Duke Ellington: música, baile y cabarets

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Duke Ellington y su banda sobre 1920

Duke Ellington y su banda sobre 1920

“Lo mejor de la obra de Ellington es lo que creó para cabarets y salones de baile (…) Quien esto escribe, a los dieciséis años se enamoró para siempre de la orquesta de Ellington en su mejor época, al oírla tocar en lo que se llamaba un ‘baile-desayuno’ en un salón de baile de las afueras de Londres ante un público atónito que no contaba para nada, salvo como una masa oscilante de gente bailando que era lo que orquesta estaba acostumbrada a ver ante ella. Los que nunca han oído a Ellington tocando música para bailar o, mejor aún, en un comedor lleno de noctámbulos elegantes, donde el verdadero aplauso consistía en el cese de las conversaciones alrededor de las mesas, no pueden saber cómo era la mejor orquesta de la historia del jazz cuando tocaba a gusto en su propio ambiente.” Quien escribió esto es nada más y nada menos que Eric Hobsbawm (1917-2012), uno de los mejores historiadores, si no el que más, que ha dado el siglo XX. Gran amante del jazz, desde mediados de los cincuenta, y durante diez años consecutivos, Hobsbawm fue columnista y comentarista de conciertos, discos y libros en la revista The New Statesman. El artículo del que hemos extractado el comentario, sin embargo, se publicó en la New York Review of Books el 19 de noviembre de 1987.

Algo parecido al ambiente que vemos en el siguiente vídeo sería lo que presenciaría Hobsbawm. Parecido, pues la espontaneidad del directo difícilmente puede plasmarse en una película, en este caso Check and Double Check, un film de 1930 que dirigió Melville W. Brown en el que intervenía Duke Ellington y su orquesta del Cotton Club. Interpretan los temas Three Little Words y Old Man Blues.

Veámoslo ahora en el mítico Cotton Club, si bien en un vídeo con fragmentos diversos y música superpuesta.

Nacido en Washington en 1899, Edward Kennedy Ellington –ese era su nombre real– inició su carrera como director el 1924, y a finales de los años veinte empezó a adquirir renombre con sus interpretaciones en un estilo (jungle style) caracterizado por determinados efectos sonoros obtenidos con las trompetas y los trombones. Pronto, su orquesta fue una de las más notables, tanto por el carácter inconfundible que supo imprimirle como por la cualidad de sus miembros, casi todos solistas de gran categoría. Por ella pasaron, entre otros, los saxofonistas Johnny Hodges, Harry Carney, Ben Webster y Paul Gonsalves, los trompetistas Cootie Williams y Ray Nance, o el contrabajo Jimmy Blanton.

Entre 1927 y 1930 actuó en el famoso Cotton Club. Su notoriedad creció y muchas de sus actuaciones eran retrasmitidas por radio. Participó en algunas películas, como la que acabamos de mencionar, y sus giras eran todo un acontecimiento. De estos años datan melodías tan populares como Mood Indigo (1930), It Don’t Mean a Thing (If It Ain’t Got That Swing) (1931) o Sophisticated Lady (1933). Veamos a Ellington en dichos temas, si bien –lamentablemente (pues no reflejan esa atmósfera que fascinó a Hobsbawm)– en versiones de años posteriores. El vídeo de Mood Indigo recoge una actuación, creemos, de finales de los años sesenta; el de It Don’t Mean a Thing es de 1943, y el de Sophisticated Lady de 1952.

bcf_duke_ellington_photo_800wide“En mayor medida que cualquier otro –prosigue Hobsbawm–, Ellington representaba esa capacidad que tiene el jazz de hacer que personas sin interés por la ‘cultura’, personas con sus pasiones, ambiciones e intereses, y con su propia manera de satisfacerlos, se conviertan en creadores de un arte serio y, a pequeña escala, grande. Lo demostró por medio de su propia transformación en compositor y también por las obras de arte integradas que creó con su orquesta, una orquesta que contenía menos artistas individuales de absoluta brillantez que otras, pero en la cual la actuación individual extraordinaria era el fundamento de los logros colectivos”.

A partir de mitad de la década de 1940 se produjo un viraje en el sentido de sus composiciones, que pasaron a ser más formales y de mayor aliento temático. Ello no fue obstáculo para que –en unos momentos en que el jazz comenzaba a ser interpretado en gran parte por músicos educados, a menudo con formación clásica, esencialmente para ser escuchado– El Duque continuara fiel a su manera de concebir la música y siguiera al frente de una gran big band. Pero de esta época, y de sus incursiones en la comedia cinematográfica, hablaremos en otra ocasión. Hoy nos hemos centrado en esos primeros años en que su música sonaba sin cesar y se bailaba en salones de baile y cabarets. Nos despedimos, así, con un cortometraje de 1933 de casi nueve minutos de duración, A Bundle of Blues, en el que interpreta –con su orquesta, obviamente, e Ivie Anderson– grandes éxitos suyos de la época: Bugle Call Rag, Lightnin’, Rockin’ In Rhythm, A Bundle of Blues y Stormy Weather.

Hasta mañana, si es que deciden visitarnos de nuevo, lo que deseamos y les agradecemos.

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Acerca de Manuel Cerdà

Historiador y escritor.
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2 respuestas a Duke Ellington: música, baile y cabarets

  1. el colibrí dijo:

    Reblogueó esto en EL nido del colibríy comentado:
    El Gran Duke

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