Capítulo XIII.2. Tercera parte

EL CORTO TIEMPO DE LAS CEREZAS

XIII.2_3a

El tiempo pasaba deprisa, cuando se dieron cuenta eran las ocho y media de la noche. Habían hablado de muchas cosas ─muchas más de las que ninguno en principio imaginase─, se había sincerado, también mucho más de lo que cualquiera de los dos se figurase ─ni siquiera pretendiese─. Se imponía, pues, el final de la entrevista. La corrección al menos es lo que aconsejaba. Pero ni a uno ni a otro parecía importarles demasiado las convencionales maneras de uso general. La China, además, se sentía intrigada con determinados aspectos del comportamiento de Samuel. Por primera vez desde que el hijo de Inglada ─quien compartía nombre y bellaquería con su padre─ le desfigurara parte del rostro alguien empezó la conversación sin hacer referencia a la evidente muestra de la canallada de que había sido objeto, ni una palabra acerca del porqué de lo sucedido, ninguna curiosidad malsana. Vaya tipo raro, pensó…

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Acerca de Manuel Cerdà

Historiador y escritor.
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