El tango de la muerte

Plegaria que llega a mi alma
al son de lentas campanadas,
plegaria que es consuelo y calma para almas desamparadas.
El órgano de la capilla embarga a todos de emoción
mientras que un alma de rodillas ¡pide consuelo, pide perdón!
¡Ay de mí!… ¡Ay señor!…
¡Cuánta amargura y dolor!

Estos versos corresponden al tango ‘Plegaria’ y era uno de los temas preferidos –si no el tema– por los mandamases de los campos de exterminio nazis para que lo interpretaran las orquestas de prisioneros cuando llegaban los trenes repletos de judíos. Lo último que esperaban era ser recibidos con música. Nada malo nos puede suceder, pensaban. Y confiados avanzaban hacia la cámara de gas creyendo que iban a las duchas para ser desinfectados.
Su autor, Eduardo Bianco –que no era alemán, sino argentino, pero nazi como el que más– lo compuso en 1931 (dedicándoselo al rey Alfonso XIII) y lo interpretó ante Hitler y Goebbels en 1939. ‘Plegaria’ inició así su funesta trayectoria hasta convertirse en el “tango de la muerte”. A los nazis, su letra les importaba un carajo, a pesar de que parecía pensada para lo que iba a suceder en los campos del horror, de la muerte, del exterminio de millones de personas cuyo único “delito” era ser diferente: judíos, comunistas, homosexuales, gitanos… Lo que les fascinaba era el aire solemne de su música.

MÚSICA DE COMEDIA Y CABARET

Tango muerte CAP

El tango llegó a Europa, vía París, a principios del siglo XX, triunfó y se expandió por gran parte del continente. Una de las capitales que con mayor entusiasmo acogió esta nueva y sensual música fue Berlín, que en la época de entreguerras rivalizaba con París en ser la capital de la cultura del mundo occidental. El tango hizo furor en Berlín en los tiempos de la República de Weimar y continuó su popularidad tras la llegada de los nazis al poder en 1933, para diversión suya y escarnio de sus víctimas, como veremos. Eso sí, “alemanizando” música y letras.

En 1933 el NSDAP (Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán), que lideraba Hitler, llegaba al poder aupado fervorosamente por millones de alemanes, nada menos que diecisiete millones les votaron (un 43,9 por cien). El tango no se resintió. Es más, a los nazis les encantaba, y como todo lo que les gustaba…

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