El funámbulo del tiempo

la cuerda floja, el funambulista I, Kiko Rodríguez

“El funambulista I”, acrílico sobre papel / Kiko Rodríguez

Con el tiempo, todo se volvía más agotador. Cosas a las que antes no les prestaba atención alguna ahora adquirían un protagonismo desmesurado. Otras por las que, en cambio, había sentido verdadero interés resultan fugaces y no conseguían que su atención se centrase en ellas más que unos momentos. Otras más, simplemente seguían tan lejanas y distantes como siempre.

Recordada anécdotas, detalles, pero nada esencial. Claro que eso le había ocurrido siempre, desde que fue consciente de ello, puede que no hiciera mucho, pero decir que le ocurría desde que cobró conciencia de ello es lo mismo que decir siempre.

Desde hace un tiempo, no obstante, desde que era un funámbulo de la vida venido a menos, empezó a intrigarle el hecho de recordar especialmente este tipo de cosas, ese cúmulo de anécdotas y detalles irrelevantes que su memoria había almacenado. No es que considerara que esa cualidad fuese algo preocupante en sí. Su precaución, puede que también preocupación, devenía de la tremenda descompensación de la memoria: recordaba con suma fluidez los detalles más triviales de cualquier situación pero le resultaba harto difícil ubicarlos en un contexto concreto.

Es posible que todo se deba a algo que nunca debemos hacer: creer en el pasado, que no existe, dicho sea de paso, y buscar en él argumentos para que la caída sea lo más leve posible, para que el daño que necesariamente ha de producirse deje las menores huellas, tarea harto difícil ante la arbitrariedad y selectividad de la memoria. Así, los detalles, las anécdotas, se almacenaban en su memoria con facilidad, aunque sin orden ni correspondencia con los hechos que los generaron la mayoría de las ocasiones, no había jerarquía entre ellos ni clasificación alguna que los situase en un entorno determinado, pues en última instancia no correspondía a la memoria, caprichosa ya de por sí, seleccionar los recuerdos, influenciada además, como está, por la tendencia a magnificar lo que, creemos, ha marcado nuestra existencia. Una existencia que, como escribió Fernando Pessoa*, hay que monotonizar para que no sea monótona. Tornar anodino lo cotidiano, para que la más pequeña cosa sea una distracción” (Libro del desasosiego, edición de 1984, Seix Barral, traducción de Ángel Crespo).

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Acerca de Manuel Cerdà

Historiador y escritor.
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2 respuestas a El funámbulo del tiempo

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