasma’.

“¿Qué recuerdo guarda de aquellas pruebas?”, le pregunta el periodista de El Norte de Castilla (Jesús Bombín). Responde ella: “Los estudios de La Voz de España en Barcelona eran como un teatro, con sus butacas y una pantalla enorme donde veíamos la película. Para mí todo aquello fue muy fácil. Preguntaba a los técnicos cómo había acabado tan pronto la prueba y me decían que bien, porque apenas había que repetir. En otros casos entrábamos a las tres de la tarde y salíamos a media noche porque había gente que tenía que volver a hacerlo una y otra vez hasta que conseguían los resultados que les exigía”. Muy fácil, declara. Para ella no lo dudo. En cuanto a los demás, es evidente que no. Y es que cuando se tiene talento las cosas difíciles solo son para quien no lo tiene. O peor aún, hay quien no lo tiene, pero cree poseerlo, y luego sale lo que sale: un cagarro de elefante. Aunque si da dinero, igual nos tragamos el cagarro y nos sabe a caviar (de beluga, por supuesto).

En fin, escuchemos –que no veamos– a Teresa María en unas cuantas secuencias de las principales películas en cuyo doblaje participó –prácticamente todos los vídeos que he conseguido recopilar– y que sin su voz es muy posible que el resultado hubiera sido otro, un resultado que sin duda hubiera repercutido en el éxito taquilla de las mismas. Para mal, obviamente.

A My Fair Lady (1964), película con la que se iniciaba esta entrada corresponde la que sigue, en la que dobla a Audrey Hepburn (Eliza Doolittle) en la canción que, confesaba Teresa María en la entrevista arriba mencionada, “más me gustó, aquella de My Fair Lady que decía ‘Dejar la noche atrás, seguir bailando igual, sería mi ilusión…’”. La canción, fantástica, como todas las de este excelente musical de Frederick Loewe, es “Wouldn’t It Be Loverly?” (¿No sería maravilloso?).

Ese mismo año, 1964, dobló a Julie Andrews en Sonrisas y lágrimas. “Para la película Sonrisas y lágrimas la actriz Julie Andrews solicitó un casting de voces. Me realizaron una grabación y entre el medio centenar de ellas que se presentaron eligieron la mía, y ese mismo año doblé también las canciones de Mary Poppins. Y me resultó más difícil doblar a Audrey Hepburn que a Julie Andrews”, dijo también en la misma entrevista. Aunque Sonrisas y lágrimas es posterior a Mary Poppins –la primera se rodó y estrenó en Estados Unidos en 1965 y la segunda en 1964– en España ambas se estrenaron en 1956: Mary Poppins el 6 diciembre y Sonrisas y lágrimas el 20 de diciembre. Respetaremos, pues, el orden en que las dobló Teresa María, pues ella es quien protagoniza la entrada de hoy. Vamos con la adaptación cinematográfica del musical de Richard Rodgers y Oscar Hammerstein II The Sound of Music (Sonrisas y lágrimas), con la canción que da título al musical y a la película (The Sound of Music / Sonrisas y lágrimas) y “Do-re-mi”, esta última en la delirante adaptación que de la letra se hizo en español.

Y ahora con Mary Poppins. A ella pertenecen los números musicales que incluyen las canciones –ambas, como todas las de la película de Richard M. Sherman y Robert B. Sherman (Oscar a Mejor banda sonora y Mejor canción original por “Chim-Chim-Cheree”– “Con un poco de azúcar” (“A Spoonful of Sugar”) y “Supercalifragilisticoespialidoso” (“Supercalifragilisticexpialidocious”).

De sus posteriores doblajes pocos más videos he encontrado, exceptuando los que recogen secuencias de Chitty Chitty Bang Bang (1969), algunas canciones de El mago de los sueños (1966) y una secuencia de Las señoritas de Rochefort (1967). A estas corresponden los tres vídeos que siguen: “Doll On a Music Box/Truly Scrumptious” “La muñeca de la caja de música”), de Chitty Chitty Bang Bang; “Cleo y el Marcianito”, de El Mago de los Sueños, y “Canción de las gemelas” (“Chanson des jumelles”), de Las señoritas de Rochefort (Les Demoiselles de Rochefort), canción en la que dobla a Catherine Deneuve.

No he localizado, sin embargo, ninguno de las películas Golfus de Roma (1966), Millie, una chica moderna (1967), El extravagante Doctor Dolittle (1967), Piel de asno (1971) y Nuestro amigo el espantapájaros (1983). No me ha extrañado. Ahora bien, leo en la biografía que le dedica Lafonoteca (lafonoteca.net): “Habría que esperar a 2012 en su Zaragoza natal y a 2014 en Valladolid para que su labor fuese reconocida y homenajeada. Allí una anciana acompañada de la Joven Orquesta Sinfónica de Valladolid volvió a sorprender a todos los asistentes cantando con excelente voz las canciones de Mary Poppins y Sonrisas y Lágrimas. Uno que acudió a aquellos dos homenajes fue Daniel Carbonell Heras, más conocido por Macaco, hijo de Teresa María. En entrevista concedida en su ciudad natal a El Heraldo de Aragón, Teresa María se mostraba feliz por el tardío reconocimiento de su trabajo, pero le salía la vena maña y concluía diciendo: ‘A la vejez, viruelas’. Pero ya sabemos que en España las cosas eran y siguen siendo así”. Y siguen, siguen. Ni un puñetero vídeo he localizado de ambos homenajes, ni uno. No creo que, en los años en que se celebraron, supusiera un gran problema para los organizadores. Hubiese sido un detalle.

Acuérdense cuando vean alguna película de las citadas en versión doblada al castellano de que quien realmente canta en ella es María Teresa de las Heras, de nombre artístico Teresa María. Es el mejor homenaje que le podemos hacer los que gustamos del cine musical y disfrutamos con él.

Blandine Ebinger

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Blandine Ebinger a principios de la década de 1920. Fotografía: Alex Binder, Berlin.

Blandine Ebinger –nacida en Berlín como Blandine Loeser el 4 de noviembre de 1899– fue una famosa actriz y cantante del cine mudo y comienzos del sonoro y de los escenarios de los cabarets de la capital alemana de la época de Weimar.

Era hija de la actriz Margarethe Ebinger (1878-1957), cuyo apellido real era Wezel, y del pianista Gustav Loeser. El doctor Ernst Ebinger, con quien se su madre casó luego, fue su padrastro y por eso adoptó como nombre artístico el de Blandine Ebinger. A la edad de ocho años ya actuaba en Leipzig y desde 1913 trabajó en varios teatros de Berlín. En 1917 Blandine Ebinger apareció por primera vez en la película Der zehnte Pavillon der Zitadelle y en 1919 en la película también muda dirigida por F.W. Murnau Der Knabe in Blau (1919). Empezó así una carrera cinematográfica que duraría setenta años.

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Blandine Ebinger y Friedrich Hollaender recién casados.

Ese año, 1919, conoció a Friedrich Hollaender en el cabaret Schall und Rach y poco después se casaron. Este compuso entonces para ella el ciclo Lieder eines armen Mädchens (Canciones de una chica pobre). Las escribió entre 1920 y 1924, siendo las primeras que compuso con letra de su autoría. Hollaender y Ebinger seleccionaron un determinado número de canciones para sus espectáculos, trece en total. La voz casi infantil de Ebinger resultaba ideal para expresar con ironía y sarcasmo la ingenuidad confiada con que tantos contemplaban una sociedad cada día más en decadencia. A Lieder eines armen Mädchens Lieder eines armen Mädchens pertenece O Mond (La luna), que escuchamos en una grabación de 1926.

Blandine Ebinger interpretando las Lieder eines armen...

Blandine Ebinger interpretando las ‘Lieder eines armen Mädchens’ (1925).

También de 1920 es Jonny (Johnny, wenn du Geburtstag hast), gran canción de Hollaender cuya letra refleja la gran sensualidad que se respiraba en el ambiente y la cada vez mayor condescendencia con las costumbres sexuales y los comportamientos contrarios a los preceptos generalmente aceptados, y en la que es evidente la influencia de los ‘perniciosos ritmos extranjeros’ que, según el nacionalsocialismo, corrompían la pureza del espíritu alemán. Era, pues, música degenerada (Entartete Musik). Sobre esta canción leo en el artículo Blandine Ebinger (1899-1993)”, de la más que interesante página Kabarett. Una historia del cabaret alemán –que recomiendo encarecidamente a todos los amantes de la música de cabaret, o para cabaret, alemán durante la República de Weimar– esta pormenorizada crónica que no resisto reproducir textualmente:

“Friedrich Hollaender, estaba una noche esperando a que su mujer, la cantante Blandine Ebinger, acabase de vestirse para ir a una fiesta a la que ambos estaban invitados. Como no parecía que fuese a acabar nunca Hollaender, con el abrigo, el sombrero y los guantes puestos, se puso a tocar distraídamente las teclas del piano. Una melodía empezó a tomar forma, y al cabo de un rato había creado uno de los temas más populares de su repertorio. Como el propio compositor comentaba, no le dió tiempo a terminar la letra. Lo tuvo que hacer ya en el taxi. Su mujer Blandine interpretó con éxito en el Cabaret Megalomanía esta historia de un músico negro que encandila a las mujeres con su música. Esto no era ajeno a la llegada a Alemania de músicos de jazz, cuyos ritmos se consideraban dotados de una fuerza primigenia”.

De la misma página extraigo esta estrofa de su letra: “En el pequeño Pony-Bar / donde el negro Jonny es una estrella. / Una noche apareció una muñequita blanca / que quedó embelesada / al escuchar su música / y, sin decir, palabra le guiñó un ojo. / Él contempló su cuerpecito blanco y suave como porcelana / y el moro cumplió con su deber. / Mientras ella, como un tímido corderito / suspiraba noche tras noche: / ¡Qué fuerza desprende su salvaje estirpe negra!”.

Jonny, no obstante, no llegó a convertirse en el éxito internacional que fue hasta que la grabó en 1931 Marlene Dietrich. Lamentablemente, no he encontrado vídeo alguno de Ebinger con la grabación de la época, pero sí vamos a verla interpretarla casi cincuenta años después en un momento de un concierto que dio en el Baltrum Theater (Baltrum, Alemania) en 1978.

Durante la década de 1920, Blandine Ebinger se consagró como una de las grandes estrellas de la escena del cabaret berlinés. Además de las composiciones de Hollaender, cantó canciones del poeta y dramaturgo expresionista alemán Klabund y baladas de Walter Mehring, uno de los autores satíricos más destacados de la República de Weimar, en el cabaret cómico y dio voz a la miseria social en Berlín al final de la República de Weimar. Vamos con algunas de ellas. Las tres que figuran acto seguido son de Hollaender y fueron compuestas para Blandine, incluidas las posteriores a 1926, año en que se separaron (lo que significó el final de su colaboración). En ellas se puede apreciar en todo su esplendor la característica voz de Ebinger, tan sensual y cálida como encantadoramente lujuriosa. Son Das Wunderkind (1924, El prodigio), canción sobre la trivialidad del mundo del espectáculo, en una grabación de 1929; Die hysterische Ziege (1927, La lagarta histérica), en grabación del mismo año, y Das Mädchen mit den Schwefelhölzchen (1928, La chica de las cerillas de azufre).

Por entonces, nuestra protagonista ya había participado en varias películas de cine mudo. Con la llegada del cine sonoro, su popularidad aumentó todavía más. Entre cortometrajes y películas de larga duración en cuyo reparto figura, la mayoría en papeles principales, suman nada menos que treinta antes de exiliarse de Alemania en 1937. Por desgracia, apenas hay vídeos y debemos conformarnos con ver a Blandine Ebinger en esta secuencia de la película Einer Frau muss man alles verzeih’n (1931) cantando el foxtrot de Leo Leux Warum sagt kein Mensch Liebling zu mir (¿Por qué nadie me dice que soy su favorita?).

En 1930 estrenó en el Komödie am Kurfürstendamm Theater de Berlín la revista musical de Mischa Spoliansky Wie werde ich reich und glücklich, con Oskar Karlweis de partenaire. Escuchamos a ambos en el tema de la misma Du sowohl wie ich en esta grabación del año del estreno con Mischa Spoliansky y Orquesta.

En 1933, se hizo cargo de la gestión del Teatro Tingel-Tangel, del que era propietario Hollaender. Hollaender, que era judío y lo buscaba la Gestapo, acababa de exiliarse (marzo de 1933) en Estados Unidos. Blandine, como hemos visto, siguió actuando hasta 1937. No era judía, pero se había casado con un judío y tenía una hija de él, Philine. Ese año los nazis aprobaron nuevas normas que endurecía aún más las Leyes de Núremberg de Pureza Racial de 1935. Blandine se marchó también a Estados Unidos, a Los Ángeles. No consiguió más que pequeños papeles en el cine –en algunas películas siquiera aparecía su nombre, como en Prison Ship (1945), donde hacía de prisionera– y tuvo que sobrevivir dando clases de alemán. En 1946 decidió regresar a Alemania. Se mudó a Múnich, donde conoció a su segundo marido, el editor musical Helwig Hassenpflug, en 1961. Finalmente se establecieron en Berlín, donde Blandine continuó su carrera en el teatro y como actriz en producciones televisivas.

En 1982, en el marco del Berliner Festwochen (como se denominaba el actual Berliner Festspiele), ofreció su último concierto con las canciones que la habían hecho famosa (o las canciones que ella había hecho famosas). Veamos unos vídeos del mismo con temas que no hemos incluido hasta ahora: Die Schnapstrine (1921, Hollaender), Die Trommlerin (1929, Hollaender) y Die Kartenhexe (1922, Spoliansky, letra de Walter Mehring).

Blandine Ebinger falleció en Berlín el 25 de diciembre de 1993.

Jule Styne

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Jule Styne

Puede que no les suene el nombre de Jule Styne, pero estoy seguro, diría que al cien por cien, de que más de una vez ha escuchado alguna de sus canciones. Es más, apostaría lo que fuera a que así es. Vean, o mejor, escuchen, la siguiente canción que interpreta Michael Bublé.

Styne y Cahn

Jule Styne y Sammy Cahn. 1 de enero de 1940.

¿Ven cómo era cierto? Efectivamente, la canción que sonaba es Let It Snow! Let It Snow! Let It Snow!, o simplemente Let It Snow (Deja que nieve), una canción de Styne con letra de Sammy Cahn (1913-1993), uno de sus preciados colaboradores. La consideramos una canción navideña, pero lo cierto es que Styne y Cahn la compusieron Hollywood, California, un día de julio de 1945 que hacía tanto calor que se imaginaron estar en un lugar más frío y su letra no menciona la Navidad en ningún momento. En realidad, es una canción de amor de ese genial compositor que fue Jule Styne (1905-1994), un hombre hiperactivo que –como suele ser habitual entre quienes tienen, o tenemos, tal carácter– hablaba en un tono muy bajo y con una vocalización muy mala, por lo que muchas veces lo que decía resultaba ininteligible. Tal vez por ello daba gran libertad a los intérpretes y letristas. Tal vez. Más bien, creo yo, que porque era una persona generosa que estaba convencida de que una canción solo existía en la interpretación y consideraba la letra tan importante como la melodía, si no más. Prolífico como pocos y sumamente versátil, en 1987 él mismo estimó que había compuesto 2.000 canciones, de las cuales se habían publicado 1.500, 200 de ellas éxitos, no populares, éxitos; éxitos muchos más.

Styne nació el 31 de diciembre de 1905 en Bethnal Green, en el East End de Londres, en el seno de una familia originaria de Ucrania (Julius Kerwin Stein era su nombre real), que emigró a Estados Unidos cuando este tenía ocho años. Se establecieron en Chicago, donde Styne estudió piano, dando al poco buena muestra de su gran talento. Antes de cumplir los diez ya había actuado con las orquestas sinfónicas de Chicago, San Luis y Detroit. Con 13 años, el pianista Harold Bauer le dijo que nunca llegaría a destacar en conciertos porque sus manos eran demasiado pequeñas. Comenzó entonces a tocar música de baile en su escuela secundaria a la hora del almuerzo, y luego en un cabaret. Al terminar sus estudios de secundaria viajó con la orquesta de Edgar Benson y, en 1926, para impresionar a una joven, compuso una canción que terminó siendo su primer éxito, Sunday. Más tarde trabajó en las orquestas de Benny Goodman, Glenn Miller y Charlie Spivak.

Por mediación de Harry Richman, a quien asesoraba en canto y dirección de orquesta en Nueva York, consiguió un contrato con la 20th Century Fox, de asesor musical. Mas el todopoderoso Darryl F. Zanuck terminó por despedirle. ¿El motivo? Uno que les resultará familiar, muy usado ahora: “esto es un lujo, y tenemos que recortar lujos”. Zanuck le dijo asimismo que lo que debía hacer era componer canciones. Formó entonces su propia orquesta, que fue apoyada por Frank Sinatra y en la cual empezó a colaborar con el letrista Sammy Cahn, con el que escribiría, además de la ya mencionada, muchas otras canciones para el cine. Actuó en numerosos clubes en un momento en que, como él dijo, “más o menos, los músicos se alimentaban de la mafia. A la mafia siempre le han gustado los músicos. Yo hice mi trabajo y mantuve la boca cerrada”.

Por supuesto, siguió componiendo y, al final, acabó siendo reconocido como uno de los grandes compositores de la historia del teatro musical de Broadway y del cine musical de Hollywood, con canciones como Diamonds Are a Girl’s Best Friend, Three Coins in the Fountain o Just in Time y musicales como Gypsy, Gentlemen Prefer Blondes o Funny Girl.

Vamos ya con los vídeos que hemos seleccionado de la maravillosa música de Styne. El que sigue recoge la canción I Don’t Want to Walk Without You (letra de Frank Loesser). Compuesta en 1941, su primera intérprete fue la actriz y cantante Betty Jane Rhodes en la película Sweater Girl (1942), si bien la versión que triunfó y llegó al número 2 de la lista de la revista Billboard ese mismo año fue la que grabó la orquesta de Harry James, con Helen Forrest de vocalista.

A la película que dirigió George Sidney en 1945 Anchors Aweigh (Levando anclas) corresponde la siguiente secuencia, en la que Frank Sinatra interpreta I Fall in Love Too Easily, estupenda canción que había compuesto con Sammy Cahn un año antes.

Con letras de Cahn y coreografía de Jerome Robbins estrenó en 1947 High Button Shoes, su primer musical para Broadway. Tras 727 funciones, se estrenó en el londinense West End en 1948, el mismo año que llegaba al cine la película de Michael Curtiz Romance on the High Seas (Romanza en alta mar), en la que Doris Day cantaba esta deliciosa canción que es It’s Magic.

gentlemen-prefer-blondes-carol-channingDos años después, en 1949, también con coreografía de Robbins y letras esta vez de Leo Robin, llegó uno de sus mayores éxitos, el musical Gentlemen Prefer Blondes, que también catapultó al estrellato a esa estupenda actriz y cantante que es Carol Channing (1921). Una de sus canciones es la popularísima y conocidísima Diamonds Are a Girl’s Best Friend (“Los diamantes son los mejores amigos de una chica”, como cantaba Carol Channing en la producción original de Broadway de Gentlemen Prefer Blondes (1949, letra de Leo Robin). Mas el gran éxito le llegó a la canción tras el estreno de la película homónima (1953, Los caballeros las prefieren rubias), del gran Howard Hawks, como recoge el segundo vídeo que figura bajo estas líneas con la mítica secuencia que protagonizan Marilyn Monroe y Jane Russell. En el primero, de 1989, su intérprete es Carol Channing acompañada de la Boston Pops Orchestra, dirigida por John Williams.

Los años siguientes fueron muy prolíficos para Styne. Con letra de Betty Comden y Adolph Green, estrenó en 1951 la revista musical Two on the Aisle y en 1954 Peter Pan. Su protagonista fue Mary Martin (1913-1990), quien ya anteriormente, en 1938, había estrenado otra canción, esta de Cole Porter, que luego popularizaría de nuevo Marilyn Monroe, My Heart Belongs to Daddy. Vemos a Martin interpretando el número Never Never Land en esta adaptación del musical para televisión de 1960.

También en 1954 ganó el Oscar a la Mejor de la canción por Three Coins in the Fountain (letra de Sammy Cahn), uno de los dos que se llevó película del mismo título (Creemos en el amor la denominaron es su versión en castellano), dirigida por Jean Negulesco. La interpretaba Frank Sinatra. Hela aquí:

El mismo equipo (Styne, Comden y Green) volvió a triunfar en 1956 con el musical Bells Are Ringing, que incluye otra preciosa canción: Just in Time. En 1960 se adaptó para la pantalla grande con el mismo título (Suena el teléfono en la versión doblada al castellano), que dirigió otro de los grandes directores de la época dorada de Hollywood, Vincente Minnelli. Veamos la secuencia en que Dean Martin y Judy Holliday interpretan el tema.

Gypsy Rose Lee con Jerome Robbins, Stephen Sondheim, Arthur Laurents y Jule Styne en una audición de Gypsy

Gypsy Rose Lee con Jerome Robbins, Stephen Sondheim, Arthur Laurents y Jule Styne en una audición de Gypsy. / Fotografía: Friedman-Abeles.

En 1959 se estrenó en Broadway Gypsy, sin duda uno de los mejores musicales de todos los tiempos. Servidor de ustedes, está más que de acuerdo con esta apreciación. Si es uno de los pocos que vio el vídeo con que el pasado jueves les daba la bienvenida de nuevo –24 reproducciones lleva hasta ahora (22 de abril, 11:37 horas), contando las tres o cuatro que he hecho yo mismo–, la melodía que suena es la Obertura de Gypsy. El musical –con letra de otro reputado compositor, letrista y autor teatral estadounidense, Stephen Sondheim– se basa en la vida de Gypsy Rose Lee (1911-1970), actriz estadounidense y artista del burlesque norteamericano, género en el que se inició a los 15 años espoleada por su madre, que no dudó en falsificar la fecha de su nacimiento para cumplir su sueño de verla convertida en estrella.

Rose Thompson –así se llamaba la madre– anhelaba que sus hijas, June y Louise, fueran estrellas de variedades. Era la única posibilidad que vía para salir de la miseria en tiempos de la Gran Depresión. June prometía más en principio, pero esta se largó con un muchacho que actuaba con ellas en el vodevil y era el amor secreto de Louise. Entonces Rose decidió que Louise sería la nueva estrella del espectáculo, pero al final terminaron haciendo trajes en un cabaret. Un buen día, faltaba una de las strippers y Louise salió al escenario en su lugar. Y así fue como se convirtió en estrella de variedades. Cambió entonces su nombre de nacimiento (Rose Louise Hovick) y formó su nombre artístico anteponiendo al suyo la palabra Gypsy (gitana) –por su afición a leer las hojas de té para predecir el futuro– y añadiendo Lee porque le pareció que, de ese modo, sonaba mejor.

Al morir su madre, Gypsy Rose escribió un libro de memorias titulado Gypsy: A Memoir (Nueva York, Harper & Bros., 1957), en el cual se basó Styne para escribir el musical Gypsy: A Musical Fable. Gypsy se merece una entrada para él solo, que ya redactaré y publicaré más adelante. Hoy incluiremos únicamente un par de números: Everything’s Coming Up Roses (con la actriz británica Imelda Staunton como Rose, la medre, en un momento del nuevo montaje que se presentó en el teatro Savoy de Londres en 2015) y Let Me Entertain You, con Natalie Wood en el papel de Gypsy Rose Lee en la película de Melvin Leroy de 1962 Gypsy (La reina del Vaudeville en la versión doblada al castellano).

Funny GirlDos años después de estrenarse la película, en 1964, con letras de Bob Merrill, llega Funny Girl. La trama, semibiográfica, se basa en la vida y la carrera de la estrella de Broadway, la actriz de cine y comediante Fanny Brice, presentando su tormentosa relación con el empresario y jugador Nick Arnstein. Su título original era My Man. La versión cinematográfica se estrenó en 1968 y fue dirigida por William Wyler, con Barbra Streisand, Omar Sharif y Walter Pidgeon en los papeles estelares. Por él Barbra ganó el Oscar a la mejor actriz, ex aequo con Katharine Hepburn. Vamos con una secuencia de la misma en la que nuestra protagonista interpreta el conocido tema People.

Nueve meses estuvo en cartel Fade Out, Fade In (letra de Betty Comden y Adolph Green, desde el 16 de mayo de 1964, día de su estreno, hasta el 17 de abril de 1965. Su protagonista fue la popular Carol Burnett. La escuchamos en la grabación original de 1964 con tema It’s Good to Be Back Home.

En los años de 1970 el teatro y el cine musicales experimentaron una profunda transformación como resultado de los nuevos gustos derivados de la eclosión de la música pop-rock y otra manera de entender la realidad tras los grandes cambios de la década anterior. Styne, no obstante, siguió componiendo. En 1972 fue nombrado miembro del Songwriters Hall of Fame (Salón de la fama de los compositores), fundado, entre otros, por el también compositor Johnny Mercer para honrar a aquellos de cuya labor creativa surgieron los temas más célebres del cancionero (Songbook) popular estadunidense; en 1981, miembro del Theatre Hall of Fame (Salón de la fama del teatro) y en 1990 fue premiado en los Kennedy Center Honors en la ceremonia anual que se celebra para galardonar a cinco artistas por su contribución a las artes escénicas.

Tras Fade Out, Fade In –su decimoctavo musical– Styne estrenó Hallelujah, Baby! (1967), Darling of the Day (1968), Sugar (1972), Lorelei (1974), Bar Mitzvah Boy (1976), Pieces of Eight (1985) y The Red Shoes (1990). Pocos son los vídeos que hemos localizado de estos. Ninguno con una aceptable calidad de imagen y, lo más importante, de sonido. No es una excepción el que sigue, con el que concluimos la entrada, pero al menos el audio se salva. Registra este el momento de la ceremonia de la entrega de los Premios Tony de 1968 en que Angela Lansbury presenta a Leslie Uggams, interpretando la canción que da título al musical Hallelujah, Baby! (1967), una historia centrada en la lucha afroamericana por la igualdad durante la primera mitad del siglo XX, también con letra de Comden y Green, por el que Styne ganó otro Tony al Mejor Musical.

El 20 de septiembre de 1994, Styne fallecía en Nueva York a causa de una insuficiencia cardíaca. Pocos como él han dejado un legado musical tan importante, imperecedero.

Que disfruten de un buen día. Gracias por su visita.

En el lejano Oeste. Cine musical

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Fotograma (en blanco y negro) de la película “Siete novias para siete hermanos”.

No son los westerns –o las películas de vaqueros, como decíamos de niños– un género en el que abunden las películas musicales, pero haberlas haylas, y no pocas. Especialmente en los años en que el cine musical gozó de su máximo esplendor –las décadas de 1950 y 1960– se rodaron un buen número. A ellas –a unas cuantas que hemos seleccionado en función de su importancia y, cómo no, de la disponibilidad de vídeos que puedan ser insertados– dedicamos esta entrada, que abarca un periodo que abarca de mediados de la década de 1930 a finales de la de 1960.

De mediados de la década de 1930, de 1936, es la adaptación cinematográfica de una famosa opereta, Rose-Marie (música de Rudolf Friml y Herbert Stothart, libreto y letras de Otto Harbach y Oscar Hammerstein II), estrenada en Nueva York en 1924, que se convirtió en el musical más duradero de Broadway de los años 1920 hasta que fue sobrepasada por El príncipe estudiante. El proyecto se encargó al director W.S. Van Dyke y contó con un reparto en el que figuraban Jeanette MacDonald, Nelson Eddy, Reginald Owen, Allan Jones y James Stewart (en la que era su segunda aparición en la gran pantalla). Cuenta la historia de una famosa cantante de ópera, cuyo hermano está acusado de participar en un atraco, que hará todo lo posible por que el primer ministro –está ambientada en los bosques canadienses– le retire los cargos. Aunque el argumento fue cambiado y se suprimieron la mayoría de las canciones de la versión teatral, fue un gran éxito, sobre todo para la pareja protagonista. El dúo de Jeanette MacDonald y Nelson Eddy en Indian Love Call –una de las canciones que se respetaron del musical de Broadway, original de Rudolf Friml (música) y Oscar Hammerstein II (letra)– es recordado como una de las mejores interpretaciones de ambos a lo largo de sus respectivas carreras.

Can’t Help Singing (1944) –Feliz y enamorada se tituló la versión doblada al español– es otro filme ambientado en el lejano Oeste que se centra en las peripecias de la hija de un senador estadounidense que sigue a su novio en la época de la fiebre del oro de California. Dirigida por Frank Ryan, encabezaron el reparto Deanna Durbin, Robert Paige y Akim Tamiroff. De la misma incluimos la secuencia en que Deanna Durbin interpreta la canción que da título al filme (música de Jerome Kern y letra de E.Y. Harburg).

Dos años después, en 1946, la canción On the Atchison, Topeka and the Santa Fe, de The Harvey Girls (en la versión doblada al español Las chicas de Harvey) –una composición de Harry Warren (música) y Johnny Mercer (letra)– ganó el Oscar a la Mejor canción. Una joven, Susan Bradley (Judy Garland) llega a Nuevo México para casarse con un hombre al que solo conoce por correspondencia. Pero este resulta ser un borracho, por lo que Susan decidirá emprender una nueva vida como camarera en el local de Harvey. Este western musical, flojo aunque divertido, fue dirigido por George Sidney, siendo sus protagonistas, además de Judy Garland, Ray Bolger, John Hodiak y Angela Lansbury. Es Judy Garland quien interpreta la oscarizada canción.

Otros dos años más tarde, en 1948, Buttons and Bows, una canción del filme de dicho año dirigido por Norman Z. McLeod The Paleface (Rostro pálido), se alzaba otra vez con el mismo galardón en la ceremonia. Sus autores fueron Jay Livingston (música) y Ray Evans (letra). Vemos una secuencia la película en la que la interpretan Roy Rogers, Bob Hope and Jane Russell.

De 1953 es Calamity Jane (Doris Day en el Oeste en la versión doblada al español), uno de los más atractivos trabajos de Doris Day, en el que da vida a una mujer de armas tomar: Juana Calamidad. Aparte de esto, la película tiene poco atractivo más allá de los números musicales. Dirigida por David Butler, acompañaban a Doris Day en el reparto Howard Keel, Allyn Ann McLerie y Philip Carey. Just Blew in from the Windy City, que interpreta obviamente Doris Day, es una de las secuencias musicales más conocidas.

Seguimos con la que, sin duda, es una de las grandes películas musicales de la historia: Siete novias para siete hermanos (1954, Seven Brides for Seven Brothers). Nos cuenta las peripecias de los hermanos Pontipee, siete rudos leñadores, solteros, que viven juntos y solos en la montaña. Un buen día, Adam, el hermano mayor, encuentra novia en el pueblo y se la lleva a vivir a la cabaña. Los demás hermanos deciden, entonces, hacer lo mismo y van a la ciudad en busca de novia, no dudando en secuestrar a siete chicas a las que se llevan a vivir con ellos. El argumento rezuma machismo, pero se atenúa al poco tiempo con la determinación de Milly, la esposa del mayor de los hermanos Pontipee: “Trabajaré a tu lado, Adam, pero no pienso dormir a tu lado”. Dirigida por Stanley Donen, con música de Saul Chaplin y Gene de Paul y letras de Johnny Mercer, figuraron en los papeles principales Howard Keel y Jane Powell, además de Jeff Richards, Tommy Rall, Russ Tamblyn, Marc Platt, Matt Mattox, Jacques d’Amboise, Julie Newmar y Virginia Gibson. De Siete novias para siete hermanos vemos el famoso número House-Raising Dance (música de Gene de Paul).

Molly Brown, siempre a flote (The Unsinkable Molly Brown) fue dirigida en 1964 por Charles Walters y fueron sus principales protagonistas Debbie Reynolds, Harve Presnell y Ed Begley. El argumento es bastante simple: Molly Brown es recogida en un cesto del río y quiere convertirse en una gran dama del Oeste al tiempo que busca un novio rico. Claro que el argumento no es más que el pretexto para que Debbie Reynolds se luzca con unas cuantas canciones, como la que sigue: Belly up to Bar, Boys. Lástima que la calidad del vídeo no sea lo suficientemente buena.

Finalizamos con una de esas películas que nunca se olvidan: La leyenda de la ciudad sin nombre (Paint Your Wagon), la historia de un pueblo construido por mineros, sedientos de chicas, alcohol y oro. Este filme estadounidense de 1969 fue dirigido por Joshua Logan con un reparto encabezado por Lee Marvin, Clint Eastwood y Jean Seberg. El guion está adaptado por Paddy Chayefsky a partir del musical de 1951 Paint your wagon, de los autores Alan Jay Lerner y Frederick Loewe. La leyenda de la ciudad sin nombre es, además de un maravilloso musical, un canto a la amistad, a la vida y a la libertad. “Hay dos tipos de personas. Los que son de algún sitio y los que son de ninguna parte. Yo soy un ex-ciudadano de ninguna parte y siento añoranza de mi hogar”, afirma Ben Rumson (Lee Marvin), un minero un tanto ácrata y desmadrado, bebedor y buena persona, y, sobre todo, libre, que forma una peculiar sociedad con Clint Eastwood (que se marca algunas canciones románticas) y con el que comparte a su chica, la guapísima Jean Seberg.

De La leyenda de la ciudad sin nombre, naturalmente, incluimos la bella y conocidísima canción (música de Frederick Loewe y letra de Alan Jay Lerner) Wand’rin’ Star, que interpreta Lee Marvin.

Que pasen un buen día. Gracias por su visita.

Susúrrame cuando hables de amor (Speak Low)

Speak low

Ava Gardner y Dick Haymes en “One Touch of Venus”.

La obra de Kurt Weill (1900-1950), uno de los grandes compositores contemporáneos, es un claro ejemplo de síntesis entre lo que suele denominarse ‘música culta’ y ‘música popular’. O mejor dicho: una muestra evidente de que la música es música, y punto, de que toda distinción en este sentido es artificial. Otra cosa son los dictados y convencionalismos académicos.

El nombre de Kurt Weill es casi indisociable del de Bertolt Brecht mientras ambos vivieron en Berlín. De su colaboración salieron obras tan sobresalientes como La ópera de cuatro cuartos (1928), Happy end (1929), Ascenso y caída de la ciudad de Mahagonny (1930) o –ya en exiliados en París– Los siete pecados capitales (1933).

Weill era judío y por ello –y por ser autor junto al marxista Brecht de obras tan críticas y corrosivas como las mencionadas– se vio obligado a huir de Alemania para escapar de los nazis en marzo de 1933. Recaló primero en París y en 1935 se estableció en Estados Unidos –más tarde se nacionalizaría estadounidense–, donde se reencontró con su ex esposa, Lotte Lenya, y se volvieron a casar. En el país norteamericano prosiguió su carrera y trabajó en Broadway y en Hollywood en la música de algunas películas, entre ellas One Touch of Venus (Venus era mujer) –adaptación para la gran pantalla del musical homónimo estrenado en Broadway en 1943, al que pertenece esta magnífica canción de que nos ocupamos hoy: Speak low–, una comedia musical estrenada en 1948 que dirigió William A. Seite y protagonizaron Robert Walker y Ava Gardner.

“Habla despacio (Speak low), susúrrame, cuando me hables de amor hazlo en voz muy baja. Nuestros días de verano se marchitan demasiado pronto. El tiempo es tan longevo y el amor tan breve… Háblame despacio, háblame de amor”, dice la letra de este tema que escribió Ogden Nash y que se ha convertido en uno de los grandes estándares del jazz que han grabado numerosos músicos y cantantes, desde John Coltrane, Bill Evans o Joe Pass a Billie Holiday, Ella Fitzgerald o Dee Dee Bridgewater.

Nuestros dos primeros vídeos recogen la versión que hicieron en 1943 Mary Martin y Kenny Baker –los protagonistas del estreno en Broadway de One Touch of Venus y, por tanto, los primeros en interpretar la canción– y la secuencia de la versión cinematográfica en que Ava Gardner (doblada por Eileen Wilson) y Dick Haymes interpretan Speak low.

Lotte Lenya, esposa de Kurt Weill, la grabó en 1957. Esta es su versión:

La brasileña Marisa Monte posee una voz inmensa, inabarcable, con la que cuando canta canciones de amor –una temática recurrente en su repertorio– parece que le susurra a uno al oído. Vemos a continuación la interpretación que hace de Speak low, tema incluido en su disco de 2006 Marisa Monte.

Dee Dee Bridgewater es una de las más grandes vocalistas del panorama jazzístico actual, versátil e innovadora como pocas. Su repertorio está formado, básicamente, por conocidos estándares del jazz, aunque arriesga constantemente en la improvisación interpretativa, sobre todo en directo. Así, nos regaló esta excelente versión grabada en directo que se incluye en el documental North Sea Jazz Cruise (2007), de Patrick Savey.

Decíamos al principio que el trabajo de Weill rompe con la convencional y engañosa contraposición entre ‘música culta’ y ‘música popular’. Lo mismo podríamos afirmar de L’Orchestre d’Hommes-Orchestres, grupo fundado en Quebec en 2001 que en sus espectáculos combina música, actuación, teatro de calle, intervenciones urbanas, y busca nuevas estructuras sonoras utilizando instrumentos de música insólitos, inventados o que forman parte de la vida cotidiana. Escuchemos y veamos la sorprendente versión que de Speak low nos ofrecen en su espectáculo Cabaret Brise-Jour (around the music of Kurt Weill). El vídeo se grabó durante el festival Jazzaldia (Donostia-San Sebastián) de 2010.

Finalizamos con un par de versiones más. La primera más convencional, al tiempo que exquisita, a cargo de Tony Bennett y Norah Jones, incluida en su álbum Duets II (2011). La segunda es la que figura en la película Phoenix (2014), que dirigió Christian Petzold con Nina Hoss en el papel de Nelly Lenz, una alemana judía superviviente de Auschwitz. Ella es quien interpreta la canción en esta emotiva secuencia.

Buen fin de semana.

Kurt Weill y Lotte Lenya. 25 años de amor y música

Lotte y Kurt

Lotte Lenya y Kurt Weill en Berlín (1930).

En 1925, cuando Berlín vivía en todo su esplendor los “felices años veinte” y era el centro de la modernidad, dos grandes nombres de la música de teatro y cabaret contraían matrimonio: Kurt Weill y Lotte Lenya. Duró este veinticinco años, hasta la muerte de Weill, si bien con un paréntesis desde finales de 1933, cuando se separaron estando exiliados en París, hasta 1935, cuando se reencontraron en EE UU y volvieron a casarse.

Kurt Weill (1900-1950) nació en la ciudad alemana de Dessau en el seno de una familia judía. Siendo adolescente, comenzó a estudiar música con Albert Bing. Pronto empezó a componer y mostró una temprana predilección por la música vocal, que lo condujo al teatro musical. Se trasladó a Berlín a principios de la década de 1920 y se hizo un hueco en su vibrante escena cultural. En 1922 se integró en el Novembergruppe, grupo de artistas de izquierda de Berlín en el que figuraban, entre otros, el compositor de música clásica Hanns Eisler y el también compositor ligado a la Bauhaus y los dadaístas, Stefan Wolpe, quienes solían representar trabajos de compositores como Berg, Schönberg, Stravinsky o Krenek.

En cuanto a Lotte Lenya (1898-1981), nacida en Viena en 1898 en el seno de una familia de clase obrera, se crió en un ambiente de miseria, con un padre despótico y una madre incapaz de protegerse de él y de proteger a su hija. Según Donald Spoto (Lotte Lenya, 1990) para escapar de los maltratos de su padre, que llegó a violarla, y de la pobreza empezó en la prostitución a los 11 años. Pero luego marchó a Zúrich, donde estudió música, consiguiendo en 1914 un primer trabajo en el Schauspielhaus Zürich con el nombre artístico de Lotte Lenja. Y de Zúrich a Berlín en 1921. En la capital alemana se relacionó con el círculo de artistas que incluía a Kurt Weill y Bertolt Brecht tras conocer al primero en 1924 debido a la amistad que unía a ambos con el dramaturgo Georg Kaiser, con quien Weill había colaborado en su ópera de un solo acto Der Protagonist (1926).

El encuentro, parece ser, resultó más que satisfactorio y en 1925 contraían matrimonio. Este hecho resultaría decisivo en la orientación de la carrera de Lotte y, aunque en menor medida, de Weill, para quien su mujer se convirtió en su musa. El mismo Brecht escribió papeles especialmente pensados para ella en La ópera de cuatro cuartos Ascenso y caída de la ciudad de Mahagonny, ambas con música de Weill.

Fue así que en 1928 protagonizó su primer gran papel haciendo de Jenny en Die Dreigroschenoper (La ópera de cuatro cuartos). La poderosa música de Weill combinada con el cinismo y la crítica social del libreto de Brecht produjeron una de las creaciones culturales más importantes de la Europa de entreguerras. De ella incluimos una secuencia –con subtítulos en español– de la película alemana de 1931 Die 3 Groschen-Oper (en la versión doblada al español La comedia de la vida), dirigida por Georg Wilhelm Pabst, con Lotte interpretando “Seeräuberjenny” (Pirata Jenny).

En marzo de 1930 se estrenó en Leipzig Aufstieg und Fall der Stadt Mahagonny (Ascenso y caída de la ciudad de Mahagonny). Simpatizantes del NSDAP (Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán), el partido nazi, boicotearon el estreno y a duras penas se consiguió finalizar la representación. Tras Leipzig, se presentó en Berlín en diciembre de 1931, con Lotte Lenya en el papel de Jenny Smith. A principios de 1933, cuando los nazis llegaron al poder, se prohibió. A Ascenso y caída de la ciudad de Mahagonny pertenece la canción “Rasch wuchs-Oh, Show Us the Way”, más conocida –por cantarse en inglés– como “Alabama Song” que suena el primer acto en interpretación de Jenny y las chicas, que han perdido su patria y no ven otra salida que venderse a los hombres de Mahagonny. La grabación que sigue es la que grabó Lenya en 1930 con The Three Admirals.

Tanto Lenya como Weill y Brecht huyeron del nazismo y se refugiaron en París. El matrimonio entre el compositor y la actriz y cantante estaba en crisis y pronto se divorciaron. Aun así, intervino –como Anna I– en Los siete pecados capitales (Die sieben Todsünden), un ballet satírico con libreto de Brecht con canciones y nueve escenas: prólogo, los siete pecados –“La pereza”, “La soberbia”, “La ira”, “La gula”, “La lujuria”, La avaricia” y “La envidia” (por este orden)– y epílogo, que se estrenó el 7 de junio de 1933 en el Théâtre des Champs-Élysées en París. El millonario Edward James financió la obra e incluyó una cláusula en el contrato por la que su mujer, la bailarina Tilly Losch, que según este tenía gran parecido con Lotte Lenya, debía aparecer en la obra. De este modo el personaje central Anna se dividió en dos: una contaba la historia y la otra la bailaba. La obra fue un fracaso de público y crítica y el mismo mes de junio se presentó en el Savoy Theatre de Londres con el título de Anna-Anna, en una traducción al inglés improvisada por la propia Lotte. Escuchamos la interpretación que del prólogo grabó Lenya en 1956, desgraciadamente en un vídeo con imagen fija de la portada del álbum que se editó en dicho año.

La obra de Weill era conocida en EE EU, aunque en ambientes reducidos del mundo musical. En 1933 se había estrenado en Broadway la versión en inglés de Die Dreigroschenoper con el título de The Threepenny Opera (de ahí muchas veces aparezca su título original traducido al español como La ópera de los tres centavos o de los tres peniques), que solo llegó a representarse trece veces. Ello no fue óbice para que siguiera colaborando y se estableciera definitivamente –junto a Lotte Lenya, convertida de nuevo en su esposa– en el país norteamericano en 1935. En 1936 Weill estrenaba, con libreto de Paul Green, Johnny Johnson, una sátira antibelicista ambientada en la Primera Guerra Mundial. Su música sonaba aún muy “alemana” y la obra se mantuvo en cartel durante 68 funciones. Veamos a Lotte interpretar –si bien en un vídeo que recoge un momento del programa de televisión que grabó en Boston en 1966 con George Voskovec The World of Kurt Weill y se emitió en febrero de 1967– la canción de Johnny Johnson “Song of the Goddess”.

A principios de 1938, con el éxito musical de Knickerbocker Holiday, escrito por el dramaturgo Maxwell Anderson, Weill finalmente tuvo acceso a la escena teatral de los musicales de Broadway. Los otros dos grandes éxitos que Weill tuvo en Broadway fueron escritos durante la guerra: Lady in the Dark (1941), con letra de Ira Gershwin, y One Touch of Venus (1943, Venus era mujer), una comedia musical que alcanzo las 567 representaciones. En estos años, Lotte intervino en la ópera-oratorio de Weill The Eternal Road, estrenada en 1937 en la Manhattan Opera House (Nueva York); cantó en el club de moda neoyorkino Le Ruban Bleu; estrenó la obra de teatro de Maxwell Anderson Candle in the Wind (1941), grabó algunas canciones de su marido, colaboró con la emisora La Voz de América, creada en 1942 por la Oficina de Información de Guerra del Gobierno de Estados Unidos, y se retiró de los escenarios.

1942

Kurt Weill y Lotte Lenya en Nueva York en 1942. Robert Kradin-Associated Press/The New Yorf Times.

Kurt y Lotte, como acabamos de ver, trabajaron pocas veces juntos en EE UU. Otros eran los parámetros musicales y otros también los criterios por lo que se regía el mundo del espectáculo. Weill difícilmente podía componer para su esposa y su música era más “americana”, lo que no le quita un ápice de calidad. Vamos a comprobarlo en este vídeo con una muy bella canción: Speak low, de One Touch of Venus, en interpretación de Lenya, quien no formó parte del reparto original pero la grabó en 1957.

En 1950 fallecía Weill. Lotte accedió, a regañadientes, participar en un concierto homenaje del ayuntamiento de Nueva York. Aunque confiaba demasiado en su talento, obtuvo un gran éxito. Un año después se casaba con el escritor y editor George Davis, quien la convenció para que encarnara a Jenny en una nueva producción de La ópera de cuatro cuartos, primero en concierto –con Leonard Bernstein (1952)– y después en Broadway (1954). Por su papel consiguió un premio Tony en 1956.

Durante las dos décadas que siguieron a la muerte de Weill, Lenya retomó, pues, su carrera internacional como cantante y actriz, dedicándose casi en exclusiva a interpretar la obra de Weill. Es a partir de los años 50 del siglo pasado, cuando Lotte empieza a aparecer en programas de televisión, que disponemos de algún vídeo más suyo interpretando las más celebradas canciones del que había sido su marido. Al mismo tiempo, graba diversos álbumes con estos y otros temas de Weill, incluyendo algunos de sus musicales completos.

Algunas de estas interpretaciones las hemos incluido ya. Vamos con unas pocas más. En los dos vídeos que siguen interpreta, en el primero “Bilbao Song”, de Happy End (1929), incluida en el álbum de 1955 Lotte Lenya sings Berlin Tehatre. En el segundo “September Song”, del musical compuesto por Kurt Weill con letra y argumento de Maxwell Anderson que dirigió Joshua Logan, Knickerbocker Holiday (1938). La grabación corresponde al álbum September Song and Other American Theatre Songs of Kurt Weill, grabado en 1967, que salió a la venta en febrero de 1958.

De 1958 es esta versión de “Alabama Song” –la original ya la hemos escuchado– que interpretó Lotte para el programa de la cadena de televisión CBS Camera Three. Está extractado del DVD Theater Music of Brecht & Weill, que recoge diversas actuaciones de Lotte Lenya y Gisela May entre 1958 y 1963.

Y de 1965 este vídeo correspondiente a la serie de programas de televisión que presentaba Aaron Copland para la WGBH-TV de Boston, en el que Lotte interpreta “Havanna-Lied” y “Surabaya Johnny”.

Finalizamos con otro vídeo con fotografías suyas, y con Weill y Brecht, para escuchar ese hermoso tango-habanera que es “Youkali”. Weill escribió la música para la obra de Jacques Deval Marie galante, que se estrenó en el Teatro Hébertot de París en 1934. Un año más tarde se rodaba una primera versión cinematográfica en Estados Unidos dirigida por Henry King. En un principio, “Youkali” era un tema instrumental para el que en 1935 Roger Fernay escribió la letra. La grabación pertenece a The Lotte Lenya Album (1970), que incluye grabaciones suyas de 1955 y 1957.

Como he dicho otras veces, si han llegado hasta el final de esta larga entrada cuenten con mi reconocimiento, pues es una de esas que cuesta mucho de elaborar –no tanto por la redacción como por la búsqueda de documentación y de vídeos– y luego, cuando miras las estadísticas, adviertes que pasa al grupo de las que menor número de visitas ha recibido. De todos modos, sarna con gusto no pica, que dice la paremia.

Peggy Ryan

Donald O'Connor and Peggy Ryan - copia

Morena, llena de vida, de personalidad rebosante de optimismo, pero sobre todo excelente bailarina y actriz, Peggy Ryan falleció en octubre de 2004, a los 80 años, sin haber recibido el reconocimiento que merecía. Fue pareja de baile de Donald O’Connor en una serie de películas de las denominadas “B” de la Universal en la década de 1940, es decir, a películas de bajo presupuesto que se rodaban generalmente para llenar las funciones dobles con que la industria cinematográfica pretendía recuperar espectadores tras su drástica disminución como consecuencia del crac de 1929. Ambos fueron calificados como el Mickey y la Judy de las películas de serie B al ser la apuesta de la mencionada productora a la exitosa pareja que formaban Mickey Rooney y Judy Garland, que tenían contrato con la MGM. Sin embargo, el estilo de baile de Peggy Ryan era más excéntrico que el de Garland, de movimientos más desgarbados y veloces zapateados. Eso sí, transmitía una gran energía y un contagioso entusiasmo.

Hija de artistas de vodevil –sus padres eran la pareja The Merry Dancing Ryans–, nació en 1924 en Long Beach (California, Estados Unidos). “Mi madre y mi padre eran una pareja de baile de de salón y cuando nací yo interrumpí su carrera. Entonces mi madre puso todas sus esperanzas y sueños que su hija sería lo ella que quería ser”, declaró cuando ya era conocida. Y, así, a la edad de tres años comenzó a actuar con ellos y a los cinco debutó en el cine en la película The Wedding of Jack and Jill (1930). Ella era Jill, la protagonista, figurando en el reparto otra jovencita prodigio: Judy Garland.

George Murphy –bailarín, actor y, más tarde, político estadounidense– se fijó en Peggy y le consiguió un papel en Top of the Town (1937), un musical en blanco y negro de estética muy art déco que protagonizaban Murphy y Doris Nolan en el que una rica heredera abre un club nocturno en lo alto de un rascacielos de Manhattan. Veamos a Peggy, con doce años, bailando claqué en esta secuencia del filme al ritmo de My Dacing Lady, de Jimmy McHugh.

Sus dotes como actriz no pasaron desapercibidas y trabajó en varias películas no musicales, entre ellas la fantástica Las uvas de la ira (1940, The Grapes of Wrath), de John Ford. Peggy, que se consideraba ante todo bailarina, entendió que estos pequeños papeles no le permitían demostrar su habilidad en este campo y no dudó a la hora de aceptar un papel en la revista de Broadway Meet the People (1940).

Tanto el espectáculo como Ryan triunfaron y, a raíz de ello, le surgió un contrato con la Universal para formar parte de un grupo de doce jóvenes que se llamó The Jivin’ Jacks and Jills. Entre ellos figuraba también Donald O’Connor, un año menor que ella, con quien formaría la pareja antes mencionada y con quien trabajaría por primera vez, junto con el resto de The Jivin’ Jacks and Jills, en What’s Cookin’? (1942), una película de Edward F. Cline que protagonizaban The Andrews Sisters. Vamos con The Jivin’ Jacks and Jills en un fragmento del filme bailando al son de la orquesta de Woody Herman el tema de Joe Bishop Woodchopper’s Ball.

Peggy y Donald –con The Jivin’ Jacks and Jills– intervinieron en varios filmes, entre ellos Private Buckaroo, de Edward F. Cline; Give Out Sisters, también de Cline; Get Hep to Love y When Johnny Comes Marching Home, estas dos últimas de Charles Lamont. Los cuatro fueron rodados y estrenados en 1942. A Private Buckaroo –un musical de la Universal para publicitar el alistamiento en el ejército estadounidense en plena Segunda Guerra Mundial cuyo reparto encabezaron The Andrews Sisters y Joe E. Lewis– pertenece esta secuencia de baile en la que Harry James and His Music Makers interpretan el tema James Session.

En Get Hep to Love Ryan interpretó uno de sus mejores números en solitario cantando y bailando “Let’s Hitch a Horsie to an Automobile” –de Al Hoffman, Mann Curtis and Jerry Livingston– pero fue bailando y haciendo payasadas con O’Connor que consiguió el aplauso popular. Vamos con “Let’s Hitch a Horsie to an Automobile”.

Cuando al año siguiente, 1943, se estrenó Mister Big, de Charles Lamont, Ryan y O’Connor eran ya pareja estelar del reparto, en el que figuraba también Gloria Jean. El mismo 1943 estrenaban otro filme del mismo director como pareja: Top Man. Lamentablemente pocos vídeos hemos encontrado de ambas películas. Nos tendremos que conformar con este fragmento de Top Man, cuya calidad deja mucho que desear, en el que aparece Peggy brevemente bailando con la orquesta de Count Basie el tema del propio Basie y Milton Ebbins Basie Boogie.

Ambos continuaron unidos en el reparto de las películas de 1944 Chip Off the Old Block (De tal palo tal astilla), de Lamont una vez más; Follow the Boys (Sueños de gloria), de A. Edward Sutherland y John Rawlins; This Is the Life, de Felix E. Feist, y The Merry Monahans (Noche triunfal), de Lamont. Tampoco en este caso abundan los vídeos en los que aparece Peggy Ryan, por lo que únicamente podemos incluir un par de secuencias. La primera de Follow the Boys –película en que las estrellas de la Universal se sucedían en una serie de números musicales y sketchs cómicos destinada especialmente a elevar la moral de las tropas estadounidenses en guerra y el ánimo de la población civil– con ella y O’Connor, y la orquesta de Charlie Spivak, interpretando “Kittens With Their Mittens Laced”, un tema de Inez James y Sidney Miller. La segunda, en otro vídeo de baja calidad, es de This Is the Life y el tema que interpretan –de Buddy Pepper, Inez James y Sidney Miller– se titula “Yippee-I-Voot”.

Ya sin O’Connor participó en varias películas más, entre ellas Here Come the Co-eds (1945, Dos cabezudos), con Abbott y Costello, de Jean Yarbrough; That’s the Spirit (1945,   ¡Ahí va el espíritu!), de Lamont, y Men in Her Diary (1945), de Charles Barton. A la primera corresponden los dos vídeos que siguen, interpretando en el primero “Jumping On A Saturday Night” y en el segundo, con Lou Costello, “Let’s Play House”, ambos temas de Jack Brooks y Edgar Fairchild.

Dejó Universal Studios y fue emparejada con el bailarín Ray McDonald en las películas There’s a Girl in My Heart y Shamrock Hill, ambas dirigidas por Arthur Dreifuss y estrenadas en 1949, y en All Ashore (Marino al agua), de 1953, que dirigió Richard Quine. De esta última es el fragmento de la secuencia en la que con su nueva pareja baila el tema Fred Karger y Robert Wells “Boy Meets Girl”.

Tras All Ashore se retiró del cine y se dedicó a la coreografía, si bien –entre 1969 y 1976– interpretó el papel de la secretaria Jenny Sherman en la serie de televisión Hawái Cinco-0. En sus últimos años enseñó claqué a coristas de Las Vegas. Su última actuación pública, el día de su 80 cumpleaños, fue un hilarante número de baile y canción, dedicado a sus antiguas colegas de la Universal. Continuó enseñando claqué hasta dos días antes de su fallecimiento a causa de un accidente cerebrovascular el 30 de octubre de 2004.

Y, aunque solamente dura 16 segundos, nos despedimos con este vídeo de la que, comentábamos, fue su última actuación pública.

Que pasen un buen fin de semana.