El Zyklon B

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Prisioneros del campo de concentración de Auschwitz son conducidos a la cámara de gas (verano de 1944). / The Auschwitz Album

―Si estoy aquí es porque le vi en Mauthausen, asistí a varias de las fiestas que organizaban los jerarcas nazis y en las que parecía ser un invitado de honor.

―¿Qué dice ahora?

―Le vi. Era uno más de ellos, y le trataban muy bien.

―Tonterías. Eso que dice son tonterías. Yo solo era un químico que dirigía una empresa, una parte de una empresa, ridícula.

―Que fabricaba el Zyklon B ─precisó Sam.

―Que fabricaba Zyklon B, sí. ¿Y?

―Ese gas sirvió para asesinar a millones de seres humanos. Usted controlaba su fabricación en Auschwitz, adecuaba la producción a las necesidades de los nazis, con quienes mantenía excelentes relaciones. Tenemos pruebas suficientes que le incriminan.

―¿Quiénes? ¿Quiénes tienen pruebas?

―Trabajo en el Centro de Documentación Judía que dirige Wiesenthal.

―Acabáramos. Entiendo su animadversión, sus ansias de venganza. Pero yo no tengo nada que ver con eso que llaman “solución final”.

―Usted no solo fue un colaborador necesario, sino uno de sus artífices.

―¿Por haber desarrollado unos conocimientos estrictamente profesionales? ¡Por favor!

―Profesionales, sí. Fue usted un excelente profesional. De la muerte.

―¿Yo? Seamos serios, señores, que ya no son unos jovencitos. ¿Y el plutonio que se usa en la fabricación de bombas atómicas? ¿Es su descubridor el culpable, pues, de lo sucedido en Hiroshima y Nagasaki? ¿Lo es acaso Einstein por sus investigaciones en energía nuclear? Yo no he matado a nadie en mi vida. Pero, en fin, vayamos al grano. ¿Quién está detrás de ustedes? ¿Los israelís? Pueden matarme ahora mismo. Para eso han venido, ¿no?

Manuel Cerdà: Adiós, mirlo, adiós (Bye Bye Blackbird) (2016).

Puede adquirir la novela en edición en papel o electrónica.

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Latas de Zyklon B utilizadas por los nazis para llevar a cabo la “solución final”. / Museo estatal Auschwitz-Birkenau.

El Zyklon B era un gas compuesto por cianuro de hidrógeno cristalino. Se almacenaba en envases completamente sellados que se abrían para verterse en las tuberías de las cámaras de gas, a donde conducían los nazis a los prisioneros de los campos de exterminio haciéndoles creer que iban a ser desinfectados. Su muerte se producía tras unos 20-25 minutos de atroces sufrimientos.

Ya en 1941, una investigación desveló un cártel entre la Standard Oil estadounidense de John D. Rockefeller y la IG Farben (IG Farbenindustrie AG), un conglomerado alemán de compañías químicas fundado el 25 de diciembre de 1925 al fusionarse las compañías BASF, Bayer, Hoechst. IG Farben llegó a tener una filial en Auschwitz donde se producían las mayores cantidades de gasolina sintética y goma que necesitaba el ejército alemán. Sus instalaciones eran más grandes que el propio campo. Llegó a tener una mano de obra de trescientos mil “esclavos”, de los que murieron al menos treinta mil. IG Farben fue el mayor apoyo de Hitler. Nada más finalizar la guerra, las investigaciones del gobierno estadounidense determinaron que sin IG Farben no hubiera sido posible. Ya un año antes de que Hitler se hiciera con el poder, IG Farben donó nada menos que cuatrocientos mil marcos al partido nazi. Iniciada la guerra, sus responsables aseguraron a Hitler que podían fabricar gasolina artificial, solucionando así el problema de la escasez de petróleo, y todos los explosivos y toda la gasolina sintética que empleaba la Wehrmacht procedían de IG Farben. Es más, cuando se ocupaba un territorio, automáticamente IG Farben se hacía cargo de sus industrias. El poder de la Farben era, pues, enorme, y su rama farmacéutica llegó incluso a experimentar sus medicamentos en los presos. Sin embargo, su director, Otto Ambros, declarado culpable en Nuremberg de esclavización y asesinatos en serie, fue condenado solo a ocho años de prisión y acabó trabajando en la US Army Chemical Corps. No fue el único, ni mucho menos.

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Acerca de Manuel Cerdà

Historiador y escritor.
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11 respuestas a El Zyklon B

  1. Enigma dijo:

    Y eso que no te has enterado lo que han organizado mundialmenre el lobby internacional sionista…

  2. Bienvenido. Y ahí seguimos con ADIÓS MIRLO, ADIÓS
    Un abrazo, Manuel

  3. Es un placer leerte, siempre aprendo algo. Un abrazo

  4. etarrago dijo:

    Ay, Manuel, hablamos del pasado como si los horrores se hubieran quedado en él, pero hoy es otra cosa … ¿verdad? hay mucha más hipocresía, más indiferencia pero seguimos igual. Como decía Nietzsche: “Los monos son demasiado buenos para que el hombre pueda descender de ellos”.
    Un abrazo, amigo

    • El texto hay que contextualizarlo en el conjunto de mi novela. Es ahí donde tiene sentido, lo que no quiere decir que no pueda extrapolarse al presente. De ahí que en la contraportada de la misma pueda leerse: “El lector advertirá muchas situaciones en las que verá reflejadas las actuales circunstancias que vivimos tras el triunfo del pensamiento único”.

    • Fragmento de mi novela:
      En marzo de 1940 la conflagración bélica en Europa parecía decantarse claramente del lado de Hitler. Alemania había mostrado una gran capacidad de combate en la guerra relámpago mediante la cual seis meses antes se había adueñado de Polonia, que cayó en solo tres semanas y cuyo territorio repartió con la Unión Soviética.
      ―Nadie puede librarnos ya de la guerra. Es una realidad y hay que hacer frente con determinación, una victoria del nacionalsocialismo es un peligro que hay que tomar muy en serio ─decía Sam a Lary, que pasaba unos días en Nueva York por asuntos familiares.
      ―¿Se involucrará este país en ella? ¿O hay demasiados intereses económicos en juego? Desde que vivo aquí la sensación que tengo es que quien en última instancia dirige este país son los grandes capitalistas. No me considero especialmente sagaz, simplemente una persona preocupada por el presente que me ha tocado vivir. Trato en consecuencia de informarme, nada más que eso. Y de este modo sé de la connivencia de intereses entre los capitalistas alemanes que apoyan a Hitler y los norteamericanos. Cualquiera medianamente informado lo sabe. A no ser que los periódicos mientan. Casi fue llegar a Nueva York y leer un artículo del New York Times en el que se ponía al descubierto la pelea que mantenía el Gobierno polaco con el vuestro por el control de una importante empresa siderúrgica. ¿Todo esto no crees que ha influido en la falta de respuesta? Hasta que la situación ha evolucionado de manera insospechada.
      ―De eso ya hablamos. Y sí. Te refieres a la Upper Silesian Coal and Steel Company ─puntualizó Lary─. Eso se sabía sin necesidad de que lo publicara el Times. Dos tercios de las acciones de la Silesian Coal son propiedad de Friedrich Flick, un destacado industrial alemán del acero; el resto pertenece a norteamericanos, entre ellos Averell Harriman, miembro precisamente del partido demócrata; el banquero George Herbert Walker, senador republicano y ejecutivo bancario de Wall Street, y Prescott Bush, presidente desde hace poco de la Union Banking Corporation, de la que sabemos que hace sustanciosos negocios con los nazis. Es más, el Banco Harriman no deja de ser un instrumento de los Thyssen, la familia de industriales de Alemania más poderosa. Fritz Thyssen es uno de los principales financieros de los nazis.
      ―¿Entonces? ─dijo Sam─. Demócratas y republicanos se pelean por conseguir el poder, pero se alían cuando la economía va mal. Los intereses son los mismos.
      ―¿Por qué crees que defiendo que el Estado debe intervenir en la regulación de la economía? Lo que hacen no es ilegal, pero sí inmoral. Hay que poner unos límites, y estoy seguro de que Roosevelt sabrá hacerlo. Pero hay que darle tiempo, ten en cuenta que se hizo cargo de un país con demasiados problemas internos.
      ―¿De ahí la tibieza con que se actúa en política exterior? ─cuestionó Martha─. Se condena la política de Hitler hacia los judíos, pero no se actúa con la suficiente energía. ¡Y eso que Wall Street está lleno de judíos!
      ―Algunos de ellos, créeme, son los primeros en minimizar la magnitud del peligro que entraña la política de Hitler. Es posible que se deba hacer algo más, otra cosa es que se pueda. De todos modos, de poco sirven ya estas reflexiones. El enfrentamiento creo que llegará.

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