Cantando bajo la lluvia (Singin’ in the Rain)

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Cantando bajo la lluvia (Singin’ in the Rain) es una de esas películas que uno nunca se cansa de ver. Siempre encuentras algo en ella y siempre terminas con un agradable sabor de boca, independientemente del estado de ánimo que se tuviera antes de verla. Dirigida por el gran Stanley Donen y Gene Kelly –responsable sobre todo de los números musicales– nos devuelve a los primeros tiempos del cine sonoro, cuando se rodaban aquellos musicales de la Metro –cuyo paradigma es la serie de películas Melodías de Broadway– que tanto éxito tuvieron en las décadas de 1930 y 1940.

Se estrenó en 1952, con Gene Kelly (Don Lockwood), Donald O’Connor (Cosmo Brown), Debbie Reynolds (Kathy Selden), Jean Hagen (Lina Lamont), Millard Mitchell, Cyd Charisse, Rita Moreno y Douglas Fowley en los principales papeles. Su argumento sigue también los esquemas de aquellos primeros musicales: una estrella del cine mudo (Gene Kelly) conoce a una aspirante a actriz (Debbie Reynolds) de la que enamora. Quiere rodar las películas musicales que le proponen con ella, pero entre ambos se interpone la reina del cine mudo Lina Lamont (Jean Hagen).

Buscando información sobre Cantando bajo la lluvia para redactar esta entrada nos hemos topado con un excelente artículo de Vicente Molina Foix titulado “Cantado bajo la lluvia” y publicado en El País el 1 de julio de 2005. Nos ha encantado –Molina Foix es uno de los mejores escritores en español y un apasionado del cine, habiendo desempeñado labores de ayudante de dirección, guionista y crítico– y hemos decido servirnos de parte de él para comentar la que es, sino la mejor, una de los mejores películas de la historia del cine.

“Pensar que hay personas, algunas sensibles, que tienen fobia al cine musical. No son exactamente las mismas a quienes les fastidia la ópera, si bien ambos grupos coinciden en el rechazo de la inverosimilitud de oír a una soprano obesa largar un aria muriéndose de tisis en el suelo, o ver a una pareja de enamorados prometerse fidelidad con un zapateado. En los operatófobos suele estar implícita la lucha de clases (esa monserga de que se trata de un arte elitista, pagado y concebido para halago de reyes, aristócratas y altos burgueses), mientras que los enemigos del cine musical lo desdeñan por su tradición demótica, burlesca y cabaretera. Allá ellos”, comienza su artículo Molina Foix. “La felicidad que irradia Cantando bajo la lluvia –prosigue– no es sin embargo ñoña ni estúpida, dos concesiones que los amantes del género estamos dispuestos, a cambio del chaqué de Fred Astaire, a otorgarle a algunos títulos clásicos del Hollywood musical de los años treinta. Y su muy happy end, con la apoteosis del cartelón de película poniendo en abismo a la propia pareja central (Gene Kelly/Debbie Reynolds) que lo contempla delante, llega después de una de las escenas más crueles del afable reino de la comedia: el descubrimiento ante el público de la treta con la que Lina Lamont (extraordinaria Jean Hagen), que no sabe hablar ni cantar, trata de proseguir su carrera estelar pese a la llegada del cine hablado (la escena se convierte, por otra parte, en un demoledor alegato contra el doblaje)”.

Por esta vez no vamos a respetar el orden de los números musicales tal como se suceden en el film, sino que los acoplaremos a las palabras de Molina Foix. Así, comenzamos con el final, cuando se descubre el engaño a que este se refería y que es una de las escenas más geniales de la película.

Cantando bajo la lluvia –sigue Molina Foix– es la epopeya cómica de un momento definitivo del séptimo arte, el paso del mudo al sonoro, y dentro de ese registro una de las grandes obras maestras del cine dentro del cine. Concebida originalmente para la pantalla y no como adaptación de un musical de Broadway, Cantando bajo la lluvia cuenta con un soporte dramático de una ligereza muy similar a la habitual en el género, pero el productor (y artífice de los mejores musicales de la Metro) Arthur Freed y sus guionistas Adolph Green y Betty Comden tuvieron un sostenido brote de genio para trascender el pretexto de partida de la película, que era utilizar y, como se dice ahora, versionear famosas canciones ya oídas en filmes de los años treinta, la mayoría escritas por otra pareja legendaria, el compositor Nacio Herb Brown y su letrista, no otro que el propio Arthur Freed. Y puesto que la base musical era anacrónica, los co-guionistas decidieron recolocarla –con una intención satírica que no excluía la nostalgia– en el pequeño mundo aterciopelado de los primeros musicales de Hollywood.

Después de Green / Comden y Brown / Freed, la tercera pareja que sella la maestría de Cantando bajo la lluvia es la de sus codirectores, Gene Kelly, excelente solista y coreógrafo ya muy fogueado en el cine musical de los años cuarenta, y Stanley Donen, entonces en el comienzo de su carrera de director y con un útil “pasado”, pronto abandonado, de bailarín de conjunto. Al tándem Kelly/Donen se debe algo cinematográficamente portentoso convertido por ellos en natural: la cámara de esta película es siempre lírica, anticipando con sus majestuosos movimientos de grúa el salto de la danza, bajando al suelo cuando allí hay un claqué o la pierna inacabable de Cyd Charisse, y poniéndose simplemente a la altura del rostro humano para captar esos pequeños números de musicalidad intimista (Haz reír, Buenos días o Moses Supposes, la divertidísima parodia de los dos amigos mareando al profesor de dicción)”.

Vamos ahora con los números musicales de la película, ya en orden. Nos referiremos a los personajes con el nombre de los actores, pues son sobradamente conocidos y creemos que así será más fácil identificarles. Comenzamos con “Fit as a Fiddle” –tema original de la película– con Gene Kelly y Donald O’Connor. Cuenta Kelly cómo ha llegado al éxito, eso sí, no muy verazmente.

“All I Do is Dream of You” –tema que se estrenó en la película de 1934 Sadie McKee– tiene lugar una vez que Kelly ha conocido causalmente a Debbie Reynolds. El encuentro no ha sido muy afortunado, a ella le parece un pretencioso, pero al poco se la encuentra en una fiesta –en la que se presenta una muestra de un nuevo descubrimiento: la sincronización de imagen y voz: el cine sonoro– en la que esta actúa con otras coristas para divertir a los invitados.

“Make ‘em Laugh” –melodía similar to “Be a Clown” de The Pirate (1948), de Cole Porter– es un fantástico número que interpreta un genial Donald O’Connor con tal vehemencia que tuvo que guardar cama –otros dicen que estuvo hospitalizado– durante una semana después de haberlo completado, pues había sufrido de agudo agotamiento físico y dolorosas quemaduras por el roce de la alfombra.

En el siguiente número, “Beautiful Girl” –de Going Hollywood (1933)–, los ejecutivos de Hollywood se fijan en Debbie Reynolds y le proponen un contrato.

La atracción que Gene Kelly y Debbie Reynolds sienten cada uno respecto al otro es evidente. Lo demuestran en “You Were Meant for Me”, canción estrenada originalmente The Broadway Melody (1929).

El cine sonoro, contrariamente a lo que opinaban los invitados a la fiesta a que hacíamos referencia, ha triunfado y causa sensación. Pero los actores no están acostumbrados, la voz es un problema. Así que Gene Kelly y Donald O’Connor dan clases de dicción. Es el número “Moses Supposes”, original de la película.

La voz, decíamos, era un enorme contratiempo, sobre todo en el caso de Lina Lamont. Aquí sí demos referirnos al personaje que interpreta Jean Hagen, pues –ironía donde las haya– la actriz que en realidad canta y dobla a Debbie Reynolds fue la misma Jean Hagen. Pues bien, la voz de Lina Lamont –como el espectador ya ha podido comprobar– no es precisamente un prodigio; más bien todo lo contrario. El preestreno de su primera película hablada, “El caballero duelista”, es un fiasco que provoca la hilaridad de los asistentes. Ello hace que Gene Kelly dude de sus cualidades como actor. Debbie y Donald le convencen para que haga un musical en el número “Good Morning”, de la película Babes in Arms (1939).

Gene se da cuenta de que no puede hacer un musical con Lina. “No canta, no baila y no sabe hablar”, ratifica O’Connor. Debbie la doblará. Kelly acepta no sin reticencias. Por una vez… Está enamoradísimo de Debbie. Feliz, canta bajo la lluvia. “Me río de las nubes / tan oscuras allí arriba, / Tengo el sol en mi corazón”, dice en  “Singin’ in the Rain”, original de la película Hollywood Revue of 1929 (1929).

Ruedan la película, titulada ahora “El caballero danzarín”. Para que sea un musical hay que incluir algunos números más, de “música moderna, convienen, como este “Would You?” –de San Francisco (1936)– que interpreta Debbie Reynolds con su propia voz, si bien en esta escena quien la dobló fue finalmente Betty Noyes. El vídeo es anterior al montaje definitivo, por lo que podemos escuchar a la misma Debbie Reynolds.

Otro de los números “nuevos” es “La melodía de Broadway”, basado en la serie de películas de MGM Melodías de Broadway.  Es aquí cuando contemplamos la magnífica secuencia con Cyd Charisse y sus inacabables y espléndidas piernas. Ella era bastante más alta que Gene Kelly y para solucionar tal problema Charisse, cuando se acercaba mucho a Kelly, flexionaba levemente sus rodillas. Fíjense. ¡Qué grande era Cyd Charisse! El número fue considerado demasiado erótico y se recortaron algunos segundos.

La secuencia es bastante más larga que el fragmento que acabamos de ver e incluye este ballet de Melodías de Broadway.

Con la voz de Debbie la película es un éxito, pero Lina (Jean Hagen) no quiere que nadie le reste protagonismo y sugiere que Debbie solo doble, que no actúe en ninguna película. Pero durante estreno de la misma todo se descubre, como veíamos en la escena con que abríamos los números musicales. Y ya que empezamos con el final, pues terminemos con el principio, escuchando una vez más esa estupenda canción que da título a la película: “Singin’ in the Rain”, en el inicio de la misma.

Que disfruten de un buen fin de semana.

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Acerca de Manuel Cerdà

Historiador y escritor.
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12 respuestas a Cantando bajo la lluvia (Singin’ in the Rain)

  1. Esta película capta a la perfección lo que tuvo que significar para muchos actores el paso del mudo al sonoro.

  2. ¡Todos divinos! Pero quedé fascinada con el vídeo de Gene Kelly y Donald O’Connor! Como siempre, un placer visitarte.
    Feliz fin de semana!
    Sara

  3. Definitivamente Gene Kelly fue el alma de la película porque Kelly demostrmó en este rol que era tan buen actor, bailarín y cantante, “un showman”. La última película musical que he visto en el cine es Mamma Mía, protagonizada por Meryl Streep, que la disfruté mucho y no sé si posterior a esta cinta se ha realizado otra que la haya superado. En todo caso es una lástima que no se filmen películas musicales con la regularidad de antes. Saludos, Patricia

  4. Anita dijo:

    Estoy en éxtasis!!! Mis preferidos sin duda, el número que da nombre a la película y el delicioso Good Morning. No me extraña que Donald O’Connor necesitara hospitalización!!!

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