La época de oro de la opereta vienesa

Theater an der Wien de Viena, principal escenario de la opereta vienesa, en 1900, poco antes de la remodelación que le daría su aspecto actual. Acuarela de Carl Wenzel Zajicek.

Theater an der Wien de Viena, principal escenario de la opereta vienesa, en 1900, poco antes de la remodelación que le daría su aspecto actual. Acuarela de Carl Wenzel Zajicek.

Como si presagiaran que los años finales del siglo XIX  –ese tiempo que suele denominase con la expresión francesa fin-de-siècle– iban a conocer el final de una época  –la Belle Époque, otra expresión francesa que designa el periodo de euforia que precedió a la Primera Guerra Mundial– y el nacimiento de otra que iba a poner el orden internacional hasta entonces conocido patas arriba y a cambiar radicalmente los fundamentos del pensamiento y la cultura, cuatro grandes compositores austriacos fallecían en pocos años: Franz von Suppé (n. 1819) lo hacía en 1895, Carl Zeller (n. 1842) en 1898 y un año después, 1899, Johann Strauss (n. 1825) y Carl Millöcker (n. 1842).

Todos ellos tienen en común ser compositores esencialmente de operetas, uno de los géneros musicales más representativos de la segunda mitad del siglo XIX que los cuatro autores mencionados llevaron a su culmen durante lo que se conoce como época de oro de la opereta vienesa. A diferencia de la francesa –en la que se inspira– su estilo es más divertido y alegre, su argumento más desenfadado y el vals el gran protagonista. En palabras de Alejo Carpentier: “[A pesar del éxito de los compositores franceses], la opereta vienesa se destacó, desde los tiempos de Johann Strauss, por una superior factura vocal e instrumental que se manifiesta en partituras ligeras, como la de El murciélago (…) [Estas] dentro de su frivolidad encierran melodías deliciosas, ingeniosos rasgos de instrumentación, contrastes rítmicos, muy hechos para poner en valor la pericia y buen gusto de un técnico consumado.” (El Nacional, Caracas, 13 de enero de 1953).

Baile de la Corte en Viena (1900). Acuarela de Wilhelm Gause.

Baile de la Corte en Viena (1900). Acuarela de Wilhelm Gause.

Viena se había convertido en la segunda mitad del siglo XIX en una de las capitales europeas más importantes, una de las pocas que pasaban del millón de habitantes. Sin embargo, la realidad política del imperio austrohúngaro no se correspondía con el mapa político que se pretendía diseñar, eran una estructura obsoleta, propia de tiempos que la mayor parte de Europa daba ya por finiquitados. Viena simbolizaba mejor que ninguna otra ciudad las contradicciones entre lo nuevo y lo viejo, la modernidad y la tradición. Así, al mismo tiempo que el imperio avanzaba hacia su ocaso, la Viena de fin de siglo pasó a ser referente ineludible de la cultura occidental en todos sus campos ─literatura, música, arquitectura, pintura, filosofía, pensamiento…─ y a minar los fundamentos sobre los que se sustentaba la cultura liberal del siglo XIX.

En este contexto, la opereta venía a sintetizar esos dos mundos en franca contradicción, siendo Von Suppé, Zeller, Strauss y Millöcker sus máximos representantes. Nunca en Viena la opereta llegó a cotas más altas, si bien Lehár y otros la revivificarían poco después en la denominada época de plata. Hoy, no obstante, vamos a centrarnos en estos cuatro autores que la casualidad hizo que murieran –cual símbolo indisoluble– en el corto espacio de tiempo que indicábamos al principio.

51VAVBRx0kL._SS500_Ninguno de ellos alcanzó la popularidad de Strauss y sus operetas se representan muy de vez en cuando. Eso hace que sean pocos los vídeos que hemos encontrado en los que poder mostrar su escenificación. Así sucede con el que podríamos denominar el padre de la opereta vienesa: Franz von Suppé. Von Suppé, autor ciertamente prolífico, se dedicó a partir de 1862 casi exclusivamente al cultivo de operetas –unas doscientas a lo largo de su vida– de inspiración francesa la mayoría y de notable calidad. La popularidad que en su momento tuvieron estas –casi comparable a la obra de Offenbach– se ha mantenido especialmente en la adaptación de muchas de sus oberturas para orquesta y bandas de música, figurando en sus programas por su atracción temática y brillantez instrumental. Toda opereta suele empezar con una obertura, así pues con una obertura iniciamos la selección de vídeos, en este caso archiconocida, la perteneciente a Leichte Kavallerie (1866, Caballería ligera). La versión corre a cargo de la Orquesta de Cleveland, dirigida por Franz Welser-Möst.

También de Von Suppé es el trío “Seht den Schmuck, den ich Euch gebracht” (Mira las joyas que te traje), de la opereta cómico-mitológica Die schöne Galathee (La bella Galatea), presentada al público el 9 de septiembre de 1865 en el Carl-Theater de Viena. Escuchamos la que es la escena ocho de las doce que componen la obra por la compañía del Teatro Nacional de Opereta de Kiev (Ucrania); eso sí, en ucranio.

_000284062Carl Zeller no fue tan fecundo como Von Suppé, entre otras cosas porque falleció a los 56 años y porque a mediados de la década de 1890 se vio envuelto en una serie de problemas legales –además de compositor era funcionario en el Ministerio Imperial de Educación– que acabarían en una condena por perjurio que, si bien fue revocada, acabaron con su carrera (con ambas). Su influencia, no obstante, fue notable, siendo su mayor éxito la opereta Der Vogelhändler (El vendedor de pájaros), estrenada el 10 de enero de 1891 en el Theater an der Wien de Viena. Se trata de una comedia bucólica, ambientada en la Renania bávara, cuya acción transcurre en el siglo XVIII. Narra la historia de un apuesto vendedor de pájaros del Tirol y sus numerosos amoríos. De Der Vogelhändler insertamos bajo estas líneas dos de sus números más conocidos, ambos del primer acto: “Grüss euch Gott” y el vals “Schnell, kommt nur alle”. El primero en una de las representaciones celebradas durante el verano de 1998 durante el Festival de Mörbisch, con el tenor Marc Clear. El segundo pertenece al concierto Un soir à Vienne (Bruselas, 13 de enero de 2013), con la soprano Peggy Steiner y el gran ballet, los coros y la orquesta del Teatro Musical de Karlín (Praga) bajo la dirección musical Martin Doubravský.

Varias son las entradas que hemos dedicado a Johann Strauss y, en consecuencia, nada más vamos a añadir a su música, que –entre otras cosas– modificó y enriqueció la estructura del vals, transformándolo en baile de sociedad y convirtiéndolo en un símbolo de Viena. Necesariamente, hablar de Strauss es hablar de vals. Sus valses fueron y siguen siendo tan populares que pocas veces se recuerda que muchos de ellos fueron compuestos para sus operetas. De ellas, dieciséis en total, sobresale la que ha sido considerada la mejor de todas: Die Fledermaus (El murciélago). Se estrenó en 1874 en el Theater an der Wien de Viena con no mucho éxito. No obstante, fue ganando aceptación en las sucesivas reposiciones y se presentó en París en el año 1877 con el nuevo epígrafe de La Tzigane y algunos cambios en el libreto y añadidos musicales pertenecientes a la obra del compositor Cagliostro in Wien (1875). Si hemos de elegir un momento de esta genial opereta, nos quedamos con “Mein Herr Marquis” (Mi señor marqués), que escuchamos –y vemos– por la excelente soprano de coloratura eslovaca Edita Gruberová en la producción que de Die Fledermaus llevó a cabo la Ópera Estatal de Viena en 1990.

Y dejándonos llevar por nuestro gusto particular, la otra pieza de Strauss que hemos seleccionado es el hermoso vals “Wiener Blut” (Sangre vienesa). Strauss lo compuso en 1873 para la boda de la archiduquesa Gisela María Luisa, hija del emperador Francisco José, y el príncipe Leopoldo de Baviera. Luego dio título a la opereta homónima, en realidad una obra de Adolf Müller con música de Strauss, que se estrenó en el Carltheater de Viena en 1899, ya fallecido Strauss, quien al no encontrarse bien físicamente delegó en Müller la tarea de estructurar la opereta. Lo escuchamos en versión instrumental por la Orquesta Filarmónica de Viena, dirigida por Daniel Barenboïm, en un concierto celebrado el 4 de junio de 2009 frente al Palacio de Schönbrunn de la capital austriaca.

Mörbisch ZellerStrauss fallecía el 3 de junio de junio de 1899 y justo el día en que terminaba el siglo XIX, el 31 de diciembre, lo hacía el también vienés Carl Millöcker, el último de los cuatro compositores que hemos seleccionado. Millöcker era, al mismo tiempo, director de orquesta, pero lo que en realidad le gustaba era la composición. Con la opereta Der Bettelstudent (El estudiante mendigo), estrenada en el Theater an der Wien de Viena en 1882, logró el reconocimiento unánime como compositor, no solo en su país sino a nivel internacional. Ello le permitió retirarse de la dirección y dedicarse únicamente a componer, si bien sus posteriores operetas no alcanzaron, ni de lejos, la notoriedad de Der Bettelstudent, una opereta que sigue representándose y que fue la protagonista del Festival de Mörbisch de 2013. A dicha producción pertenecen los dos últimos vídeos con los que despedimos la entrada de hoy, con “Und da soll man noch galant seien”  (del primer acto) y el vals que sirve de enlace entre el segundo y tercer acto.

Que tengan un buen día.

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Acerca de Manuel Cerdà

Historiador y escritor.
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6 respuestas a La época de oro de la opereta vienesa

  1. Enhorabuena, Manuel. Haces un trabajo sorprendente en todas tus entradas.

  2. Muy bien!!! Fabuloso!!! Gracias por tus entradas!!!

  3. ¡ Mi maestra envió este link para revisarlo como tarea y he quedado encantada con la estructuración y el contenido de este blog¡ ¡ Que increíble es Viena con sus magníficos vals y en especial los de Strauss que son los que mas me fascinan.

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