París Belle Époque: nace el cabaret

“El Moulin de la Galette” (1908), gouache de Maurice Utrillo.

“El Moulin de la Galette” (1908), gouache de Maurice Utrillo.

Entre 1800 y 1900 París pasó de 80.000 habitantes al millón y medio y se convirtió en el gran centro cultural y mundano del orbe, donde nacían las vanguardias artísticas y las novedades literarias y musicales que se extendían rápidamente por otros lugares. París rezumaba animación, era puro espectáculo, lugar de reencuentro y mezcolanza, de trasgresión y frivolidad.

Montmartre, La Butte, con sus cafés, cabarets, talleres de pintores postimpresionistas, su carácter campestre y bucólico, no dejaba de ser un pueblecito, con animales, huertos y pequeñas casas de campo, un reducto de un mundo que tendía desaparecer en el que todos eran bien recibidos. Pronto se establecieron allí artistas, literatos, músicos…, que le dieron el aire bohemio que siempre lo ha caracterizado. Al tiempo, se llenaba de cafés y tugurios, centros de reunión de poetas, pintores y músicos sin trabajo en los que los bohemios que allí se encontraban y reunían para separarse del mundo exterior atraían y divertían una clientela muy respetable y burguesa.

Cabarets du Ciel y de l’Enfer.

Cabarets du Ciel y de l’Enfer.

Los antiguos café-concerts dieron paso a los nuevos cabarets, lugares que combinaban diversión y ácida crítica a la moral y costumbres de la época, locales de todo tipo en los que se podía desde bailar un desenfrenado cancán a escuchar las canciones mordaces y anarquizantes de cantautores como Aristide Bruant. Los cabarets empezaron a proliferar, especialmente en Montmartre. Junto a algunos viejos café-concerts como el Lapin Agile ─uno de los más antiguos de París cuyo nombre había sido el de Cabaret de los Asesinos─ o salas de baile como el Moulin de la Galette, abrieron sus puertas muchos más, entre ellos Le Chat Noir –que pasa por ser el primero de estas características–, el Mirliton, el Divan Japonais ─antes Café de la Chanson, con exótica decoración oriental─, el Bataclan, La Cigale o Eldorado, además de otros que competían por ser el más original. Así, había un Cabaret du Ciel y otro de l’Enfer, en el boulevard de Clichy, separados únicamente por una pared medianera. En el primero, los clientes se encontraban en una atmósfera rodeada de nubes, ángeles y arpas, mientras que en su opuesto, aunque vecino, parecían hallarse en el infierno, con los camareros vestidos de demonios, teniendo que acceder al local a través de las amenazadoras fauces de un monstruo de grandes ojos en las que aparecían colgados los cuerpos de los pecadores. Un tercero, el Café des Truands, ofrecía la novedad de que los clientes tuvieran que enfrentarse a bandidos y criminales de opereta.

Vamos con un vídeo que elaboramos en su día para nuestro blog y titulamos como esta entrada –que ha resultado ser el más reproducido de cuantos hemos hecho– con imágenes de estos y otros cabarets y de las figuras que en ellos triunfaron.

El primer piso de Le Chat Noir de la calle Victor Massé, donde se proyectaba el famoso teatro de sombras. Dibujo de Caran d'Ache (1889).

El primer piso de Le Chat Noir de la calle Victor Massé, donde se proyectaba el famoso teatro de sombras. Dibujo de Caran d’Ache (1889).

Le Chat Noir, el célebre local de Rodolphe Salis, se considera, como decíamos, el primer cabaret en el sentido moderno de la palabra. Un gato negro de larga cola era su emblema y en los tres pisos que tenía el edifico que ocupaba había cervecería, restaurante, cenáculo literario, taller de pintura y un singular teatro de sombras. Un establecimiento, pues, tan heterogéneo como sus clientes. Aquí empezó Bruant y Erik Satie se ganó la vida un tiempo tocando el piano. El tema que sigue es precisamente una canción de Erik Satie para cabaret (con texto de Henry Pacory) compuesta en 1902, Je te veux, un vals lento y sentimental de de quien había sido pianista de Le Chat Noir y La Scala. Lo escuchamos por la soprano francesa Marie Devellereau acompañada del pianista Cédric Tiberghien.

lautrec_ambassadeurs_aristide_bruantAristide Bruant marchó de Le Chat Noir siendo ya un conocido cantante y abrió otro mítico local: el Mirliton, donde hacía gala de su corrosivo humor metiéndose con la clientela e interpretaba sus propias canciones, cuyos protagonistas eran los obreros y los desheredados del sistema que vivían en las afueras. El Mirliton –un local sin grandes alardes ornamentales, con mesas rectangulares y sillas de madera, lámparas de varios brazos colgando del techo y un piano sobre una pequeña tarima junto a la entrada– alcanzó gran renombre gracias a la personalidad de Bruant, un tipo procaz, atrevido y tan buen comunicador como fuerte de carácter que el día de la inauguración de su cabaret dio rienda suelta a su temperamento metiéndose con la escasa clientela que acudió, la cual –para asombro suyo– lejos de molestarse se regodeó con su actitud, actitud que ya no abandonó. Cuando se retiró, en pleno éxito, le sustituyeron dobles. Bruant fue, así, probablemente, el primero en vivir de su imagen.

Veamos una recreación del ambiente de aquellos cabarets más “intelectuales”, el Mirliton en este caso, a cargo del Cabaret Aristide Bruant en una actuación en el Palais Mascotte de Ginebra de 2009. Interpretan Le chat noir, composición de Bruant sobre el mítico cabaret homónimo. “Busco fortuna / en las inmediaciones de Le Chat Noir / a la luz de la luna / ¡en Montmartre!”, dice la letra.

Cartel de Mappiello de 1900.

Cartel de Mappiello de 1900.

Serían, no obstante, el Moulin Rouge y el Folies Bèrgere los cabarets que alcanzarían mayor renombre. Todavía en activo, su modelo de espectáculo de variedades ha sido ampliamente seguido, copiado y reinventado.

Se inauguró el Folies Bèrgere en 1869 como teatro de ópera, sin gran éxito. Sin embargo, en 1871, se hizo cargo de la dirección Léon Sari, avispado hombre del mundo del espectáculo, que lo transformó en sala de variedades. Triunfó. Tanto que inspiró a empresarios de otros países, como a Florenz Ziegfeld para su serie de espectáculos de Broadway Ziegfeld Follies. El vídeo que figura bajo estas líneas, en italiano, es prácticamente el único que hemos conseguido localizar con imágenes históricas del cabaret.

 

Años después, en 1899, Charles Zidler y el catalán Josep Oller abrían el Moulin Rouge. El cancán tenía aquí grandes bailarinas, como La Goulue, Lili-Jambes-en-l’air o Nini-Pattes-en-l’air. Diversión, frenesí, desenfreno… La Belle Époque parecía no tener fin. Lo tuvo, claro.

El Moulin Rouge en 1900.

El Moulin Rouge en 1900.

La película de John Huston Moulin Rouge, de 1952, con José Ferrer, Zsa Zsa Gabor, Colette Marchand, Claude Nollier, Katerine Kath, Suzanne Flon, Christopher Lee y Peter Cushin, es un excelente filme que retrata de forma fidedigna y verosímil el París de finales del siglo XIX, en plena Belle Époque a través del pintor Toulouse-Lautrec (magnífica interpretación de José Ferrer). Desgraciadamente, pocos vídeos hemos encontrado de la misma. Los que en su día incluimos en la entrada que dedicamos al Moulin Rouge han sido bloqueados por motivos de derechos de copyright. Nos tendremos que conformar con el tráiler para apreciar el ambiente que reinaba en el famoso cabaret en aquella época y, por extensión, en la mayoría de los locales de ocio nocturno.

Terminamos con unos momentos de otra gran película: French Cancan, de 1954, dirigida por Jean Renoir, con Jean Gabin, María Félix, Françoise Arnould, Michel Piccoli y algunas estrellas de la canción francesa como Édith Piaf y Patachou. Recrea el ambiente tanto o más fidedignamente que la anterior. Al igual que con el filme de Huston tampoco puede insertarse ya el vídeo que formaba parte de nuestra entrada mencionada. El que sigue es una selección, a modo de tráiler, de algunas de sus secuencias más significativas.

Que tengan un buen día.

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Acerca de Manuel Cerdà

Historiador y escritor.
Galería | Esta entrada fue publicada en Música de Comedia y Cabaret y etiquetada , , , , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

5 respuestas a París Belle Époque: nace el cabaret

  1. etarrago dijo:

    Impresionante, Manuel. Pura historia de una época y de un lugar. El vídeo del Folies es una joya.

  2. Pingback: París tras la Belle Époque: canciones de cabaret (1926-1939) | EL BLOG DE MANUEL CERDÀ

  3. Milena dijo:

    Notable, como todo lo que compartes, Manuel. Sumamente agradecida.

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