Capítulo X.2. Final de la primera parte de la novela

EL CORTO TIEMPO DE LAS CEREZAS

X.2_n

El pelotón estaba formado por seis cazadores, seis jóvenes soldados que parecían ser los mismos que, en su día, fusilaron a Carvajal. El escenario era distinto, pero todo estaba dispuesto de igual modo. En el extremo de la plaza más elevado, frente al campanario, estaba plantado el palo. Cientos, puede que miles de ojos, le observaban. ¿Con qué mirada quedarse para el último instante?, pensaba. El oficial al mando no consintió que le ejecutaran sin ser maniatado temiendo que pudiese suceder algún incidente como el que protagonizó Carvajal. ¿Qué mirar antes que la venda tapara sus ojos anunciando la definitiva oscuridad? ¿A quién? Su esposa no estaba, le había rogado que no presenciase su ejecución, era un dolor innecesario que a él le haría más insoportables los últimos momentos de su vida y que a ella la llenaría de aflicción, imprimiendo en su memoria un triste recuerdo difícil de borrar…

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Acerca de Manuel Cerdà

Historiador y escritor.
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