Capituló Alemania

Bandera soviética sobre el Reichstag. Original.

Dadme diez años y no reconoceréis Alemania, había dicho Hitler en 1935 en un discurso radiado a toda la nación. Diez años después efectivamente, Alemania presentaba un aspecto irreconocible. Alemania, y gran parte de Europa, como dijera Winston Churchill, era un montón de escombros, un osario, un semillero de pestilencia y odio.

Berlín tras la capitulación. En primer término la Puerta de Brandeburgo, tras ella el bulevar Unter der Linden.

Berlín tras la capitulación. En primer término la Puerta de Brandeburgo, tras ella el bulevar Unter der Linden.

La batalla de Berlín –la última gran batalla que se libró en suelo europeo durante la Segunda Guerra Mundial– había empezado el 20 de abril de 1945, día en que Hitler cumplía 56 años. Como regalo de cumpleaños recibió de los rusos los primeros obuses que alcanzaban la capital alemana. Se luchó palmo a palmo, casa a casa, cuerpo a cuerpo. Cuando, finalmente, el 2 de mayo –Hitler se había suicidado el 30 de abril– el general Helmuth Weidling entregó la ciudad a las tropas soviéticas, esta parecía un descuidado yacimiento arqueológico contemporáneo. Sus efectos habían sido devastadores. De las 150.000 viviendas contabilizadas en el centro de la ciudad quedaban indemnes 18.000 y 32.000 habían sido destruidas por completo. Más de un millón de personas se hallaba sin hogar, malviviendo en sótanos y en los refugios antiaéreos.

El Jefe del Estado Mayor del Alto Mando de las fuerzas armadas alemanas, el general Alfred Jodl, firma, rodeado de otros jerarcas nazis, el acta de rendición incondicional para todas las fuerzas alemanas ante los Aliados. Reims, 7 de mayo de 1945.

El Jefe del Estado Mayor del Alto Mando de las fuerzas armadas alemanas, el general Alfred Jodl, firma, rodeado de otros jerarcas nazis, el acta de rendición incondicional para todas las fuerzas alemanas ante los Aliados. Reims, 7 de mayo de 1945.

Tras la liberación de Mauthausen, el 5 de mayo, los rumores de que la rendición absoluta de Alemania se produciría en cuestión de horas se dispararon. Pronto se convirtieron en certeza. Dos días más tarde, las fuerzas alemanas en Holanda, Alemania Noroccidental y Dinamarca claudicaban ante al general británico Montgomery y a las 02:41 de la mañana del 7 de mayo de 1945 se firmaba en Reims, en el Cuartel General del Comandante Supremo Aliado, la rendición incondicional del Reich por medio de su jefe del Estado Mayor del Alto Mando, el general Alfred Jodl, que ordenó que todas las fuerzas bajo el mando alemán cesarán las operaciones activas a las 23:01 horas, hora de Europa Central, el 8 de mayo de 1945.

Soldado alemán frente a las ruinas del Reichstag, aún en llamas. / Getty Images

Soldado alemán frente a las ruinas del Reichstag, aún en llamas. / Getty Images

La capitulación alemana, sin embargo, era un acto de enorme trascendencia que había de ser recogido debidamente para mostrarlo al mundo. Merecía una adecuada escenificación. No era lo mismo Reims que Berlín. Stalin montó en cólera al conocer la noticia, restaba protagonismo al Ejército Rojo. Su papel, desde luego, no fue en absoluto desdeñable. Sin la batalla de Stalingrado es posible que nunca hubiera tenido lugar el desembarco de Normandía. Por otra parte, el ejército de la Unión Soviética sufrió 8.860.400 muertos durante la Segunda Guerra Mundial, muchos más que cualquier otro país, incluida Alemania (3.200.000 soldados). También la URSS lideraba el macabro ranking de ser el estado con mayor número de civiles fallecidos por la contienda, más de diecisiete millones. Le seguía China, con diez millones. Los civiles muertos en Alemania fueron 3.640.000; en Polonia, 2.500.000; en Francia, 270.000, y en Gran Bretaña 60.000.

Soldados rusos con la gigantesca águila de bronce nazi que figuraba sobre la puerta principal de la Cancillería del Reich.

Soldados rusos con la gigantesca águila de bronce nazi que figuraba sobre la puerta principal de la Cancillería del Reich.

Berlín estaba bajo control soviético. Su ejército había conseguido entrar en solitario y alzar la bandera de la URSS sobre el Reichstag alemán, completamente en ruinas, como se ve en la icónica fotografía que encabeza este artículo y que, si bien se fechó el 2 de mayo, fue tomada en realidad el día 5. Así las cosas, Berlín, la sede del poder nazi, la capital política y administrativa de Alemania, el símbolo de la resistencia alemana, o de la obstinación, que tanto había costado vencer, el último bastión de Hitler, era obviamente el marco idóneo para un acto de tanta relevancia. Por ello, y con el asenso de los demás países aliados, se tomó el acuerdo de celebrar un acto formal de la capitulación alemana el día siguiente, 8 de mayo, en el Cuartel General Soviético de Berlín, situado en el barrio de Karlshorst, a las afueras de la capital.

El mariscal Keitel firma la capitulación alemana en Karlshorst (8 de mayo de 1945).

El mariscal Keitel firma la capitulación alemana en Karlshorst (8 de mayo de 1945).

Pasadas las diez de la noche, los representantes de los países aliados fueron los primeros en entrar en una sala en la que se había dispuesto una larga mesa rectangular y en ocupar sus asientos. Eran el general Spaatz, por Estados Unidos; el británico Arthur William Tedder, subcomandante de la fuerza expedicionaria aérea aliada; el francés De Lattre de Tassigny, comandante del I Ejército galo, y el mariscal soviético Gueorgui Zhúkov. A las once en punto, coincidiendo con la hora marcada para el fin de las operaciones alemanas, hicieron su aparición los jerarcas alemanes: el mariscal de campo Wilhelm Keitel, el almirante Von Friedeburg y el general de aviación Stumpf. Se sentaron frente a los primeros. El acto fue sucinto y solemne. En medio de un general mutismo que amplificaba los carraspeos, el chasquido de los flashes de los numerosos fotógrafos y el rodar de las cámaras cinematográficas, Keitel entregó un documento previamente autorizado por Karl Dönitz, el heredero de Hitler según su testamento, en el que se estipulaba la capitulación sin condiciones de todas las fuerzas alemanas. Todos estamparon su firma en el acuerdo y a la medianoche la delegación alemana marchó. A causa de lo avanzado de la hora, ya pasada la medianoche en Moscú, el Día de la Victoria se celebra en Rusia el 9 de mayo.

Luego, se sirvió una cena a los plenipotenciarios de los aliados en la que no faltó el caviar y el vodka ni un improvisado escenario sobre el que virtuosos soldados cantaron y bailaron. El mariscal Zhúkov sorprendió a todos cuando cogió de la mano al general De Lattre y comenzó a bailar ante él, en cuclillas. Los comensales, que ya llevaban más de dos horas de brindis, jalearon al mariscal, y De Lattre se puso también a bailar del mismo modo que su compañero entre el entusiasmo de los presentes, que acompañaban a los dos militares con rítmicas palmadas.

La guerra en Europa había terminado. El sufrimiento no.

____

Nota bene:

Espero que el título de esta publicación, “Capituló Alemania”, no haya llevado a nadie al engaño de creer que la gran defensora de las políticas de austeridad que azotan Europa, especialmente a los países del sur, ha reconocido lo nefasto de tal manera de gestionar los asuntos públicos a favor de los intereses privados. No por nada, que ya lo desearía, ya, sino porque, como dijo Charles Maurice de Talleyrand, “lo que no puede ser, no puede ser, y además es imposible.

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Acerca de Manuel Cerdà

Historiador y escritor.
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7 respuestas a Capituló Alemania

  1. icástico dijo:

    Nunca acaba uno de horrorizarse del todo (video). Espero que algún día el título haga referencia verdadera a lo que deseas en tu nota y no induzca a error, sino a certeza. Y que lo escribas tú. Salud!

    • ¡Ojalá! Pero mucho me temo que eso no va a suceder. El problema es complejo. Cambiar la forma de hacer política no es suficiente para que se dé tal situación. Este es un modelo de sociedad que se agota, como otras tantas veces ha ocurrido en la historia con otras formas de organización social. Responde a unas condiciones (Revolución industrial, revoluciones burguesas) que propiciaron una manera de vivir con unos intereses que distan mucho de ser los actuales. ¿Cómo terminó el Antiguo Régimen?, ¿cómo nació la sociedad industrial-capitalista? Por la buena voluntad de algunos ni por asomo. ¿Cómo terminará esta sociedad financiera-capitalista? Supongo que de la misma manera. ¿Qué nacerá a partir de entonces? Ni idea. Pero sea lo que sea va para largo. Piensa en los siglos que tuvieron que pasar para que se produjera la transición del feudalismo al capitalismo industrial. Claro que la historia nos muestra que los cambios son cada vez más acelerados, pero también que la mentalidad tarda mucho más en hacerlo.

      • icástico dijo:

        Creo que nos olemos el cambio de modelo y no nos gusta, nadie quiere ser protagonista de la historia cuando representa un trauma. Muchas gracias por tu didáctica explicación, Manuel.

  2. Enigma dijo:

    Quizas nos espera algo parecido a cargo de la “Hermandad”.
    Ya nos gasean a diario con las estelas tóxicas.
    *Por cierto, una de las cabezas reducidas estaba embutida en metacrilato…
    ¿Habia inventado ya Hollywood el metacrilato?…

  3. A mí lo que me horroriza es lo fácil que se cuenta a los muertos. Por centenas, miles y millares. Me horroriza pensar que, precisamente por la limitada evolución de nuestro pensamiento, esto no sea tan distinto a cualquier otra pandemía que acaba con millones. La estupidez, la sed de poder, de subyugar y demás, es también una pandemía, aunque de una clase totalmente distinta.

    Recuerdo, siempre que leo sobre este tema, lo que Hannah Arendt dijo a propósito del totalitarismo y la opresión y demás, cuando sin poder creerlo, decía que uno puede verse muerto frente a un monstruo, o una criatura irascible (como un oso), y pensar “bueno, nada puedo hacer contra un oso, y él nada puede hacer contra su instinto”, pero que al ver que son hombres los que matan a otros, ¿qué consuelo nos queda? ¿qué podemos pensar al respecto? Yo, por ejemplo, que quizá hoy en día no estamos tan exentos de ciertas fuerzas – culturales, sociales, de poder – que se nos terminan colando como si fuesen naturales. Entre ellas, la guerra.

    Un saludo, Manuel.

    – P.D. Me disculpo si apareció que recién te sigo. WordPress está loco y al mover mi configuración se borraron algunos contactos -.

    • Es que la estupidez, la sed de poder, de subyugar y demás, forma parte del ser humano. Es así desde que comenzamos a organizarnos en sociedad. No hemos cambiado. El siglo XX ha sido el más sanguinario de la historia. El siglo XX, por otra parte, se considera el siglo del progreso, el de la universalización de la democracia (supuesta democracia), el de los grandes avances tecnológicos… ¿Contradicción? Más bien, creo, la acción del hombre. Nadie nos ha impuesto la sociedad capitalista. ¿Por qué su aceptación? Porque deja que el ser humano pueda actuar en base a sus instintos más primitivos.
      No tienes de qué disculparte. ¡Faltaría más! Saludos y buen fin de semana, Daniel.

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