La condesa Maritza

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“La condesa Maritza” (“Gräfin Mariza” es su título original en alemán) se considera  una de las más populares operetas, si no la más, del compositor húngaro Emmerich Kálmán. Se estrenó el 28 de febrero de 1924 en el Theater an der Wien de Viena y pasa por ser la obra capital de Kálmán, además de valorarse como una de las más bellas operetas jamás compuestas. Ello se debe, más que al libreto –convencional como casi todos los de la época–, a su excelente partitura de gran riqueza melódica en la que la melancólica música gitana alterna con la viveza de las czardas, no siendo ajenas las influencias de los nuevos ritmos del momento.

Kálmán nació en Siófok (Hungría) en 1882. Estudió piano en la Real Academia de Música de Budapest con Béla Bartók y en 1907 obtuvo el premio Franz Joseph con un ciclo de lieder. Pronto se dedicó a componer operetas –entre ellas, además de la que hoy nos ocupa, Die Csárdásfürstin (1915, La princesa gitana) y Die Zirkusprinzessin (1926, La princesa del circo)– y conoció el éxito, rivalizando en popularidad con Franz Lehár. Uno y otro son, sin duda, los dos grandes nombres de lo que se ha convenido en denominar edad de plata de la opereta vienesa.

De origen judío, después de 1935 viajó por Austria, Francia y Estados Unidos. Hitler, admirador de sus operetas, le invitó a convertirse en “ario honorario”. Kálmán rechazó la oferta y sus obras fueron prohibidas en la Alemania nazi. Marchó a California en 1940, regresó a Viena en 1949 y acabó estableciéndose en París, donde residió hasta su muerte en 1953.

La condesa Maritza es una opereta en tres actos con libreto en alemán de Julius Brammer y Alfred Grünwald, basado este en la novela de Octave Feuillet Le roman d’un jeune homme pauvre. Nos cuenta la historia de una rica y hermosa condesa que inventa un compromiso de matrimonio ficticio para desanimar a los cazadores de dotes y que termina enamorándose de su administrador, de quien desconoce su verdadera identidad. Una mujer, pues, bella, rica y caprichosa –otra especie de “viuda alegre”–, que acabará sucumbiendo ante al amor.

La producción que hoy presentamos, espectacular, es la que se ofreció en el festival de Mörbisch de 2004. Bajo la dirección musical de Rudolf Bibl y con coreografía de Giorgio Madia, encabezaron el reparto la soprano alemana Dagmar Schellenberger (como la condesa Maritza), el tenor austriaco Nikolai Schukoff (el conde Tassilo), la soprano de coloratura alemana Julia Bauer (Lisa), el tenor austriaco Marko Kathol (el barón Zsupán), la mezzosoprano croata Mirjana Irosch (la princesa Božena Guddenstein zu Clumetz) y el barítono lituano Harald Serafin (el príncipe Populescu), quien fue director del festival de Mörbisch entre 1992 y 2012.

La acción trascurre en Hungría en la época en que fue estrenada la opereta. Gräfin Mariza consta de tres actos precedidos de una Obertura. Con ella comenzamos. Aclaremos antes que si prefiere verla completa puede saltarse los vídeos e ir directamente al último, una grabación de buena calidad que recoge íntegra –algo más de dos horas y media de duración– la versión del festival de Mörbisch de 2004, donde ya antes se había representado en las ediciones de 1959, 1968, 1979 y 1987. Comenzamos con la Obertura.

Empieza el primer acto. Béla Törek es el administrador de las propiedades de la condesa Maritza, que pasa la mayor parte de su tiempo en la ciudad. Mas, en realidad, Törek es el conde Tassilo, que se ha visto obligado por las deudas de su padre a trabajar –de incógnito– en el castillo de la condesa para proporcionarle una dote digna a su hermana Lisa. “Wenn es Abend wird”  (Cuando cae la noche) es el tema en que Tassilo muestra su sentir.

En eso, Maritza regresa y anuncia su compromiso con el barón Koloman Zsupán. Veamos la llegada de la condesa (“Mery Gypsy Tune”).

Con el anuncio, Maritza pretende librarse de los numerosos “cazafortunas” que constantemente la pretenden. No existe tal barón. Al menos es lo que ella cree. La vida, sin embargo, está llena de sorpresas y sí existe. Se trata de rico agricultor de Varasdin que de repente aparece en la fiesta que ha organizado la condesa tras enterarse de su “compromiso”. “Ich bitte, nicht lachen” (Por favor, no se rían) se titula este dúo del barón Zsupán y la condesa.

Él barón también la pretende, pero Maritza se ha enamorado de su guapísimo administrador. En el parque situado junto al castillo, este lamenta su suerte. La condesa, al escucharle, le pide que repita la canción ante sus invitados. Törek se niega, ella lo despide, se arrepiente, le ruega que se quede de nuevo y…, ¡cómo no!, surge el amor. Vamos con la aria de Tassilo “Auch ich war einst” (Yo también fui una vez), las czardas que siguen y el momento en que, al empezar a marchar los invitados, la condesa le pide perdón repitiendo el estribillo de su aria “Komm, Zigány” (¡Eh, gitano!), finalizando así el primer acto.

Comienza el acto segundo en el jardín del castillo de la condesa. Los sentimientos entre Mariza y Törek se intensifican. “Herrgott, was ist dem heut’los” (Por Dios, ¿qué está pasando?) cantan a dúo.

El barón Zsupán le cuenta a Lisa que si no fuera por Mariza él pasaría sus días con ella. “Wenn ich abends schlafen geh” (Cuando voy a dormir por la noche).

Tassilo escribe una carta a su amigo en la que le hala de su hermana Lisa, su única familia, por la que está dispuesto a hacer lo que sea. De pronto entra la condesa y de nuevo a dúo se confiesan su amor: “Mein lieber Schatz” (Mi querido amor).

Se inicia la fiesta en la mansión de la condesa. Es aquí donde más se nota esa conjunción entre la música húngara tradicional y los nuevos ritmos del momento de que hablábamos al principio, pues Kálmán introduce al final de la escena un shimmy, baile de salón de origen estadounidense muy popular en los años veinte del pasado siglo.

Popescu cuenta a Maritza que vio a su administrador en el parque con una bella muchacha y descubre la carta inacabada en la que Tassilo habla sobre una dote. La condesa no sabe que Tassilo tiene una hermana y piensa que es otro interesado en su fortuna. Durante la fiesta, Maritza lo trata con desdén, lo humilla y lo despide otra vez. Tassilo le canta entonces “Komm, Zigány” a Manja, una muchacha gitana que intenta sin éxito ganar su amor. Luego se despide de Lisa como su hermana. La condesa se da cuenta del error y de que el amor de Tassilo por ella es verdadero (“Hei, Mariza”).

El acto tercero es el más breve de los tres y también el más alegre. Aclarada la confusión, la condesa, el príncipe Populescu y el barón Zsupán cantan al amor entre las morenas chicas y los chicos de la llanura esteparia húngara (“Braunes Mädel von der Puszta Ungarmadel”).

A la mañana siguiente llega una vieja tía de Tassilo (la princesa Božena Guddenstein), vieja conocida de Populescu que hacía años no se veían, y anuncia que ha pagado a los deudores de Tassilo y que este vuelve a disponer de sus posesiones. De igual a igual, Tassilo y Maritza se reconcilian. También la princesa de Guddenstein y el príncipe Populescu terminan juntos, y Zsupán y Lisa. Todo termina bien. No podía ser de otro modo.

Que disfruten de un buen fin de semana.

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Acerca de Manuel Cerdà

Historiador y escritor.
Galería | Esta entrada fue publicada en Música de Comedia y Cabaret y etiquetada , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

2 respuestas a La condesa Maritza

  1. Hola Manuel..!!

    Es una opereta realmente preciosa y con tus reseñas, siempre
    claras y precisas, he aprendido mucho más. . .

    Me gusta mucho; tengo la clásica versión de Willy Mattes en
    la dirección y otros, como Anneliese Rothenberger, Kurt Bohme,
    Willi Brokmeier y Nicolai Gedda, máxima figura siempre presente
    en toda buena opereta que se precie.-

    También poseo Die Herzogin von Chicago
    Die Csárdásfürstin – Die Zirkusprinzessin

    Bueno, no molesto más. Pases un buen fin de semana.-

    • La versión de Mattes es mucho mejor que esta, sin duda. Pero la espectacularidad de la puesta en escena de las operetas que se representan en el festival de Mörbisch es impresionante.
      Nunca molestas, Jorge Luis. Te deseo igualmente un muy feliz fin de semana (bueno, ya lo poco que queda de él).

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