Los profesionales

Pofesionales 1
Como los cuadros, somos en función de nuestra cotización, de cómo se nos aprecia públicamente, o parezca que se nos aprecia. Criterios hay. Los profesionales, los expertos, se encargan de la correcta administración de bienes, personas incluidas, y deseos. Hay profesionales de toda clase: médicos, arquitectos, ingenieros, abogados, economistas, artistas, profesores, hasta políticos, y hay especialistas, analistas, certificadores de lo que está bien y de lo que no, aunque no digan que está mal, y hay también productores, que solo sirven para elaborar bienes a los que no siempre tienen acceso, que sueñan con vivir y pasan toda su existencia ansiando un mejor estatus, si no para ellos para sus hijos, que con suerte serán profesionales y podrán comprarse un piso que no siempre habrán construido los buenos profesionales y que, si van bien las cosas y no les desahucian, estarán pagando hasta aburrirse de estar encerrados en sus anónimas y monótonas paredes, oscuras aunque estén pintadas con colores claros, frías incluso si estos son cálidos, paredes sin luz, pues Rothko es patrimonio de los profesionales, y un coche con GPS aunque solo lo utilicen para ir a llevar los niños al colegio, si puede ser de pago, o concertado por lo menos, para que se eduquen el justo medio, para que olviden los extremos, para que no lleguen a conocerlos, no sea cosa que se fumen un canuto, por ejemplo, y se den cuenta del placer que se obtiene cuando no se produce y se intenta vivir. Obviamente, esto no puede suceder, sería el caos, es decir, un nuevo orden. Hay que seguir un protocolo, un proceso en cuyo desarrollo se mimeticen los comportamientos de definidores, expertos y profesionales, de los que se sienten ―lo son― superiores, los que saben dónde está la llave del interruptor y como se maneja este, los que te pueden dejar a oscuras en cualquier momento, cuando cuestiones el justo medio si decides vivir en vez de existir. Y es que ellos son cultos, educados, saben, conocen, dictan, y su buen hacer nos señala cómo hemos de comportarnos para no perdernos y tomar el camino adecuado.
[A todos] hemos de estarles agradecidos, sin ellos no sabríamos qué es la cultura, en qué ocupar nuestro tiempo libre, no conoceríamos los grandes tesoros que guardan los museos, o los conoceríamos pero no podríamos apreciarlos, como tampoco los grandes logros del conocimiento, nadie nos diría qué leer, qué música escuchar y a veces oír, qué comer, qué beber, de qué reírnos y por qué llorar, qué hemos de decir según a quién, cómo comportarnos en las diversas situaciones o ambientes que la vida nos depara, a quién amar. No tendríamos referencia alguna, nos perderíamos sin un modelo que imitar. Claro que también existen los que no son buenos profesionales, pero la gente apenas se fija en ellos al considerarlos como un igual, pues nunca salen en televisión, ni en las revistas o periódicos, ni se habla de ellos en la radio, e incluso los hay que no llevan distintivo alguno que los identifique.

Manuel Cerdà: El viaje (2014).

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Acerca de Manuel Cerdà

Historiador y escritor.
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