Los de arriba y los de abajo

Piràmide_CAP

Elaboración propia a partir del gráfico publicado en “Feudalism Then & Now” (2016).

Arriba cada vez menos, abajo cada vez más. Los de arriba disfrutan de espléndidas atalayas desde las que se contemplan las mejores vistas. Nada se lo impide, están en lo alto. Desde sus suntuosas fortalezas ven todo, y a todos, controlan todo, y a todos. Nadie se lo impide, nadie está por arriba. Definen. Algunos de ellos acaparan las portadas de los informativos y periódicos más serios, que nos hablan de sus proezas al frente de las grandes sociedades o empresas multinacionales, grandes gobiernos, grandes bancos y otros grandes organismos financieros. Otros, en cambio, siquiera se dejan ver y prefieren los seudónimos: mercados, por ejemplo. Dicen que son grandes hombres. Ellos también, a sí mismos y de sí mismos; están convencidos.

Todos tienen su corte de profesionales, pues pueden pagar sus servicios: políticos que administran sus intereses, historiadores que glosan sus gestas, cronistas que nos informan de sus proezas diarias, juristas que reglamentan sus derechos, científicos e investigadores que encauzan debidamente el progreso, artistas que les hacen de bufones. Y tienen bula para todo. Eso sí, de vez en cuando eligen a uno para sacrificarlo en un ritual mediático, lo juzgan y condenan, lo meten en una cárcel y así los que se dejan ver no tienen problema para poder seguir exhibiéndose impúdicamente.

(…)

Un nivel más bajo, pegado al anterior ─tanto que algunos de este nivel se confunden y creen estar en el primero─ también hay atalayas, más pequeñas y con vistas solo hacia adelante y hacia abajo. Las ocupan quienes están al frente de sociedades o empresas menores, gobiernos menores, bancos menores y otros organismos financieros menores. Se creen llamados a decidir por los demás, y por tanto dictaminar de qué manera se aplican las fórmulas que los dictaminadores del primer nivel consideran beneficiosas para el conjunto de la sociedad, es decir, para controladores y definidores. La mayoría ha pasado por prestigiosas universidades y otros templos de adocenamiento intelectual y se consideran auténticos mesías. También cuentan con su corte de profesionales, que, como ellos, ha pasado por universidades y otros templos de adocenamiento intelectual, de donde han salido completos, atiborrados de hechos y certezas. Se llevan bien con los primeros, al fin y al cabo han salido del mismo sitio, la misma piara, algunos incluso de cloacas o estercoleros (por eso el hedor a falsedad que desprenden no les molesta).

En el nivel inferior no alcanzan a ver lo que sucede en los de arriba, un manto de indiferencia les incomunica y aísla, un manto pulcro, reluciente, sumamente cuidado, tan aparentemente real que los etéreos cachivaches que de él cuelgan se confunden con las estrellas los días de bonanza y con simples nubarrones los días encapotados. No cuentan con atalayas a pesar de que el espacio de este nivel es extraordinariamente amplio, pero son tantos sus moradores que solo los que habitan en los estratos más elevados, los inmediatos a los confines superiores, disfrutan de cierta capacidad de movimiento entre el inmutable paisaje de delirios y enajenaciones. Ocupan uniformes habitáculos de formas y tamaños distintos, burda imitación de las atalayas, menos llamativos aunque igual de anodinos, si bien sus moradores los encuentran acogedores y confortables y consideran una suerte residir en ellos, sobre todo porque pueden comparar esta, su suerte, con la de quienes habitan más abajo, a quienes sí pueden ver. Tratan de imitar el modo de vida de los de arriba ─tal vez porque observan el de los de abajo─, pues creen que pueden llegar hasta allí, a lo más alto, que algún día conseguirán traspasaran la deslumbrante bóveda que les separa.

El espacio de que disponen los estratos inmediatos va reduciéndose a medida que desciende el nivel, de modo proporcionalmente inverso al número de moradores. Las formas y tamaños de los habitáculos se van unificando hasta adquirir todos el mismo volumen. En los últimos ya no hay formas ni tamaños. Son los que alojan a los vencidos, a los derrotados, a los inútiles, a los menesterosos y, en general, a todos aquellos socialmente insolventes o cuya aportación a lo que llaman desarrollo nunca pasará de ser mera anécdota y, en consecuencia, jamás recogerá sus necesidades, aunque no parece que esto les preocupe en demasía, hace tiempo que dejaron de mirar hacia arriba y ya no saben cómo se hace, van siempre con la mirada gacha, buscan en el suelo los desperdicios que puedan haber arrojado los de los otros niveles.

Mientras que en el primer y segundo niveles el estado de ánimo imperante es la vanidad, la complacencia de quien se sabe detentador del poder y es buen conocedor de los tejemanejes inherentes a la dominación, en el resto predomina el desorden propio de quienes nunca saben a dónde van a pesar de estar dando vueltas continuamente, atenuado sin embargo por el sentimiento de creer contar con un papel en la representación continuada que los primeros proyectan y dirigen por pequeño que sea, aunque carezca de diálogo. La resignación, el fatalismo, predomina sobre cualquier otro fundamento. La indolencia, así, es común a casi todos ellos.

Estos, los indolentes, predominan y amortiguan los efectos de la actuación de los insatisfechos que no se conforman con la resignación.

Manuel Cerdà: El viaje (2014).

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Acerca de Manuel Cerdà

Historiador y escritor.
Galería | Esta entrada fue publicada en Literatura, Tiempo presente y etiquetada , , , , . Guarda el enlace permanente.

14 respuestas a Los de arriba y los de abajo

  1. @Sergioab77 dijo:

    Comparto la misma visión de esta sociedad. En el clavo Manuel.

  2. Hola Manuel. Si bien está devaluado, el concepto de clase social me interesa más que el de estrato. Estrato social no da cuenta de los procesos dinámicos de las relaciones sociales. Más bien describe el estado de cosas, la foto. Clase social habla de movimiento, enfrentamiento, dominación/subordinación. A pesar de todas las objeciones, sigo chapado a la antigua.
    De todas maneras, la caracterización general está muy buena.
    Arriba y abajo, como dupla/yunta son conceptos polisémicos. En una entrada del blog, agarré para otro lau donde no está necesariamente el poder como divisoria. Le comparto
    https://wordpress.com/stats/day/59164982 (un arriba y un abajo que no habla precisamente de

    • No consigo acceder al enlace, me envía a mis estadísticas. No sé si se trata de un problema puntual. Volveré a intentarlo más tarde.

      • No creo que esté devaluado el concepto de clase social. Otra cosa es que muchos pretendan defender que las clases sociales no existen. Desde luego, no es mi caso. Utilizo el término a menudo y ya en 1980 publiqué un libro (mi primer libro en solitario) titulado “Lucha de clases e industrialización”. También he redactado los artículos “clase” y “lucha de clases” para un diccionario histórico y otros (p.e., “Arqueología industrial y clase obrera / Industrial Archaeology and Working Class).
        La clase, de todos modos, es un concepto de estratificación social. Clase es una categoría histórica que se define en su efectivo acontecer y que solo existe realmente en el momento histórico en que adquiere conciencia de sí misma como tal, cuando –como consecuencia de múltiples y diversas experiencias compartidas– se da cuenta de la identidad de sus intereses y de la oposición de estos respecto a la clase dominante. Las clases, pues, son formaciones históricas que surgen del propio proceso de la lucha de clases y su análisis es en realidad el análisis de la lucha de clases.
        De ahí que para hablar de esta cuestión en la novela hable de estratos (en el sentido de “estratigrafía social”). Pero el concepto de clase social no sólo me parece válido sino de uso imprescindible.

  3. Ups… quedó mal editado y se publicó así. No importa. la idea general se entiende. Abrazo

  4. Me gusta la imagen de la pirámide “del poder”, aunque yo seguiría incluyendo al Clero en la actualidad. Su peso no es menor.
    Una buena descripción del sentimiento que a muchos nos provoca la realidad actual.

  5. No pudo ver el enlace porque lo puse mal.
    a ver ahora
    https://sudakia.wordpress.com/2015/11/15/arriba-y-abajo-puente-de-sudakia/
    Acuerdo totalmente en relación a su análisis de clase. Que es similaR Al de E. P. Thompson. Abrazote

  6. Una radiografía exacta de la realidad…

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