Ella Fitzgerald: 1917-2017

Ella Fitzgerald en París en 1960

Ella Fitzgerald en París en 1960 / © Herman Leonard

Si la perfección tuviera nombre, sin duda podría ser el de Ella Fitzgerald. Nacida en Newport News (Virginia, Estados Unidos) tal día como hoy, 25 de abril, de hace cien años, es una de las más grandes cantantes –la más– de la historia del jazz y de la música en general.

Su voz es única: fresca, dulce, clara, cálida, cristalina, con una pureza de registro y entonación y un sentido del ritmo sin igual. Puede que no fuera la descubridora del scat, pero pocos vocalistas han alcanzado su dominio en tan difícil técnica, donde la voz se dispara como un instrumento solista. Usando su voz como un instrumento, es simplemente una improvisadora sin parangón y sus recursos vocales son extraordinarios. Cambiaba sin esfuerzo del swing al bebop y nadie cantaba como ella. Podía cantar cualquier cosa y, debido a su enorme arte, elevaba todo lo que cantaba. Era empezar a cantar Ella Fitzgerald y conseguir la inmediata entrega de quien la escuchase.

Solo quien posee tan prodigiosas cualidades vocales es capaz de versionar de este modo un tema nada fácil como es Air Mail Special, que compusieron en 1941 Benny Goodman, James Mundy y Charlie Christian. La grabación que escuchamos es en directo, corresponde al concierto que dio Ella en el Festival de jazz de Newport de 1957 y se publicó en disco un año después (Ella Fitzgerald and Billie Holiday at Newport). Su habilidad para jugar con la melodía, la precisión de sus imitaciones instrumentales en el momento adecuado, su entonación y entrega son asombrosas. Air Mail Special cristaliza por qué es la reina del jazz. Puro scat, pura improvisación, una maravilla.

Ella Fitzgerald se crió en Yonkers, en la frontera del municipio del Bronx neoyorkino, en un ambiente de permanente penuria, con una tía que hacía de madre tras fallecer esta cuando tenía quince años y sin prácticamente conocer a su padre, que las había abandonado después de nacer Ella. Deseaba por entonces ser bailarina y cantaba en un club escolar y en el coro de la Bethany African Methodist Episcopal Church, faltaba continuamente a la escuela y era muy poco disciplinada. Llegó a ser internada en un reformatorio, de donde trató de escapar varias veces, y luego estuvo en una especie de hospicio. Hasta que, en 1934, con 19 años, ganó el concurso Amateur Night Shows. Trabajó con la banda de Tiny Bradshaw y Benny Carter, que la vio en el Apollo, convenció a Chick Webb para que entrara en su orquesta en 1935. Para suerte de todos. Aunque ya contaba con el reconocimiento de crítica y público, su versión con la orquesta de Chick Webb en 1938 de A-tisket, A-tasket –una nana conocida desde mediados del siglo XIX– la llevó al estrellato. Del sencillo con el tema se vendieron más de un millón de copias.

Al fallecer Chick Webb en 1939, se hizo cargo de la orquesta (Ella Fitzgerald and Her Famous Orchestra). Sobrepasada por el esfuerzo de tener que dirigirla y actuar a diario, la disolvió y en 1941 empezó su carrera en solitario. Continuó contrato con Decca –la discográfica con la que ya había grabado con Webb– y comenzó a participar regularmente en los conciertos de Jazz At The Philharmonic, del empresario y productor discográfico Norman Granz, que acabó convirtiéndose en su mánager. Este creó nada más empezar 1956 el sello Verve y enseguida Ella fichó con él. En marzo aparecía el doble elepé Ella Fitzgerald Sings the Cole Porter Songbook, con canciones de Cole Porter y arreglos y dirección orquestal de Buddy Bregman. Tan solo en el primer mes se vendieron cien mil ejemplares. Con este doble álbum Ella inició la grabación de una serie de songbooks –ocho en total– con algunos de los mejores temas de grandes compositores del gran cancionero estadounidense (Great American Songbook). Sin duda, son de lo mejor Ella Fitzgerald, aunque afirmar esto en una cantante que grabó más de doscientos álbumes y alrededor de dos mil canciones es un tanto subjetivo. Me voy a dejar llevar por mi personal gusto y elijo una canción de cada uno de ellos, comenzando por Ev’ry Time We Say Goodbye, que compuso Porter y publicó en 1944, estrenándose en Broadway dentro de la revista musical Seven Lively Arts, del mismo año.

A finales de agosto grababa otro songbook, el doble elepé Ella Fitzgerald Sings the Rodgers & Hart Songbook, también con arreglos y dirección orquestal de Buddy Bregman. De las 34 canciones de esta fantástica pareja que formaban Richard Rodgers (autor de la música) y Lorenz Hart, autor de las letras, que contiene el álbum nos quedamos con “Bewitched, Bothered and Bewildered”, de su musical Pal Joey, que se estrenó en Broadway en 1940.

Un año después, en otoño de 1957, salía a la venta Ella Fitzgerald Sings the Duke Ellington Songbook, en el que Ella, acompañada por la orquesta de Duke Ellington, interpretaba grandes éxitos del repertorio de El Duque. Fue lanzado en dos volúmenes de dos elepés cada uno: el primero con Ella y Duke y su orquesta, el segundo con un grupo más reducido. Otro gran éxito de ventas con el que Ella desplegó como nunca antes sus extraordinarias habilidades vocales y su incomparable scat, y con el que consiguió el premio Grammy a la Mejor cantante de jazz en su primera edición (1959). Comprobémoslo en esta estupenda versión del estándar del jazz que compuso Juan Tizol, y grabó El Duque en 1941 por primera vez, Perdido.

Con la orquesta de Paul Weston, grabó en 1958 el doble elepé Ella Fitzgerald Sings the Irving Berlin Songbook, con 31 temas de este excepcional compositor. Con él ganó su segundo Grammy, de un total de trece con que fue galardonada a lo largo de sus cincuenta años de carrera. Vamos a escuchar “Let’s Face the Music and Dance”, que compuso Berlin en 1932 y se estrenó en la película de 1936 Sigamos la flota (Follow the Fleet).

El cuarto álbum de la serie apareció en 1959: Ella Fitzgerald Sings the George and Ira Gershwin Songbook. Grabado, como los demás, en estudio, con una orquesta dirigida por Nelson Riddle, contiene nada menos que 54 canciones –distribuidas en cinco elepés– con música de George Gershwin y letras de su hermano Ira. De ellas, Embraceable You es, a juicio de un servidor, una de las más bellas canciones de los hermanos Gershwin, quienes la compusieron en 1928 para la opereta East is West, que no llegó a estrenarse. En 1930, no obstante, triunfaría con el musical Girl Crazy.

Dos años después, en 1961, llegaba Ella Fitzgerald Sings the Harold Arlen Songbook, un doble elepé que grabó con la orquesta de Billy May e incluía 24 canciones de este prolífico compositor, autor de canciones tan conocidas como “Over the rainbow”, “Stormy Weather” o la que escuchamos acto seguido: Let’s Fall in Love (1933, letra de Ted Koehler).

Ella Fitzgerald Sings the Jerome Kern Songbook, acompañada de nuevo por la orquesta de Nelson Riddle, salió a la venta a principios de 1963. Jerome Kern (1885-1945) fue uno de los compositores más famosos de musicales para Broadway, tanto que se le ha calificado como el “padre del musical estadounidense”. Doce canciones suyas conforman este elepé. De ellas hemos seleccionado “All the Things You Are”, una de las canciones más bellas de la música contemporánea que, con letra de Oscar Hammerstein II, compuso Kern para musical Very Warm for May (1939).

También con la orquesta de Nelson Riddle, se publicaba en 1964 el último de su serie de songbooks: Ella Fitzgerald Sings the Johnny Mercer Songbook, un elepé con 13 canciones de este compositor, letrista y cantante estadounidense en el que Ella nos muestra su gran dominio del swing, como podemos comprobar en esta versión de “Too Marvelous for Words”, composición de Richard A. Whiting con letra de Johnny Mercer para la película de 1937 Ready, Willing, and Able.

Con Norman Granz, Ella se convirtió en “la Reina del jazz”, “la Primera dama de la canción”. Grabó infinidad de discos, entre ellos los míticos Ella en Roma: The Birthday Concert (1958), aunque no fue lanzado hasta treinta años después, Get Happy! (1959), Ella in Berlin: Mack the Knife (1960) o Hello, Dolly! (1964). Escuchemos, deleitémonos, con esta sublime versión de “How High The Moon”, la famosa canción que compuso Nancy Hamilton, con arreglos musicales de Morgan Lewis, para la revista de Broadway Two for the Show (1940). Como escribe Alfonso Cardenal en la página del programa de la Cadena SER La banda sonora del mundo del 15 de octubre de 2015, “Esa misma noche [en que Francia detonaba su primera bomba atómica], en Berlín, Ella Fitzgerald dio una exhibición de otro tipo de poder, de uno hermoso e incontenible. En apenas unas horas, el ser humano mostró el brutal contraste de su existencia. Capaz de destrozar el mundo apretando un botón y de rendirse a la belleza de una sucesión de versos y acordes. La explosión atómica no dura mucho más que los siete minutos de ‘How high the moon’, pero en ambos momentos parece que el tiempo se detiene. Como esa nube asesina que asciende al cielo lentamente, la voz de Ella, también sin prisas, se expande, muta, se alza para luego bajar hasta casi desaparecer antes de convertirse en una mágica ola de frases sin sentido. Al escuchar la voz de Fitzgerald, los demonios que cada uno alberga se alejan, también se callan. Escuchan. Aquella noche, en aquel Berlín que se reconstruía de otra tormenta de bombas, Ella Fitzgerald grabó la interpretación más intensa de su carrera. Convirtió un viejo éxito de jazz en un momento emocionante, especial”.

También para Verve grabó tres primorosos álbumes con Louis Armstrong: Ella and Louis (1956), Ella and Louis Again (1957) y Porgy and Bess (1958), la famosa “ópera popular” que escribió Gershwin en 1935. Del primero incluimos “They Can’t Take That Away from Me”, canción que George e Ira Gershwin escribieron para la película Shall We Dance (1937, Ritmo loco) y del segundo un éxito de 1936, “These Foolish Things” (música de Jack Strachey y letra de Eric Maschwitz), que formaba parte de la comedia musical británica Spread it Abroad.

Ella Fitzgerald se convierte en esta época en una figura imprescindible de los más prestigiosos festivales de jazz, sus álbumes alcanzan ventas millonarias, todos los programas musicales y shows de la televisión desean su presencia, realiza giras por todo el mundo y sigue cantando como nadie. Impecable es esta versión que hace de la canción que escribió en 1934 Brooks Bowman East of the Sun (and West of the Moon) con arreglos del propio Bowman y el legendario Harry “Sweets” Edison, que aparece en su álbum Ella Fitzgerald Sings Sweet Songs for Swingers (1959).

Otra gozada. Veámosla con Frank Sinatra cantando, durante el especial que dedicó a este la cadena de televisión estadounidense NBC Frank Sinatra: A Man and His Music con motivo de su 50 aniversario y se emitió el 24 de noviembre de 1965, el tema de Rodgers y Hart “The Lady is a Tramp”, compuesto para el musical Babes in Arms, que se estrenó en Brodway en 1937.

En la década de 1970 Ella continuó trabajando tan intensamente como lo había hecho hasta entonces. Recorrió medio mundo, a veces realizando dos espectáculos al día en ciudades a cientos de kilómetros de distancia. Varios de los conciertos que dio en sus giras se registraron en disco, como Ella in Budapest (1970), Ella A Nice (1971), Montreux ’75 (1975), Montreux ’77 (1977) o A Perfect Match (1979, con la orquesta de Count Basie). A partir de los años ochenta su actividad fue ralentizándose por problemas de salud, agravándose la diabetes que padecía, lo que provocó que en 1993 tuvieran que amputarle sus piernas. Aun así, a principios de los 80 hizo una incursión en la música brasileña con el magnífico Ella abraça Jobim (1981).

Aunque su voz había perdido ya cierta frescura, su registro y su fraseo permanecían intactos cuando grabó en 1986 –cumplidos los 69 años–  con Joe Pass el álbum Easy Living. La delicadeza, la sensibilidad y virtuosismo de este excepcional guitarrista, fallecido en 1994, todavía la enaltece más y nos deja maravillas como esta versión de la canción que da título al álbum y escribieron en 1937 Ralph Rainger y Leo Robin.

Los últimos años de su vida los pasó retirada en su residencia de Beverly Hills y el 15 de junio de 1996 moría a los 79 años, dejándonos un fascinante legado musical imperecedero que deleitará nuestros sentidos cada vez que la escuchamos y seguirá cautivando a futuras generaciones.

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Acerca de Manuel Cerdà

Historiador y escritor.
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22 respuestas a Ella Fitzgerald: 1917-2017

  1. Una de las voces más hermosas jamás escuchadas. Gran entrada, Manuel, como siempre. Gracias

  2. Richard Cabrera Jorge dijo:

    Una capacidad extraordinaria, esa voz inconfundible, lo bueno es que perdurará durante mucho tiempo, gracias Manuel por compartirlo con todos.

    • Ha sido un placer, nunca mejor dicho. Esta es una de esas entradas que llevan muchas horas detrás, sobre todo por la labor de documentación, y luego no tiene muchas más visitas que otra. Pero también es de esas que disfruto haciéndolas.
      Ella Fitzgerald es única. Gracias a ti, Richard. Afectuosos saludos y feliz día.

  3. Luz Donoso dijo:

    Me encanta Ella !!! gracias por tu post y los vídeos!!

  4. Ana Alberola dijo:

    Es una maravilla. Me encanta. Gracias por una selección tan completa

    • Maravilla donde las haya. Celebro que te haya gustado el artículo, pues esta es una de esas entradas que cuestan mucho de elaborar –no tanto por el texto, que también, como por documentar lo que comento– y, sí, tiene visitas, pero no muchas más que otras. A esto ya estoy acostumbrado, pero me compensa lo mucho que he disfrutado haciéndola. Sarna con gusto no pica. Abrazos.

  5. eulalio dijo:

    Siempre magnífica

  6. Ella Fitzgerald hacía que todas sus canciones fueran inolvidables.

  7. marimar1073 dijo:

    Hermoso post!!! Y hermosa Ella!! Muchas gracias!!! Comparto!

  8. marimar1073 dijo:

    Reblogueó esto en theeuterpemusesitey comentado:
    Compartimos el excelente post de El blog de manuel Cerdá sobre la maravillosa Ella Fitzgerald.

  9. Neus dijo:

    No es de extrañar que te haya costado. Formidable Ella y formidable tu Manuel por proporcionarnos estos momentos mágicos, en que nos haces tan felices. Mil gracias. Neus.

  10. Gracias por este post, lo descubrí ayer y hoy me he puesto a hacer un recorrido por su voz. Conocía bien a Bessie Smith y a Billie Holiday, no sé porque no había escuchado antes con atención a Ella Fitzgerald. ¡Saludos!

  11. Pingback: Ella Fitzgerald: 1917-2017 — EL BLOG DE MANUEL CERDÀ – Entre la Realidad y los Sueños

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