Zozobra

Danny DeVito en un fotograma de la película “La chica de mis sueños” (2007).

Danny DeVito en un fotograma de la película “La chica de mis sueños” (2007).

Había olvidado comprar una nueva botella de whisky. La que me quedaba estaba prácticamente vacía. Me di cuenta el día antes, al caer la tarde, al instante de servirme uno, generoso, y lo recordé por la noche, ya en la cama, en los momentos que anteceden al sueño, cuando parece acabarse todo y te dispones a entrar en otra realidad pero sigues consciente y adviertes todavía lo que sucede a tu alrededor, generalmente nada. Desconozco el motivo, pero casi siempre, mejor siempre, tal vez porque ─conscientemente o no─ es la hora en que la mente hace inventario de la jornada, es entonces que surgen olvidos y recuerdos, vengan o no a cuento. Los párpados, que parecían dispuestos a permanecer cerrados al menos un tiempo prudencial, se abren de nuevo acostumbrados como están ─todos los ojos─ a permanecer atentos a que alguna cosa suceda en nuestro exterior. Son momentos perturbadores por la propensión a querer ajustar la imaginación a lo previsible, o predecible, momentos en los que cualquier cosa, por irrelevante que a los demás llegue a parecer, puede ocasionar gran zozobra. La botella de whisky, por ejemplo.

No me acordé y al iniciar la tarde su diaria despedida, la hora de mi whisky, no tuve más remedio que salir a la calle otra vez. Incomoda, cansa. Vístete, no te olvides las llaves, el dinero, coge el ascensor, espera que está ocupado, cierra el portal o los vecinos te recriminarán si no lo haces, camina por la acera, detente, hay un semáforo en rojo para los peatones, espera, sigue, otro semáforo, no viene nadie, sí, detente de nuevo, continúa, ya llegas, ya estás, tres personas antes que tú, aguarda tu turno, ya te toca, llaman por teléfono a la dependienta, un momento, qué quieres, una botella de whisky, qué marca, la que deseas es demasiado cara, confórmate con otra, pagas, ya la tienes, te despides, vuelves a hacer de nuevo el mismo recorrido, el mismo semáforo, la misma muchacha acompañada de su perro que se acerca a los coches que se detienen cuando el disco se pone rojo, la misma acera, el mismo indigente con la cabeza gacha y el platillo prácticamente vacío, el portal por fin, ciérralo con llave, el ascensor, ocupado, paciencia, ya llega, no, se ha detenido de nuevo, ahora sí, pulsas el número de tu piso, sube, lentamente, se detiene en otro rellano anterior al tuyo, llegas a tu puerta, ya, menos mal que con el whisky, bien hubiera podido antes romperse la botella si, involuntariamente, tropezase con la puerta del ascensor, por ejemplo, o en uno de los ángulos de las paredes que conforman el pasillo que desde el ascensor lleva a tu habitáculo. Es posible, entonces habría que comenzar de nuevo.

Manuel Cerdà: El viaje (2014).

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Acerca de Manuel Cerdà

Historiador y escritor.
Galería | Esta entrada fue publicada en Literatura y etiquetada , , , , , . Guarda el enlace permanente.

3 respuestas a Zozobra

  1. etarrago dijo:

    Bien, manuel, bien … ¿Que tal las ventas?

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