Friedrich Hollaender: canciones de cabaret (y III)

Friedrich Hollaender y Marlen Dietrich en 1948

Friedrich Hollaender y Marlen Dietrich en 1948

La situación política en Alemania se volvía cada vez más enrevesada. El nazismo seguía su imparable ascenso, que la mayoría de la sociedad alemana celebraba complaciente, y en las calles grupos de camisas pardas (la Sturmabteilung o SA) campaban a sus anchas. Palizas indiscriminadas y humillaciones públicas estaban a la orden del día. Comunistas, homosexuales y, finalmente, judíos eran el blanco de sus fechorías. Estos últimos terminaron por convertirse en tristes protagonistas de su exacerbado odio hacia quienes consideraban verdugos de la patria. An allem sind die Juden schuld (Los judíos tienen la culpa de todo) es una canción que compuso Friedrich Hollaender en 1931 tomando la melodía de la popular habanera de la ópera de Bizet Carmen. “De todo tienen la culpa los judíos. / Los judíos tienen la culpa de todo”. La interpretan Servio Tulio (voz) y Glauco Baptista (piano) durante el espectáculo Cabaré Multimídia Stefan Zweig, representado el 18 de abril de 2012 en el auditorio del Centro Cultural Banco do Brasil de Río de Janeiro por iniciativa de la Casa Stefan Zweig.

Ich weiß nicht zu wem ich gehöre (No sé de quién soy) es una canción de 1932 que Hollaender compuso para la película Stürme der Leidenschaft (Tormentas de pasión), dirigida por Robert Siodmak, que interpreta en el vídeo que sigue la actriz, cantante y escritora alemana Hildegard Knef (1925-2002) en un programa de la televisión alemana del que carecemos de datos.

También en 1932, entre otras muchas canciones, Hollaender compuso este Kitsch Tango que interpreta Curt Bois (1901-1991) ─actor de éxito alemán que actuó en teatro, cabaret, musicales y cine y se exilió, el mismo 1933, a Estados Unidos, donde prosiguió su carrera e intervino en algún film mítico como Casablanca (1942)─ en una grabación de 1933. Una vez más no nos queda otra que recurrir a un vídeo en el que al audio acompañan imágenes de Bois (no todas).

Comenzó 1933 con el estreno de una película dirigida por el propio Hollaender cuya estética se aproxima mucho al expresionismo alemán: Ich und die Kaiserin (La emperatriz y yo), con un reparto plegado de estrellas internacionales: Lilian Harvey (que le obligó a cambiar el final), Conradt Veidt, Charles Boyer, Heinz Rühman, Willy Fritsch… Fue la única que dirigió y coincidió prácticamente con el acceso al poder del nacionalsocialismo. Vamos a ver una escena de la misma en la que Lilian Harvey interpreta el bello tema “Wie hab’ ich nur leben können ohne Dich?”.

Poco después del estreno de La emperatriz y yo al regresar Hollaender a casa el portero le avisó de que había oído rumores de que su nombre figuraba en la lista negra de los nazis. Marchó de inmediato a Londres, pero desde Alemania le llegaban cartas que le hicieron creer que la situación no era para tanto. Pensando que igual se había precipitado, regresó a Berlín. Una vez allí, nada más llegar, su suegra le explica que la Gestapo anda tras sus pasos y que han registrado su casa y preguntado cuándo volverá. Es en ese momento, marzo de 1933, que se exilia en Estados Unidos, donde continuó su carrera en el cine en títulos como Destry Rides Again (1939, Arizona en España), A Foreign Affair (de Billy Wilder, 1948, Berlín Occidente) o The 5,000 Fingers of Dr. T (1953, Los 5.000 dedos del Dr. T). Regresó a Alemania en 1956 y se instaló en Múnich. Con poco convencimiento por su parte y ante la insistencia de algunos amigos compuso nuevas revistas, pero los tiempos del cabaret habían pasado, nada era como antes. Siguió componiendo a pesar de todo e incluso hizo breves papeles para el cine, como su aparición en la película de Billy Wilder Un, Dos, Tres. Veámoslo en el genial film de Billy Wilder de 1961 en la conocida escena de la danza del sable. Es el que dirige la orquesta con una antorcha.

Hollaender falleció el 18 de enero 1976 poco antes de cumplir los ochenta años. El año pasado (2012) Alemania honró a uno de sus más grandes compositores en forma póstuma al dedicarle una plaza en el centro de Berlín: la Friedrich Hollaender Platz.

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Acerca de Manuel Cerdà

Historiador y escritor.
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