¡A vivir, que son dos días! O uno si no te portas bien (dicen)

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Desde que venimos al mundo, a este por lo menos, dominado por la codicia y la vanidad, se nos instruye en la idea que necesariamente hemos de vivir más años que las generaciones anteriores, y estas a su vez más que las previas a ellas, y así sucesivamente desde que los expertos contemporáneos elevaron vida y muerte a categorías políticas.

Se nos instruye para que temamos a la muerte en la ambición de una vida lo más longeva posible, eso sí, basada en el trabajo y en la indolencia. No fumes, no bebas, no te drogues, no comas esto ni aquello, no estés tanto tiempo sentado, no te estreses… No, siempre no, la vida desde la negación, la prohibición. Nos sentimos obligados a hacer esfuerzos continuamente si queremos vivir, y lógicamente luego exigimos la recompensa, pues nos creemos dueños de nuestro destino. Normas, reglas, dictámenes, exámenes. Desde pequeños. Y, si no, el castigo: la muerte. Si no comes, si no duermes lo que debes, si no cumples con los preceptos de Dios o de los superiores, si no te arrepientes, si no rezas, si no eres casto, si no cumples las obligaciones con los maestros, con los padres, con los que deciden y determinan, el castigo: la muerte, prematura y presumiblemente dolorosa, o el apartamiento, que viene a ser lo mismo, o parecido.

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Acerca de Manuel Cerdà

Historiador y escritor.
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3 respuestas a ¡A vivir, que son dos días! O uno si no te portas bien (dicen)

  1. etarrago dijo:

    Dándote la razón, como no, Manuel, te diré, no obstante, que quizás ya haya un corte radical en las praxis de las nuevas generaciones … verás, y sirva solo de ejemplo: Antes a los niños cuando los padres los dejaban en el Colegio nos/les decían … PÓRTATE BIEN, QUE NO ME TENGAN QUE LLAMAR LA ATENCIÓN POR TU COMPORTAMIENTO … ahora se les despide con un cariñoso y hasta gracioso … PÁSATELO BIEN, HIJO. Ya sé, aparentemente, nada que ver con lo que has escrito, aunque quizás sí … pero ya ves, si fuera así, diríamos que no hay bien que por mal no venga … más o menos.
    Un abrazo de miércoles.

  2. analberola dijo:

    Tienes razón. Yo me eduqué en un colegio de monjas y claro que me crearon prejuicios en muchos aspectos pero con el tiempo uno madura y ve lo que era “pernicioso ” y lo que no y se libera de esas ideas. Ha cambiado mucho todo en ese sentido y creo que hay quien quiere actuar con sus hijos como contrapartida con la permisividad total, que tampoco es lo mejor. Para mí la educación en la familia es lo que puede y debe transmitir los valores fundamentales y que sean ellos quienes elijan lo que consideren mejor según sus propios valores adquiridos con nuestra ayuda y su libertad. Un abrazo

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