Placer y culpa

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“Weird” (2013) / Fran Carneros.

Me tocaba, ya hacía tiempo que me tocaba, pero ese día, un día de verano al caer la tarde, no dejé de tocarme por aburrimiento o porque decidiera hacer otra cosa –como otras veces– sino porque de repente de mi polla empezó a salir un blanquecino líquido viscoso que yo sabía que se llamaba leche, pero no lo había visto hasta entonces. Lo sabía, sabía que salía de la pilila, me lo habían contado en la escuela –los niños, no los maestros–, como también de las tetas de las mujeres, pero desconocía qué se sentía: cierta extrañeza en los primeros momentos, cuando el ritmo se tornaba cada vez más regular y más acelerado, desconcierto a medida que iba perdiendo el control de lo que hacía, la rigidez cada vez mayor del pene, un posterior acaloramiento, la excitación –no exenta de temor– ante algo nuevo y placentero que no podía detenerse, y una especie de convulsión cuando la leche se disparó –fue eso, un disparo– a la que siguió una sensación de vacío que me resultó sumamente agradable.

Debo haberme hecho una paja, pensé. Luego vinieron las dudas, la confusión. Puede que fuera a los doce años, o no, lo de la primera paja, o el primer orgasmo, en solitario ─como el último suspiro─, o puede que fuera a los once, pues a los doce empecé a salir con una chica con la que nada sucedió –no hubo sexo, quiero decir– pero con cuya imagen en mi mente recuerdo haber repetido la experiencia.

No experimenté sensación alguna de culpa hasta que se lo comenté a Juan Luis. Tendrás que confesarte, me dijo. No lo hice y nada pasó, pero no conseguí evitar que el desasosiego se apoderase de mí e incluso sentir culpa por no sentirme culpable. Aun así, seguí masturbándome. Casi a diario. Sin comentar nada a nadie, ni siquiera a mis amigos después de lo que me dijera Juan Luis. Placer y culpa, combinación perfecta para doblegar conciencias. En aquel tiempo no supe adivinar tal extremo. Tardé años en descubrirlo, tantos como viví el placer asociado a la culpa, aunque fuera la de no sentirme culpable.

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Acerca de Manuel Cerdà

Historiador y escritor.
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3 respuestas a Placer y culpa

  1. mamenblanco dijo:

    Reblogueó esto en solo reblogueoy comentado:
    Recuerdo que yo también, con esa misma edad, cada noche lo hacía. A mí no me lo dijeron los amigos, mi información llegó de la hermana de mi madre. Recuerdo que cada noche, después de hacerlo, le prometía a “Dios” que no lo volvería a hacer, me sentía fatal, una pecadora sin remisión, pero a la noche siguiente volvía a caer en el pecado. Cuánta culpa sentía, cuántos remordimientos. Cuánto daño ha hecho esa educación.

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