Blandine Ebinger

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Blandine Ebinger a principios de la década de 1920. Fotografía: Alex Binder, Berlin.

Blandine Ebinger –nacida en Berlín como Blandine Loeser el 4 de noviembre de 1899– fue una famosa actriz y cantante del cine mudo y comienzos del sonoro y de los escenarios de los cabarets de la capital alemana de la época de Weimar.

Era hija de la actriz Margarethe Ebinger (1878-1957), cuyo apellido real era Wezel, y del pianista Gustav Loeser. El doctor Ernst Ebinger, con quien se su madre casó luego, fue su padrastro y por eso adoptó como nombre artístico el de Blandine Ebinger. A la edad de ocho años ya actuaba en Leipzig y desde 1913 trabajó en varios teatros de Berlín. En 1917 Blandine Ebinger apareció por primera vez en la película Der zehnte Pavillon der Zitadelle y en 1919 en la película también muda dirigida por F.W. Murnau Der Knabe in Blau (1919). Empezó así una carrera cinematográfica que duraría setenta años.

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Blandine Ebinger y Friedrich Hollaender recién casados.

Ese año, 1919, conoció a Friedrich Hollaender en el cabaret Schall und Rach y poco después se casaron. Este compuso entonces para ella el ciclo Lieder eines armen Mädchens (Canciones de una chica pobre). Las escribió entre 1920 y 1924, siendo las primeras que compuso con letra de su autoría. Hollaender y Ebinger seleccionaron un determinado número de canciones para sus espectáculos, trece en total. La voz casi infantil de Ebinger resultaba ideal para expresar con ironía y sarcasmo la ingenuidad confiada con que tantos contemplaban una sociedad cada día más en decadencia. A Lieder eines armen Mädchens Lieder eines armen Mädchens pertenece O Mond (La luna), que escuchamos en una grabación de 1926.

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Blandine Ebinger interpretando las ‘Lieder eines armen Mädchens’ (1925).

También de 1920 es Jonny (Johnny, wenn du Geburtstag hast), gran canción de Hollaender cuya letra refleja la gran sensualidad que se respiraba en el ambiente y la cada vez mayor condescendencia con las costumbres sexuales y los comportamientos contrarios a los preceptos generalmente aceptados, y en la que es evidente la influencia de los ‘perniciosos ritmos extranjeros’ que, según el nacionalsocialismo, corrompían la pureza del espíritu alemán. Era, pues, música degenerada (Entartete Musik). Sobre esta canción leo en el artículo Blandine Ebinger (1899-1993)”, de la más que interesante página Kabarett. Una historia del cabaret alemán –que recomiendo encarecidamente a todos los amantes de la música de cabaret, o para cabaret, alemán durante la República de Weimar– esta pormenorizada crónica que no resisto reproducir textualmente:

“Friedrich Hollaender, estaba una noche esperando a que su mujer, la cantante Blandine Ebinger, acabase de vestirse para ir a una fiesta a la que ambos estaban invitados. Como no parecía que fuese a acabar nunca Hollaender, con el abrigo, el sombrero y los guantes puestos, se puso a tocar distraídamente las teclas del piano. Una melodía empezó a tomar forma, y al cabo de un rato había creado uno de los temas más populares de su repertorio. Como el propio compositor comentaba, no le dió tiempo a terminar la letra. Lo tuvo que hacer ya en el taxi. Su mujer Blandine interpretó con éxito en el Cabaret Megalomanía esta historia de un músico negro que encandila a las mujeres con su música. Esto no era ajeno a la llegada a Alemania de músicos de jazz, cuyos ritmos se consideraban dotados de una fuerza primigenia”.

De la misma página extraigo esta estrofa de su letra: “En el pequeño Pony-Bar / donde el negro Jonny es una estrella. / Una noche apareció una muñequita blanca / que quedó embelesada / al escuchar su música / y, sin decir, palabra le guiñó un ojo. / Él contempló su cuerpecito blanco y suave como porcelana / y el moro cumplió con su deber. / Mientras ella, como un tímido corderito / suspiraba noche tras noche: / ¡Qué fuerza desprende su salvaje estirpe negra!”.

Jonny, no obstante, no llegó a convertirse en el éxito internacional que fue hasta que la grabó en 1931 Marlene Dietrich. Lamentablemente, no he encontrado vídeo alguno de Ebinger con la grabación de la época, pero sí vamos a verla interpretarla casi cincuenta años después en un momento de un concierto que dio en el Baltrum Theater (Baltrum, Alemania) en 1978.

Durante la década de 1920, Blandine Ebinger se consagró como una de las grandes estrellas de la escena del cabaret berlinés. Además de las composiciones de Hollaender, cantó canciones del poeta y dramaturgo expresionista alemán Klabund y baladas de Walter Mehring, uno de los autores satíricos más destacados de la República de Weimar, en el cabaret cómico y dio voz a la miseria social en Berlín al final de la República de Weimar. Vamos con algunas de ellas. Las tres que figuran acto seguido son de Hollaender y fueron compuestas para Blandine, incluidas las posteriores a 1926, año en que se separaron (lo que significó el final de su colaboración). En ellas se puede apreciar en todo su esplendor la característica voz de Ebinger, tan sensual y cálida como encantadoramente lujuriosa. Son Das Wunderkind (1924, El prodigio), canción sobre la trivialidad del mundo del espectáculo, en una grabación de 1929; Die hysterische Ziege (1927, La lagarta histérica), en grabación del mismo año, y Das Mädchen mit den Schwefelhölzchen (1928, La chica de las cerillas de azufre).

Por entonces, nuestra protagonista ya había participado en varias películas de cine mudo. Con la llegada del cine sonoro, su popularidad aumentó todavía más. Entre cortometrajes y películas de larga duración en cuyo reparto figura, la mayoría en papeles principales, suman nada menos que treinta antes de exiliarse de Alemania en 1937. Por desgracia, apenas hay vídeos y debemos conformarnos con ver a Blandine Ebinger en esta secuencia de la película Einer Frau muss man alles verzeih’n (1931) cantando el foxtrot de Leo Leux Warum sagt kein Mensch Liebling zu mir (¿Por qué nadie me dice que soy su favorita?).

En 1930 estrenó en el Komödie am Kurfürstendamm Theater de Berlín la revista musical de Mischa Spoliansky Wie werde ich reich und glücklich, con Oskar Karlweis de partenaire. Escuchamos a ambos en el tema de la misma Du sowohl wie ich en esta grabación del año del estreno con Mischa Spoliansky y Orquesta.

En 1933, se hizo cargo de la gestión del Teatro Tingel-Tangel, del que era propietario Hollaender. Hollaender, que era judío y lo buscaba la Gestapo, acababa de exiliarse (marzo de 1933) en Estados Unidos. Blandine, como hemos visto, siguió actuando hasta 1937. No era judía, pero se había casado con un judío y tenía una hija de él, Philine. Ese año los nazis aprobaron nuevas normas que endurecía aún más las Leyes de Núremberg de Pureza Racial de 1935. Blandine se marchó también a Estados Unidos, a Los Ángeles. No consiguió más que pequeños papeles en el cine –en algunas películas siquiera aparecía su nombre, como en Prison Ship (1945), donde hacía de prisionera– y tuvo que sobrevivir dando clases de alemán. En 1946 decidió regresar a Alemania. Se mudó a Múnich, donde conoció a su segundo marido, el editor musical Helwig Hassenpflug, en 1961. Finalmente se establecieron en Berlín, donde Blandine continuó su carrera en el teatro y como actriz en producciones televisivas.

En 1982, en el marco del Berliner Festwochen (como se denominaba el actual Berliner Festspiele), ofreció su último concierto con las canciones que la habían hecho famosa (o las canciones que ella había hecho famosas). Veamos unos vídeos del mismo con temas que no hemos incluido hasta ahora: Die Schnapstrine (1921, Hollaender), Die Trommlerin (1929, Hollaender) y Die Kartenhexe (1922, Spoliansky, letra de Walter Mehring).

Blandine Ebinger falleció en Berlín el 25 de diciembre de 1993.

J’attendrai

“Esperaré día y noche, / esperaré siempre tu regreso. / Esperaré, porque el pájaro que escapó / regresa a buscar lo que dejó en su nido”, dice la letra de J’attendrai, una canción típicamente francesa compuesta en 1933 que está inspirada en el tema “Coro a bocca chiusa”, de la ópera de Puccini Madame Butterfly.
Muy popular en la década de 1930, fue la melodía que los jerarcas nazis escogieron para que interpretara una orquesta de diez músicos prisioneros del campo de exterminio de Mauthausen cuando ahorcaron a Hans Bonarewitz, otro prisionero que había logrado escapar del campo escondido en una caja de madera. Antes dio dos vueltas completas dio al recinto, acompañado en todo momento por la orquesta que no paraba de tocar J’attendrai.
Y yo me pregunto, ¿cómo una canción con una melodía y una letra tan bellas como esta pudo utilizarse de manera tan alevosa?

MÚSICA DE COMEDIA Y CABARET

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Hans Bonarewitz junto a la caja de madera en que escapó en los momentos previos a ser ejecutado / Mauthausen Memorial (archivo fotográfico). Hans Bonarewitz junto a la caja de madera en que escapó en los momentos previos a ser ejecutado / Mauthausen Memorial (archivo fotográfico).

En julio del año 1942, el preso austriaco Hans Bonarewitz  logró algo casi imposible: escapar del campo de exterminio de Mauthausen. Se escondió en una caja de madera que iba a ser cargada en un camión y un rato más tarde estaba fuera del campo. Dieciocho días después fue capturado de nuevo y conducido otra vez a Mauthausen. Allí lo tuvieron encerrado en la misma caja durante una semana, hasta que fue ahorcado el 30 de julio. Bonarewitz era gitano y, por ello, llevaba un triángulo invertido de color negro cosido en su chaqueta; los judíos lo llevaban amarillo, los comunistas rojo, los homosexuales rosa, etc.

Bonarewitz es paseado por el campo antes de su ejecución mientras la orquesta de prisioneros interpreta “J’attendrai” / Mauthausen Memorial (archivo fotográfico). Bonarewitz es paseado por el campo antes de su ejecución mientras la orquesta de prisioneros interpreta “J’attendrai” / Mauthausen Memorial (archivo fotográfico).

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El primer himno gay de la historia

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Le Monocle, cabaret “especial” para mujeres en Montmartre, sobre 1930.

El 28 de junio se celebra el Día Internacional del Orgullo LGBT, o Día del Orgullo Gay. Como habitualmente cae entre semana, en muchos sitios –de entre los países en que puede festejarse– suelen adelantar al fin de semana inmediatamente anterior, o retrasar al posterior, los actos organizados para su conmemoración. Este año Madrid es la sede el World Pride 2017, la fiesta mundial del Orgullo LGTB, destacando entre las actividades programadas la Pride Parade que tendrá lugar el próximo 1 de julio y a la que se prevé una asistencia de tres millones de personas. Todo un negocio, especialmente para los hoteles y pisos turísticos, que alcanzan estos días precios estratosféricos. Y es que, como en todo, esta sociedad espectacular nuestra ha acabado por convertir la reivindicación en mera anécdota.

Mucha música sonará estos días, muchas canciones como las archiconocidas ¿A quién le importa?, Sobreviviré, Todos me miran I Will Survive. ¿Pero y la canción de que vamos a hablar hoy? He buscado en varias páginas sobre el Orgullo 2017 que se hicieran eco de las que más suelen escucharse en este tipo de eventos y no aparece por ningún lado. Hablo de Das Lila Lied (La canción violeta), también conocida en su versión en inglés como The Lavender Song, considerada por muchos el primer himno gay de la historia.

La música es de Arno Billing, seudónimo de Mischa Spoliansky, y la letra de Kurt Schwabach, quienes la compusieron en 1920. Spoliansky se la dedicó a Magnus Hirschfeld, médico y sexólogo judío alemán que fue un firme activista defensor de los derechos de los homosexuales. Esta es la primera grabación que se efectuó de la misma a cargo de Marek Weber und sein Orchester, 1921.

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Publicidad en la prensa berlinesa de finales de la década de 1930 del club Violetta.

Lo del color lila obedece a que este simbolizaba en aquellos momentos todo el movimiento gay y luego se sustituyó por el rosa para el conjunto, manteniéndose el violeta dentro del movimiento feminista y el movimiento lésbico. La letra defiende abiertamente el orgullo de ser homosexual y se pregunta por qué motivo se ha de marginar a los homosexuales o prohibir las relaciones entre personas del mismo sexo. Son tan buenos, honrados o inteligentes como los demás. ¿Por qué, entonces? ¿Corre por sus venas una sangre especial, distinta? Obviamente, no. Y, así, lo manifiesta el estribillo: “Ahora somos distintos a los demás, / que solo han amado al dictado de la moral”, pero “pronto –ya lo veréis– / brillará nuestro sol / también de noche. / Entonces habremos alcanzado los mismos derechos. / No sufrimos, ¡somos sufridos!”.

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Hombres vestidos de mujer en Eldorado. / Herbert Hoffmann / Ullstein Bild / Getty Images.

En el Berlín de la República de Weimar la vida gay se vivía abiertamente y proliferaban los locales regidos y frecuentados por hombres y mujeres homosexuales. El Cabaret of the Spider, el Alexander Palast o el Adonis Lounge eran los preferidos por los primeros. El Café Dorian Gray, el Hohenzoffern-Café, el Toppkeller o el Verona-Lounge captaban la mayoría de la clientela lésbica. A Eldorado solían acudir los turistas a ver hombres vestidos de mujer. Muchos aspectos de la tradicional condescendencia europea con las costumbres sexuales y los comportamientos contrarios a los preceptos generalmente aceptados, se desarrollaron como nunca antes en Berlín durante la década de 1920 y parte de la de 1930.

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Wilhelm Bendow.

Das lila Lied pasó pronto a pertenecer a la cultura homosexual, tanto en pequeños círculos privados como en grandes bailes, como punto programático especial. Un pianista de películas mudas cuenta que lo empleó de pasada en una historia similar a Viktor und Viktoria. Se conoce una representación especialmente espectacular de Wilhelm Bendow, que hizo decorar el escenario completamente en violeta y vistió un esmoquin lila hecho a medida especialmente para a la ocasión” (Wikipedia). Lamentablemente no hemos localizado ninguna grabación, en ningún soporte, sobre la versión de Bendow. Vamos, pues, con otras, más actuales.

Mi versión preferida es la de The Love Markets, magnífica formación musical de Seattle (Washington), activa desde 2008, cuyos espectáculos están inspirados en los artistas de cabaret del Berlín de entreguerras anterior a la llegada al poder de los nazis. Canciones de amor y revolución escritas durante la República de Weimar o basadas en los valores que inspiraron aquellas conforman su repertorio. Con su vestimenta de lencería y su look militar, The Love Markets juegan con la decadencia, la subversión, la transgresión y el absurdo. Lo forman Angie Louise (cantante, que también toca el piano y compone canciones), Robertson Witmer (acordeón), David Marriott Jr. (trombón), Dave Pascal (bajo) y Chris Monroe (percusión).

Yo, la verdad, la encuentro muy actual, muy marchosa, ideal para los desfiles del Orgullo gay. La que sigue –estupenda– es la versión en inglés (The Lavender Song) de Ute Lemper, cantante, bailarina y actriz alemana, que la incluyó en su álbum de 1996 Berlin Cabaret Songs.

Es ahora el grupo sueco Norman Bates Trio, cuyo repertorio suele incluir temas de cabaret, quien nos ofrece esta versión también en inglés de The Lavender Song.

Finalizamos con un fragmento del espectáculo de 1998 Mischa Spoliansky Revue zum 100 en el que se interpreta la canción con una escenografía más ajustada al momento de su estreno.

Que tengan un buen día.

Palast Revue: música de baile y cabaret en el Berlín de entreguerras

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Nos vamos una vez más a los salones de baile y cabarets de Berlín de las décadas de 1920 y 1930. Hoy, de la mano de Max Raabe & Palast Orchester, que nos ofrecen un excelente concierto del que ha sido su proyecto más ambicioso hasta el momento, Palast Revue, un fastuoso espectáculo con ballet incluido de dos horas de duración que se estrenó en el Thalia Theater de Hamburgo y representaron hasta 2007. La actuación que vemos es de 2003 y está grabada en el Festspielhaus de Baden-Baden, un teatro con capacidad para 2.500 espectadores que es uno de los centros más importantes de la “música clásica” de Europa.
Max Raabe (Westfalia 1962) es un cantante alemán (barítono con un amplio registro vocal que puede alcanzar las tonalidades más elevadas reservadas generalmente a los tenores, o las más graves), enamorado de la música de la década de 1920 y principios de la de 1930, que tuvo la genial idea de fundar en 1985 la Palast Orchester y grabar los grandes éxitos de aquellos momentos, los cuales interpreta entre la alegría y la melancolía de caracterizaron la época.
El Berlín de entreguerras había conseguido superar a París en número de teatros: cincuenta y nueve frente a cuarenta y siete, pero por encima de todos los espectáculos, del cine, de los circos o de los teatros, los bailes y cabarets levantaban el entusiasmo como ningún otro. Crítica política y tolerancia en las costumbres eran los temas sobre que giraban las canciones más populares, hasta que en 1933 el NSAPD (el partido nacionalsocialista que lideraba Hitler) llegó al poder y se calificó como “arte degenerado” (Entartete Kunst) toda manifestación artístico-cultural contraria a sus principios, como parte de las canciones que incluimos en el artículo de hoy.
Para abrir boca, uno de los números del espectáculo de Max Raabe & Palast Orchester: Hallo, was machst du heut Daisy (You’re Driving Me Crazy), compuesta en 1930 por el estadounidense Walter Donaldson para la comedia musical Smiles y que en Alemania popularizaron los Comedian Harmonists.

En esta magnífica producción, de impecable puesta escena, Max Raabe & Palast Orchester nos ofrecen nada menos que 37 canciones que se escuchaban en los salones de baile y cabarets alemanes durante el turbulento período de la República de Weimar y los primeros años del nazismo, canciones de las décadas de 1920 y 1930 que interpretan con gran fidelidad y que incluyen temas de películas musicales alemanas (Mach’ mich glücklich, del film del mismo título de 1935, o Ich brech’ die Herzen der stolzesten Frau’n, de otra comedia musical de 1938, Fünf Millionen suchen einen Erben, ya en vísperas de la conflagración), populares melodías que interpretaban en los grandes salones de baile las más reputadas orquestas (Ich steh’ mit Ruth gut), canciones de compositores como Hollaender (Ich bin von Kopf bis FuB auf Liebe eingestellt) o Walter Jurmann (Cosi Cosa), o temas clásicos de la opereta (como Dein ist mein ganzes Herz, de Lehár, de Das Land des Lächelns, 1929), todo ello con otros clásicos del pop como Sexbomb y New York, New York en el estilo más genuino de la época que conforma en repertorio de esta genial orquesta.
En la actuación que tuvo lugar en el Festspielhaus de Baden-Baden, los temas incluidos en esta fascinante producción son los siguientes: 1.Mach’ mich glucklich, 2. Ich brech’ die Herzen der stolzesten Frau’n, 3. Erstens kuss’ ich nicht, 4. Bel Ami, 5. Ich steh’ mit Ruth gut, 6. Hallo, was machst Du heut’, Daisy (You Are Driving Me Crazy), 7. Muzik, Muzik, Muzik, 8. Salomé, 9. Wer hat Angst vor dem bosen Wolf, 10. Tabu, 11. Sexbomb, 12. Ninon, 13. No Bar Blues, 14. Lady Be Good, 15. Swinging On A Star, 16. Chicago, 17. New York, New York (Kein Schwin ruft an), 18. Schwanensee, 19. Ich tanze mit Dir in den Himmel hinein, 20. Kuckuckshwalzer, 21. Pop Goes The Weasel, 22. Capture Viennois, 23. Dein ist mein ganzes Herz, 24. Ich bin von Kopf bis FuB auf Liebe eingestellt, 25. Mein Bruder macht beim Tonfilm die Gerausche, 26. Ich hab ‘ne Leidenschaft, 27. Das hat mir noch gefehlt, 28. Irgendwo auf der Welt, 29. Nichts von Bedeutung, 30. O sole mio, 31. Capri-Fischer, 32. Cosi Cosa, 33. Klonen kann sich lohnen, 34. Mein kleiner gruner Kaktus, 35. Klonen kann sich lohnen (Slow Fox), 36. You’re The Cream In My Coffee y 37. Donna Maria.
Vamos con unos cuantos. El primero es la canción Salomé, schönste Blume des Morgenlands, un gran éxito desde que la compusieran en 1920 Robert Stolz (música) y Arthur Rebner (letra).

Conocidísima es Wer hat Angst vor dem bosen Wolf (¿Quién teme al lobo feroz?), popular canción compuesta por Frank Churchill, con letras adicionales de Ann Ronell, que originalmente apareció en 1933 en la película de dibujos animados de Walt Disney Los tres cerditos, siendo uno de los temas que figuraba en el repertorio de muchas orquestas que actuaban en los salones de baile berlineses.

La que sigue, Oh, Lady be Good! –del musical Lady, Be Good (1924), de George Gershwin– triunfó también en los salones de baile hasta 1993. Para los nazis, el jazz era un pernicioso ritmo extranjero que corrompía la pureza del espíritu alemán, como la que componían o interpretaban compositores y cantantes de origen judío o de ideas izquierdistas.

Este foxtrot, Mein Bruder macht beim Tonfilm die Gerausche (1931), no tuvo problemas con la censura. Sus autores –Charles Amberg, Fred Raymond y Luigi Bernauer– “alemanizaron” lo suficiente la canción de este ritmo nacido en Estados Unidos a principios de la década de 1910 que se había extendido con inusitada rapidez por todo el mundo occidental.

Tampoco presentaban problemas canciones como O sole mio, de 1898 con letra de Giovanni Capurro y música de Eduardo di Capua, universalmente famosa y grabada hasta la saciedad sobre todo por cantantes líricos.

De 1933 es Ich tanze mit Dir in den Himmel hinein (Bailando en el cielo contigo), de Friedrich Schröder y Hans Fritz Beckmann), que si ya era popular lo fue aún más tras incluirse en la banda sonora de la película de la UFA Sieben Ohrfeigen (1937), donde la interpretaban Lilian Harvey y Willy Fritsch.

Sí se consideró que era música degenerada Ich hab ‘ne Leidenschaft (Tengo una pasión), de la comedia musical del mismo título original de Henry Koster (1933). Pero es que Koster era judío.

Terminamos con otra canción de 1934, Mein kleiner gruner Kaktus (Mi pequeño cactus verde), de Comedian Harmonists, grupo musical activo entre 1928 y 1934, uno de los de mayor éxito en la Europa anterior a la Segunda Guerra Mundial que combinaba las voces a la perfección.

Que pasen un buen día.

Kurt Weill y Lotte Lenya. 25 años de amor y música

Lotte y Kurt

Lotte Lenya y Kurt Weill en Berlín (1930).

En 1925, cuando Berlín vivía en todo su esplendor los “felices años veinte” y era el centro de la modernidad, dos grandes nombres de la música de teatro y cabaret contraían matrimonio: Kurt Weill y Lotte Lenya. Duró este veinticinco años, hasta la muerte de Weill, si bien con un paréntesis desde finales de 1933, cuando se separaron estando exiliados en París, hasta 1935, cuando se reencontraron en EE UU y volvieron a casarse.

Kurt Weill (1900-1950) nació en la ciudad alemana de Dessau en el seno de una familia judía. Siendo adolescente, comenzó a estudiar música con Albert Bing. Pronto empezó a componer y mostró una temprana predilección por la música vocal, que lo condujo al teatro musical. Se trasladó a Berlín a principios de la década de 1920 y se hizo un hueco en su vibrante escena cultural. En 1922 se integró en el Novembergruppe, grupo de artistas de izquierda de Berlín en el que figuraban, entre otros, el compositor de música clásica Hanns Eisler y el también compositor ligado a la Bauhaus y los dadaístas, Stefan Wolpe, quienes solían representar trabajos de compositores como Berg, Schönberg, Stravinsky o Krenek.

En cuanto a Lotte Lenya (1898-1981), nacida en Viena en 1898 en el seno de una familia de clase obrera, se crió en un ambiente de miseria, con un padre despótico y una madre incapaz de protegerse de él y de proteger a su hija. Según Donald Spoto (Lotte Lenya, 1990) para escapar de los maltratos de su padre, que llegó a violarla, y de la pobreza empezó en la prostitución a los 11 años. Pero luego marchó a Zúrich, donde estudió música, consiguiendo en 1914 un primer trabajo en el Schauspielhaus Zürich con el nombre artístico de Lotte Lenja. Y de Zúrich a Berlín en 1921. En la capital alemana se relacionó con el círculo de artistas que incluía a Kurt Weill y Bertolt Brecht tras conocer al primero en 1924 debido a la amistad que unía a ambos con el dramaturgo Georg Kaiser, con quien Weill había colaborado en su ópera de un solo acto Der Protagonist (1926).

El encuentro, parece ser, resultó más que satisfactorio y en 1925 contraían matrimonio. Este hecho resultaría decisivo en la orientación de la carrera de Lotte y, aunque en menor medida, de Weill, para quien su mujer se convirtió en su musa. El mismo Brecht escribió papeles especialmente pensados para ella en La ópera de cuatro cuartos Ascenso y caída de la ciudad de Mahagonny, ambas con música de Weill.

Fue así que en 1928 protagonizó su primer gran papel haciendo de Jenny en Die Dreigroschenoper (La ópera de cuatro cuartos). La poderosa música de Weill combinada con el cinismo y la crítica social del libreto de Brecht produjeron una de las creaciones culturales más importantes de la Europa de entreguerras. De ella incluimos una secuencia –con subtítulos en español– de la película alemana de 1931 Die 3 Groschen-Oper (en la versión doblada al español La comedia de la vida), dirigida por Georg Wilhelm Pabst, con Lotte interpretando “Seeräuberjenny” (Pirata Jenny).

En marzo de 1930 se estrenó en Leipzig Aufstieg und Fall der Stadt Mahagonny (Ascenso y caída de la ciudad de Mahagonny). Simpatizantes del NSDAP (Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán), el partido nazi, boicotearon el estreno y a duras penas se consiguió finalizar la representación. Tras Leipzig, se presentó en Berlín en diciembre de 1931, con Lotte Lenya en el papel de Jenny Smith. A principios de 1933, cuando los nazis llegaron al poder, se prohibió. A Ascenso y caída de la ciudad de Mahagonny pertenece la canción “Rasch wuchs-Oh, Show Us the Way”, más conocida –por cantarse en inglés– como “Alabama Song” que suena el primer acto en interpretación de Jenny y las chicas, que han perdido su patria y no ven otra salida que venderse a los hombres de Mahagonny. La grabación que sigue es la que grabó Lenya en 1930 con The Three Admirals.

Tanto Lenya como Weill y Brecht huyeron del nazismo y se refugiaron en París. El matrimonio entre el compositor y la actriz y cantante estaba en crisis y pronto se divorciaron. Aun así, intervino –como Anna I– en Los siete pecados capitales (Die sieben Todsünden), un ballet satírico con libreto de Brecht con canciones y nueve escenas: prólogo, los siete pecados –“La pereza”, “La soberbia”, “La ira”, “La gula”, “La lujuria”, La avaricia” y “La envidia” (por este orden)– y epílogo, que se estrenó el 7 de junio de 1933 en el Théâtre des Champs-Élysées en París. El millonario Edward James financió la obra e incluyó una cláusula en el contrato por la que su mujer, la bailarina Tilly Losch, que según este tenía gran parecido con Lotte Lenya, debía aparecer en la obra. De este modo el personaje central Anna se dividió en dos: una contaba la historia y la otra la bailaba. La obra fue un fracaso de público y crítica y el mismo mes de junio se presentó en el Savoy Theatre de Londres con el título de Anna-Anna, en una traducción al inglés improvisada por la propia Lotte. Escuchamos la interpretación que del prólogo grabó Lenya en 1956, desgraciadamente en un vídeo con imagen fija de la portada del álbum que se editó en dicho año.

La obra de Weill era conocida en EE EU, aunque en ambientes reducidos del mundo musical. En 1933 se había estrenado en Broadway la versión en inglés de Die Dreigroschenoper con el título de The Threepenny Opera (de ahí muchas veces aparezca su título original traducido al español como La ópera de los tres centavos o de los tres peniques), que solo llegó a representarse trece veces. Ello no fue óbice para que siguiera colaborando y se estableciera definitivamente –junto a Lotte Lenya, convertida de nuevo en su esposa– en el país norteamericano en 1935. En 1936 Weill estrenaba, con libreto de Paul Green, Johnny Johnson, una sátira antibelicista ambientada en la Primera Guerra Mundial. Su música sonaba aún muy “alemana” y la obra se mantuvo en cartel durante 68 funciones. Veamos a Lotte interpretar –si bien en un vídeo que recoge un momento del programa de televisión que grabó en Boston en 1966 con George Voskovec The World of Kurt Weill y se emitió en febrero de 1967– la canción de Johnny Johnson “Song of the Goddess”.

A principios de 1938, con el éxito musical de Knickerbocker Holiday, escrito por el dramaturgo Maxwell Anderson, Weill finalmente tuvo acceso a la escena teatral de los musicales de Broadway. Los otros dos grandes éxitos que Weill tuvo en Broadway fueron escritos durante la guerra: Lady in the Dark (1941), con letra de Ira Gershwin, y One Touch of Venus (1943, Venus era mujer), una comedia musical que alcanzo las 567 representaciones. En estos años, Lotte intervino en la ópera-oratorio de Weill The Eternal Road, estrenada en 1937 en la Manhattan Opera House (Nueva York); cantó en el club de moda neoyorkino Le Ruban Bleu; estrenó la obra de teatro de Maxwell Anderson Candle in the Wind (1941), grabó algunas canciones de su marido, colaboró con la emisora La Voz de América, creada en 1942 por la Oficina de Información de Guerra del Gobierno de Estados Unidos, y se retiró de los escenarios.

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Kurt Weill y Lotte Lenya en Nueva York en 1942. Robert Kradin-Associated Press/The New Yorf Times.

Kurt y Lotte, como acabamos de ver, trabajaron pocas veces juntos en EE UU. Otros eran los parámetros musicales y otros también los criterios por lo que se regía el mundo del espectáculo. Weill difícilmente podía componer para su esposa y su música era más “americana”, lo que no le quita un ápice de calidad. Vamos a comprobarlo en este vídeo con una muy bella canción: Speak low, de One Touch of Venus, en interpretación de Lenya, quien no formó parte del reparto original pero la grabó en 1957.

En 1950 fallecía Weill. Lotte accedió, a regañadientes, participar en un concierto homenaje del ayuntamiento de Nueva York. Aunque confiaba demasiado en su talento, obtuvo un gran éxito. Un año después se casaba con el escritor y editor George Davis, quien la convenció para que encarnara a Jenny en una nueva producción de La ópera de cuatro cuartos, primero en concierto –con Leonard Bernstein (1952)– y después en Broadway (1954). Por su papel consiguió un premio Tony en 1956.

Durante las dos décadas que siguieron a la muerte de Weill, Lenya retomó, pues, su carrera internacional como cantante y actriz, dedicándose casi en exclusiva a interpretar la obra de Weill. Es a partir de los años 50 del siglo pasado, cuando Lotte empieza a aparecer en programas de televisión, que disponemos de algún vídeo más suyo interpretando las más celebradas canciones del que había sido su marido. Al mismo tiempo, graba diversos álbumes con estos y otros temas de Weill, incluyendo algunos de sus musicales completos.

Algunas de estas interpretaciones las hemos incluido ya. Vamos con unas pocas más. En los dos vídeos que siguen interpreta, en el primero “Bilbao Song”, de Happy End (1929), incluida en el álbum de 1955 Lotte Lenya sings Berlin Tehatre. En el segundo “September Song”, del musical compuesto por Kurt Weill con letra y argumento de Maxwell Anderson que dirigió Joshua Logan, Knickerbocker Holiday (1938). La grabación corresponde al álbum September Song and Other American Theatre Songs of Kurt Weill, grabado en 1967, que salió a la venta en febrero de 1958.

De 1958 es esta versión de “Alabama Song” –la original ya la hemos escuchado– que interpretó Lotte para el programa de la cadena de televisión CBS Camera Three. Está extractado del DVD Theater Music of Brecht & Weill, que recoge diversas actuaciones de Lotte Lenya y Gisela May entre 1958 y 1963.

Y de 1965 este vídeo correspondiente a la serie de programas de televisión que presentaba Aaron Copland para la WGBH-TV de Boston, en el que Lotte interpreta “Havanna-Lied” y “Surabaya Johnny”.

Finalizamos con otro vídeo con fotografías suyas, y con Weill y Brecht, para escuchar ese hermoso tango-habanera que es “Youkali”. Weill escribió la música para la obra de Jacques Deval Marie galante, que se estrenó en el Teatro Hébertot de París en 1934. Un año más tarde se rodaba una primera versión cinematográfica en Estados Unidos dirigida por Henry King. En un principio, “Youkali” era un tema instrumental para el que en 1935 Roger Fernay escribió la letra. La grabación pertenece a The Lotte Lenya Album (1970), que incluye grabaciones suyas de 1955 y 1957.

Como he dicho otras veces, si han llegado hasta el final de esta larga entrada cuenten con mi reconocimiento, pues es una de esas que cuesta mucho de elaborar –no tanto por la redacción como por la búsqueda de documentación y de vídeos– y luego, cuando miras las estadísticas, adviertes que pasa al grupo de las que menor número de visitas ha recibido. De todos modos, sarna con gusto no pica, que dice la paremia.

“Hollaender, el genio”, que decía Marlene Dietrich

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Marlene Dietrich y Friedrich Hollaender en Berlín Occidente (1948).

“Ese Holländer  [o Hollaender] es un genio”, dijo un día de 1930 Marlene Dietrich a su marido, el ayudante de dirección director Rudolf Sieber, al regresar de una de las sesiones del rodaje de El ángel azul (Der blaue Engel), tras superar el casting para protagonizar la película. Veamos parte del mismo. No me atrevo a afirmarlo, pero al piano parece estar el propio Holländer.

A Dietrich no le faltaba razón. Para entonces, Friedrich Holländer era ya uno de los compositores alemanes más populares y prestigiosos y sus canciones se escuchaban en los espectáculos musicales teatrales y en los cabarets berlineses una y otra vez.

Marlene_Dietrich_actrice_der_blaue_engel_l-ange-bleu_sternberg_film_1930Así, cuando Josef von Sternberg decidió rodar El ángel azul no tuvo duda en que suyas debían ser las canciones que se incluyeran en la primera película sonora que se producía en Europa. Al parecer tampoco respecto a su intérprete, una joven que empezaba, que ya había hecho algún papel secundario y se prodigaba en los cabarets, casi una desconocida llamada Marlene Dietrich. Su papel en El ángel azul la elevó al estrellato. Ciertamente, su personaje era perfecto, lo que sin duda hay que atribuirlo no solo a sus dotes artísticas sino también a la gran labor que hizo ese enorme director que fue Von Sternberg. Pero si alguna secuencia nos viene enseguida a la mente cuando hablamos de El ángel azul es la de Marlene Dietrich con sus muslos descubiertos –algo prácticamente inédito hasta entonces en el cine– cantando Ich bin die Fesche Lola (Soy Lola la descarada). Vamos a escucharla (grabación original) en un vídeo con imágenes de El ángel azul, pues la secuencia de la película sí figura en Youtube pero no se puede insertar.

También a El ángel azul corresponde la siguiente secuencia en la que Dietrich interpreta otra canción de Hollaender: Ich bin von Kopf bis Fuß auf Liebe eingestellt (Hecha para el amor de la cabeza a los pies).

Friedrich+Hollaender+fhollaender

Friedrich Holländer

Hollaender, decíamos, no era por entonces ningún desconocido. Sus revistas musicales contenían sarcásticas y corrosivas canciones de cuya música y letra era autor. Su popularidad, sin embargo, aumentó considerablemente al iniciar su exitosa carrera musical cinematográfica precisamente con El ángel azul.

Su biografía ya la contamos en tres entradas publicadas los días 5, 12 y 26 de marzo de 2013. De ellas se desprende que no le faltaba razón a Marlene Dietrich le calificó de genio. Vamos a ver por qué con vídeos de sus más famosas melodías y, en la medida de lo posible, que no hayamos incluido en nuestras anteriores entradas sobre este gran compositor. Comenzamos, así, con Jonny, wenn du Geburtstag hast, un tango que, se cuenta, escribió mientras esperaba que su mujer terminara de arreglarse. En 1931 lo grabó en disco Marlene Dietrich. Es a ella a quien vemos interpretarlo en un programa de la televisión sueca de mediados de la década de 1960.

Raus mit den männern aus dem Reichstag (¡Fuera los hombres del Parlamento!) es una sarcástica y corrosiva canción, una clara denuncia de la agresividad masculina con un mensaje antibelicista, que escribió en 1926. La interpreta la cantante y actriz alemana Manuela Romberg, acompañada al acordeón por André Thoma, en un programa de la televisión alemana de 2014.

Y es que las composiciones de Hollaender –quien falleció en 1976– no han perdido un ápice de actualidad, ni en su musicalidad ni en su letra. Otra cosa es que el cabaret –la música de y para cabaret– no atraviese, ni por asomo, su mejor momento. Otra época, otros gustos… Pero ahí está. Afortunadamente, como veremos, hay todavía cantantes que se dedican a este género, ahora minoritario, y mantienen viva la memoria de unos tiempos en que la música era…, era otra cosa.

Con gran fidelidad al estilo del momento Max Raabe & Palast Orchester, excelente formación que goza de gran reconocimiento internacional, han rescatado del olvido muchos de los temas del cabaret berlinés de la época de entreguerras. Prueba de ello es la versión que hacen de Das Nachtgespenst (El coco, o El fantasma de la noche), otra canción de Hollaender de 1930, que cantó originalmente Kurt Gerron, de origen judío, quien murió en Auschwitz en 1944 en la cámara de gas nada más llegar. La versión del vídeo que figura bajo estas corresponde al documental Kurt Gerrons Karussell (1999).

Cantantes no tan consagrados como Max Raabe, ajenos a modas y a los dictados de las discográficas, movidos por la pasión más que por cualquier otra, siguen interpretando a Hollaender. Es el caso de Chizuru Mitsuhashi, cantante de cabaret japonesa, a quien vemos en el Kitazawa Town Hall (un hotel de Tokio) interpretar, este mismo año, la famosa canción, también de 1930, Sexappeal.

O el de la de cantante y violinista y alemana Jana Kühn, que interpreta en el escenario del Teatro Estatal de Mecklemburgo en Schwerin (Alemania) durante un concierto que dio en 2012, Münchhausen, canción de 1931. También –entre otros muchos casos, afortunadamente– el de la cantante estadounidense Aline Thomas, a quien escuchamos en otro tema de Holländer de 1931, Die Kleptomanin, desde el Metropolitan Room de Nueva York en una actuación de 2007.

Finalizamos con otra artista actual de trayectoria bien distinta pero que también ha dedicado parte de su labor a la recuperación (con una estética más acorde con la que actualmente nos identificamos) de canciones de los tiempos de la República de Weimar. Hablamos de Aranea Peel, vocalista de la internacionalmente conocida y aclamada banda alemana Grausame Töchter (Hijas crueles), fundada en 2009, que hace música industrial, punk, tecno… Con la banda, y con ese halo de misterio y sensual que la caracteriza, suele interpretar temas de temática sadomasoquista o sobre conflictos de pareja. El que sigue, “Ich weiß nicht, zu wem ich gehöre” (No sé quién soy), es, por supuesto, obra de Hollaender, quien lo escribió en 1932 para la película Stürme der Leidenschaft (Tormentas de pasión). Corresponde a una actuación que tuvo lugar el 16 abril de 2012 en el Bremer Kriminaltheater.

Que tengan un buen día.

Berlín Cabaret. Canciones de Friedrich Holländer

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Uno de los compositores más populares y prestigiosos de la época dorada del cabaret berlinés durante la República de Weimar fue, sin duda y merecidamente, Friedrich Holländer (o Friedrich Hollaender, como prefieran). No es la primera vez que hablamos de él en Música de Comedia y Cabaret, pero –aun a riesgo de que la entrada sea algo más extensa de lo habitual– nos ha parecido oportuno recoger su biografía y sus mejores éxitos en una sola.

Holländer nació accidentalmente en Londres en 1896, pues su padre –un reputado compositor de operetas casado con una conocida cantante– trabajaba por entonces en la capital británica, en el circo Barnum & Bailey. En 1899 la familia de Friedrich regresó a Berlín, ciudad en la su tío Gustav era director del Stern’sches Konservatorium. Su padre empezó a dar clases en dicho conservatorio y el joven Friedrich pronto se convirtió en un aventajado alumno. En 1914, con 18 años, fue contratado como músico en el New German Theatre de Praga. Europa estaba en guerra y a Holländer se le encargó la producción de espectáculos para el entretenimiento de las tropas alemanas en el frente.

Finalizada la guerra, ya en Berlín, fue haciendo amistad con músicos, letristas, dramaturgos, cantantes…, con los que compartía gustos musicales e ideas políticas. Con ellos ─Kurt Tucholsky, Klabund, Walter Mehring, Mischa Spoliansky, Joachim Ringelnatz…─ abrió un cabaret en los sótanos del teatro Max Reinhardt, para cuyas producciones teatrales escribía dando así a conocer sus canciones, la mayor parte de las cuales interpretaba su mujer, la joven actriz y cantante alemana Blandine Ebinger (1899-1993), con quien se casó en 1919.

Con un tema que Ebinger estrenó en el Cabaret Megalomania con gran éxito empezamos nuestro repaso musical de la obra de Holländer durante la República de Weimar, es decir, desde el fin de la guerra europea de 1914-1918 a la llegada de los nazis al poder en 1933, año en que a causa de su ascendencia judía y su dedicación a lo que los nacionalsocialistas consideraban “música degenerada” se vio obligado a huir de Alemania. La canción a que nos referimos, de 1920, lleva por título Jonny, wenn du Geburtstag hast (Johnny, ¿cuándo es tu cumpleaños?) y se cuenta que Holländer la escribió mientras esperaba que su mujer terminara de arreglarse. Luego la cantó también Claire Waldoff y en 1931 la grabó en disco Marlene Dietrich y se convirtió en un hit mundial. La versión que figura a continuación corresponde al espectáculo Illusions (1992), protagonizado por Ute Lemper.

A medida que avanzaba la década de 1920 aumentaba la popularidad de Holländer, que empezó escribir revistas. Una de ellas fue Von Mund zu Mund (1926, De boca en boca), en la que se incluía el sarcástico y corrosivo tema Raus mit den männern aus dem Reichstag (¡Fuera los hombres del Parlamento!), una clara denuncia de la agresividad masculina con un mensaje antibelicista. “Los hombres son prescindibles, fuera, del Parlamento, de la existencia … se atreven incluso a jugar con la política … siempre ha sido así a lo largo de la historia … ¡Fuera!”, decía la letra. Escuchamos Raus mit den männern por Claire Waldoff en esta grabación de 1926.

Das Mädchen mit den Schwefelhölzchen (La chica de las cerillas de azufre) es otro tema de Holländer, compuesto en 1928 e interpretado por la que ya era entonces su ex mujer (se habían separado en 1926), Blandine Ebinger, con esa característica voz tan sensual y cálida como encantadoramente lujuriosa que tenía.

De 1929 es Guck doch nicht immer nach dem Tangogeiger hin (¿Puedes dejar de mirar al violinista del tango?), uno de sus grandes éxitos –el tango estaba en Europa en plena efervescencia–, que interpreta Leo Monosson con la Dajos-Béla-Tanzorchester en la primera grabación que se llevó a cabo de la misma.

Ese año, 1929, comenzó una larga y exitosa carrera musical cinematográfica al ser contratado por la potente productora alemana UFA para componer la música de Der Blaue Engel (El ángel azul), dirigida por Josef von Sternberg y protagonizada por Emil Jannings y Marlene Dietrich. El ángel azul, la primera película europea sonora, estrenada en 1930, fue un gran éxito que consolidó el prestigio de Holländer y lanzó al estrellado a Marlene Dietrich. Vamos con dos conocidas canciones de la película: Ich bin von Kopf bis Fuß auf Liebe eingestellt (Hecha para el amor de la cabeza a los pies), con Marlene Dietrich y sus muslos descubiertos, algo prácticamente inédito hasta entonces en el cine, y Ich bin die Fesche Lola (Soy Lola la descarada), su tema más popular, también con Dietrich.  Ambos en sendos vídeos con imágenes del filme.

Tras el éxito de El ángel azul, las canciones de Holländer eran cada vez más celebradas. Al tiempo que colaboraba con la UFA, continuó escribiendo para las obras que producía Reinhardt.  De la revista Phaea, de 1930, escuchamos Eine kleine sehnsucht (Un poco de nostalgia), otro tema a ritmo de tango por la artista alemana Fräulein Grethe Waldor, que lleva más de veinte años con sus espectáculos de canciones de los años 20 y 30 del pasado siglo.

Con música de Marcellus Schiffer, en 1930 estrenó otro gran éxito del momento: Sex Appeal, parodia del tópico de la mujer fatal tan difundido por el cine de la época. La cantó por primera vez Margo Lion, esposa de Marcellus Schiffer, y su éxito fue inmediato. La grabación de Lion que escuchamos es del mismo 1930.

La notoriedad alcanzada por Holländer le permitió, en 1931, abrir su propio teatro: el Tingel-Tangel-Theater. En el vídeo que figura bajo estas líneas podemos ver lo que sería una noche de espectáculo en el Tingel-Tangel gracias a la recreación que hizo en 2011 el Vaganten Bühne de Berlín su producción Friedrich Holländers Tingel Tangel, en la que interpretan varios temas del genial músico. Lástima que la calidad de la imagen no sea mejor.

Siguió componiendo para taquilleras películas como Der Mann, der seinen Mörder sucht (El hombre que buscaba su asesino), una comedia dirigida por Robert Siodmak en 1931, de la que insertamos el tema Wenn ich mir was wünschen dürfte (Si pudiera desear cualquier cosa). En el filme la cantaba Greta Keller, a quien escuchamos a continuación.

La situación política en Alemania se volvía cada vez más enrevesada. El nazismo seguía su imparable ascenso, que la mayoría de la sociedad alemana celebraba complaciente, y en las calles grupos de camisas pardas (la Sturmabteilung o SA) campaban a sus anchas. Palizas indiscriminadas y humillaciones públicas estaban a la orden del día. Comunistas, homosexuales y, finalmente, judíos eran el blanco de sus fechorías. Estos últimos terminaron por convertirse en tristes protagonistas de su exacerbado odio hacia quienes consideraban verdugos de la patria. An allem sind die Juden schuld (Los judíos tienen la culpa de todo) es una canción que compuso Friedrich Holländer en 1931 tomando la melodía de la popular habanera de la ópera de Bizet Carmen. “De todo tienen la culpa los judíos. / Los judíos tienen la culpa de todo”. Formaba parte de de la revista Spuk in der Villa Stern (Fantasmas en la villa Stern), valiente sátira política en la que el Fantasma decía “¡Huhu! ¡Tú, tú! ¡Soy un pequeño Hitler y de repente muerdo! ¡Os meteré a todos en el malvado saco! ¡Huhu! ¡Hihi!”. Nadie le hacía caso, más bien lo contrario: eran risas lo que su intervención conseguía. “¿Haha? ¡Guauguau! ¡Ni el apuntador se ha asustado!”. Se estrenó, lógicamente, en el cabaret de Hollaender, el Tingel-Tangel. El vídeo que sigue –con imágenes de la barbarie nazi contra los judíos– lo hicimos hace tiempo pero ahora lo hemos subido a Vimeo y mejorado la imagen. Escuchamos An allem sind die Juden schuld en versión de la cantante alemana de cabaret y actriz Annemarie Hase (1900-1971), judía, fundadora de la Liga Cultural Judía en 1933, que se exilio a Inglaterra en 1936 y regresó a Berlín, su ciudad natal, en 1947.

Ich weiß nicht zu wem ich gehöre (No sé de quién soy) es una melancólica y bella canción de 1932 que Holländer compuso para la película Stürme der Leidenschaft (Tormentas de pasión), dirigida por Robert Siodmak. En ella la interpretaba Anna Sten. He aquí su versión.

Comenzó 1933 con el estreno de una película dirigida por el propio Holländer cuya estética se aproxima mucho al expresionismo alemán: Ich und die Kaiserin (La emperatriz y yo), con un reparto plegado de estrellas internacionales: Lilian Harvey (que le obligó a cambiar el final), Conradt Veidt, Charles Boyer, Heinz Rühman, Willy Fritsch… Fue la única que dirigió y coincidió prácticamente con el acceso al poder del nacionalsocialismo. Veamos la secuencia en la que Lilian Harvey interpreta el emotivo tema “Wie hab’ ich nur leben können ohne Dich?

Poco después de su estreno, al regresar Holländer a casa el portero le avisó de que había oído rumores de que su nombre figuraba en la lista negra de los nazis. Marchó de inmediato a Londres, pero desde Alemania le llegaban cartas que le hicieron creer que la situación no era para tanto. Pensando que igual se había precipitado, regresó a Berlín. Una vez allí, nada más llegar, su suegra le explicó que la Gestapo andaba tras sus pasos y que habían registrado su casa y preguntado cuándo volvería. Es en ese momento, marzo de 1933, que se exilia en Estados Unidos con su segunda esposa, Hedi Schoop. Allí continuó su carrera en el cine en títulos como Destry Rides Again (1939, Arizona en España), A Foreign Affair (de Billy Wilder, 1948, Berlín Occidente) o The 5,000 Fingers of Dr. T (1953, Los 5.000 dedos del Dr. T). Regresó a Alemania en 1956 y se instaló en Múnich. Con poco convencimiento por su parte y ante la insistencia de algunos amigos compuso nuevas revistas, pero los tiempos del cabaret habían pasado, nada era como antes. Siguió componiendo a pesar de todo e incluso hizo breves papeles para el cine, como su aparición en la película de Billy Wilder Un, Dos, Tres.

Holländer falleció el 18 de enero 1976 poco antes de cumplir los ochenta años. En 2012 Alemania honró a uno de sus más grandes compositores en forma póstuma al dedicarle una plaza en el centro de Berlín: la Friedrich Holländer Platz.

Que comiencen bien la semana y la terminen mejor.