En el Divan Japonais

Picasso

Le Divan Japonais (1901), acuarela de Pablo Picasso.

Famoso, entre otras cosas, por haber presentado al público el primer estriptis de la historia, este cabaret fue uno de los más populares de la Belle Époque parisina, concretamente en los años comprendidos entre 1883 y 1901. Situado en la calle Des Martyrs, ocupó el local de una sala de baile que inició su actividad a principios del siglo XIX conocida hasta entonces con los nombres de Musette de Saint Flour, Bal des Charbonniers y Brasserie des Martyrs. Con el auge de los cafés cantantes –café-concert, café-chantant o caf’conc, como se denominaban en francés este tipo de locales– en 1875 se reconvirtió en el Café de la Chanson y en 1883 –en pleno auge de la moda por el orientalismo– se redecoró, apostó fuerte en su programación con las estrellas del espectáculo de la Belle Époque, y cambió de nuevo su nombre por el de Divan Japonais, aunque también fue conocido como Concert Lisbonne, pues su dueño se llamaba Maxime Lisbonne. Como tal, aunque en algún momento fue denominado Folies Montmartre, estuvo en funcionamiento hasta que sus propietarios lo vendieron en 1900, transformándose en el Théâtre de la Comédie mondaine un año después.

El Divan Japonais era uno de los cabarets que  frecuentaba Samuel Valls, el protagonista de mi novela El corto tiempo de las cerezas. Así describimos su ambiente:

La moda por lo exótico, y concretamente por lo oriental, estaba perfectamente representada en el Divan. Su interior lucía farolillos y pinturas sobre seda con muebles de bambú y de madera esmaltada de rojo y negro, los camareros iban vestidos de mousmés. El ambiente nada tenía que ver con la solemnidad de la ópera, todo resultaba más próximo, menos envarado. La alegría, la diversión, se reflejaba en los animados rostros de los presentes, predispuestos a disfrutar y satisfacer con voluptuosidad los placeres de los sentidos, los de la vista y el oído, de los del gusto se encargaban los mousmés, en constante ajetreo, con las bandejas llenas de copas y vasos y botellas de ajenjo, cerveza, vino, coñac, champán…

Yvette Guilbert por Toulouse-Lautrec en 1894

Yvette Guilbert (1894) cuando actuaba en el Divan, óleo sobre cartón de Toulouse-Lautrec.

Aquí actuaron grandes nombres de la chanson y del mundo de las varietés como Paulus, Eugène Lemercier, Marcel Legay o Polaire. El Divan estaba de moda y se llenaba todos los días, sobre todo si quien lo hacía eran Yvette Guilbert. Vamos a escuchar a Yvette Guilbert –que también es mencionada en la novela– en dos de sus mayores éxitos de la época: Le Fiacre, canción que en 1888 compuso Léon Xanrof, y Je suis pocharde!, de 1897, con música suya y letra de Louis Byrec.

En el Divan Japonais, como decíamos al principio, tuvo lugar en 1894 el que se considera el primer estriptis de la historia. Ese año se estrenó una pantomima lírica titulada Coucher d’Yvette (coucher significa dormir, acostarse, pero también tener sexo) en el que la cantante y actriz Blanche Cavelli se desvestía con estudiada coquetería antes de irse a la cama. Causó, lógicamente, un gran escándalo y en sucesivas representaciones se quedaba con una déshabillé rosa de tul trasparente. La fórmula, como es sabido, triunfó y el estriptis pasó a ser parte de la programación de muchos music-halls y fructífero negocio para el incipiente cine. Así, en 1896, Eugène Pirou produjo una versión cinematográfica de Coucher d’Yvette que dirigió Albert Kirchner. Estrenada en 1903, pasa por ser una de las primeras películas pornográficas de la historia. La película original duraba unos 7 minutos, pero tras estar años en los Archivos de la Filmoteca Nacional de Francia solo se han conservado menos de dos, los primeros, durante los que únicamente se ve el juego precoital y que recoge el vídeo que figura bajo estas líneas (la actriz es Louis Willy, el actor se desconoce).

Entre los clientes habituales del Divan figuraban la bailarina de cancán del Moulin Rouge Jane Avril y el pintor Toulouse-Lautrec, quien la pintó en el Divan en esta litografía.

Divan_Japonais

Jane Avril en el Divan Japonais” (1892-1893), litografía de Toulouse-Lautrec.

El fragmento que sigue es también de El corto tiempo de las cerezas y recrea una vez que Samuel Valls, su hija Camila y su amigo, el marchante Claude Frossard, coinciden en el Divan con Toulouse-Lautrec, un encuentro ficticio, por supuesto, pero que bien hubiera podido ser real caso de existir los personajes de la novela.

Un hombre paticorto, bajito, de metro y medio de estatura, se acercó a ellos en ese momento con aspavientos, blandiendo una hoja garabateada en sus manos. Caminaba con dificultad, cojeando y apoyándose en un bastón. Vestía una levita gris que le cubría hasta las rodillas, un chaleco también gris, aunque más claro, camisa blanca y pañuelo rojo anudado al cuello. Se tambaleaba, más que por su cojera por el efecto del alcohol. Sus pequeños ojos, enrojecidos, parecían a punto de romper los cristales de las gafas, aunque su mirada seguía siendo persistente, la propia de quien está acostumbrado a verlo todo con los ojos de quien trata de interpretar la realidad.

―Pero si es Henri ─observó Frossard.

Saludó este con un simple movimiento de cabeza a quienes veía habitualmente en los mismos lugares con las mismas compañías y a las mismas horas. Toulouse-Lautrec se dirigió a Camila y le entregó el papel que portaba. Era un dibujo de ella, realizado con el preciso trazo que caracterizaba sus obras, con una habilidad impropia de quien, presumiblemente, debería mostrarse menos firme por la continuada y exagerada ingesta de alcohol. Sumamente expresivo, se la veía, ¡cómo no!, riendo, gesticulando, los brazos levantados, mientras el resto de quienes compartían mesa con ella eran simples garabatos sin expresión alguna.

―Para usted señorita, con mi reconocimiento por su voz y su belleza.

Le dio el dibujo a Camila pero no quiso sentarse con ellos, no estaba en condiciones. Apoyándose en el bastón y en una joven bailarina del Divan marchó inmediatamente.

Seguiremos con los cabarets de tiempos de la Belle Époque que visitaba Samuel. Que pasen un muy buen día.

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Acerca de Manuel Cerdà

Historiador y escritor.
Galería | Esta entrada fue publicada en Literatura, Música de Comedia y Cabaret y etiquetada , , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

2 respuestas a En el Divan Japonais

  1. Pero hasta llegar aquí, por cuanto tendrá que pasar todavía el niño Samuel!! Un saludo

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