Paul Robeson: coherencia, integridad y compromiso

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El 23 de enero de 1976 fallecía en Filadelfia Paul Robeson. Según su hijo, su muerte la causó una enfermedad provocada por un potente alucinógeno sintético llamado BZ que le suministraron, sin que se diera cuenta, disidentes anticomunistas a sueldo de la CIA en 1961 durante una fiesta en Moscú, donde había acudido a dar conciertos y conferencias. A partir de entonces, comenzó a sufrir una fuerte depresión, alucinaciones e incluso trató de suicidarse. Hasta que murió.

En estos días en que “el extremismo de derecha, incluyendo a los nacionalistas y los supremacistas blancos, está en auge y muchos nacionalistas blancos se sienten envalentonados gracias a la elección de Trump” (The New York Times, 14 de agosto de 2017) y provocan graves enfrentamientos, como de Charlottesville, no viene de más recordar a Paul Robeson, quien sabía muy bien que la última causa del racismo –como de todas las demás discriminaciones– no es otra que la desigualdad.

Hijo de un esclavo que había conseguido fugarse de su amo, consiguió graduarse en derecho. Encontró trabajo en un bufete de Nueva York, que abandonó al poco al negarse una de las secretarias (blanca) a escribir al dictado de un negro.

Con una espléndida voz de bajo-barítono y grandes dotes actorales, en la década de 1930 era ya una de las grandes estrellas norteamericanas. Su popularidad se extendió a Europa, convirtiéndolo en la gran personalidad negra del momento. Rodó once películas, estrenó varias obras en Broadway y el londinense West End y grabó numerosos discos.

En estos años de éxito, a través de sus viajes, tomó conciencia de las terribles desigualdades e injusticias que la sociedad infligía a los más débiles, en su país especialmente a los afroamericanos, y del peligro del ascenso del fascismo. El Robeson actor y cantante y el Robeson activista eran uno solo. Fue un firme defensor de los derechos civiles y un activo luchador contra el racismo y la segregación, apoyó activamente la República española durante la guerra civil y nunca ocultó sus simpatías por el comunismo.

Cuando en su país comenzó la caza de brujas encabezada por el senador McCarthy, comenzó a ser investigado por la CIA y el FBI. Sus conciertos fueron cancelados y los atentados del Ku Klux Klan contra salas donde los realizaba fueron práctica habitual (y consentida). En 1956 fue llamado para declarar ante el Comité de Actividades Antiestadounidenses. Le retiraron el pasaporte y su carnet profesional y nunca más volvió a un escenario.

Amigo del director soviético de cine Sergéi Eisenstein, del dirigente keniano Jomo Kenyatta, de Albert Einstein, y de otros reconocidos luchadores por los derechos humanos, como Nehru o Emma Goldman, fue aclamado por escritores como Pablo Neruda, James Joyce o Ernest Hemingway.

Extracto de mi artículo del mismo título que esta entrada. Para leer el artículo completo (biografía, vídeos e imágenes) clique AQUÍ.


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