El té que compartieron un estadounidense y un soviético a mediados de los años 20

Té para dos

El estadounidense es Vincent Youmans, el soviético Dmitri Shostakóvich, dos grandes compositores del siglo XX. El té lo hizo el primero, aunque lo compartieron los dos. Eso sí, por separado y con un par de años de diferencia. Hoy, a pesar del paso de los años, sigue sabiendo delicioso, incluso a quien, como un servidor, el té no le gusta.

Vincent Youmans (1898-1946) fue uno de los grandes compositores del teatro y del cine musicales estadounidenses. Autor de una docena de musicales para Broadway y otras tantas bandas sonoras para filmes musicales de Hollywood, uno de sus éxitos más notables –aparte de la música de Volando hacia Río de Janeiro (1933), la primera película que rodaron juntos Fred Astaire y Ginger Rogers–, fue No, No, Nanette, musical estrenado en Broadway y el londinense West End en 1925. A él pertenece la canción que justifica el título de la entrada, “Té para dos” (Tea for Two), celebérrima canción versionada y grabada infinidad de veces, probablemente la más popular del centenar que nos legó.

La justificación del título de la entrada, no obstante, queda incompleta si no nos referimos al otro protagonista, el genial compositor ruso Dmitri Shostakóvich (1906-1975), un compositor de estilo muy diferente al de Youmans. El primero representante indiscutible de la llamada ‘música popular’; el segundo –si bien con matices, con muchos matices– de la que se denomina ‘música culta’. Shostakóvich es autor de tres óperas, varios ballets, quince sinfonías, numerosos conciertos instrumentales, preludios y sonatas para piano.

Aclarado el juego de palabras del título, vamos al porqué del mismo. Dos años después del estreno de No, No, Nanette, en 1927 –cuando la canción ya era conocida y había logrado el favor del público–, Shostakóvich hizo una curiosa apuesta con el director de orquesta Nikolai Malko, también soviético. Se jugó cien rublos a que era capaz de realizar una versión orquestal de Tea for Two en una hora, habiéndola oído solo una vez. Ganó. La estrenó en Moscú el 25 de noviembre de 1928 con el título de Tahití Trot, y acabó incluyéndola en su ballet La edad de oro.

“Solo yo para ti, y tú solo para mí. / Nadie cerca de nosotros, para vernos o escucharnos, / sin amigos ni relaciones”, dice la letra de esta preciosa canción que vamos escuchar, en primer lugar, en una grabación del mismo año del estreno de No, No, Nanette por Marion Harris, la primera que existe de la canción.

Vamos con la versión de Shostakóvich por la Orquesta Filarmónica de la BBC, dirigida por el director y pianista ruso Vassily Sinaisky, en los Proms de 1997.

La popularidad de la canción aumentó con el tiempo todavía más y muestra de ello son estas tres versiones que figuran a continuación, muy distintas entre ellas como podrán comprobar. El vídeo que sigue es una secuencia de la película musical que dirigió David Butler y se estrenó en 1950 Tea for Two, protagonizada por Doris Day. Su interpretación de la pieza homónima es fantástica.

Es ahora Yuja Wang, que a sus 28 años ya se ha consolidado como una excelente pianista, quien nos ofrece esta versión cuyos arreglos son de otro pianista, un grande el jazz, Art Tatum, que la grabó en 1933. La actuación de Wang es de febrero de este mismo años (2015) y tuvo lugar en el Teatro Comunale Città di Vicenza.

Terminamos con otra versión vocal a ritmo de jazz, a cargo nada menos que de Anita O’Day, que además viene con propina, pues en el vídeo que hemos seleccionado –un momento del concierto que dio durante el festival de jazz de Newport de 1958– antes interpreta otro conocido estándar Sweet Georgia Brown.

La música une es una manida frase que no deja de ser verdad. ¿No les parece?

Que pasen un buen día.

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Acerca de Manuel Cerdà

Historiador y escritor.
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3 respuestas a El té que compartieron un estadounidense y un soviético a mediados de los años 20

  1. Una anécdota muy interesante.

  2. Paco López dijo:

    Había visto este tema en un disco que tengo de Shostakovich llamado “The Jazz Album”, donde se incluyen sus coqueteos con el mundo de Jazz, pero no sabía de la anécdota que me ha parecido deliciosa. Y de lujo Anita O’Day al final. Un saludo Manuel!!!

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