Cuando el Waldorf Astoria de Nueva York se convirtió en el centro intelectual del rojerío mundial

Protesters Outside the Waldorf Astoria

Manifestantes contra el Congreso del Waldorf Astoria. / Associated Press

No parecía el lujoso y selecto hotel Waldorf Astoria el lugar más indicado donde encontrar a los maquiavélicos estalinistas en su cruzada para extender el comunismo por todo el mundo. Sin embargo, durante los últimos días de marzo de 1949 lo más florido del pensamiento, la ciencia, la cultura y el arte del rojerío mundial debatía en sus salones acerca del futuro de la humanidad. Y es que el día 25 se había inaugurado el Congreso Cultural y Científico por la Paz Mundial. El responsable de su organización, el Consejo Nacional de las Artes, Ciencias y Profesiones, era para la izquierda antiestalinista y para parte de la intelectualidad estadounidense ─en líneas generales, especialmente antes de la guerra, siempre complaciente con las propuestas de la izquierda radical─ una tapadera de la Kominform, que consideraban la verdadera impulsora del evento.

Personalidades como Albert Einstein, Charles Chaplin, Leonard Bernstein, Dimitri Shostakovich, Paul Éluard, Lillian Hellman, Arthur Miller, Norman Mailer o Dashiell Hammett, entre otros muchos, habían sido invitadas a participar y exponer su opinión ante los asistentes a la reunión. También Sam, que gozaba de cierta reputación en los ambientes izquierdistas por sus actividades a favor de las libertades civiles y como escritor cuya obra, fueran artículos o novelas, reflejaba un evidente compromiso con los desfavorecidos en general, con las minorías, los perseguidos, los marginados.

(…)

La intervención de Sam en el Congreso Cultural y Científico por la Paz Mundial resultó polémica. Abogó por un socialismo humanista que garantizara la capacidad de los seres humanos de ser dueños de sus vidas, un socialismo que, dijo, debía estar alejado tanto de la burocracia soviética como de los intereses de las elites económicas estadounidenses que lo utilizaban para desviar la atención de los verdaderos problemas que aquejaban a la sociedad, que no eran otros que los derivados de la tremenda desigualdad entre quienes tomaban las decisiones y se beneficiaban de ellas y quienes las sufrían.

Con tal declaración de principios consiguió poner de acuerdo por una vez a los organizadores y a los partidarios de reventar la conferencia, que se habían infiltrado entre los asistentes. La mayoría abucheó a Sam, que antes de dejar el estrado comentó: Estamos condenados a entendernos. La derrota del nazismo solo ha sido un paso en la lucha contra la iniquidad, un paso muy importante pero no definitivo. No podemos, no debemos, servirnos de la victoria para imponernos sobre los demás, para adueñarnos del mundo, o de una buena parte de él, y seguir perpetuando la injusticia que supone que unos, sea el aparato del Estado, sea el capital privado, controlen la vida de los demás y mantengan la eterna división entre los que tienen mucho y los que no tienen nada. Y tanto me da que esto se dé bajo un régimen que dice ser comunista o bajo otro que defienda los principios del capitalismo.

Como la práctica totalidad de los participantes en el Congreso, Sam ─que acudió en compañía de Martha─ hubo de pasar, tanto al entrar como al salir, por entre medio de una muchedumbre que clamaba contra el complot comunista. Connivente con el régimen de Moscú hasta lo intolerable, para los WASP ─los estadounidenses “de bien” que se consideraban a sí mismos los únicos depositarios de los verdaderos valores de la nación─ el Congreso era una auténtica declaración de intenciones de los comunistas, cada vez más próximos a infiltrarse en la sociedad estadounidense. Militantes de organizaciones “patrióticas” y religiosas manifestaban a las puertas del conocido hotel su oposición a tan inaudito desafío. Comunistas a Rusia, Comunistas fuera de nuestra patria, Fuera de nuestros hogares, Marchaos a Moscú, eran algunas de las leyendas que podían leerse en las pancartas que los manifestantes de la Legión Americana y otras asociaciones afines exhibían frente a la entrada.

Manuel Cerdà: Adiós, mirlo, adiós (Bye Bye Blackbird) (2016).

Puede adquirir la novela en edición en papel o electrónica.

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Acerca de Manuel Cerdà

Historiador y escritor.
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10 respuestas a Cuando el Waldorf Astoria de Nueva York se convirtió en el centro intelectual del rojerío mundial

  1. BERKANALUZ dijo:

    Un gusto de que ya estés mejor y que te hayas reestablecido, un gusto volver a leer tus post, abrazos.

  2. Sonia Maria dijo:

    Rojerio suena a léxico-pocilga de la cope.

  3. etarrago dijo:

    Estudiando medicina, como estoy, no me queda mucho tiempo para navegar por esta querida red y estos admirables posts que van colocando extraños seres maravillosos que como tú nos dejan boquiabiertos con su obra diaria.
    Magnífico post, como siempre, amigo Manuel.
    Ah, si escribes, es que sientes, es que estás … me alegra mucho saberlo.

  4. etarrago dijo:

    Reblogueó esto en Esas pequeñas cosasy comentado:
    Como ir a la escuela de Historia Cuasi Contemporánea (La Nuestra)
    Gracias Manuel

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