Votando, votando, a Bruselas voy

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¿Se acuerdan de aquella canción que decía “Volando, volando, a Mallorca voy”? Los que ya tienen una edad (el tema, Vuelo 502, es de 1966), casi seguro que sí. Transponiendo las palabras de la canción ahora que en España estamos en plena la campaña electoral para los comicios generales del 26 de junio –oficialmente; de hecho ya hace tiempo que lo estamos–podríamos decir “Votando, votando, a Bruselas voy”. O en Bruselas acabo si prefieren.

En todo caso, sea cual sea el resultado, cualquier política que se emprenda deberá contar con el plácet de Bruselas. O lo que es lo mismo, adoptar las directrices que dicten el BCE (Banco Central Europeo), el FMI (Fondo Monetario Internacional), el FEEF (Fondo Europeo de Estabilidad Financiera), la OMC (Organización Mundial del Comercio), el Banco Mundial (BM), etc., todas ellas instituciones que velan por funcionamiento del mercado de acciones, controlado por las corporaciones financieras y las grandes empresas multinacionales. Todas ellas, presididas y gestionadas por personas a las que no han elegido directamente los ciudadanos, a cuyo cargo han llegado mediante el politiqueo.

¿A quién y qué defienden?, ¿a qué elecciones se han presentado?, ¿con qué programa?, ¿quién lo ha refrendado? Sin necesidad de presentar candidatura alguna ni exponer su programa a los ciudadanos, los mercados financieros controlan la economía, es decir, la política. En el sistema capitalista –por algo se llama así– es la situación económica –la posesión de bienes, lo que solo es posible para quien dispone de capital para ello– la que está en el origen de cualquier desigualdad. Así las cosas, el poder financiero y el político se retroalimentan hasta el punto de confundirse, pues el único vinculo real que existe entre los países miembros de la Unión Europea es el euro.

Helmut Schmidt decía, ¡a finales de la década de 1980!, que del total de los presupuestos del Estado como mucho un quince por cien podía ser destinado libremente a realizar política propia, el resto dependía del mercado y sus fluctuaciones, de las políticas de las multinacionales y de los grandes grupos financieros. Por supuesto, no es lo mismo quien esté al frente del Gobierno a la hora de hacer política social, no es una cuestión baladí. Claro que como tampoco es lo mismo un cachete que un navajazo. Naturalmente, no es igual –ni da igual– destinar mayor o menor parte del presupuesto a unos que otros asuntos, y ello depende de quién esté en el poder.

Mas, así y todo, servidor de ustedes nota a faltar en las declaraciones de los políticos –que tanto se prodigan en estas fechas– un cuestionamiento, una reflexión seria cuanto menos, al sistema de cosas establecido, una ponderación siquiera a cerca de cómo transformar el sistema en unos momentos –por si fuera poco– en que los avances en la tecnología hacen que todo pueda ser más fácil, empezando por las condiciones de trabajo.

De este modo la política es un concepto cada vez más restringido a las actividades de los partidos, cuyo ejercicio por parte de los ciudadanos se reduce a refrendar, o no, sus propuestas cada cuatro años (o menos). Y estas, a su vez, están sometidas a instancias superiores. La política se convierte en una actividad desligada de la vida, en mero espectáculo, en imagen. Eso es lo que se vota: la imagen. De hecho, los políticos parecen –o son– figuras mediáticas, estrellas de la televisión.

Desde que los partidos de izquierda decidieron que la mejor estrategia para lograr una sociedad igualitaria era el parlamentarismo, y que, por tanto, había que concurrir a las elecciones, iniciaron un camino que no podía acabar de otro modo: la profesionalización de la política, la política por ella misma (no como medio para conseguir un fin), Y, así,  acabaron abrazando el sistema que tanto se habían opuesto en sus inicios. Poco a poco ha ido disociándose la política de la sociedad. Los ciudadanos contemplan las elecciones como cualquier otro espectáculo, con la misma pasividad con que vemos cualquier programa de televisión. Olvidan que, como dijera Debord en 1973, “allí donde el mundo real se cambia en simples imágenes, las simples imágenes se convierten en seres reales y en las motivaciones eficientes de un comportamiento hipnótico”. ¿No sería hora de debatir acerca de todo esto?

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Acerca de Manuel Cerdà

Historiador y escritor.
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9 respuestas a Votando, votando, a Bruselas voy

  1. BERKANALUZ dijo:

    Aun hoy no comprendo que induce a las masas humanas a votar, luego ´más de lo mismo…los candidatos tienen una larga lista de corrupción, y aún así vuelven a votarlos…extraño mundo éste que vivimos…Manuel…
    en todos los paises se está dando el mismo patrón….habrán conseguido anestesiar nuestras mentes para volvernos estupidizados… será tanto celular, será la internet, quizás….saludos…

    • Ya no hay referencia alguna respecto a que exista otro modelo de organización social tras el derrumbe de la URSS. Hemos vuelto al capitalismo más descarnado. Pero ¿por qué la gente sigue sosteniendo tanta inequidad? Me temo que cualquier respuesta es insuficiente. Ya se preguntaba La Boétie en el siglo XVI por qué la gente se somete voluntariamente. Y seguimos haciéndolo.
      Afectuosos saludos y feliz día.

  2. Hola, me ha gustado tu articulo.
    Esta desafección creciente de la sociedad con la política va aumentando cuanto mas lejos están y, más desconocidos son, los representantes que nos dirigen y que como muy bien dices no son elegidos directamente. Creo que este sentimiento muestra que se da por hecho, cada vez más, que “las cosas son así”. Es una lástima. Estoy contigo en que habría que reflexionar sobre los objetivos que realmente deberían movernos, y no solo contentar a algún grupo politico o de presión en Bruselas.

    • Ese el problema: el comportamiento hipnótico de la gente. Efectivamente está asumido que “las cosas son así”. Decía Pessoa a principios de la centuria anterior que la indolencia era el gran mal del siglo. Se quedó corto, ahora la indolencia es mayor. Una lástima, sí, pero la mayor utopía que existe es creer en la inmutabilidad de un sistema o de una civilización. Solo hay que echar un vistazo a la historia.
      Gracias por el comentario. Un abrazo y feliz día.

  3. almaleonor dijo:

    Hace ya bastante tiempo, allá por el inicio de esta crisis económica que tanto se ha llevado por delante, comentaba yo por varios sitios que sería bueno empezar a pensar en otras formas de participación política que no fuesen los partidos políticos… como articular otro tipo de representación ciudadana a través de asociaciones, corporaciones, plataformas, etc….. más que nada por buscar fórmulas que compatibilizaran la extensísima participación social ciudadana con la excasísisima afición a la militancia política… algo habría que hacer, decía yo, mientras me “crucificaban” casi literalmente por tamaña osadía… “la única participación social y política válida es a través de los partidos políticos” me reprochaba alguno. Hoy, pienso que algo de razón tenía yo al plantear que, al menos, habría que pensar en fórmulas novedosas que representen mejor a la gente y que puedan configurar un gobierno más acorde con la población y no tanto con las grandes corporaciones económicas. Los movimientos surgidos desde el 15M son movimientos alejados de los dogmas de las corrientes políticas. No digo que no se haya que entender una ideología y aplicar sus principios, pero si, habría que pensar en la manera de compatibilizar eso con los nuevos tiempos. Ni la derecha es derecha al modo como se conocía en este país (caciquil casi, si se me permite) o en Europa (más liberal que socialdemócrata), ya que como se ha visto, según la ocasión ha oscilado entre el centro político a la más extrema ideología neoliberal… ni la izquierda es ya la izquierda encorsetada en teorías marxistas-leninistas (que se abandonaron ya hace mucho tiempo por otro lado), ni tampoco es esa especie de “izquierda asustada” que ha estado pululando sin casi saber como definirse desde la caída del muro de Berlín (y por lo tantos de los regímenes comunistas) allá por 1989. Ahora es una izquierda que quiere ocupar un espacio político más democrático y un modelo económico más social. Y esta izquierda puede encontrar un puesto tanto en el espectro del centro político como en el de la socialdemocracia (que ya no es la misma, por otro lado) heredada de Europa. Pero es que ahora, esa izquierda ha roto las barreras partidistas para encontrar otras formas de encauzar la participación política de la gente. Ya no solo es un grupo de partidos másomenos comunistas, sino que son plataformas, confluencias, agrupaciones, etc, nacidas de las necesidades concretas de la ciudadanía (y de las agresiones sufridas por parte de los partidos acomodaticios con un estado de cosas que nos abocan al recorte y la precariedad laboral) y no tanto de una ideología o un partido político encorsetado en ella. Creo que es un poco lo que yo quería decir en su día con eso de “buscar nuevas fórmulas de participación política” y no tanto una “acomodación al sistema de partidos” existente.
    Y perdón por el “tocho” 🙂

    • No puede una izquierda romper las barreras partidistas, como dices, si participa del parlamentarismo. Es lo que se dice una ‘contradictio in terminis’. Lo que yo planteo es reflexionar sobre el modelo de sociedad que queremos, no la manera de gobernar esta sociedad y solo esta porque no hay otra posible, o mejor. Abogo, pues, por cambiar un sistema –este, el capitalista– a todas luces injusto antes que este acabe con todo. ¿Cómo? No lo sé. Desde dentro, seguro que no. El estrepitoso fracaso de la socialdemocracia lo prueba.
      En cuanto al pensamiento marxista, incluyendo a Lenin, no son teorías que se abandonaron hace tiempo. No lo han hecho intelectuales como Perry Anderson, Fredric Jameson, Noam Chomsky o Michael Löwy, por ejemplo.
      Permíteme que acabe con una frase del personaje principal de mi novela “Adiós, mirlo, adiós”, que saldrá pasado el verano, creo. Es que estoy con los retoques finales de la última versión y me ha venido a la mente: “La democracia es la mayor de las utopías. El comunismo, el marxismo, el socialismo, llámalo como quieras, lo que en última instancia pretenden es la democracia. El capitalismo lo dudo. La democracia verdadera es ante todo económica, en nuestro sistema. ¿Qué es la democracia? No hay palabra más desgastada, más pervertida por el abuso de su utilización”.

  4. No puedo añadir nada. Excelente entrada y excelentes reflexiones. Saludos.

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