“Hollaender, el genio”, que decía Marlene Dietrich

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Marlene Dietrich y Friedrich Hollaender en Berlín Occidente (1948).

“Ese Holländer  [o Hollaender] es un genio”, dijo un día de 1930 Marlene Dietrich a su marido, el ayudante de dirección director Rudolf Sieber, al regresar de una de las sesiones del rodaje de El ángel azul (Der blaue Engel), tras superar el casting para protagonizar la película. Veamos parte del mismo. No me atrevo a afirmarlo, pero al piano parece estar el propio Holländer.

A Dietrich no le faltaba razón. Para entonces, Friedrich Holländer era ya uno de los compositores alemanes más populares y prestigiosos y sus canciones se escuchaban en los espectáculos musicales teatrales y en los cabarets berlineses una y otra vez.

Marlene_Dietrich_actrice_der_blaue_engel_l-ange-bleu_sternberg_film_1930Así, cuando Josef von Sternberg decidió rodar El ángel azul no tuvo duda en que suyas debían ser las canciones que se incluyeran en la primera película sonora que se producía en Europa. Al parecer tampoco respecto a su intérprete, una joven que empezaba, que ya había hecho algún papel secundario y se prodigaba en los cabarets, casi una desconocida llamada Marlene Dietrich. Su papel en El ángel azul la elevó al estrellato. Ciertamente, su personaje era perfecto, lo que sin duda hay que atribuirlo no solo a sus dotes artísticas sino también a la gran labor que hizo ese enorme director que fue Von Sternberg. Pero si alguna secuencia nos viene enseguida a la mente cuando hablamos de El ángel azul es la de Marlene Dietrich con sus muslos descubiertos –algo prácticamente inédito hasta entonces en el cine– cantando Ich bin die Fesche Lola (Soy Lola la descarada). Vamos a escucharla (grabación original) en un vídeo con imágenes de El ángel azul, pues la secuencia de la película sí figura en Youtube pero no se puede insertar.

También a El ángel azul corresponde la siguiente secuencia en la que Dietrich interpreta otra canción de Hollaender: Ich bin von Kopf bis Fuß auf Liebe eingestellt (Hecha para el amor de la cabeza a los pies).

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Friedrich Holländer

Hollaender, decíamos, no era por entonces ningún desconocido. Sus revistas musicales contenían sarcásticas y corrosivas canciones de cuya música y letra era autor. Su popularidad, sin embargo, aumentó considerablemente al iniciar su exitosa carrera musical cinematográfica precisamente con El ángel azul.

Su biografía ya la contamos en tres entradas publicadas los días 5, 12 y 26 de marzo de 2013. De ellas se desprende que no le faltaba razón a Marlene Dietrich le calificó de genio. Vamos a ver por qué con vídeos de sus más famosas melodías y, en la medida de lo posible, que no hayamos incluido en nuestras anteriores entradas sobre este gran compositor. Comenzamos, así, con Jonny, wenn du Geburtstag hast, un tango que, se cuenta, escribió mientras esperaba que su mujer terminara de arreglarse. En 1931 lo grabó en disco Marlene Dietrich. Es a ella a quien vemos interpretarlo en un programa de la televisión sueca de mediados de la década de 1960.

Raus mit den männern aus dem Reichstag (¡Fuera los hombres del Parlamento!) es una sarcástica y corrosiva canción, una clara denuncia de la agresividad masculina con un mensaje antibelicista, que escribió en 1926. La interpreta la cantante y actriz alemana Manuela Romberg, acompañada al acordeón por André Thoma, en un programa de la televisión alemana de 2014.

Y es que las composiciones de Hollaender –quien falleció en 1976– no han perdido un ápice de actualidad, ni en su musicalidad ni en su letra. Otra cosa es que el cabaret –la música de y para cabaret– no atraviese, ni por asomo, su mejor momento. Otra época, otros gustos… Pero ahí está. Afortunadamente, como veremos, hay todavía cantantes que se dedican a este género, ahora minoritario, y mantienen viva la memoria de unos tiempos en que la música era…, era otra cosa.

Con gran fidelidad al estilo del momento Max Raabe & Palast Orchester, excelente formación que goza de gran reconocimiento internacional, han rescatado del olvido muchos de los temas del cabaret berlinés de la época de entreguerras. Prueba de ello es la versión que hacen de Das Nachtgespenst (El coco, o El fantasma de la noche), otra canción de Hollaender de 1930, que cantó originalmente Kurt Gerron, de origen judío, quien murió en Auschwitz en 1944 en la cámara de gas nada más llegar. La versión del vídeo que figura bajo estas corresponde al documental Kurt Gerrons Karussell (1999).

Cantantes no tan consagrados como Max Raabe, ajenos a modas y a los dictados de las discográficas, movidos por la pasión más que por cualquier otra, siguen interpretando a Hollaender. Es el caso de Chizuru Mitsuhashi, cantante de cabaret japonesa, a quien vemos en el Kitazawa Town Hall (un hotel de Tokio) interpretar, este mismo año, la famosa canción, también de 1930, Sexappeal.

O el de la de cantante y violinista y alemana Jana Kühn, que interpreta en el escenario del Teatro Estatal de Mecklemburgo en Schwerin (Alemania) durante un concierto que dio en 2012, Münchhausen, canción de 1931. También –entre otros muchos casos, afortunadamente– el de la cantante estadounidense Aline Thomas, a quien escuchamos en otro tema de Holländer de 1931, Die Kleptomanin, desde el Metropolitan Room de Nueva York en una actuación de 2007.

Finalizamos con otra artista actual de trayectoria bien distinta pero que también ha dedicado parte de su labor a la recuperación (con una estética más acorde con la que actualmente nos identificamos) de canciones de los tiempos de la República de Weimar. Hablamos de Aranea Peel, vocalista de la internacionalmente conocida y aclamada banda alemana Grausame Töchter (Hijas crueles), fundada en 2009, que hace música industrial, punk, tecno… Con la banda, y con ese halo de misterio y sensual que la caracteriza, suele interpretar temas de temática sadomasoquista o sobre conflictos de pareja. El que sigue, “Ich weiß nicht, zu wem ich gehöre” (No sé quién soy), es, por supuesto, obra de Hollaender, quien lo escribió en 1932 para la película Stürme der Leidenschaft (Tormentas de pasión). Corresponde a una actuación que tuvo lugar el 16 abril de 2012 en el Bremer Kriminaltheater.

Que tengan un buen día.

El Cotton Club

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En 1923, Owney Madden –un gánster de Nueva York– adquiría al boxeador Jack Johnson un club que este había abierto en el neoyorkino barrio negro de Harlem en 1920. Lo hacía, a través de sus abogados, desde su celda de Sing Sing. Lo bautizó como Cotton Club. Nacía así uno de los clubs nocturnos más famosos de la historia, todavía una atracción para quienes visitan Nueva York (si bien el actual no es el mismo, ni siquiera está en la misma calle).

La nómina artística del local estaba formada por cantantes, bailarines y músicos negros que ejecutaban vibrantes y exóticos shows en la pista, frente al estrado que ocupaba la orquesta, y en la después bailaba la nutrida clientela. Eso sí, una clientela blanca, pues los negros actuaban pero tenían prohibida la entrada, exceptuando alguna celebridad y, aun así, de manera ocasional.

El club estuvo cerrado brevemente en el año 1925 por la venta ilegal de licor. Cerró definitivamente en 1940. Posteriormente se reabrió otro club en el mismo sitio con el nombre de Latin Quarter, hasta que se derribó el edificio en 1989 para construir un hotel. Se abrió un nuevo Cotton Club en Harlem en 1978, pero en la calle 125.

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El Cotton Club alrededor de 1930.

Veamos antes que nada un breve documental de George Rothacker –en inglés– con escenas y fotografías del local y sus estrellas que reflejan el ambiente del mítico club en sus años de esplendor.

De 1934 es este cortometraje de diez minutos de duración titulado Cab Calloway’s Hi-De-Ho en el que vemos a Calloway y su orquesta en el Cotton Club interpretando los temas Lady with the Fan, de Jeanne Burns, y I Love a Parade, de Harold Arlen.

En 1984 –y ahora reproducimos parte de la entrada que en su día dedicamos al filme– el genial director Francis Ford Coppola estrenó una estupenda película (Cotton Club) ambientada en la década de 1930 con el Cotton Club de protagonista, una película que es a la vez un musical, un drama y una intriga con gánsteres y alcohol de contrabando. En el vídeo que sigue –el tráiler de la misma– podemos ver la fidedigna recreación que del club hace Coppola. Para ello recurrió a Cab Calloway como asesor en la preparación de la película.

Sin embargo, este es solo uno de tantos aspectos a destacar de la magnífica Cotton Club, un verdadero festín para iniciados y un homenaje a una época, un modo de hacer cine y una forma de entender la música. La portentosa banda sonora –obra de John Barry pero, sobre todo, llena de fantásticos standards de aquellos años– y la cuidada fotografía acompañan una planificación calculada al detalle. Con guión, entre otros, de William Kennedy y el propio Coppola, encabezaron el reparto Richard Gere, Diane Lane, Gregory Hines, Lonette McKee, Nicolas Cage, Bob Hoskins, James Remar, Allen Garfield y Gwen Verdon.

Cotton Club nos cuenta la historia de un trompetista, Dixie Dwyer (Richard Gere), que una noche libra de la muerte a un gánster, Dutch Schultz (James Remar), cuando un par de matones disfrazados de policías intentan matarlo echando un cartucho de dinamita debajo de su mesa. Este, agradecido, le dará un trabajo que le cambiara totalmente su vida: cuidar de su novia, la ambiciosa Vera Cicero (Diane Lane), a todas las horas. La atracción entre uno y otro se volverá pasional. Sus vidas corren serio peligro si Dutch se entera. Paralelamente, Coppola introduce otra historia de amor, esta entre un bailarín negro de claqué y una cantante mulata.

Coppola mezcla hábilmente estas historias con los números musicales y recrea la atmósfera de los años de la depresión económica, cuando los gánsteres más poderoso se codeaban con los ricos y los famosos y hacían negocios de todo tipo.

Los números musicales son los que, obviamente, nos interesan. Vamos con ellos, pues. Con unos cuantos, los disponibles, pero suficientes para poder disfrutar un buen rato de este espléndido filme y del Cotton Club. Comenzamos con los créditos, en los que suena “The Mooche”, un tema de Duke Ellington e Irving Mills.

Ill Wind (You’re Blowin’ Me No Good) es una canción que compusieron en 1934 Harold Arlen (música) y Ted Koehler (letra) para el show del Cotton Club de ese año. La interpreta Lonette McKee (actriz que en la película hace el papel de cantante mulata al que antes nos referíamos).

Minnie The Moocher es un conocidísimo tema de Cab Calloway e Irving Mills. Francis Ford Coppola, como decíamos antes, contó con el asesoramiento de Cab Calloway para la película. Nadie mejor que él para recrear un ambiente que conocía a la perfección. Fue Larry Marshall quien hizo de Cab Calloway en una impresionante imitación. Más que imitar, diría servidor de ustedes que mimetiza.

Crazy Rhythm es otra de las excelentes canciones que forman parte de la banda sonora de Cotton Club. Escrita en 1928 por Irving Caesar, Joseph Meyer y Roger Wolfe Kahn para la revista musical de Broadway Here’s Howe, aquí la cantan y, sobre todo, bailan Gregory Hines y Maurice Hines. Un homenaje a los Nicholas Brothers, uno de los principales reclamos del Cotton Club entre 1932 y 1934.

Finalizamos con la entrañable Am I Blue?, composición de Harry Akst y Grant Clarke de 1929 que estrenó Ethel Waters en la película On with the Show (1929). La canta Diane Lane acompañada a la corneta por Richard Gere.

Feliz fin de semana.

Mistinguett

CAP 3

Jeanne Bourgeois, más conocida como Mistinguett, es una de las figuras más relevantes de la historia del cabaret y de la revista musical. Esta vedette, cantante y actriz, que nació en Enghien-les-Bains (Île-de-France) en 1875, en el seno de una familia humilde –su padre era jornalero y su madre costurera─ fue una de las artistas más populares en el primer tercio del siglo XX.

Mistinguett a mediados de los años 20. Fotografía: P. Apers.

Mistinguett a mediados de los años 20. Fotografía: P. Apers.

¿Qué te gustaría ser de mayor?, se suele preguntar a los niños. Mistinguett –Jeanne todavía– hubiera respondido con una determinación, impropia de su edad, ¡artista! Y es que, por lo que parece, desde pequeña tenía clara su vocación, pues ya entonces vendía flores en un restaurante mientras cantada populares melodías.

Empezó a estudiar teatro y canto en París. Un día, en el tren que la llevaba a sus clases, conoció a Saint-Marcel, director de las revistas del Casino de París, que la contrató. Eso sí, como tramoyista. Pero ya estaba allí. Y no dejó pasar la oportunidad. Tras probar con varios nombres artísticos –Miss Helyett, Miss Tinguette, Mistinguette– se quedó finalmente con el de Mistinguett. Y con él debutó en el Casino de París en 1895, a los 20 años.

Mistinguett en 1934. Fotografía: Horst P. Horst.

Mistinguett en 1934. Fotografía: Horst P. Horst.

Trabajó con las estrellas del momento y fue gustando cada vez más, pasando a actuar en cabarets como Folies Bergère, Moulin Rouge y Eldorado. Su sugerente manera de interpretar canciones subidas de tono cautivó pronto París y en 1910 actuó por primera vez en el Folies Bergère con Maurice Chevalier, al que descubrió y con quien mantendría una larga relación amorosa.

Famosa también por sus extravagancias –llegó a asegurar sus piernas por 500.000 francos–, en 1916 conoció su primer gran éxito: la magnífica canción Mon Homme, con letra de André Willemetz y Jacques Charles, y música de Maurice Yvain, que grabó por primera vez en disco en 1920 y que desde entonces no ha dejado de ser grabada al tiempo que interpretada por músicos de todos los géneros, sobre todo en la versión inglesa (My Man). Escuchemos la grabación original de Mistinguett en un vídeo con imágenes suyas.

Ça c’est Paris es una popularísima canción de José Padilla (Almería, 1889- Madrid, 1960), compositor de temas tan conocidos como La violetera, Valencia o El relicario, quien residió casi toda su vida en París y cuya música ha sido declarada de Interés Universal por la Unesco. A la entrada del número 10 de la calle Pergolèse figura una placa que recuerda que allí vivió Padilla y compuso “partituras universales”, entre ellas este Ça c’est Paris, considerado por muchos una especie de himno oficioso de los parisinos. Mistinguett fue la primera en interpretar la canción. Escuchémosla –en un vídeo con imágenes suyas– en una grabación de 1926.

Otro gran éxito de Mistinguett fue Il m’a vue nue. De nuevo recurrimos a un vídeo que recoge imágenes suyas y del París de la época. La grabación corresponde también a 1926.

Escuchamos de nuevo la voz de Mistinguett interpretando el mismo tema en una bella escena de la La vie en rose (película francesa cuyo título original es La Môme), dirigida en 2007 por Olivier Dahan y que narra la vida de Edith Piaf, en que la actriz Emmanuelle Seigner canta la canción a Piaf cuando era pequeña y, acto seguido, continúa la escena con la versión de Mistinguett. La imagen no comienza hasta los 40 segundos del vídeo.

El tango estaba de moda en Europa en aquellos años y Mistinguett, como tantas otras figuras de la escena musical del momento, grabó en 1928 este Tout ça c’est pour vous, un tango que podríamos calificar de “afrancesado” y que fue uno de sus grandes éxitos en el Moulin Rouge. En el vídeo que sigue figuran unas imágenes de Mistinguett en el balcón de su habitación en el hotel Adlon de Berlín sobre 1931.

De 1933 es C’est vrai, una canción de C. Oberfeld y A. Willemetz, que –esta vez sí– interpreta en vivo Mistinguett en una actuación en la gala benéfica de 1934 Bal des Petits Lits Blancs (fundada en por el periodista francés Léon Bailby para de recaudar fondos a favor de los niños con tuberculosis) que se celebraba todos los años en la Opéra Garnier. El número pertenece a la revista Folies en Folie y el vídeo es un magnífico trabajo hecho a base de recopilar diversas fuentes.

Mistinguett en el Bois de Boulogne (1938). Fotografía: Roger Schall.

Mistinguett en el Bois de Boulogne (1938). Fotografía: Roger Schall.

Aunque Mistinguett trabajó sobre todo en espectáculos de revista (en el Moulin-Rouge, el Folies-Bergère, etc.), también actuó en teatro y cine (Fleur de pavé, 1910; Les misérables, 1913; Rigolboche, 1936). De este último film, de Christian-Jaque, el único sonoro en que participó, vemos a continuación los números musicales “Oui, je suis de Paris” y “Chantez”. Con ellos nos despedimos.

Que pasen un buen día.

Rudolf Nelson

CAP D

Rudolf Nelson (1878-1960) fue un compositor alemán –también intérprete– de exitosas canciones, música de películas, eventos y vodevil, y el fundador y director de la Revue Nelson, una importante compañía de cabaret protagonista de la vida nocturna de Berlín en la década de 1930.

Nacido en el seno de un pobre familia prusiana judía, se crió en Berlín. Nelson comenzó a estudiar piano a una edad muy temprana; a los cinco años ya mostraba grandes dotes como intérprete. Después de la escuela secundaria, cuando se ganaba la vida como aprendiz y, posteriormente, como oficinista, consiguió una beca para estudiar en el Conservatorio Stern de Berlín.

Nelson con las coristas de sus revistas musicales en 1925.

Nelson con las coristas de sus revistas musicales en 1925.

De formación clásica, pues, llevó la canción de cabaret a las más elevadas cotas artísticas. En 1904 fundó en el cabaret Roland  von Berlin con el cantante Paul Schneider-Duncker. Tres años después dejaron la sociedad y Nelson montó su propio cabaret, al que llamó Le Chat Noir, como el famoso local parisino, y más tarde su propio teatro.

Le Chat Noir de Nelson.

Le Chat Noir de Nelson.

Las canciones y revistas de Nelson eran cada día más populares. Él lanzó a la fama a “la reina del cabaret”, Claire Waldoff, con él trabajaron los mejores artistas del momento –como Joséphine Baker– y para él trabajaron los más reputados compositores y letristas. Problemas económicos llevaron a Nelson, que no escatimaba en gastos de producción, a cerrar su teatro en 1927. Durante ese año y el siguiente llevó a cabo varias giras con su compañía, regresando a Berlín en 1929. A partir de este año, con Hollaender y Schiffer, creó exitosos espectáculos.

Cartel anunciador de la revista “Der Rote Faden”.

Cartel anunciador de la revista “Der Rote Faden”.

Cuando los nazis llegaron al poder a principios de 1933, Nelson marchó de Alemania y fundó una nueva compañía de teatro en Ámsterdam. En 1940 –ya había estallado la Segunda Guerra Mundial– el ejército del Tercer Reich ocupó Holanda, Nelson fue detenido e internado en el campo de concentración de Westerbork. Sobrevivió al holocausto y en 1949 regresó a Berlín, donde reabrió el Nelson-Revue-Gastspiel. Nada era, sin embargo, como antes. Nelson falleció a principios de 1960.

Vamos ya con algunas de las más conocidas canciones de los espectáculos de Nelson. Comenzamos con Wenn Du Meine Tante Siehst (1924) –un gran éxito en Alemania que interpreta el propio Nelson al piano tanto al inicio como al final del cortometraje de 1929 con los Weintraub Syncopators– que incluimos acto seguido, de diez minutos de duración, que contiene también, entre otras, las melodías Leutnant warst du einst bein den Husaren y Mon coeur incognito, y que nos aproxima a lo que eran sus revistas.

De 1927 es este foxtrot suyo, Die Lichter von Berlin, que da título a otra conocida revista, otro gran éxito del momento, que enseguida incorporaron a su repertorio las grandes orquestas del momento. La primera que lo grabó fue la de Dajos Béla. Esta es su versión.

A Das Ladenmädel, revista de 1930, corresponde la canción Erst kamen die Blusen und Kleider, que interpretan la soprano Raphaela Stürmer y la pianista Tatiana Rostovtseva.

De 1930 es también Peter, Peter, magnífica canción con texto de Friedrich Hollaender que hizo célebre Marlene Dietrich, a quien escuchamos en una grabación de los años 30 en este vídeo con imágenes de la cantante y actriz.

También de 1930 es Herr Doktor Herr Doktor, de Revue Quick, que interpreta Kurt Gerron, artista de cabaret, actor de teatro y cine, e importante director de teatro y de las primeras películas sonoras, uno de los artistas más reputados del Berlín de entreguerras, que murió en la cámara de gas de Auschwitz nada más bajar del tren en 1944.

Finalizamos con una de sus melodías más famosas: Tamerlan, que interpreta Loni Heuser en el filme Liebe in Uniform de 1932, si bien Nelson la compuso diez años antes.

Que tengan un buen día.

Lilian Harvey

Lilian Harvey

Muriel Helen Harvey, nacida en Crouchn End (Inglaterra) en 1906, desarrolló la mayor parte de su carrera de cantante y actriz en Alemania con el nombre artístico de Lilian Harvey. Su madre era inglesa y su padre un hombre de negocios alemán. El estallido de la Primera Guerra Mundial les pilló en Magdeburgo (Alemania) y la pequeña Muriel fue enviada a Soleura, en Suiza, a vivir con una tía.

Lilian Harvey sobre 1926. Fotografía de Alexander Binder.

Lilian Harvey sobre 1926. Fotografía de Alexander Binder.

Finalizada la contienda comenzó a estudiar baile y declamación en Berlín, en la escuela de la Staatsoper Unter den Linden, la ópera estatal de la capital germana. No obstante, inició su carrera en Budapest, como bailarina.

Lilian Harvey en 1930.

Lilian Harvey en 1930.

Después actuó en Berlín y Viena y en 1925 debutó en el cine con la película Der Fluch, a la que siguieron varios filmes en los últimos años del cine mudo. Ese mismo año pasó a ser protagonista de la película Leidenschaft y en 1926 rodó, con Willy FritschDie keusche Susanne (La Casta Susana). Se convirtieron en la pareja de moda, especialmente a raíz de su colaboración, tras el auge del cine sonoro, en la comedia musical que dirigió Wilhelm Thiele y se estrenó en 1930 Liebeswalzer, una romántica historia de amor que cautivó al público. Siguió, también en 1930, y entre otras varias más, otra exitosa comedia musical –Einbrecher, de Hanns Schwarz– con la pareja. Vamos con unas secuencias de esta última, cuya música era del genial Friedrich Hollaender. Suyas son las tres canciones que escuchamos. En el primer vídeo interpreta con Heinz Rühmann “Ich möcht einmal deine Carmen sein”; en el segundo, Fritsch y Rühmann cantan al piano “Ich lass mir meinen Körper schwarz bepinseln” y bailan con Lilian (el grandote que aparece es Kurt Gerron, actor y cantante que murió en la cámara de gas de Auschwitz en 1944); en el tercero, Fritsch y Harvey interpretan “Eine Liebelei, so nebennei!”.

Lilian –la “chica más dulce del mundo” la bautizó la prensa alemana– y Fristch trabajaron juntos en once películas, entre ellas Der Kongress Tanzt (1931, El congreso se divierte), de Erik Charell, que la lanzó a la fama internacional. En ella interpretaba la canción “Das gibt’s nur einmal, das kommt nie Wieder” (música de  Werner R. Heymann y letra de Robert Gilbert), que fue un auténtico hit.

Lilian Harvey en 1933. Fotografía de Ray Jones.

Lilian Harvey en 1933. Fotografía de Ray Jones.

La popularidad de Harvey iba in crescendo tanto en Alemania como en otros países, por lo que sus películas posteriores se rodaron también en versiones en inglés y en francés. Este fue el caso de la última película que rodó en Alemania en esta primera época: Ich und die Kaiserin (La emperatriz y yo), película dirigida en 1933 por el propio Hollaender cuya estética se aproxima mucho al expresionismo alemán. Vamos con la secuencia en que Conrad Veidt (el marqués de de Pontignac) escucha de nuevo la canción que le salvó la vida (“Wie hab’ ich nur leben können ohne Dich?”, más o menos “¿Cómo podría vivir sin ti?”) y cree que es la emperatriz (Mady Christians) quien la interpreta, descubriendo al final que quien lo hace es Juliette, la peluquera (Lilian Harvey).

Portada de una de las cajetillas de cigarrillos Sultan con Lilian Harvey (sobre 1935).

Portada de una de las cajetillas de cigarrillos Sultan con Lilian Harvey (sobre 1935).

Después de rodar La emperatriz y yo le surgió ese mismo año la oportunidad de trabajar en Hollywood. Entre 1933 y 1935 rodó cuatro películas para 20th Century Fox, que no tuvieron tanto éxito como sus filmes alemanes. Finalmente abandonó el rodaje del musical de la Fox George White’s 1935 Scandals y regresó a Alemania. A causa de su amistad con sus colegas judíos estuvo vigilada por la Gestapo. No obstante, hasta 1939 hizo algunas películas de éxito para el estudio Universum Film AG (UFA), entre ellas Glückskinder (1936), Fanny Elssler (1937, La bailarina vienesa) –un drama histórico dirigido por Paul Martinsu en el que interpretó su personaje más complejo– Capriccio (1938), Frau am Steuer (1939) y Miquette (1940). En algunas trabajó de nuevo con Willy Fritsch. Vamos a ver ambos otra vez interpretando “Ich wollt’ ich wär ein Huhn” (Me gustaría ser un pollo) en un fragmento de esta última.

Como quiera que ayudara a su amigo, el coreógrafo Jens Keith, a escapar a Suiza fue interrogada por la Gestapo. Decidió entonces abandonar Alemania y sus bienes fueron confiscados por los nazis. Marchó a Juan-les-Pins, en Francia. Rodó dos películas más en Francia en 1940: Serenade y Miquette. Ambas fueron dirigidas por Jean Boyer y le acarrearon –junto al hecho de cantar para las tropas francesas– que el régimen nacionalsocialista le retirara su ciudadanía alemana. El vídeo que sigue es una secuencia de Miquette en la que, con Lucien Baroux, interpreta “Je suis une jeune écolière”.

Lilian Harvey en 1963.

Lilian Harvey en 1963.

Tras la ocupación del sur de Francia se retiró de la vida artística y regresó a Estados Unidos, donde residió hasta 1947. En 1949 volvió a Alemania, trabajó por poco tiempo en el teatro y tornó a Juan-les-Pins, donde falleció a causa de ictericia el 27 de julio de 1968. Fue enterrada en el Cementerio Robiac de Antibes.

Buen inicio de semana.

¡Viva el charlestón!

Pareja de jóvenes bailando el charlestón en los años 20.

Pareja de jóvenes bailando el charlestón en los años 20.

No me pregunten por qué, pero la entrada Charlestón: el baile de los felices años 20 es por el momento, y con bastante diferencia, la más visitada de cuantas hay publicadas en Música de Comedia y Cabaret. Un buen día, una amiga me sugirió escribir una entrada sobre este baile que causó furor en la década de 1920-1930. No había publicado ninguna dedicada al charlestón hasta entonces. Era a principios de este año (2014) y me pareció una buena idea. Y lo que me pareció, fue. Gracias, Ana.

Para mi sorpresa, cada vez que consultaba las estadísticas el número de visitas era mayor. Y sigue aumentando. En consecuencia, ¡Viva el charlestón!

Campeonato de charlestón. Nueva York, 1926.

Ya hablamos de su origen y difusión tras la Primera Guerra Mundial, cuando se creía que lo peor había pasado y comenzaba una época de ilusión que ríase de los mejores años de la Belle Époque. Aunque igual no se estaba tan seguro de ello y, por si acaso, hicieron bueno –los que podían, claro– el dicho aquel de “el último que apague la luz”. De ahí ese hedonismo escapista que se adueño de buena parte de la sociedad occidental, ese vivir sin pensar, al día, a ser posible bebiendo y bailando hasta el infinito. A ritmo de charlestón, por supuesto.

Llegó el crash de 1929 y se demostró lo infundado de tal estado de ánimo, pero el charlestón –el baile de aquellos supuestos felices años veinte– continuó por un tiempo siendo una excelente válvula de escape, si bien pronto comenzó a decaer. No obstante, su impronta fue tal que se quedó para siempre y se siguió y se sigue bailando.

Empezamos esta nueva entrada dedicada al que posiblemente haya sido unos de los bailes más excéntricos del siglo XX con Runnin’ Wild, un tema que compusieron en 1922 A.H. Gibbs, Joe Grey y Leo Wood y popularizó Duke Ellington cuando empezó a actuar, cinco años después, con su orquesta en el famoso Cotton Club. Esta es su versión de aquellos años:

¿Les suena? Es probable que sí, sobre todo si recuerdan la genial película de Billy Wilder Some Like It Hot (1959, Con faldas y a lo loco) en la que lo interpreta Marilyn Monroe, vocalista de una orquesta de “señoritas” que incluye a Jack Lemmon y Tony Curtis.

De 1926 es Don’t Forget To Mess Around, que compuso y grabó Louis Armstrong en 1926, otra melodía que bailaron infinidad de parejas de uno y otro lado del Atlántico.

En Europa, no obstante, hacía tiempo que el charlestón se bailaba en las grandes salas de baile y en los cabarets. En el siguiente vídeo –aunque las imágenes son de Estados Unidos– podemos escuchar uno de los grandes éxitos del Berlín de los años veinte: Kannst du Charleston, tanzt du Charleston, compuesto en 1923 por de R. Myers y R. Gilbert, en una grabación de 1928 por Julian Fush y su Orquesta.

La popularidad que en poco tiempo alcanzó el charlestón no pasó desapercibida para los grandes compositores del momento que triunfaban en Broadway. Así, Jerome Kern, conocido como “el padre del musical estadounidense”, incluyó en el que se considera “el primer musical moderno de Broadway”, Show Boat (1927), este “Kim’s Charleston” que vemos en un momento de la ceremonia de entrega de los premios Tony de 1995. Lástima la mala calidad de la imagen.

Enseñando a bailar el charlestón a un elefante. Nueva York, 1926.

Enseñando a bailar el charlestón a un elefante. Nueva York, 1926.

Como decíamos, pasada su época dorada, el charlestón se siguió bailando –aunque cada vez menos– y continuó presente en el teatro y cine musicales. Así, Ginger Rogers lo bailó en la película de William A. Wellman Roxie Hart (1942), si bien la escena no se incluiría en el montaje final. Roxie Hart es la adaptación cinematográfica de la obra de teatro Chicago, de Maurine Dallas Watkins, periodista del Chicago Tribune que en los años veinte cubría el caso de Beulah Annan (Roxie Hart en la ficción) y Belva Gaetner, dos mujeres acusadas de asesinato (la primera del de su marido, la segunda del de su amante). Ante el éxito de sus columnas decidió escribir una obra de teatro con los reportajes que iba publicando que se estrenó en Broadway en 1926 y que, además de dar lugar al filme que comentamos, inspiró a Bob Fosse para crear su famoso musical Chicago, llevado luego también al cine.

A la película de 1956 dirigida por Fred F. Sears Don’t Knock the Rock corresponde la siguiente secuencia en la que un grupo de jóvenes bailan el charlestón al ritmo de los temas Don’t the Racoon (1928), de J. Fred Coots y Raymond Klages, y Black bottom stomp (1925), de Jelly Roll Morton. La película gira en torno a la preocupación de los padres por la supuesta nefasta influencia que un nuevo baile, el rock and roll, podría llegar a ejercer sobre sus hijos. Su protagonista trata de demostrar que es más inofensivo que aquel otro loco baile llamado charlestón al que se entregaban los ahora adultos cuando tenían su edad.

No solo el cine musical estadounidense continuó haciéndese eco del charlestón. Veamos esta secuencia de la película española La Corista (1960), dirigida por José María Elorrieta, en la que Marujita Díaz interpreta el conocido tema Mama cómprame unas botas, versión española de un charlestón norteamericano muy popular en la década de 1920, Yes Sir, That’s My Baby (música de Walter Donaldson y letra de Gus Kahn), un gran éxito de Ace Brigode de 1925 que podemos escuchar en el vídeo que figura bajo el de Marujita Díaz. Las letras, podrán comprobar, nada tienen que ver una con otra.

En el teatro musical, en los cabarets y en los espectáculos de salas de fiestas, también siguió presente el charlestón. Terminamos la entrada con un vídeo de 1971 que recoge un momento del episodio 11 de la cuarta temporada del programa de televisión Here’s Lucy, show de Lucille Ball, con Ginger Rogers bailando el charlestón con ella y Lucie Arnaz.

Que disfruten de un buen día a ritmo de charlestón.

 

 

Música degenerada (Entartete Musik). Los artistas perseguidos II

Dibujo realizado en secreto por François Reisz en el campo de exterminio de Birkenau.

Dibujo realizado en secreto por François Reisz en el campo de exterminio de Birkenau que muestra cómo una orquesta tocaba mientras se trasportaba en carretas a los muertos. Publicado en el libro de Andrea Baaske “Musik in Konzentrationslagern” (1991).

“La música afecta más al corazón y a las emociones que al intelecto. ¿Dónde entonces podría latir más fuerte el corazón de una nación que en las grandes multitudes, donde el corazón de la nación encuentra su verdadero hogar?”. Estas palabras las pronunció Joseph Goebbels, ministro de Propaganda del Gobierno de Hitler, al poco de ser nombrado en el cargo. Los nazis eran conscientes de que la música (el arte en general) no es, ni puede ser, ajeno a la realidad en que surge. De hecho, ellos la utilizarían con macabros fines, como ya hemos comentado en otras entradas de este blog. Una melodía tan bella como J’attendrai* era uno de los temas que obligaban a interpretar a las orquestas de prisioneros para “amenizar” alguna que otra ejecución, un tango –Plegaria–sonaba cuando llegaban los trenes repletos de judíos. Lo último que esperaban era ser recibidos con música. Nada malo nos puede suceder, pensaban. Y confiados avanzaban hacia la cámara de gas creyendo que iban a las duchas para ser desinfectados.

Los campos de concentración y/o de exterminio fue el lugar en que pasaron sus últimos años, meses, días o incluso horas, aquellos que, judíos o no, optaron por permanecer en Alemania o en los territorios ocupados bien por razones políticas o por mera solidaridad –sumándose algunos a la resistencia–, subestimaron el peligro o simplemente no lograron escapar al trágico y cruel destino que la historia les tenía reservado.

Dibujo realizado por Vladimir Matejka en 1942 en Dachau que muestra un coro ensayando. Publicado en el libro de Inge Lammel “Kopf hoch, Kamerad! Künstlerische Dokumente aus faschistischen Konzentrationslagern” (1966).

Dibujo realizado por Vladimir Matejka en 1942 en Dachau que muestra un coro ensayando. Publicado en el libro de Inge Lammel “Kopf hoch, Kamerad! Künstlerische Dokumente aus faschistischen Konzentrationslagern” (1966).

Nada más establecerse los campos de concentración –el de Dachau fue el primero; se inauguró el 22 de marzo de 1933– los guardias ordenaban a los prisioneros que cantaran temas del agrado de los nazis mientras marchaban, hacían ejercicio o durante los castigos en una mezcla de burla, humillación y disciplina. Por otra parte, la música sonaba continuadamente por los altavoces de los campos. Por ejemplo, las canciones de Zarah Leander, cantante sueca de voz melosa que encantaba a los nazis. En Dachau ponían música de Richard Wagner para “reeducar” a los prisioneros (la mayoría por motivos políticos). En Buchenwald se transmitían conciertos nocturnos de la radio alemana por los altavoces, lo cual impedía que los prisioneros pudieran dormir.

Enseguida comenzaron a formarse bandas y orquestas musicales con músicos prisioneros profesionales y amateurs. A medida que fue expandiéndose el sistema de campos proliferaron las orquestas oficiales, que llegaron a existir en casi todos los campos de concentración principales, en los subcampos más grandes y en algunos campos de exterminio. Incluso había varios grupos en un mismo lugar, como en Auschwitz, que contaba con una banda de música compuesta por 120 músicos y una orquesta sinfónica de 80 músicos.

La primera orquesta oficial que se creó en Birkenau estaba en el campo de los hombres y se estableció en agosto de 1942 con un grupo de dieciséis músicos de la orquesta principal de Auschwitz. A diferencia de Auschwitz, en Birkenau a los judíos se les permitía participar. El primer director fue el prisionero polaco Jan Zaborski, reemplazado unos meses más tarde por Franz Kopka. De este primer período de existencia de la orquesta, el violinista judío polaco Szymon Laks recordaba que los que podían “aprovechaban su poder ilimitado. Nos podían golpear, torturar e incluso matar sin tener que rendirle cuentas a nadie. Los que no podían soportar ese trato se lanzaban a la cerca eléctrica. Estos suicidios promovían la rabia de nuestros torturadores aún más. Un día, como el número de músicos que se habían suicidado la noche anterior era mayor que lo habitual, nos reunieron a todos y uno dijo: hijos de puta, les advierto a todos, si siguen lanzándose al cable eléctrico, los voy a matar a todos como perros”. (“Birkenau”, en “La música y el holocausto”, holocaustmusic.ort. org/es/).

Fotografía, probablemente realizada en el campo de concentración Janowska por las SS, del ensayo de una orquesta de prisioneros. Publicada en el libro de Renzo Vespigniani “Faschismus” (1976).

Fotografía, probablemente realizada en el campo de concentración Janowska por las SS, del ensayo de una orquesta de prisioneros. Publicada en el libro de Renzo Vespigniani “Faschismus” (1976).

Su repertorio dependía de las preferencias de las SS y las bandas no solo tocaban en conciertos de domingo para los oficiales nazis, sino también para otros reclusos. No obstante, sus principales obligaciones eran “amenizar” los comandos de trabajo entrantes y salientes en las puertas de los guetos y acompañar las ejecuciones que se realizaban.

De estas formaciones musicales formaron parte algunos de los protagonistas de nuestra entrada de hoy. Otros integraron compañías de cómicos y organizaban espectáculos en los que tenían que mostrar, fuera cual fuera su estado de salud y/o de ánimo, profesionalidad y entusiasmo. Pocos sobrevivieron, la mayoría no.

Comenzamos con los que consiguieron sobrevivir. Con una mujer, Fania Fénelon, cuyas memorias –publicadas en 1977– causaron una gran polémica, así como la película estadounidense posterior para televisión que se rodó basándose en ellas Playing For Time (1980), con Vanessa Redgrave como Fania, pues se criticó que distorsionaban el verdadero papel de las artistas de la orquesta de mujeres que dirigió. Sí, también había orquestas de mujeres.

Portada de la primera edición del libro de memorias de Fania Fénelon.

Portada de la primera edición del libro de memorias de Fania Fénelon.

Fania Fénelon (1922-1983) era francesa y de origen judío. Inició su carrera como cantante en París, su ciudad natal, en la década de 1930 interpretando sus propias canciones. Tras la ocupación de París por el ejército alemán, sobrevivió cantando en clubes nocturnos de soldados alemanes. Pero en 1943 fue arrestada por tener sangre judía y por ayudar a la resistencia. Fue internada en el campo de concentración de Drancy (Francia) y a principios de de 1944 trasladada en un vagón de ganado a Birkenau. Cuando dijo que era cantante pasó a formar parte de la orquesta de mujeres que dirigía otra judía, Alma Rosé. Alma murió en abril de 1944 y a finales de ese año Fénelon y las otras integrantes de la orquesta fueron trasladadas a Bergen-Belsen. En dicho campo permanecieron en condiciones penosas hasta que llegaron los británicos en abril de 1945. Fénelon cantó Dios salve a la Reina y La Internacional en una actuación que fue transmitida por la BBC. Después de la guerra siguió trabajando como artista y en la década de 1960 se estableció en la República Democrática Alemana, donde se convirtió en una exitosa cantante y profesora de canto. Falleció en diciembre de 1983 en París.

De Fania Fénelon no hemos conseguido localizar vídeo alguno, así que incluimos un fragmento de la película antes mencionada, Playing For Time, en la que Vanessa Redgrave hace de Fania interpretando J’attendrai.

Rudolf Nelson (en la fila de abajo el segundo por la izquierda) con las ‘chicas Nelson’ y los Weintraub Syncopators en un fotograma del cortometraje de 1929 “Und Nelson spielt”.

Rudolf Nelson (en la fila de abajo el segundo por la izquierda) con las ‘chicas Nelson’ y los Weintraub Syncopators en un fotograma del cortometraje de 1929 “Und Nelson spielt”.

Rudolf Nelson (1878-1960) fue un productor alemán, compositor e intérprete de exitosas canciones, música de películas, revista y vodevil, y el fundador y director de la Revue Nelson, una importante compañía de cabaret protagonista de la vida nocturna de Berlín en la década de 1920. De origen judío, cuando los nazis llegaron al poder a principios de 1933 marchó de Alemania y fundó una nueva compañía de teatro en Ámsterdam. En 1940 –ya había estallado la Segunda Guerra Mundial– el ejército del Tercer Reich ocupó Holanda, Nelson fue detenido e internado en el campo de concentración de Westerbork. Westerbork, campo de tránsito e internamiento ubicado en el pequeño municipio holandés de Hooghalen, albergó en sus muros un famoso cabaret –dada la gran cantidad de artistas pasaron por él– entre cuyas figuras principales se encontraban Max Ehrlich, Franz Engel, Camilla Spira, Kurt Gerron, Erich Ziegler y Willy Rosen. Nelson sobrevivió al holocausto y en 1949 regresó a Berlín, donde reabrió el Nelson-Revue-Gastspiel.

En el vídeo que sigue, de diez minutos de duración, vemos a Nelson al piano interpretando, con los Weintraub Syncopators, la canción –con música suya– Wenn Du Meine Tante Siehst (1924), un gran éxito en Alemania que suena tanto al inicio como al final del cortometraje, que contiene también, entre otras, las melodías Leutnant warst du einst bein den Husaren y Mon coeur incognito, y que nos aproxima a lo que fueron sus revistas.

Paul MorganComo decíamos anteriormente, pocos fueron los que lograron sobrevivir. Algunos fallecieron incluso antes de iniciarse la guerra. Este es el caso de Paul Morgan (1886-1938), “una de las estrellas más famosas de los años 20 y cofundador de uno de los cabarets más ilustres de la Alemania de Weimar: el Kadeko de Berlín. A pesar de las invitaciones de Hollywood y el contacto con artistas, intelectuales y políticos de toda Europa Central, Morgan se rehusó a abandonar su tierra natal hasta que ya fue demasiado tarde. Lo arrestaron en marzo de 1938 y falleció de agotamiento pocos meses después en Buchenwald, donde muchos de sus ex-compañeros del cabaret también estaban encerrados con él. (…) El 10 de diciembre de 1938, un líder de barraca encontró comida escondida en las camas de la barraca de Morgan. Como castigo, ordenaron que los prisioneros, que estaban congelados, hicieran ‘ejercicios de castigo’ que consistían en actividad aeróbica agotadora con su inadecuada ropa hasta el punto de sufrir un colapso. El periodista y ex prisionero Bruno Heilig recuerda ese día, cuando un hombre se fue de la fila, se quitó la gorra y fue temblando hacia el líder de la barraca, quien miraba los ejercicios de castigo. Le dijo: ‘Estoy enfermo, tengo fiebre…’. Era el actor Paul Morgan. El líder de la barraca lo obligó a volver a la fila. ‘Todos los prisioneros de la barraca hacen ejercicios hasta que suena el silbato.’ Paul Morgan fue trasladado en una camilla.” (“Paul Morgan”, en “La música y el holocausto”, holocaustmusic.ort.org/es/). Murió a continuación.

Parece ser que el maestro de ceremonias que encarnó Joel Grey en la película Cabaret (1972) está inspirado en él. De ahí que el vídeo que figura bajo estas líneas comience con un breve fragmento de la canción de dicho filme “Willkommen”. Inmediatamente, se presenta a sí mismo al inicio de la película Das Kabinett des Dr. Larifari (1930). Le vemos luego en un sketch de otra película Wien, du Stadt der Lieder (1930), en una selección de sus canciones y, finalmente, en una secuencia de Ich und die Kaiserin (1933), con música de Friedrich Hollaender.

Tarjeta de identificación de Dora Gerson del gueto de Łódź. A la derecha, Max Ehrlich.

Tarjeta de identificación de Dora Gerson del gueto de Łódź. A la derecha, Max Ehrlich.

Dora Gerson (1899-1943) fue una cantante y actriz alemana de origen judío que, por dicha condición, vio truncada su carrera al comenzar a aplicarse las Leyes Raciales de Núremberg. Empezó entonces a grabar canciones de cabaret en yiddish que se hicieron muy populares en toda Europa y huyó, en 1936, a los Países Bajos. Tras ser invadida Holanda por las tropas alemanas intentó escapar a Suiza con su familia en 1942. Fue apresada y enviada al campo de Westerbork y en febrero de 1943 deportada a Auschwitz, junto con su segundo esposo, Max Sluizer, y los dos hijos que había tenido con este. Los cuatro fueron aniquilados el 14 de febrero de 1943. Escuchamos a Dora Gerson en este vídeo con algunas imágenes suyas interpretar una de sus más populares canciones en yiddish: Vorbei (1933).

Max Ehrlich (1892-1944), uno de los mejores cómicos en el mundo del cabaret de Berlín de la preguerra, nació en Dresde en 1892 y desarrolló una carrera impresionante tanto en el teatro como el cine, tras interpretar y dirigir docenas de películas y obras del teatro y actuar en reputados cabarets. “Su carrera no terminó sobre un escenario de Berlín, sino frente a armas cargadas de guardias nazis. Cuando lo deportaban de Holanda a Auschwitz en 1944, tuvo la mala suerte de que un oficial a quien le gustaba la comedia lo reconociera y le solicitara que hiciera su número una vez más. Luego fue asesinado, como tantos otros músicos y artistas de su época.” (“Max Ehrlich”, en “La música y el holocausto”, holocaustmusic.ort.org/es/).  Era el 1 de octubre de 1944. En el siguiente vídeo, ilustrado con unas cuantas fotografías suyas, Ehrlich interpreta la canción de Willi Kollo Lieber Leierkastenmann (1929, Estimado organillero).

Kurt Gerron (1897-1944), artista de cabaret, actor de teatro y cine, e importante director de teatro y de las primeras películas sonoras, uno de los artistas más reputados del Berlín de entreguerras murió en Auschwitz, en la cámara de gas. De origen judío, infravaloró el creciente peligro nazi y puso en escena obras marcadamente políticas que se burlaban de Hitler y de las SA (camisas pardas). Al subir estos al poder le obligaron a dejar la película que estaba rodando. Marchó a París por dos años y luego se exilió en Viena. Al igual que tantos otros abandonó Viena cuando el Anschluss y, como tantos otros también, se mudó con su esposa a los Países Bajos. Al ser estos ocupados, trabajó en un cabaret alemán de exiliados. Durante los primeros años de la ocupación, la política alemana era relativamente indulgente y permitían a los judíos involucrarse en obras de teatro y entretenimiento. Pronto, como sabemos, las cosas cambiaron. El 20 de septiembre de 1943 Gerron y su familia fueron enviados a Westerbork y poco después les trasladaron a Theresienstadt.

Kurt Gerron

Kurt Gerron

“[En Theresienstadt] lo consideraban un ‘judío privilegiado’ por su fama y servicio en el ejército. El ‘campo modelo’ checo fue el último escenario de la carrera de Gerron. Cuando Gerron llegó, estaban en el proceso del programa de embellecimiento ya que se preparaban para una visita de la Cruz Roja danesa. A Gerron y a su esposa les asignaron un departamento y a él le dieron un papel en el cabaret local. Pronto le permitieron que fundara su propio cabaret, que se llamó Karussell. Su cabaret fue exitoso y popular con las SS y con el comandante del campo. (…)

El éxito que tuvo el engaño de los nazis con la Cruz Roja condujo al siguiente plan, aún más perverso: una película de propaganda sobre la vida en el campo. (…) Gerron (…) fue elegido director de la película. Las SS estuvieron presentes en cada momento de la filmación, controlando los diálogos entre los actores, el personal y el director. Gerron y los otros trabajadores nunca recibieron una copia del guión ni se les permitía ver la película que filmaban. Simplemente le decían lo que se debía filmar a continuación y esperaban que lo hiciera. (…) Gerron, su esposa Olga y todos los que trabajaron en la película fueron transportados a Auschwitz en octubre, y la película se terminó, editó y recortó sin la presencia del director. El expreso Vlasta Schön recuerda su incredulidad [de Gerron], no creía estar en la lista fatal. Parado, ‘en la rampa, el tren estaba listo para salir. Gerron se arrodilló y pidió permiso para quedarse. Dijo: ¡Yo filmé esta película para ustedes! Las botas de un oficial de las SS lo patearon y lo empujaron hacia el interior del vagón.” (“Kurt Gerron”, en “La música y el holocausto”, holocaustmusic.ort.org/es/).  Kurt Gerron murió el 15 de noviembre en la cámara de gas de Auschwitz, nada más llegar.

En 1999 la directora polaca Ilona Ziok rodó una película documental sobre su vida titulado Kurt Gerron’s Karussell. Escuchamos a Gerron en un tema de Hollaender que él estrenó en 1930: Das Nachtgespenst (El coco, o El fantasma de la noche), al tiempo que vemos algunas fotografías de su trayectoria artística, entre ellas un fotograma, con Marlene Dietrich, de la película El ángel azul (1930), de la que fue uno de sus protagonistas.

Willy Rosen en Westerbork.

Willy Rosen en Westerbork.

Nacido en Magdeburgo (Alemania) en 1894, “pocas cosas le resultaban más fáciles a Willy Rosen que crear un cabaret popular. ¿Su secreto?: ‘Dos cómicos, uno gordo y uno flaco; dos kilos de atractivo sexual; algunas canciones pegadizas; chistes viejos y muchos chistes nuevos; tres o cuartos escenarios;  luces rojas, verdes y blancas; debe parecer no ensayado (así que precisa mucho ensayo); y sobre todo nada de política.’ (…) Esta receta convirtió a Rosen en uno de los artistas de cabaret más exitosos de toda la Alemania de Weimar. (…) Cuando los nazis llegaron el poder, prohibieron que Rosen interpretara y él huyó a través de Suiza y Austria hacia Holanda, donde (en el pueblo turístico de Scheveningen) desarrolló el famoso cabaret Theatre of Celebrities (Teatro de celebridades). (…) En 1941, Rosen y varios de sus actores se unieron con el Conjunto de Cabaret Emigrante de Hollandische Schauwburg, exclusivamente de judíos. Un amigo exiliado de Berlín había intentado sin éxito llevar Rosen hacia la seguridad de los Estados Unidos. Con los fondos de varios exitosos conciertos con fines benéficos, Rosen obtuvo una visa para Cuba y estaba a punto de conseguir una visa para los Estados Unidos. Sin embargo, el plan no tuvo éxito: con el ingreso de los Estados Unidos en la guerra los refugiados alemanes perdieron la posibilidad de obtener visas y, en los Países Bajos, el control de los nazis estaba aumentando. La suerte para Rosen se terminó en la primavera de 1943, cuando los restantes artistas judíos de la ciudad fueron arrestados y trasladados a Westerbork. (…) Junto a su madre, Willy Rosen murió en Auschwitz en el invierno de 1944.” (“Willy Rosen”, en “La música y el holocausto”, holocaustmusic.ort.org/es/).

Escuchamos a Rosen en un tema propio de 1929: Wenn ich Richard Tauber wär (Si yo fuera Richard Tauber), canción que hace referencia a la gran popularidad de este gran tenor austriaco que cuando los nazis se anexaron Austria en 1938 se exilió en Inglaterra, donde murió después de la guerra debido a cáncer de pulmón.

Artur Gold (segundo por la izquierda) y su banda de jazz en 1930.

Artur Gold (segundo por la izquierda) y su banda de jazz en 1930.

Artur Gold (1897-1943) “estaba en la cima de una carrera prometedora cuando los nazis invadieron Polonia. Nació en 1897 y era hijo de Michal y Helena Melodist. Creó una banda de jazz muy popular en la década de 1920 y en la década de 1930 se había hecho conocido como compositor de canciones populares y era muy solicitado por los clubes de Varsovia. En 1940, junto con cientos de miles de judíos de la zona, fue trasladado al gueto de Varsovia, recientemente establecido, donde continuó componiendo música. Si bien el encierro era desagradable, no le sirvió de preparación para los horrores que siguieron a su deportación a Treblinka en 1942. (…) [Allí] se le presionó para que estuviera como director de una orquesta ‘auténtica’. (…) Él y sus músicos fueron asesinados durante las últimas semanas del campo. (“Artur Gold”, en “La música y el holocausto”, holocaustmusic.ort.org/es/).

No podemos ofrecer ningún vídeo de Gold actuando, pero escucharemos una de las canciones que compuso Ty nie jesteś winna (1934, Tú no eres culpable) por Stefan Witas y su Orquesta.

Como les decíamos el pasado viernes en la entrada dedicada a los artistas perseguidos por el nazismo que pudieron escapar, la lista de aquellos que acabaron en los campos de concentración y/o exterminio llenaría páginas y páginas. Aquí solo nos hemos referido a unos pocos de los que, a causa de su popularidad, se ha podido saber su historia. Pero fueron muchos, muchísimos más, los que atravesaron por la misma situación y ya nunca rehicieron su vida o la perdieron a manos de sus verdugos.

Que pasen un buen día.