Capítulo IV.1. Primera parte

EL CORTO TIEMPO DE LAS CEREZAS

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Una dulce brisa movía suavemente las ramas del cerezo cargado de frutos. Entre las largas hojas de afiladas puntas, de color verde claro y mate, las carnosas cerezas lucían un rojo intenso y oscuro que podía recordar el de la sangre que había brotado de las heridas de Samuel, las que le causó Pellerot. Pero la sensación era tan distinta… A Samuel ni se le pasó por la imaginación. Se encontraba muy a gusto bajo el cerezo, que se alzaba majestuoso con sus más de diez metros de altura en medio de un yermo bancal junto a una vieja caseta abandonada, subiendo a Els Canalons.

Tumbado sobre la hierba, pasaba largos ratos contemplando cómo su amplia copa se balanceaba y ramas y hojas se meneaban de un lado a otro. Una armoniosa sinfonía de colores, de variadas y concordantes tonalidades, despertaba en Samuel desconocidas sensaciones voluptuosas e invocaba la…

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Acerca de Manuel Cerdà

Historiador y escritor.
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