Anything Goes (Todo vale)

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“Los tiempos han cambiado

y el reloj vuelve atrás con demasiada frecuencia,

desde que los puritanos se asustaron (…)

Buenos autores que en otros tiempos conocieron mejores palabras

ahora solo usan palabras de cuatro letras.

Escribiendo en prosa, todo vale. (…)

El mundo se ha vuelto loco

lo bueno es malo

lo blanco, negro

el día, noche.

Lo que no ocurre

es que anden mendigando un céntimo

los que poseían varias mansiones”.

Estos versos –que bien podrían reflejar la realidad actual (un mundo alienado rumbo a la deriva)– fueron escritos en 1934 y pertenecen a la letra de Anything Goes (Todo vale), canción que da título al musical homónimo de Cole Porter que se estrenó en Broadway dicho año con gran éxito, siendo representado con cierta regularidad desde entonces –con ciertas modificaciones que hizo el autor en las sucesivas reposiciones– y llevado al cine en un par de ocasiones.

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Manifestación de desempleados (Minneapolis, Estados Unidos, 1934).

No es, sin embargo, de este transgresor y provocativo musical del que vamos a ocuparnos en la entrada de hoy, aun cuando cuenta con temas tan fantásticos –de Porter, con esto está dicho todo– como “It’s De-Lovely”, “(You’d Be So) Easy to Love” o “You’re the Top”, además del excelente “Anything Goes”. Solo de esta última canción, cuya letra no puede ser más apropiada para los tiempos actuales. Y es que, en 1934, en plena Gran Depresión, se vivían tiempos tan dramáticos como ahora tras la crisis provocada por el hundimiento de Wall Street en 1929.

Despidos masivos, aumento considerable del paro y de la pobreza, desahucios, hambre… Los tiempos habían cambiado. También para el teatro: el público, pobre como las ratas, buscaba en él más que nunca la evasión. Pero Porter supo combinar esta con la mordacidad que le caracterizaba y escribir un musical que, aunque hoy pueda parecernos un tanto ingenuo, ahondaba en los problemas que realmente preocupaban a las gentes de entonces.

Vamos, pues, con la canción. Muchos la descubrieron por primera vez en la interpretación que de la misma hizo Kate Capshaw en la secuencia –espléndida la coreografía– con que se inicia la película Indiana Jones y el templo maldito (1984).

Continuamos con nuestra versión preferida: la de la actriz y cantante Sutton Foster, quien interpretó el papel de Reno Sweeney (la protagonista) en la reposición en Broadway del delicioso musical en 2011. La vemos en un momento de la ceremonia de entrega de los premios Tony de 2011, en la que compañía y actriz se llevaron sendos galardones.

Es ahora la excelente actriz, cantante y bailarina estadounidense Mitzi Gaynor quien nos deleita con el tema en una secuencia de la película del mismo título que, dirigida por Robert Lewis, se estrenó en 1956 y en la que compartió cartel con Bing Crosby, Donald O’Connor y Zizi Jeanmaire.

Regresemos al momento de su estreno para escuchar dos versiones de Anything Goes de ese año (1934). La primera a cargo del propio Cole Porter. El vídeo no es gran cosa –una imagen fija de Cole Porter–, pero como testimonio histórico no tiene precio. La segunda, por la Dorsey Brothers Orchestra, se registró prácticamente al mismo tiempo y es una de las primeras grabaciones de la canción que salió a la venta.

Seguimos con una versión a cargo de Frank Sinatra, de 1956, en un vídeo con extractos de películas anteriores a la aplicación del Código Hayes (reglamento de producción cinematográfico que determinaba una serie de normas restrictivas a cerca de qué se podía ver en pantalla y qué no de las películas estadounidenses y que estuvo en vigor desde 1934 a 1967).

Y finalizamos con el gran Tony Bennett y Lady Gaga en esta grabación de estudio de Anything Goes incluida en su álbum de 2014 Cheek to Cheek.

Que pasen un buen fin de semana.

“Hollaender, el genio”, que decía Marlene Dietrich

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Marlene Dietrich y Friedrich Hollaender en Berlín Occidente (1948).

“Ese Holländer  [o Hollaender] es un genio”, dijo un día de 1930 Marlene Dietrich a su marido, el ayudante de dirección director Rudolf Sieber, al regresar de una de las sesiones del rodaje de El ángel azul (Der blaue Engel), tras superar el casting para protagonizar la película. Veamos parte del mismo. No me atrevo a afirmarlo, pero al piano parece estar el propio Holländer.

A Dietrich no le faltaba razón. Para entonces, Friedrich Holländer era ya uno de los compositores alemanes más populares y prestigiosos y sus canciones se escuchaban en los espectáculos musicales teatrales y en los cabarets berlineses una y otra vez.

Marlene_Dietrich_actrice_der_blaue_engel_l-ange-bleu_sternberg_film_1930Así, cuando Josef von Sternberg decidió rodar El ángel azul no tuvo duda en que suyas debían ser las canciones que se incluyeran en la primera película sonora que se producía en Europa. Al parecer tampoco respecto a su intérprete, una joven que empezaba, que ya había hecho algún papel secundario y se prodigaba en los cabarets, casi una desconocida llamada Marlene Dietrich. Su papel en El ángel azul la elevó al estrellato. Ciertamente, su personaje era perfecto, lo que sin duda hay que atribuirlo no solo a sus dotes artísticas sino también a la gran labor que hizo ese enorme director que fue Von Sternberg. Pero si alguna secuencia nos viene enseguida a la mente cuando hablamos de El ángel azul es la de Marlene Dietrich con sus muslos descubiertos –algo prácticamente inédito hasta entonces en el cine– cantando Ich bin die Fesche Lola (Soy Lola la descarada). Vamos a escucharla (grabación original) en un vídeo con imágenes de El ángel azul, pues la secuencia de la película sí figura en Youtube pero no se puede insertar.

También a El ángel azul corresponde la siguiente secuencia en la que Dietrich interpreta otra canción de Hollaender: Ich bin von Kopf bis Fuß auf Liebe eingestellt (Hecha para el amor de la cabeza a los pies).

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Friedrich Holländer

Hollaender, decíamos, no era por entonces ningún desconocido. Sus revistas musicales contenían sarcásticas y corrosivas canciones de cuya música y letra era autor. Su popularidad, sin embargo, aumentó considerablemente al iniciar su exitosa carrera musical cinematográfica precisamente con El ángel azul.

Su biografía ya la contamos en tres entradas publicadas los días 5, 12 y 26 de marzo de 2013. De ellas se desprende que no le faltaba razón a Marlene Dietrich le calificó de genio. Vamos a ver por qué con vídeos de sus más famosas melodías y, en la medida de lo posible, que no hayamos incluido en nuestras anteriores entradas sobre este gran compositor. Comenzamos, así, con Jonny, wenn du Geburtstag hast, un tango que, se cuenta, escribió mientras esperaba que su mujer terminara de arreglarse. En 1931 lo grabó en disco Marlene Dietrich. Es a ella a quien vemos interpretarlo en un programa de la televisión sueca de mediados de la década de 1960.

Raus mit den männern aus dem Reichstag (¡Fuera los hombres del Parlamento!) es una sarcástica y corrosiva canción, una clara denuncia de la agresividad masculina con un mensaje antibelicista, que escribió en 1926. La interpreta la cantante y actriz alemana Manuela Romberg, acompañada al acordeón por André Thoma, en un programa de la televisión alemana de 2014.

Y es que las composiciones de Hollaender –quien falleció en 1976– no han perdido un ápice de actualidad, ni en su musicalidad ni en su letra. Otra cosa es que el cabaret –la música de y para cabaret– no atraviese, ni por asomo, su mejor momento. Otra época, otros gustos… Pero ahí está. Afortunadamente, como veremos, hay todavía cantantes que se dedican a este género, ahora minoritario, y mantienen viva la memoria de unos tiempos en que la música era…, era otra cosa.

Con gran fidelidad al estilo del momento Max Raabe & Palast Orchester, excelente formación que goza de gran reconocimiento internacional, han rescatado del olvido muchos de los temas del cabaret berlinés de la época de entreguerras. Prueba de ello es la versión que hacen de Das Nachtgespenst (El coco, o El fantasma de la noche), otra canción de Hollaender de 1930, que cantó originalmente Kurt Gerron, de origen judío, quien murió en Auschwitz en 1944 en la cámara de gas nada más llegar. La versión del vídeo que figura bajo estas corresponde al documental Kurt Gerrons Karussell (1999).

Cantantes no tan consagrados como Max Raabe, ajenos a modas y a los dictados de las discográficas, movidos por la pasión más que por cualquier otra, siguen interpretando a Hollaender. Es el caso de Chizuru Mitsuhashi, cantante de cabaret japonesa, a quien vemos en el Kitazawa Town Hall (un hotel de Tokio) interpretar, este mismo año, la famosa canción, también de 1930, Sexappeal.

O el de la de cantante y violinista y alemana Jana Kühn, que interpreta en el escenario del Teatro Estatal de Mecklemburgo en Schwerin (Alemania) durante un concierto que dio en 2012, Münchhausen, canción de 1931. También –entre otros muchos casos, afortunadamente– el de la cantante estadounidense Aline Thomas, a quien escuchamos en otro tema de Holländer de 1931, Die Kleptomanin, desde el Metropolitan Room de Nueva York en una actuación de 2007.

Finalizamos con otra artista actual de trayectoria bien distinta pero que también ha dedicado parte de su labor a la recuperación (con una estética más acorde con la que actualmente nos identificamos) de canciones de los tiempos de la República de Weimar. Hablamos de Aranea Peel, vocalista de la internacionalmente conocida y aclamada banda alemana Grausame Töchter (Hijas crueles), fundada en 2009, que hace música industrial, punk, tecno… Con la banda, y con ese halo de misterio y sensual que la caracteriza, suele interpretar temas de temática sadomasoquista o sobre conflictos de pareja. El que sigue, “Ich weiß nicht, zu wem ich gehöre” (No sé quién soy), es, por supuesto, obra de Hollaender, quien lo escribió en 1932 para la película Stürme der Leidenschaft (Tormentas de pasión). Corresponde a una actuación que tuvo lugar el 16 abril de 2012 en el Bremer Kriminaltheater.

Que tengan un buen día.

El Cotton Club

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En 1923, Owney Madden –un gánster de Nueva York– adquiría al boxeador Jack Johnson un club que este había abierto en el neoyorkino barrio negro de Harlem en 1920. Lo hacía, a través de sus abogados, desde su celda de Sing Sing. Lo bautizó como Cotton Club. Nacía así uno de los clubs nocturnos más famosos de la historia, todavía una atracción para quienes visitan Nueva York (si bien el actual no es el mismo, ni siquiera está en la misma calle).

La nómina artística del local estaba formada por cantantes, bailarines y músicos negros que ejecutaban vibrantes y exóticos shows en la pista, frente al estrado que ocupaba la orquesta, y en la después bailaba la nutrida clientela. Eso sí, una clientela blanca, pues los negros actuaban pero tenían prohibida la entrada, exceptuando alguna celebridad y, aun así, de manera ocasional.

El club estuvo cerrado brevemente en el año 1925 por la venta ilegal de licor. Cerró definitivamente en 1940. Posteriormente se reabrió otro club en el mismo sitio con el nombre de Latin Quarter, hasta que se derribó el edificio en 1989 para construir un hotel. Se abrió un nuevo Cotton Club en Harlem en 1978, pero en la calle 125.

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El Cotton Club alrededor de 1930.

Veamos antes que nada un breve documental de George Rothacker –en inglés– con escenas y fotografías del local y sus estrellas que reflejan el ambiente del mítico club en sus años de esplendor.

De 1934 es este cortometraje de diez minutos de duración titulado Cab Calloway’s Hi-De-Ho en el que vemos a Calloway y su orquesta en el Cotton Club interpretando los temas Lady with the Fan, de Jeanne Burns, y I Love a Parade, de Harold Arlen.

En 1984 –y ahora reproducimos parte de la entrada que en su día dedicamos al filme– el genial director Francis Ford Coppola estrenó una estupenda película (Cotton Club) ambientada en la década de 1930 con el Cotton Club de protagonista, una película que es a la vez un musical, un drama y una intriga con gánsteres y alcohol de contrabando. En el vídeo que sigue –el tráiler de la misma– podemos ver la fidedigna recreación que del club hace Coppola. Para ello recurrió a Cab Calloway como asesor en la preparación de la película.

Sin embargo, este es solo uno de tantos aspectos a destacar de la magnífica Cotton Club, un verdadero festín para iniciados y un homenaje a una época, un modo de hacer cine y una forma de entender la música. La portentosa banda sonora –obra de John Barry pero, sobre todo, llena de fantásticos standards de aquellos años– y la cuidada fotografía acompañan una planificación calculada al detalle. Con guión, entre otros, de William Kennedy y el propio Coppola, encabezaron el reparto Richard Gere, Diane Lane, Gregory Hines, Lonette McKee, Nicolas Cage, Bob Hoskins, James Remar, Allen Garfield y Gwen Verdon.

Cotton Club nos cuenta la historia de un trompetista, Dixie Dwyer (Richard Gere), que una noche libra de la muerte a un gánster, Dutch Schultz (James Remar), cuando un par de matones disfrazados de policías intentan matarlo echando un cartucho de dinamita debajo de su mesa. Este, agradecido, le dará un trabajo que le cambiara totalmente su vida: cuidar de su novia, la ambiciosa Vera Cicero (Diane Lane), a todas las horas. La atracción entre uno y otro se volverá pasional. Sus vidas corren serio peligro si Dutch se entera. Paralelamente, Coppola introduce otra historia de amor, esta entre un bailarín negro de claqué y una cantante mulata.

Coppola mezcla hábilmente estas historias con los números musicales y recrea la atmósfera de los años de la depresión económica, cuando los gánsteres más poderoso se codeaban con los ricos y los famosos y hacían negocios de todo tipo.

Los números musicales son los que, obviamente, nos interesan. Vamos con ellos, pues. Con unos cuantos, los disponibles, pero suficientes para poder disfrutar un buen rato de este espléndido filme y del Cotton Club. Comenzamos con los créditos, en los que suena “The Mooche”, un tema de Duke Ellington e Irving Mills.

Ill Wind (You’re Blowin’ Me No Good) es una canción que compusieron en 1934 Harold Arlen (música) y Ted Koehler (letra) para el show del Cotton Club de ese año. La interpreta Lonette McKee (actriz que en la película hace el papel de cantante mulata al que antes nos referíamos).

Minnie The Moocher es un conocidísimo tema de Cab Calloway e Irving Mills. Francis Ford Coppola, como decíamos antes, contó con el asesoramiento de Cab Calloway para la película. Nadie mejor que él para recrear un ambiente que conocía a la perfección. Fue Larry Marshall quien hizo de Cab Calloway en una impresionante imitación. Más que imitar, diría servidor de ustedes que mimetiza.

Crazy Rhythm es otra de las excelentes canciones que forman parte de la banda sonora de Cotton Club. Escrita en 1928 por Irving Caesar, Joseph Meyer y Roger Wolfe Kahn para la revista musical de Broadway Here’s Howe, aquí la cantan y, sobre todo, bailan Gregory Hines y Maurice Hines. Un homenaje a los Nicholas Brothers, uno de los principales reclamos del Cotton Club entre 1932 y 1934.

Finalizamos con la entrañable Am I Blue?, composición de Harry Akst y Grant Clarke de 1929 que estrenó Ethel Waters en la película On with the Show (1929). La canta Diane Lane acompañada a la corneta por Richard Gere.

Feliz fin de semana.

Rudolf Nelson

CAP D

Rudolf Nelson (1878-1960) fue un compositor alemán –también intérprete– de exitosas canciones, música de películas, eventos y vodevil, y el fundador y director de la Revue Nelson, una importante compañía de cabaret protagonista de la vida nocturna de Berlín en la década de 1930.

Nacido en el seno de un pobre familia prusiana judía, se crió en Berlín. Nelson comenzó a estudiar piano a una edad muy temprana; a los cinco años ya mostraba grandes dotes como intérprete. Después de la escuela secundaria, cuando se ganaba la vida como aprendiz y, posteriormente, como oficinista, consiguió una beca para estudiar en el Conservatorio Stern de Berlín.

Nelson con las coristas de sus revistas musicales en 1925.

Nelson con las coristas de sus revistas musicales en 1925.

De formación clásica, pues, llevó la canción de cabaret a las más elevadas cotas artísticas. En 1904 fundó en el cabaret Roland  von Berlin con el cantante Paul Schneider-Duncker. Tres años después dejaron la sociedad y Nelson montó su propio cabaret, al que llamó Le Chat Noir, como el famoso local parisino, y más tarde su propio teatro.

Le Chat Noir de Nelson.

Le Chat Noir de Nelson.

Las canciones y revistas de Nelson eran cada día más populares. Él lanzó a la fama a “la reina del cabaret”, Claire Waldoff, con él trabajaron los mejores artistas del momento –como Joséphine Baker– y para él trabajaron los más reputados compositores y letristas. Problemas económicos llevaron a Nelson, que no escatimaba en gastos de producción, a cerrar su teatro en 1927. Durante ese año y el siguiente llevó a cabo varias giras con su compañía, regresando a Berlín en 1929. A partir de este año, con Hollaender y Schiffer, creó exitosos espectáculos.

Cartel anunciador de la revista “Der Rote Faden”.

Cartel anunciador de la revista “Der Rote Faden”.

Cuando los nazis llegaron al poder a principios de 1933, Nelson marchó de Alemania y fundó una nueva compañía de teatro en Ámsterdam. En 1940 –ya había estallado la Segunda Guerra Mundial– el ejército del Tercer Reich ocupó Holanda, Nelson fue detenido e internado en el campo de concentración de Westerbork. Sobrevivió al holocausto y en 1949 regresó a Berlín, donde reabrió el Nelson-Revue-Gastspiel. Nada era, sin embargo, como antes. Nelson falleció a principios de 1960.

Vamos ya con algunas de las más conocidas canciones de los espectáculos de Nelson. Comenzamos con Wenn Du Meine Tante Siehst (1924) –un gran éxito en Alemania que interpreta el propio Nelson al piano tanto al inicio como al final del cortometraje de 1929 con los Weintraub Syncopators– que incluimos acto seguido, de diez minutos de duración, que contiene también, entre otras, las melodías Leutnant warst du einst bein den Husaren y Mon coeur incognito, y que nos aproxima a lo que eran sus revistas.

De 1927 es este foxtrot suyo, Die Lichter von Berlin, que da título a otra conocida revista, otro gran éxito del momento, que enseguida incorporaron a su repertorio las grandes orquestas del momento. La primera que lo grabó fue la de Dajos Béla. Esta es su versión.

A Das Ladenmädel, revista de 1930, corresponde la canción Erst kamen die Blusen und Kleider, que interpretan la soprano Raphaela Stürmer y la pianista Tatiana Rostovtseva.

De 1930 es también Peter, Peter, magnífica canción con texto de Friedrich Hollaender que hizo célebre Marlene Dietrich, a quien escuchamos en una grabación de los años 30 en este vídeo con imágenes de la cantante y actriz.

También de 1930 es Herr Doktor Herr Doktor, de Revue Quick, que interpreta Kurt Gerron, artista de cabaret, actor de teatro y cine, e importante director de teatro y de las primeras películas sonoras, uno de los artistas más reputados del Berlín de entreguerras, que murió en la cámara de gas de Auschwitz nada más bajar del tren en 1944.

Finalizamos con una de sus melodías más famosas: Tamerlan, que interpreta Loni Heuser en el filme Liebe in Uniform de 1932, si bien Nelson la compuso diez años antes.

Que tengan un buen día.

Cheek to Cheek

Cheek to Cheek

Sin duda, una de las canciones más conocidas y celebradas de Irving Berlin (1888-1989), “Cheek to Cheek” (Mejilla contra mejilla) fue compuesta por este gran compositor para la película de 1935 Top Hat (Sombrero de copa), clásico indiscutible entre los musicales que Fred Astaire y Ginger Rogers protagonizaron a mediados de la década de 1930.

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Fred Astaire y Ginger Rogers en un fotograma de “Sombrero de copa” bailando “Cheek to Cheek”.

Berlín, que ya era un autor consagrado, no vendió los derechos de sus canciones para Sombrero de copa y se reservó un diez por cien de los beneficios. La jugada le salió redonda. De las trece canciones que escribió para el filme se seleccionaron cinco, y las cinco figuraban entre las primeras quince canciones de la semana según el programa musical de radio y televisión Your Hit Parade a los pocos días de su estreno (el 29 de agosto en Nueva York). El éxito de “Cheek to Cheek” –”Estoy en el cielo, mi corazón late de forma que casi no puedo hablar. Creo que por fin encontré la felicidad que buscaba bailando contigo mejilla contra mejilla”– fue a más, pronto se convirtió en un estándar de la Great American Songbook y fue interpretada y grabada –sigue siéndolo– por numerosos y destacados cantantes de todos los géneros –del jazz sobre todo– y músicos instrumentistas.

Empecemos con la versión de 1935 de Sombrero de copa, que canta Fred Astaire a Ginger Rogers al tiempo que bailan juntos.

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Lady Gaga y Tony Bennett

Desde entonces, como decíamos, no ha dejado de grabarse. Hasta hoy. La última vez, la última gran versión, a cargo de Tony Bennett y Lady Gaga en su álbum de 2014 que toma el título de la canción (Cheek to Cheek). Les vemos interpretarla en directo durante la ceremonia de entrega de los premios Grammy de 2015.

Ya por orden cronológico, de entre los vídeos que hemos conseguido localizar y se pueden insertar, vamos acto seguido con algunas de las versiones que más nos han llamado la atención. Cuatro grandes, grandísimas, voces –y un maravilloso trompetista– son las que escuchamos en los tres vídeos que siguen: Billie Holiday –de su álbum de 1956 All or Nothing at All–, Ella Fitzgerald y Louis Armstrong –del álbum, también de 1956, Ella and Louis– y Frank Sinatra, que la grabó en su álbum de 1959 Come Dance with Me!

Zizi Jeanmaire, nacida en París en 1924, es una bailarina, actriz y cantante de larga trayectoria que ha destacado tanto en el mundo del ballet o en el de la ópera como en de la revue y el music-hall. Muestra de su buen hacer es este momento de un programa de la televisión francesa de 1978 en el que baila “Cheek to Cheek”.

Muy distinta a todas las versiones que hemos escuchado hasta el momento es esta de Los Manolos a ritmo de rumba catalana. Corresponde el vídeo al programa especial de Nochevieja que emitió TVE en 1992 para despedir el año.

Finalizamos con una versión más “clásica”, más en la línea de gran estándar del jazz que ha llegado a ser la canción que hoy nos ocupa, por la conocida pianista y cantante canadiense Diana Krall, una de las intérpretes de jazz más populares del panorama jazzístico actual, durante un concierto que dio en Río de Janeiro en 2008.

Que pasen un buen día.

Lilian Harvey

Lilian Harvey

Muriel Helen Harvey, nacida en Crouchn End (Inglaterra) en 1906, desarrolló la mayor parte de su carrera de cantante y actriz en Alemania con el nombre artístico de Lilian Harvey. Su madre era inglesa y su padre un hombre de negocios alemán. El estallido de la Primera Guerra Mundial les pilló en Magdeburgo (Alemania) y la pequeña Muriel fue enviada a Soleura, en Suiza, a vivir con una tía.

Lilian Harvey sobre 1926. Fotografía de Alexander Binder.

Lilian Harvey sobre 1926. Fotografía de Alexander Binder.

Finalizada la contienda comenzó a estudiar baile y declamación en Berlín, en la escuela de la Staatsoper Unter den Linden, la ópera estatal de la capital germana. No obstante, inició su carrera en Budapest, como bailarina.

Lilian Harvey en 1930.

Lilian Harvey en 1930.

Después actuó en Berlín y Viena y en 1925 debutó en el cine con la película Der Fluch, a la que siguieron varios filmes en los últimos años del cine mudo. Ese mismo año pasó a ser protagonista de la película Leidenschaft y en 1926 rodó, con Willy FritschDie keusche Susanne (La Casta Susana). Se convirtieron en la pareja de moda, especialmente a raíz de su colaboración, tras el auge del cine sonoro, en la comedia musical que dirigió Wilhelm Thiele y se estrenó en 1930 Liebeswalzer, una romántica historia de amor que cautivó al público. Siguió, también en 1930, y entre otras varias más, otra exitosa comedia musical –Einbrecher, de Hanns Schwarz– con la pareja. Vamos con unas secuencias de esta última, cuya música era del genial Friedrich Hollaender. Suyas son las tres canciones que escuchamos. En el primer vídeo interpreta con Heinz Rühmann “Ich möcht einmal deine Carmen sein”; en el segundo, Fritsch y Rühmann cantan al piano “Ich lass mir meinen Körper schwarz bepinseln” y bailan con Lilian (el grandote que aparece es Kurt Gerron, actor y cantante que murió en la cámara de gas de Auschwitz en 1944); en el tercero, Fritsch y Harvey interpretan “Eine Liebelei, so nebennei!”.

Lilian –la “chica más dulce del mundo” la bautizó la prensa alemana– y Fristch trabajaron juntos en once películas, entre ellas Der Kongress Tanzt (1931, El congreso se divierte), de Erik Charell, que la lanzó a la fama internacional. En ella interpretaba la canción “Das gibt’s nur einmal, das kommt nie Wieder” (música de  Werner R. Heymann y letra de Robert Gilbert), que fue un auténtico hit.

Lilian Harvey en 1933. Fotografía de Ray Jones.

Lilian Harvey en 1933. Fotografía de Ray Jones.

La popularidad de Harvey iba in crescendo tanto en Alemania como en otros países, por lo que sus películas posteriores se rodaron también en versiones en inglés y en francés. Este fue el caso de la última película que rodó en Alemania en esta primera época: Ich und die Kaiserin (La emperatriz y yo), película dirigida en 1933 por el propio Hollaender cuya estética se aproxima mucho al expresionismo alemán. Vamos con la secuencia en que Conrad Veidt (el marqués de de Pontignac) escucha de nuevo la canción que le salvó la vida (“Wie hab’ ich nur leben können ohne Dich?”, más o menos “¿Cómo podría vivir sin ti?”) y cree que es la emperatriz (Mady Christians) quien la interpreta, descubriendo al final que quien lo hace es Juliette, la peluquera (Lilian Harvey).

Portada de una de las cajetillas de cigarrillos Sultan con Lilian Harvey (sobre 1935).

Portada de una de las cajetillas de cigarrillos Sultan con Lilian Harvey (sobre 1935).

Después de rodar La emperatriz y yo le surgió ese mismo año la oportunidad de trabajar en Hollywood. Entre 1933 y 1935 rodó cuatro películas para 20th Century Fox, que no tuvieron tanto éxito como sus filmes alemanes. Finalmente abandonó el rodaje del musical de la Fox George White’s 1935 Scandals y regresó a Alemania. A causa de su amistad con sus colegas judíos estuvo vigilada por la Gestapo. No obstante, hasta 1939 hizo algunas películas de éxito para el estudio Universum Film AG (UFA), entre ellas Glückskinder (1936), Fanny Elssler (1937, La bailarina vienesa) –un drama histórico dirigido por Paul Martinsu en el que interpretó su personaje más complejo– Capriccio (1938), Frau am Steuer (1939) y Miquette (1940). En algunas trabajó de nuevo con Willy Fritsch. Vamos a ver ambos otra vez interpretando “Ich wollt’ ich wär ein Huhn” (Me gustaría ser un pollo) en un fragmento de esta última.

Como quiera que ayudara a su amigo, el coreógrafo Jens Keith, a escapar a Suiza fue interrogada por la Gestapo. Decidió entonces abandonar Alemania y sus bienes fueron confiscados por los nazis. Marchó a Juan-les-Pins, en Francia. Rodó dos películas más en Francia en 1940: Serenade y Miquette. Ambas fueron dirigidas por Jean Boyer y le acarrearon –junto al hecho de cantar para las tropas francesas– que el régimen nacionalsocialista le retirara su ciudadanía alemana. El vídeo que sigue es una secuencia de Miquette en la que, con Lucien Baroux, interpreta “Je suis une jeune écolière”.

Lilian Harvey en 1963.

Lilian Harvey en 1963.

Tras la ocupación del sur de Francia se retiró de la vida artística y regresó a Estados Unidos, donde residió hasta 1947. En 1949 volvió a Alemania, trabajó por poco tiempo en el teatro y tornó a Juan-les-Pins, donde falleció a causa de ictericia el 27 de julio de 1968. Fue enterrada en el Cementerio Robiac de Antibes.

Buen inicio de semana.

¡Viva el charlestón!

Pareja de jóvenes bailando el charlestón en los años 20.

Pareja de jóvenes bailando el charlestón en los años 20.

No me pregunten por qué, pero la entrada Charlestón: el baile de los felices años 20 es por el momento, y con bastante diferencia, la más visitada de cuantas hay publicadas en Música de Comedia y Cabaret. Un buen día, una amiga me sugirió escribir una entrada sobre este baile que causó furor en la década de 1920-1930. No había publicado ninguna dedicada al charlestón hasta entonces. Era a principios de este año (2014) y me pareció una buena idea. Y lo que me pareció, fue. Gracias, Ana.

Para mi sorpresa, cada vez que consultaba las estadísticas el número de visitas era mayor. Y sigue aumentando. En consecuencia, ¡Viva el charlestón!

Campeonato de charlestón. Nueva York, 1926.

Ya hablamos de su origen y difusión tras la Primera Guerra Mundial, cuando se creía que lo peor había pasado y comenzaba una época de ilusión que ríase de los mejores años de la Belle Époque. Aunque igual no se estaba tan seguro de ello y, por si acaso, hicieron bueno –los que podían, claro– el dicho aquel de “el último que apague la luz”. De ahí ese hedonismo escapista que se adueño de buena parte de la sociedad occidental, ese vivir sin pensar, al día, a ser posible bebiendo y bailando hasta el infinito. A ritmo de charlestón, por supuesto.

Llegó el crash de 1929 y se demostró lo infundado de tal estado de ánimo, pero el charlestón –el baile de aquellos supuestos felices años veinte– continuó por un tiempo siendo una excelente válvula de escape, si bien pronto comenzó a decaer. No obstante, su impronta fue tal que se quedó para siempre y se siguió y se sigue bailando.

Empezamos esta nueva entrada dedicada al que posiblemente haya sido unos de los bailes más excéntricos del siglo XX con Runnin’ Wild, un tema que compusieron en 1922 A.H. Gibbs, Joe Grey y Leo Wood y popularizó Duke Ellington cuando empezó a actuar, cinco años después, con su orquesta en el famoso Cotton Club. Esta es su versión de aquellos años:

¿Les suena? Es probable que sí, sobre todo si recuerdan la genial película de Billy Wilder Some Like It Hot (1959, Con faldas y a lo loco) en la que lo interpreta Marilyn Monroe, vocalista de una orquesta de “señoritas” que incluye a Jack Lemmon y Tony Curtis.

De 1926 es Don’t Forget To Mess Around, que compuso y grabó Louis Armstrong en 1926, otra melodía que bailaron infinidad de parejas de uno y otro lado del Atlántico.

En Europa, no obstante, hacía tiempo que el charlestón se bailaba en las grandes salas de baile y en los cabarets. En el siguiente vídeo –aunque las imágenes son de Estados Unidos– podemos escuchar uno de los grandes éxitos del Berlín de los años veinte: Kannst du Charleston, tanzt du Charleston, compuesto en 1923 por de R. Myers y R. Gilbert, en una grabación de 1928 por Julian Fush y su Orquesta.

La popularidad que en poco tiempo alcanzó el charlestón no pasó desapercibida para los grandes compositores del momento que triunfaban en Broadway. Así, Jerome Kern, conocido como “el padre del musical estadounidense”, incluyó en el que se considera “el primer musical moderno de Broadway”, Show Boat (1927), este “Kim’s Charleston” que vemos en un momento de la ceremonia de entrega de los premios Tony de 1995. Lástima la mala calidad de la imagen.

Enseñando a bailar el charlestón a un elefante. Nueva York, 1926.

Enseñando a bailar el charlestón a un elefante. Nueva York, 1926.

Como decíamos, pasada su época dorada, el charlestón se siguió bailando –aunque cada vez menos– y continuó presente en el teatro y cine musicales. Así, Ginger Rogers lo bailó en la película de William A. Wellman Roxie Hart (1942), si bien la escena no se incluiría en el montaje final. Roxie Hart es la adaptación cinematográfica de la obra de teatro Chicago, de Maurine Dallas Watkins, periodista del Chicago Tribune que en los años veinte cubría el caso de Beulah Annan (Roxie Hart en la ficción) y Belva Gaetner, dos mujeres acusadas de asesinato (la primera del de su marido, la segunda del de su amante). Ante el éxito de sus columnas decidió escribir una obra de teatro con los reportajes que iba publicando que se estrenó en Broadway en 1926 y que, además de dar lugar al filme que comentamos, inspiró a Bob Fosse para crear su famoso musical Chicago, llevado luego también al cine.

A la película de 1956 dirigida por Fred F. Sears Don’t Knock the Rock corresponde la siguiente secuencia en la que un grupo de jóvenes bailan el charlestón al ritmo de los temas Don’t the Racoon (1928), de J. Fred Coots y Raymond Klages, y Black bottom stomp (1925), de Jelly Roll Morton. La película gira en torno a la preocupación de los padres por la supuesta nefasta influencia que un nuevo baile, el rock and roll, podría llegar a ejercer sobre sus hijos. Su protagonista trata de demostrar que es más inofensivo que aquel otro loco baile llamado charlestón al que se entregaban los ahora adultos cuando tenían su edad.

No solo el cine musical estadounidense continuó haciéndese eco del charlestón. Veamos esta secuencia de la película española La Corista (1960), dirigida por José María Elorrieta, en la que Marujita Díaz interpreta el conocido tema Mama cómprame unas botas, versión española de un charlestón norteamericano muy popular en la década de 1920, Yes Sir, That’s My Baby (música de Walter Donaldson y letra de Gus Kahn), un gran éxito de Ace Brigode de 1925 que podemos escuchar en el vídeo que figura bajo el de Marujita Díaz. Las letras, podrán comprobar, nada tienen que ver una con otra.

En el teatro musical, en los cabarets y en los espectáculos de salas de fiestas, también siguió presente el charlestón. Terminamos la entrada con un vídeo de 1971 que recoge un momento del episodio 11 de la cuarta temporada del programa de televisión Here’s Lucy, show de Lucille Ball, con Ginger Rogers bailando el charlestón con ella y Lucie Arnaz.

Que disfruten de un buen día a ritmo de charlestón.