El pollo vestido

El pollo vestido

Desde muy pequeño, Edu solía ir con su madre a comprar al supermercado que hay al lado de su casa. Allí veía hortalizas, legumbres, carnes, pescados… que, luego, su madre cocinaba y que, en consecuencia, adquirían un aspecto muy distinto. A Edu siempre le había llamado la atención este hecho, ese cambio de apariencia que adquirían los alimentos. Y, con el tiempo, había aprendido a identificar, ya cocinados, un pollo, un conejo, una merluza…, y a saber qué otros componentes conformaban el plato que tenía delante. De todos los alimentos que su madre le preparaba, el pollo era, con gran diferencia, el que más le gustaba. Si por Edu fuera, en su casa todos los días se comería pollo.

Un buen día, Edu fue con los compañeros de colegio a una granja escuela. A su regreso, sus padres le preguntaron que tal lo había pasado. “Muy bien”, respondió Edu. Y también se interesaron por sus experiencias, qué había hecho, qué le había gustado, qué sorprendido… Edu, entonces, dijo que lo que más, lo que más de todo, ver pollos vestidos.

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Acerca de Manuel Cerdà

Historiador y escritor.
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