Sobre la libertad

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“The Rape Of Lady Liberty” (2010). / Patrick Anthony Pierson ©

En este tiempo inmóvil que, paradójicamente, vivimos de manera tan acelerada, las palabras parecer ser solo son sonidos, música ambiental. Las hemos vaciado de significado a base de darles diversos sentidos según el uso que se hace de ellas, de quién las usa, desde que instancias y con qué fin. Una de las peor paradas por tanto uso y abuso es libertad. Más que de libertad hoy hablamos de libertades: libertad de expresión, libertad de mercado, libertad de prensa, libertad religiosa…, como si el ser humano no fuera uno y hubiera un ser humano económico, uno político, uno religioso… La libertad del individuo es, o ha de ser, una cuestión universal, no un concepto que pueda ir alterándose en función de las circunstancias precisas de cada momento histórico. La libertad es la libertad sin más, la no subordinación de uno a otro. Así lo creo, así lo defiendo y así lo expreso, por boca mía o de los personajes y tramas de mis novelas. Esta es una selección de frases en las que se habla de libertad que corresponden a las tres que llevo publicadas en estos tres últimos años.

Las palabras ya no sirven para expresar lo que sentimos, significan demasiadas cosas a la vez, es decir, nada. Mira, si no, el concepto de libertad en cualquier diccionario.

El viaje (2014).

El silencio de quien nada tiene que decir [es] el último refugio de su libertad.

El viaje (2014).

El que cree que su libertad depende de otro, sea hombre o sea dios, no disfrutará jamás de ella ni conocerá lo que es.

El corto tiempo de las cerezas (2015).

Puede haber libertad de imprenta, pero si los obreros no saben leer ni escribir en su inmensa mayoría ¿para qué sirve? Puede existir el sufragio universal, ¿mas para elegir a quién? ¿Y en base a qué? ¿Para qué la libertad de comercio si la mayoría no tiene con qué comerciar? ¿Pará que la libertad de pensamiento y expresión si nadie lee nada? ¿Qué van a expresar? Por supuesto para eso están las escuelas, y las hay gratuitas y nocturnas, pero ¿van a ir después de trabajar doce, catorce y hasta dieciséis horas? ¿Qué ha cambiado?

El corto tiempo de las cerezas (2015).

Libertad, justicia, trabajo… ¡Patrañas! Trabajad, trabajad y conseguiréis una sociedad próspera. ¿Próspera para quién? ¡Memeces! Toda revolución ha de tener como único móvil y único fin el placer. ¿Qué clase de revolución es aquella que solo pretende modificar las reglas del juego cuando es este el que está mal diseñado, pues siempre son los mismos los que ganan y también los que pierden? ¿No habrá que jugar a otra cosa? Al día siguiente de la revolución habrá que pensar en divertirse.

El corto tiempo de las cerezas (2015).

Su amor, por supuesto, podía no ser eterno, ningún amor tiene por qué serlo si respeta la libertad de amar del individuo.

El corto tiempo de las cerezas (2015).

Qué decepción tan grande ha supuesto comprobar que por encima de las personas, de sus derechos y libertades, sigue primando el “orden internacional”, los intereses de Estado. Nuestro Gobierno ha dejado de ayudarnos, dicen que comprometemos la política exterior de la Casa Blanca con nuestras actividades “ilícitas”, que es como ellos califican nuestro trabajo. ¿Acaso es lícito abandonar a su suerte a miles y miles de personas en aras a una supuesta estabilidad internacional ya destrozada?

Adiós, mirlo, adiós (Bye Bye Blackbird) (2016).

Mi trayectoria, las circunstancias, la vida, me han conducido a defender los derechos civiles desde la creencia que solo quien aprecia la libertad, quien la conoce, sabrá defenderla.

Adiós, mirlo, adiós (Bye Bye Blackbird) (2016).

¿Qué nos pasa? ¿Qué empuja a los seres humanos a dejarse a arrastrar por el primer ilusionista de turno que con cuatro trucos baratos asegura bálsamo de Fierabrás para todos? ¿El miedo? ¿A qué? ¿A la libertad? ¿Al futuro? ¿La inseguridad? ¿La indolencia? ¿La codicia? ¿El egoísmo? No lo sé. Me cuesta entender las razones. La humanidad es cada día más inhumana. ¿No hemos aprendido nada?

Adiós, mirlo, adiós (Bye Bye Blackbird) (2016).

Quien no haga profesión de fe de su sentir ‘democrático’, quien no se considere un ‘demócrata’ es un intolerante, un totalitario, un enemigo de la libertad, un defensor de la violencia, de las dictaduras, un simpatizante de todo aquello sospechoso de poner en peligro la coexistencia pacífica. (…) En última instancia, lo que en verdad se pretende es dar una visión unidireccional de la historia que haga pasar única y exclusivamente por logros de la sociedad democrática las mejoras materiales o los avances en derechos civiles y, al mismo tiempo, persuadir al común de los mortales sobre la imposibilidad de otro sistema político. O económico. Es lo mismo.

Adiós, mirlo, adiós (Bye Bye Blackbird) (2016).

El mensaje ha calado: una cosa es la política y otra la cultura. La libertad del intelectual, la figura del intelectual libre, del artista o del escritor, desconectado de cualquier compromiso político, la parcelación del conocimiento, el uso del pasado para justificar el presente en vez de para explicarlo… Ha sido todo un éxito, un éxito que es también el triunfo de la mediocridad, del servilismo, de la inacción. ¡Viva el intelectual libre! ¡Estúpidos!

Adiós, mirlo, adiós (Bye Bye Blackbird) (2016).

En nombre de la libertad (…) se recluta a nazis (…), se interviene ocultamente en otros países, se acusa de ser enemigos de la patria a quienes no comulgan con los sagrados principios de la “democracia”, se experimenta con los propios ciudadanos el poder de determinadas armas bacteriológicas, se trata de controlar el pensamiento… ¿Qué libertad es esa? ¿Qué se defiende? A ver si lo entiendo, el Estado financia a los que defienden que el Estado no debe intervenir en la esfera privada de los hombres.

Adiós, mirlo, adiós (Bye Bye Blackbird) (2016).

La libertad para actuar es una falacia, nadie es libre, somos lo que somos y lo que la historia nos ha hecho.

Adiós, mirlo, adiós (Bye Bye Blackbird) (2016).

Ya empieza la cantinela. La libertad, un clamor de libertad… Ya son libres los desgraciados alemanes del este que durante tanto tiempo han tenido que sufrir la arbitrariedad y tiranía del régimen comunista. ¡Bienvenidos a la democracia, amigos! Ahora podréis votar cada tiempo y, ¿cómo decía el embajador?, determinar vuestra vida en libertad. Claro que sí, faltaría más. A disfrutar de la libertad, que ya era hora, a comer hamburguesas, a vestirse con vaqueros, a beber Coca-Cola… Llegó la democracia por fin. ¡La hostia!, no saben lo que les espera. Un mercado laboral despiadado, cada vez más competitivo y peor retribuido desde la crisis del petróleo de 1973; unas políticas neoliberales encabezadas por mamporreros del capital como Reagan o Thatcher; un capitalismo que quiere volver a los orígenes, a los mejores tiempos del laissez-faire. Reconversiones industriales brutales, privatización de industrias y empresas públicas, limitación del gasto público y de las prestaciones sociales, política monetarista, estricta observancia de la “disciplina” del mercado, menor intervención de los Gobiernos en la economía… Sí, ¡bienvenidos a la democracia! Lo que temo especialmente es que con la caída del Muro desparece cualquier referencia a otro sistema que no sea el capitalista, al menos entre los países más industrializados; el rostro más desagradable del capitalismo, el verdadero, ya no necesita caretas.

Adiós, mirlo, adiós (Bye Bye Blackbird) (2016).

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Acerca de Manuel Cerdà

Historiador y escritor.
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