Frederick Loewe

CAP

Frederick Loewe nació el 10 de junio 1901 en Berlín. Edmond Loewe, su padre, vienés (como su madre), era un famoso tenor que casi siempre estaba de gira, tanto por América como Europa. El pequeño Frederick permaneció en una escuela de cadetes de Prusia desde los cinco hasta los trece años. Odiaba la escuela porque sus padres lo dejaban allí mientras recorrían medio mundo.

A los siete años aprendió a tocar el piano de oído y llegó a ayudar a su padre en los ensayos e incluso a componer canciones. Fue así que este creyó oportuno que empezara a estudiar también en el conservatorio. Allí perfeccionó sus conocimientos de piano con Ferruccio Busoni y Eugene Dalbert y se inició en la composición y orquestación con Emil Nikolaus von Reznicek. Llegó a ganar la prestigiosa Medalla Gustav Holländer para artistas jóvenes y a los trece años se convirtió en uno de los solistas más jóvenes en actuar con la Orquesta Filarmónica de Berlín.

En 1925 su padre recibió una oferta para actuar en Nueva York y Frederick viajó con él.  Nació entonces su afición por los musicales y decidió quedarse. Comenzó a componer para Broadway, pero su música no era considerada lo suficientemente americana y trabajó en diversos oficios durante años, entre ellos como vaquero y cartero. En Nueva York tocó el piano en bares y solía acompañar con el piano películas mudas, pero perdió este empleo con la llegada del cine sonoro.

En 1935 pudo vender, finalmente, su primera canción en Broadway. Ganó 25 dólares por ella. En 1938 compuso la primera banda sonora teatral, The Great Lady, con Earle Brooker. El espectáculo solo tuvo veinte representaciones.

Alan Jay Lerner (izquierda) y Frederick Loewe en la portada de la revista “Time” (noviembre de 1960)

Alan Jay Lerner (izquierda) y Frederick Loewe en la portada de la revista “Time” (noviembre de 1960)

Loewe frecuentaba el Lambs Club, lugar de reunión de gente de teatro, estrellas, productores, gerentes y directores. Un buen día de 1942 encontró a Alan Jay Lerner en una mesa cercana. Loewe había recibido el encargo de una producción en Detroit y, como admiraba las canciones de Lerner, se presentó a él. “Entiendo que usted escribe letras”, dijo. Alan respondió: “Bueno, entiendo que usted escribe música”. A los dos días ambos estaban camino de Detroit. Se inició de este modo una colaboración que duró dieciocho años y dio lugar a musicales como My Fair Lady, Camelot, La leyenda de la ciudad sin nombre, Brigadoon o Gigi. Lerner y Loewe poseían una química creativa comparable a la de dúos como los de Rodgers y Hammerstein, Dietz y Schwartz o George e Ira Gershwin.

Pese a que en sus primeros trabajos juntos no tuvieron demasiado éxito, siguieron colaborando y en 1947 llegó Brigadoon, obra de la que se dieron 581 funciones y que obtuvo el premio de la crítica de Nueva York como el mejor musical del año. Brigadoon es el nombre de un pueblo encantado que aparece después de cien años pero solo por un día. Allí van parar casualmente dos turistas americanos, viéndose envueltos en el halo de misterio que rodea a la población. En 1954 –con un reparto encabezado por Gene Kelly, Van Johnson, Cyd Charisse y Elaine Stewart– fue llevado al cine, con el mismo título, por Vincente Minnelli. A la película corresponden los dos primeros vídeos que insertamos con los números “Go home with bonnie Jean” –con Kelly y Johnson– y “The Heather on the Hill”, con Kelly y Cyd Charisse.

El tándem Loewe-Lerner obtenía el ansiado reconocimiento de público y crítica. Aunque no alcanzó un número tan elevado de representaciones como Brigadoon –poco menos de trescientas– su musical Paint Your Wagon, la historia de un pueblo construido por mineros, sedientos de chicas, alcohol y oro, se estrenó en Broadway en 1951 también con gran éxito. Dos años después, en 1953, se presentaba en el West End y en 1969 Joshua Logan lo trasladaba al cine con un reparto encabezado por Lee Marvin, Clint Eastwood y Jean Seberg. En la versión doblada al español se tituló La leyenda de la ciudad sin nombre. De La leyenda de la ciudad sin nombre vemos los números “There’s A Coach Comin’ In”, con Harve Presnell (y coro), y la bella y conocidísima canción “Wand’rin’ Star”, que interpreta Lee Marvin.

My Fair Lady, “el musical perfecto” –como lo calificó el New York Times– fue ideado por el productor y director cinematográfico Gabriel Pascal, quien ya había producido en 1938 la película Pigmalión, obra teatral de George Bernard Shaw, en la que a su vez se basa el musical. Con libreto y letras de Lerner y música de Loewe, se estrenó en Broadway el 15 de marzo de 1956 –con un reparto encabezado por Rex Harrison y Julie Andrews– y se mantuvo en cartel hasta el 29 de septiembre de 1962, tras 2.717 funciones. La triunfal acogida que se le dispensó –avalada con seis premios Tony en la edición de 1957, incluyendo el de Mejor musical– hizo que dos años después de su estreno se presentara en el West End londinense, también con gran éxito. Desde entonces se ha representado en numerosas ocasiones –en Broadway se repuso en 1976, 1981, 1993 y 2012 (gira)– y en varios países.

La historia es sobradamente conocida: Henry Higgins, profesor de fonética y lingüista, apuesta con su amigo, el coronel Pickering, a que es capaz de transformar a una florista callejera londinense (Eliza Doolittle) en una dama de la alta sociedad. Con Audrey Hepburn (Eliza Doolittle) en vez de Julie Andrews –el productor, Jack Warner, creyó que era mejor que su papel lo encarnara una actriz con más gancho, pues por entonces Andrews era una desconocida en el cine y, a su juicio, no aseguraría la recaudación necesaria en taquilla– y Rex Harrison (Henry Higgins), George Cukor consiguió llevar a cabo una perfecta traslación a la pantalla del musical. La película se estrenó en 1964 y es, sin duda, una auténtica maravilla.

Todos los números musicales de My Fair Lady son una delicia. En los tres vídeos que siguen vemos a Julie Andrews interpretando “Show Me” –en un momento de la película para televisión de 1962 The Broadway of Lerner and Loewe; lástima la mala calidad de la imagen– y de la película el famoso número “The Rain in Spain” (“La lluvia en España”, con  Rex Harrison, Wilfrid Hyde-White y Audrey Hepburn, doblada por Marni Nixon) y “Ascot Gavotte”, una de las secuencias musicales más interesantes de My Fair Lady.

Gigi se estrenó en 1958. Basada en la célebre novela homónima de Colette, Vincente Minnelli rodó una película musical que puede que no sea la mejor de cuantas ha firmado dentro del género –ya antes había dirigido Un americano en París (1952), Melodías de Broadway (1953) y Brigadoon (1954)–, que resulte a veces un tanto empalagosa, pero que no deja de ser encantadora.

Protagonizada por Leslie Caron (a quien, cantando, dobló Betty Wand), Maurice Chevalier y Louis Jourdan, la acción transcurre en París, en 1900, donde “Gaston es un joven millonario que se aburre, a pesar de ser el soltero más perseguido de toda la ciudad. Gigi es casi una niña, no tiene todavía edad para bailes y amoríos. Pero Gaston es amigo de su familia y la visita con frecuencia. La abuela de Gigi sueña con una boda entre Gastón y su nieta. Pero los planes de Gaston con respecto a Gigi no tienen nada que ver con el matrimonio” (Filmafinnity).

De Gigi incluimos dos grandes canciones de Loewe-Lerner: “Thank Heaven for Little Girls”, que interpreta Maurice Chevalier tras la Obertura, y la oscarizada “Gigi”, que interpreta Louis Jourdan.

La próxima producción del tándem, Camelot, un musical vagamente basado en la leyenda del rey Arturo a partir de la figura que de él hizo T.H. White en la novela homónima, recibió críticas terribles cuando se estrenó en 1960. La historia que nos cuenta transcurre en el legendario reino de Camelot. Allí, el caballero francés Lancelot du Lac llega a la corte del rey Arturo para integrarse en la Orden de la Mesa redonda, recién creada por el monarca inglés. Pero Lancelot se enamora de la reina Ginebra y su amor es correspondido. Cuando Arturo se entera, monta en cólera y destruye la famosa mesa.

Ante el fracaso de crítica, el director (Moss Hart) y el productor de la obra (el propio Lerner) tuvieron la brillante idea de que sus estrellas protagonistas –Richard Burton, Julie Andrews y Robert Goulet– aparecieran en el show de Ed Sullivan y cantaran algunos números del musical, junto con una aparición de Lerner y Loewe. A la mañana siguiente se agotaron las localidades y Camelot se convirtió en un gran éxito. Veamos un momento de dicha actuación con Julie Andrews y Richard Burton interpretando “What Do the Simple Folk Do?”, tema del segundo acto.

Camelot se representó 873 veces ininterrumpidamente, en 1963 fue objeto de una extensa gira por Estados Unidos, en 1964 se estrenó en el West End y en 1967 se rodó la versión cinematográfica dirigida por Joshua Logan, con Richard Harris (rey Arturo), Vanessa Redgrave (Ginebra) y Franco Nero (Lancelot du Lac). Uno de los temas más conocidos de la obra es el que le da título, “Camelot”, que en estos dos últimos vídeos de nuestra entrada de hoy interpretan Richard Burton –en una actuación para la televisión estadounidense de 1978– y Richard Harris durante la película. “Camelot” se repite en los dos actos de que consta el musical. La versión de Burton es la que cierra el espectáculo mientras que la de Harris es la del primer acto.

Tras Camelot, Loewe decidió retirarse a Palm Springs (California) y dejó de componer hasta que Lerner le convenció para crear algunas canciones adicionales para la adaptación para Broadway del exitoso filme, lo que le valió su segundo de Tony a la Mejor Banda Sonora Original. Al año siguiente, colaboraron en una versión de la película musical de El Principito, basada en el cuento clásico infantil de Antoine de Saint-Exupéry. La película fue un fracaso de crítica y taquilla, pero la grabación la banda sonora y la película están disponibles en CD y DVD.

Loewe ya no se movió de Palm Springs y allí murió el 14 de febrero de 1988.

Que empiecen bien la semana y la finalicen mejor.

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Acerca de Manuel Cerdà

Historiador y escritor.
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3 respuestas a Frederick Loewe

  1. etarrago dijo:

    Extraordinario, Manuel. Como si llegara del cine de mi barrio en los 50, con esa olvidada doble sesión de Reestrenos.

  2. Si el New York Times calificó My Fair Lady como el musical perfecto, yo diría que Lerner y Loewe era la pareja perfecta. ¡Cuánta creatividad junta!

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