Miguel de Molina: ¡Rojo y maricón, y a mucha honra!

dormido-entre-rosas

Miguel de Molina. Buenos Aires, 1943. Fotografía de Anne Marie Henrich. / Fundación Miguel de Molina.

No creo que haya vida alguna después de la muerte. Es más, estoy absolutamente convencido. Y en el incierto caso de que así fuera, con algunos sigue siendo tan mezquina y miserable una vez fallecidos como lo fue durante su existencia. Leía anoche (10 de agosto) en la edición digital de El País una crónica firmada por Fran Serrato con el título “La fan que salvó del crematorio los restos de Miguel de Molina”. Me entristeció lo que allí se contaba y esta mañana he vuelto a ella para redactar este artículo en el que recojo buena parte de lo que en su día ya publiqué sobre el rey de la copla.

Una jubilada argentina natural de Málaga, como Molina, que tuvo que marchar con su familia en 1912 en busca de una vida mejor, o de una vida simplemente, se enteró de que los restos del cantante iban a ser exhumados porque sus familiares adeudaban el pago de los últimos seis años por el alquiler del nicho: 2.400 pesos (115 euros). Entonces, declaró al periodista, “pedí a la responsable que no quemaran a Molina. Me dieron una prórroga de tres meses y contacté con el grupo de Facebook, que dio la voz de alarma”. Ella misma estaba dispuesta a satisfacer la deuda, que finalmente saldó la Fundación Miguel de Molina. Ahora, el cuerpo puede ser repatriado si así lo desea un familiar, algo que –prosigue la crónica– ya estuvo a punto de ocurrir en 2008 a instancias de la Diputación de Málaga. Sin embargo, una hermana suya se opuso y ahora –sigo con el reportaje de Serrato– su sobrino-nieto Alejandro Salade, presidente de la fundación, se ratifica en la misma postura: “Mi tío está en el lugar que debe estar. Hablar de memoria histórica en el caso de Miguel de Molina no es repatriar unos restos, sino poner en valor su obra y su legado”.

Su obra, su legado y su ejemplo, añadiría yo. Íntegro y coherente, nunca escondió su homosexualidad y demostró a aquellos abyectos falangistas que le gritaban ¡marica!, ¡marica!, desde el patio de butacas, que tenía, como dirían ellos, un par de huevos bien puestos, más que los suyos. Miguel de Molina hizo callar a la orquesta y mirándoles les espetó: “Marica no, ¡maricón!”. Es de suponer que Molina no sabía que Franco era monórquido. Solo le hubiera faltado decir algo así como él podía presumir de tener un par de cojones, no como su caudillo dictador.

miguelmolina1938

Miguel de Molina en 1938.

Nacido en Málaga en 1908 en el seno de una familia humilde, empezó abajo del todo. Su madre, que se ganaba la vida fregando, tuvo que educarle en una casa de misericordia, pero ni siquiera terminó los estudios primarios, pues se escapó del colegio para lanzarse a la aventura del espectáculo. A los 14 años, cambió Málaga por Algeciras, donde se hospedó y trabajó en el burdel de Pepa La Limpia. Al tiempo, cantaba y bailaba en tablaos y compañías de poca monta. Al principio alternaba, como otras grandes estrellas de la época, su arte de cantante con el de bailaor. En abril de 1934 encarnó al Espectro en una memorable versión de El amor brujo, de Falla, en el Teatro Español de Madrid, con la Argentina, la Imperio y Vicente Escudero. El éxito ya no el abandonó.

Molina fue el primer hombre en cantar el repertorio de las cupletistas sin imitarlas, es decir, sin vestirse como ellas ni afeminar la voz ni el gesto. Se bastaba y se sobraba, no necesitaba imitar a nadie ni nada. Y se fue ganando el respeto hasta de los hombres más machos (no de todos, claro). Era único, una de las grandes figuras del espectáculo que no admitía comparaciones.

021

Tras la victoria facciosa, era consciente de que su carrera entraba en declive. Regresó a Barcelona, donde le montaron un espectáculo con música del maestro Padilla. Parecía que volvía a encontrar su sitio, pero tuvo que volver a Madrid. Los empresarios ya le habían advertido de que corría un grave riesgo si trataba de proseguir su carrera por su cuenta. Y así fue.

El 10 de noviembre de 1939, tras finalizar su función de tarde, se disponía a abandonar el Teatro Pavón de Madrid cuando tres hombres le esperaban. No se identificaron. Sin contemplaciones, lo metieron en un automóvil y se dirigieron a los altos de la Castellana. Una vez allí, lo sacaron del coche y le dieron una brutal paliza, le golpearon con la culata de una pistola –uno de los golpes le rompió dos dientes–, le raparon la cabeza a tirones y le metieron en la boca un frasco con aceite de ricino mezclado con vaselina, que hubo de apurar. Eso le pasaba, le gritaron, “por maricón y por rojo”. Luego se marcharon, dejándolo allí tirado, posiblemente creyendo que estaba muerto. Como pudo, consiguió llegar hasta la carretera y parar un taxi, que le devolvió al teatro. El empresario, un tal Prieto, falangista camisa vieja, pretendía que hiciese la función de noche. Con un pañuelo en la cabeza, decía, no se notaría el estropicio… En la Guerra Civil, finalizada siete meses atrás, Molina y Amalia Isaura, su pareja artística, habían actuado para las tropas de la República en el frente de Teruel, en la retaguardia y en los hospitales. Ahora empezaban a pagarlo.

Varios días después tuvo que actuar en el Teatro Cómico, donde el Frente de Juventudes (falangistas) le abucheaba. “Marica, marica”, le gritaban. Fue entonces cuando, como comentábamos antes, hizo callar a la orquesta, se acercó a las candilejas y respondió: “Marica no, ¡maricón!”.

Miguel de Molina terminó marchándose de España en 1942 con la compañía de Lola Membrives. En Buenos Aires montó un negocio de antigüedades y se dedicó de nuevo al espectáculo, aunque al principio no lo tuvo nada fácil. Hizo varias películas con Carmen Amaya y en 1952 protagonizó la película de carácter autobiográfico Esta es mi vida, gracias a la cual podemos verlo interpretando algunos de sus más famosas canciones.

Cuando Miguel se fue de España ya era una estrella de la canción española. Sus creaciones de La bien pagá y Ojos verdes, entre otras, le había encumbrado a lo más alto de la copla. Vamos con ellas. La bien pagá en una secuencia de la película recién nombrada; Ojos verdes en un vídeo con fotografías, la mayoría del cantante.

En Esta es mi vida dice al final de la misma: “Y es verdad, esta es mi vida, porque llevo en mi alma el teatro como en los labios una canción”. Escuchemos de sus labios algunas más de las canciones que dejó para el recuerdo en versiones difícilmente superables. Incluimos cuatro bajo estas líneas, todas ellas en diversos momentos de la película Esta es mi vidaLa hija de don Juan AlbaDon TriquitraqueZorongo gitano y Catalina.

Pudo regresar en un par de ocasiones a España, aún bajo la dictadura franquista, seguramente protegido por Juan Domingo y Eva Perón. Una de ellas para ver a su madre, y otra en 1958, para trabajar en El Duende, el tablao de Pastora Imperio. En 1960, a los 52 años, decidió retirarse.

miguel_demolina_5En 1989 se rodó una película titulada Las cosas del querer –que dirigió Jaime Chávarri y protagonizaron Ángela Molina y Manuel Bandera– que recuerda mucho su vida. En sus memorias, Botín de guerra, Miguel de Molina comentó al respecto: “Una de las últimas barrabasadas que debí sufrir fue que se hiciera en España una película titulada Las cosas del querer y que para publicitarla se lanzara indirectamente la idea de que era mi vida, sin pagarme un céntimo. Cuando intenté algún reclamo y el productor Luis Sanz aseguró que ‘se trataba de una obra de ficción y que cualquier parecido era pura casualidad’; no supe si reír o llorar de rabia”. De Las cosas del querer veamos la secuencia en que Manuel Bandera canta el gran éxito de Molina, a quien antes hemos visto interpretarla, La bien pagá. Juzguen ustedes. “Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia”, el consabido rótulo que aparece en tantas películas, en este caso me parece que no cuela.

Miguel de Molina murió el 4 de marzo de 1993 a los 86 años en Buenos Aires y fue enterrado en el porteño cementerio de la Chacarita, donde descansan otras destacadas figuras como Carlos Gardel, Roberto Goyeneche, Alfonsina Storni o María Elena Walsh. Está, pues, en muy buena compañía. Y aquí, en España, no parece que se le eche mucho de menos. Parafraseando a D. H. Lawrence construyó “el barco de la muerte” para “emprender el más largo viaje, el del olvido”.

Anuncios

Acerca de Manuel Cerdà

Historiador y escritor.
Galería | Esta entrada fue publicada en Música de Comedia y Cabaret y etiquetada , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

6 respuestas a Miguel de Molina: ¡Rojo y maricón, y a mucha honra!

  1. Luisa dijo:

    Nunca dejarás de sorprenderme, Manuel, pero esta entrada, con tu permiso, me la llevo a Facebook. Me ha recordado una vieja anécdota, el comentario dirigido por un joven “fijodalgo” a un entrañable amigo en un colegio mayor madrileño, allá a principios de los años setenta: -“Vosotros los comunistoides sois así…”. -“Dispensa, hijo de algo que no te voy a decir: ¡comunista, comunista, no comunistoide!

    • ¡Uy!, lo que has dicho. Ahora sí que has despertado mi narcisismo. No hay nada que me guste tanto como que me digan “Nunca dejarás de sorprenderme”.
      Ahora, ya hablando en serio, creo que siempre se ha demonizado cualquier manera de organizarse en sociedad que no sea la capitalista. Y, claro, los comunistas (etiqueta bajo la que agrupan toda contestación) son un blanco fácil.
      La anécdota, muy buena, de tu amigo me recuerda la cita con la que se abre mi novela “Adiós, mirlo, adiós”:
      “Había una vez un mitin comunista en Union Square. La policía vino a romperlo, y pronto los agentes empezaron a utilizar sus porras. Uno de los manifestantes objetó que no era comunista sino anticomunista. ‘No me importa qué clase de comunista es usted’, dijo el funcionario, y continuaron golpeándolo”.
      Jason Epstein, “The CIA and the Intellectuals”, The New York Review of Books, 20 de abril de 1967.

  2. Ana dijo:

    Un placer leerte Manuel …. como siempre, y cada día más …. Desde Argentina, te cuento que hace ya unos años, estando yo en el foyer del Teatro Colón, en el entreacto de no recuerdo qué ópera, tuve la gracia de ver a Don Miguel acompañado de un grupo de personas… la sorpresa y la alegría no me cabían en el cuerpo… así que, en cuanto me recompuse, me acerqué a él y lo saludé…. gesto que supo agradecer con garbo y afecto…. El recuerdo de ese momento me acompaña, y es por eso que lo comparto aquí contigo y con tus seguidores. Un fuerte abrazo !

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s