El loco de La Cava

El loco 2

“Mountaineer whittling” (ca. 1920) / Wm. A. Barnhill

Todo el mundo decía que Perico estaba completamente loco desde que un bien día, sin que nadie supiera porqué, se fue a La Cava, como llamábamos en el pueblo al antiguo nevero en que antes de que existieran las fábricas de hielo se conservaba la nieve todo el año con tal fin. Allí, junto a la cava, en un pequeño bancal que tenía, su única propiedad, levantó con sus propias manos una casucha. Vivía del aceite que le daban las aceitunas de los pocos olivos que tenía y de una escasa pensión por minusvalía en la vista. Bajaba al pueblo una vez por semana a comprar comestibles y algún que otro producto de primera necesidad. Entonces era frecuente oír, sobre todo a nosotros, los niños frases del tipo Mira, El loco de La Cava.

En una ocasión fui con la única compañía de Edu, un chico que no pertenecía a nuestra pandilla pero que era sobrino de Pedro, el encargado de cuidar el jardín y atender el mantenimiento de nuestra casa. Por eso podía ir con él, supongo, y su padre, quien tenía, este último, unos estrechos bancales de olivos en la parte alta de la sierra, lindantes casi con la vetusta casucha de Perico.

Edu y yo nos acercamos a ver a Perico. Edu lo propuso, yo no quería, tenía miedo. Él me tranquilizó, me dijo que no era verdad que estuviera loco. Lo conocía de siempre, pues cuando su padre acudía a cuidar los bancales de olivos pasaba a saludarle y a por hierbas medicinales, de las que Perico era un experto. Ya verás como mi padre viene luego, dijo Edu.

Y marchamos, y Perico nos recibió sin acritud alguna, más bien al contrario. Su imaginación, me pareció entonces, no conocía límite a la hora de narrar historias, fueran del tema que fueran, y las historias que explicaba eran demasiado verosímiles para un supuesto loco, me pareció también. Nos contó cosas de cuando nadie de nosotros había nacido, ni nuestros padres, ni nadie que la memoria de nadie pudiera recordar, siempre lejanas en el tiempo, apartadas de su presente y del nuestro, cosas sobre otras gentes que antes habían poblado las tierras que ocupábamos nosotros y que luego yo conté también, a mis padres, a mis abuelos, a Pedro, sin decir de dónde provenía la información. Mis padres me hubiesen castigado de enterarse que íbamos hasta lo alto de la sierra y nos encontrábamos con Perico. Pero ni ellos, ni mis abuelos, ni Pedro, habían oído hablar nunca de las historias que explicó Perico, nada sabían de cuando todo el valle en que el pueblo se asienta fue un enorme lago y la sierra una hermosa playa, ni de la leyenda de la joven a quien una bruja hechizó por orden del señor de las tierras para ganarse su amor, no consiguiéndolo a pesar del encantamiento y confinándola en un castillo que poseía, el señor, en la cumbre misma de la sierra, donde murió. Pero, según Perico, figuradamente, pues se hizo la muerta y, de hecho, todavía vagaba por allí. Él llegó a verla un día, era muy guapa y sonreía, y le dio un brazalete de oro, a Perico, por no huir ante su presencia como hacía la mayoría de las personas, pocas, con quien tropezó en otros momentos, un brazalete que se esmeraba en mantener limpio y brillante; así estaba cuando nos lo mostró.

¿Y a ti quién te ha contado esas cosas?, me preguntaron. Lo dicen los niños, respondí. No hagas caso de esas tonterías, insistieron. ¿Y el hombre ese que dice que tiene el brazalete?, pregunté yo ahora. Bobadas, ese hombre está loco, cuando lo veas por ahí ni se te ocurra acercarte a él, insistieron. No pregunté más. Era obvio que no me creían. Pero yo había visto el brazalete, incluso lo había tenido por un momento en mis manos. Vosotros sí estáis locos, decía para mis adentros. Tampoco los otros amigos de la pandilla creyeron lo que Edu y yo les contamos de Perico. Vosotros sí estáis locos, pensaba también sobre ellos.

Ahora tengo dudas. Igual el loco era yo. Y también Edu. Perico no, desde luego. Tal vez por eso, en aquellos primeros tiempos en que hacíamos guateques, me gustaba tanto esta canción:

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Acerca de Manuel Cerdà

Historiador y escritor.
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6 respuestas a El loco de La Cava

  1. icástico dijo:

    Vaya joya de videoteca. No conocía el tema (tenía 11 años)

    • Yo trece cuando salió. Comenzábamos por entonces a hacer guateques, aunque de todos modos en aquella época las canciones pasaban de moda mucho más lentamente que ahora. Mi pueblo tenía poco más de 4.000 habitantes (supera los 9.000 ahora) y no era fácil comprar discos. El dinero para ello era otro problema. Así que nos lo apañábamos con los discos de los hermanos mayores. Aunque no es el caso de esta canción.

  2. BERKANALUZ dijo:

    Me encantó ésta historia, si no es real, me situó de todos modos en tiempo y espacio, y por momentos me parece que vi a Perico, quién pudiera haber estado tan loco, como para poder presenciar esos relatos, de lo que se perdieron los cuerdos del pueblo…saludos…

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